Salud

Problemas cardíacos y tipo de sangre: qué grupos corren más riesgo

¿Sabías que tu tipo de sangre puede influir en tus problemas cardíacos? No es el factor que más pesa, pero los estudios muestran que los grupos A, B y AB tienen algo más de riesgo cardiovascular, mientras que el grupo O parece estar un poco más protegido.

Eso no significa que tu grupo sanguíneo marque tu destino. La mayor parte del riesgo viene de lo que haces cada día: cómo comes, si fumas o no, cuánto te mueves, tu peso, tu presión arterial y tu azúcar. Si eres A, B o AB, puede que tu balanza se incline un poco más hacia el riesgo, pero tus hábitos pueden corregirlo. La idea es simple: conocer tu punto de partida para saber qué puedes hacer mejor.

Cómo influye el tipo de sangre en los problemas cardíacos

Qué es el tipo de sangre y por qué importa para el corazón

Cuando hablamos de tipo de sangre, solemos oír A, B, AB y O. Estas letras señalan unas proteínas que hay en la superficie de los glóbulos rojos. Si tienes la proteína A, eres grupo A; si tienes la B, grupo B; si tienes ambas, AB; y si no tienes ninguna de las dos, eres grupo O.

También existe el Rh, positivo o negativo, pero para el corazón su papel es menor, así que basta con recordarlo por encima.

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Esas proteínas no solo sirven para las transfusiones. Se relacionan con cómo se forma el coágulo cuando sangras, con el grado de inflamación del cuerpo y con la forma en que el colesterol se pega a las arterias. Dicho de forma sencilla, en algunas personas la sangre es un poco más “pegajosa” y las arterias se llenan antes de grasa, lo que favorece infartos y trombosis.

Qué dicen los estudios sobre riesgo cardíaco y grupos A, B, AB y O

En los últimos años se han publicado estudios grandes que comparan el riesgo de infarto y muerte cardiovascular según el grupo sanguíneo. Un trabajo de 2025 en población general encontró que las personas con sangre no O (es decir, A, B y AB) tuvieron alrededor de un 15 % más de muertes por causa cardíaca que las del grupo O.

En ese mismo análisis, las personas con sangre no O mostraron también cerca de un 9 % más de muertes totales respecto al grupo O. La diferencia es real, pero moderada. No es una sentencia.

El mensaje clave es que el grupo O parece algo más protegido frente a infarto, trombosis y muerte cardiovascular. Aun así, una persona O que fuma, come mal y no se mueve puede tener mucho más riesgo que alguien A que cuida su salud. Hablamos de probabilidades, no de un destino fijo.

Qué tipos de sangre tienen mayor riesgo cardíaco y por qué

Aquí entra el punto central: los tipos A, B y AB se relacionan con un mayor riesgo de infarto y trombosis, mientras que el grupo O suele tener menos riesgo. La ciencia apunta a varias posibles explicaciones, sobre todo ligadas a la coagulación, la inflamación y el colesterol.

En los grupos no O, la sangre tiende a coagular un poco más rápido y a formar coágulos con mayor facilidad. También se han visto diferencias en el colesterol LDL (el llamado colesterol “malo”) y en la respuesta inflamatoria de las arterias. Todo esto, sumado, hace que las arterias se puedan tapar con más facilidad.

Aunque no puedas cambiar tu tipo de sangre, sí puedes compensar este punto de partida con buenos hábitos. Piensa en él como una casilla más en un test de riesgo, no como algo inamovible que te condena.

Sangre A, B y AB: por qué se asocian con más infartos y trombosis

Las personas con sangre A, B o AB suelen tener una coagulación más fuerte. Sus niveles de ciertos factores de coagulación son algo más altos, lo que facilita la aparición de trombosis venosa y de coágulos en las arterias del corazón que producen infarto.

En el caso del grupo A, varios trabajos han encontrado niveles un poco más altos de colesterol LDL y más tendencia a formar placas de grasa en las arterias. Si lo piensas como una tubería, la grasa y los coágulos se pegan a las paredes y terminan por bloquear el paso de la sangre.

Esto no quiere decir que si eres A, B o AB vayas a tener un infarto sí o sí. Quiere decir que tu sistema es algo más “pegajoso” y que te conviene tomarte en serio la prevención. El aumento de riesgo es moderado, pero suficiente para usarlo como señal de alerta.

Grupo O: el tipo de sangre con menor riesgo cardiovascular

El grupo O aparece en muchos estudios como el que tiene menor riesgo de infarto y trombosis. En estas personas la sangre suele ser un poco menos propensa a formar coágulos y el colesterol “malo” tiende a ser algo más bajo, lo que ayuda a mantener las arterias más limpias.

Eso no otorga un pase libre. Una persona con sangre O que fuma, come comida rápida a diario y pasa el día sentada puede acumular placa en las arterias igual o más que alguien con sangre A que cuida su alimentación. El tipo de sangre suma o resta unos puntos, pero el estilo de vida mueve de verdad la aguja.

Otros factores que pesan más que tu tipo de sangre

Frente al grupo sanguíneo, factores como tabaquismo, hipertensión, diabetes, colesterol alto, obesidad y falta de ejercicio tienen mucho más peso en el riesgo de infarto.

Dos personas con sangre A pueden tener riesgos opuestos. Una puede fumar, tener presión alta y no hacerse nunca análisis; la otra puede no fumar, comer sano y hacer deporte. El resultado para el corazón será muy distinto.

Tu tipo de sangre es solo un dato más. Lo importante es qué haces tú con la información y cómo cuidas los factores que sí puedes cambiar.

Cómo cuidarte si tienes un tipo de sangre con mayor riesgo cardíaco

Si eres A, B o AB, no se trata de vivir con miedo, sino de usar la información a tu favor. Lo primero es priorizar algunas acciones clave: dejar de fumar si fumas, controlar la presión, el azúcar y el colesterol, mantener un peso sano y moverte más cada día.

También ayuda conocer tus antecedentes familiares. Si hay muchos casos de infarto precoz en la familia, vale la pena comentarlo con tu médico, junto con tu tipo de sangre. En algunos casos puede recomendar antes un control de colesterol, un electrocardiograma o una prueba de esfuerzo.

Ante síntomas como dolor fuerte en el pecho que no cede, falta de aire intensa o mareo brusco, la recomendación es pedir ayuda urgente, tengas el grupo que tengas.

Hábitos diarios que reducen el riesgo, tengas la sangre que tengas

La base siempre es la misma. Una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y grasas saludables, como el aceite de oliva o el pescado azul, ayuda a bajar colesterol y presión. Conviene reducir sal, azúcares añadidos y ultraprocesados en lo posible.

El tabaco es un enemigo directo del corazón. Dejar de fumar es probablemente la medida más potente que puedes tomar si eres fumador. Aunque parezca difícil, cada intento cuenta y hay tratamientos que pueden ayudarte.

La actividad física regular también marca la diferencia. Intenta moverse al menos 30 minutos al día con un paseo rápido, bicicleta, baile o el deporte que más te guste. Dormir bien y buscar maneras sencillas de manejar el estrés, como respirar profundo o caminar al aire libre, también suma. Y no olvides el control médico regular para revisar tensión, azúcar y colesterol.

Cuándo hablar con tu médico sobre tu tipo de sangre y el corazón

Vale la pena comentar tu tipo de sangre con tu médico si en tu familia hay muchos casos de infarto o ictus, si eres A, B o AB y además tienes hipertensión, diabetes, obesidad o ya has tenido un evento cardíaco. No se trata de recibir un tratamiento solo por el grupo sanguíneo, pero sí de que el profesional pueda valorar mejor tu riesgo global.

Si notas dolor opresivo en el pecho, sudor frío, falta de aire intensa, náuseas o un mareo súbito, no te quedes en casa esperando que pase. Son signos de alarma que requieren ayuda urgente, incluso si eres grupo O.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.