¿Qué tan peligroso es para los niños y niñas jugar videojuegos en línea?
La escena del juego en línea está más viva que nunca.
Plataformas como Roblox y Fortnite forman parte del día a día para millones de menores. Amistades virtuales, desafíos diarios y torneos de equipos: el universo gamer atrapa de mil maneras, desde habitaciones llenas de carcajadas hasta competencias mundiales retransmitidas en vivo.
Sin embargo, detrás de cada partida existe un lado menos visible. Robar cuentas, insultos, desconocidos que piden información o imitan ser quienes no son y hasta la presión de no quedarse “afuera” de la tendencia. Ante tanto estímulo, surge una duda que todo padre, madre o educador se pregunta a diario: ¿qué tan peligroso puede ser para la infancia jugar videojuegos en línea?
La respuesta importa más de lo que parece, porque el juego puede ser una oportunidad de aprendizaje y diversión o un lugar de riesgos si no hay cuidado adulto.

Principales peligros de los videojuegos en línea para menores
La diversión no es el único ingrediente en el mundo gamer. Desde 2025, expertos han confirmado que plataformas como Roblox y Fortnite, líderes en popularidad, pueden ser un foco de ciberacoso, fraudes, depredadores sexuales, adicción y contenido explícito. La tecnología avanza deprisa, pero muchas veces la protección está un paso atrás.
El ciberacoso es una amenaza visible. No sólo es insultar por perder, sino difamar imágenes, excluir de equipos o mandar mensajes crueles en el chat. Los fraudes, en cambio, buscan sorprender con compras invisibles en juegos, robos de cuentas o engaños virtuales. Y mientras tanto, la búsqueda constante de conexión puede provocar adicción, dificultad para concentrarse en la escuela y hasta cambios de humor.
Peor aún, muchos menores quedan expuestos a depredadores sexuales que se ocultan tras perfiles falsos en chats y foros, esperando el momento para pedir fotos o información. El acceso a contenido inapropiado sin filtros ni supervisión no sólo genera ansiedad o miedo: a veces deja marcas emocionales profundas.
Depredadores y suplantadores en plataformas populares
La popularidad de Roblox, Fortnite o Minecraft no los hace inmunes. Los depredadores y suplantadores saben usar estas plataformas como puertas de acceso a la confianza de los menores. Pueden crear avatares simpáticos, aparentar la edad de un niño y, poco a poco, pedir información privada, fotos o que se comuniquen por otras redes como Discord o WhatsApp.
En Roblox, por ejemplo, algunos adultos han usado juegos o foros internos para acercarse a menores y convencerlos de compartir detalles personales. Los menores pueden pensar que hablan con amigos, pero en realidad no hay manera de saber qué edad o intención tiene la persona detrás de ese avatar sin el filtro de un adulto cerca. Por más avances que prometen las plataformas en verificación de edad, la mentira está a un clic y el riesgo sigue allí.
Ciberacoso, insultos y presión social entre jugadores
El ambiente competitivo empuja a buscar la victoria, pero a veces cruza el límite. En el chat o la voz grupal es fácil encontrar insultos, burlas por no ser “bueno jugando” o amenazas directas. El ciberacoso puede pasar desapercibido al principio: mensajes “en broma” que se vuelven constantes, humillaciones públicas o incitar a otros jugadores a excluir a alguien del grupo.
Este ambiente puede dejar secuelas en la autoestima infantil. Las palabras en línea duelen tanto como en persona. Algunos niños dejan de jugar, otros se aíslan o muestran miedo al hablar de ciertas partidas. La presión por no quedarse solo en el juego arrastra a aceptar situaciones incómodas para no perder amigos.
Riesgo de fraudes: microtransacciones, compras y estafas
Los juegos suelen ofrecer monedas virtuales, objetos exclusivos o mejoras a cambio de dinero real. Muchos menores, sin comprender el valor real del dinero, pueden caer en trampas de fraudes al intentar comprar objetos por fuera de las tiendas oficiales. Existen usuarios falsos que prometen “regalos” a cambio de datos de acceso, lo que acaba en el robo de cuentas o dinero.
Algunos niños se frustran o sienten ansiedad al no poder acceder a las mismas ventajas que otros compañeros. El deseo de pertenecer puede llevar a tomar malas decisiones financieras o a compartir contraseñas con desconocidos. Proteger la información y conversar sobre las compras en línea es fundamental para evitar estos problemas.
Adicción, uso excesivo y consecuencias para la salud
El efecto “enganche” de los videojuegos está estudiado. Horas frente a la pantalla, dificultad para dejar la partida y pensamientos constantes en el juego: esas señales pueden indicar un inicio de adicción digital. No es sólo jugar mucho tiempo. El menor puede mostrar cambios de humor, desinterés por actividades favoritas o bajar su rendimiento en la escuela.
También aparecen síntomas físicos como visión cansada, dolor en las manos o espalda y hasta dificultades para dormir. Perder contacto con amigos fuera de la pantalla afecta la socialización y la autoestima. El riesgo no es “jugar mucho” sino perder el equilibrio con el resto de la vida diaria.
Exposición a contenido inapropiado y contactos peligrosos
Chats abiertos, imágenes subidas por otros usuarios y la ausencia de filtros efectivos pueden llevar a los menores a ver o escuchar cosas que no entienden o que les asustan. Lenguaje violento, insultos racistas o sexuales, conversaciones sobre drogas o apuestas entran por la misma vía que un simple mensaje de bienvenida.
En Roblox se han documentado casos donde adultos buscan menores en salas privadas o grupos cerrados, promoviendo retos peligrosos o compartiendo imágenes prohibidas. Un menor puede encontrar estos contenidos en segundos, incluso sin buscarlos. Esta exposición repentina puede generar angustia, desconfianza o miedo duradero.
Cómo proteger a los niños y niñas cuando juegan en línea
El riesgo existe, pero también hay herramientas y estrategias para reducirlo. La clave está en la combinación de educación digital, comunicación honesta y participación adulta cotidiana en la vida gamer de los menores.
Imponer reglas claras sobre el tiempo de juego y con quién se puede hablar es un buen primer paso. El uso de controles parentales en consolas y cuentas ayuda a filtrar el contenido y limitar las funciones más peligrosas. Pero la protección real viene del vínculo: conversar, acompañar e interesarse por lo que juegan y con quién lo hacen. Hay que animar a los niños a contar cualquier situación incómoda o sospechosa sin miedo a represalias.
Educación digital y comunicación constante
La base de la prevención es el diálogo familiar. No basta con advertir: hay que enseñar qué es un depredador, cómo se disfraza un fraude y por qué el ciberacoso puede empezar como un chiste. Crear un clima de confianza para que los menores pidan ayuda ante cualquier duda o miedo marca la diferencia.
Repasar juntos las configuraciones de privacidad, reconocer los símbolos de bloqueo y aprender a denunciar usuarios son pasos imprescindibles. Promover la autorregulación y el pensamiento crítico prepara a los menores para cuidar su información y su bienestar.
Supervisión, reglas claras y control parental
Los mejores filtros son el interés, la presencia y las reglas. Configurar el control parental no es sólo activar un botón, sino revisar regularmente la lista de amigos, limitar horarios y revisar los chats. Las consignas claras (no compartir contraseñas, evitar chats privados con desconocidos, consultar antes de comprar) ayudan a los menores a saber qué hacer en cada situación.
Revisar los juegos antes de permitirlos y participar de vez en cuando muestra a los niños que el adulto se involucra, no sólo controla. El objetivo es construir confianza, no miedo.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.