Grasa visceral vs grasa marrón: el estudio que explica cómo envejece tu cuerpo
No toda la grasa del cuerpo se comporta igual. Hay grasa que acelera las arrugas internas, la pérdida de energía y las enfermedades, y hay otra que actúa casi como un pequeño escudo. Un estudio reciente de 2024 ha puesto el foco en qué tipo de grasa corporal favorece el envejecimiento y cuál parece proteger al organismo.
Envejecimiento no es solo “verse mayor”. Es tener más riesgo de infartos, diabetes, pérdida de memoria, cansancio constante y peor calidad de vida. Por eso importa menos el número de la báscula y mucho más dónde se acumula la grasa en tu cuerpo.
La idea principal es clara: la grasa visceral (la que se esconde en la tripa, alrededor de los órganos) se relaciona con un envejecimiento más rápido. En cambio, la grasa marrón y parte de la grasa que no se acumula en el abdomen se asocia con un cuerpo más protegido y un metabolismo más sano.
Qué tipos de grasa corporal existen y por qué no todas son igual de peligrosas
En el cuerpo hay varios tipos de grasa y no todos tienen el mismo papel. Algunos actúan como reserva de energía, otros como abrigo y otros, como la grasa marrón, ayudan a quemar calorías.
La más conocida es la grasa que vemos o que podemos pellizcar. Sin embargo, el estudio reciente recuerda que el gran problema no es solo cuánto pesas, sino dónde se guarda esa grasa. Una misma cantidad puede ser casi inocente o muy dañina según su ubicación.
En el día a día conviven cuatro tipos principales: grasa visceral, grasa subcutánea, grasa marrón o parda y la grasa que se mete en el músculo, llamada intramuscular.
Grasa visceral: la grasa interna que acelera el envejecimiento del cuerpo
La grasa visceral es la que se esconde dentro del abdomen, rodeando órganos como el hígado, el páncreas y los intestinos. No se queda en la superficie, se mete entre los órganos como si los “abrazara” por dentro.
Los estudios de 2024 han visto que esta grasa se relaciona con más diabetes, hipertensión, inflamación constante y mayor riesgo de infartos y problemas en el cerebro. Es como si adelantara el reloj interno del cuerpo y lo hiciera envejecer antes.
Por fuera suele verse como una barriga más dura y redonda, con cintura ancha, incluso en personas que no parecen muy “gordas”. A veces ni siquiera se nota mucho, por eso hay gente con peso “normal” pero con un nivel de grasa visceral alto y más riesgo de enfermedad.
Grasa subcutánea: la que ves bajo la piel, menos dañina pero no inocente
La grasa subcutánea es la que está justo debajo de la piel. Es la que se puede pellizcar en la barriga, las caderas o los muslos. Es la típica “chicha” blanda que se nota al tocar.
En cantidades moderadas forma parte normal del cuerpo. Protege del frío, sirve de reserva de energía y no se relaciona tanto con enfermedades graves como la visceral. Algunos datos recientes señalan que la grasa en caderas y muslos, sobre todo en mujeres, puede ser más neutra e incluso algo protectora para el corazón.
Eso no significa que un exceso sea bueno. Mucha grasa subcutánea puede afectar a las articulaciones, la movilidad y la autoestima. Pero es importante quitarle un poco de miedo: no es la gran responsable del envejecimiento acelerado.
Grasa marrón: el tejido que quema calorías y protege tu metabolismo
La grasa marrón o parda es muy distinta. No está pensada solo para almacenar, sino para gastar energía y producir calor. Funciona casi como una estufa interna que quema calorías para mantener la temperatura del cuerpo.
En los bebés es muy abundante, porque les ayuda a no perder calor. En los adultos queda menos, pero sigue presente en zonas como el cuello y la parte alta de la espalda. Se relaciona con un metabolismo más sano, mejor control del azúcar y menos riesgo de obesidad.
La investigación reciente sobre envejecimiento encaja con lo que ya se sabía de la grasa marrón: donde hay más actividad de este tejido, suele haber un organismo más protegido y un deterioro metabólico más lento. El frío moderado y la actividad física pueden ayudar a activarla un poco, aunque no existe un truco mágico, sino hábitos constantes.
Qué revela el estudio sobre envejecimiento: la grasa que daña y la grasa que protege
Los estudios recientes sobre envejecimiento biológico han mirado menos el peso total y más la forma del cuerpo y la grasa interna. Se ha visto que la grasa que rodea los órganos, en especial la del abdomen profundo, se asocia a un corazón y un cerebro que “envejecen” antes.
La grasa visceral aparece como la gran protagonista negativa. Cuanta más hay, más inflamación, peor metabolismo y más riesgo de enfermedades que solemos relacionar con personas mayores. Por el contrario, un cuerpo con poca grasa visceral y algo de actividad de grasa marrón parece envejecer a un ritmo más lento.
La grasa subcutánea, sobre todo la que se concentra lejos del abdomen, tiene un papel más neutro. No es ideal en exceso, pero no acelera el envejecimiento con la misma fuerza que la visceral.
Cómo la grasa visceral acelera el envejecimiento del organismo
La grasa visceral no se limita a “estar” ahí. Libera sustancias que aumentan la inflamación, complican el trabajo de la insulina y elevan la presión arterial. Es como una fábrica silenciosa de mensajes dañinos que viajan por la sangre.
Con el tiempo, este ambiente inflamado va desgastando el corazón, el cerebro, los riñones y otros órganos. La persona se siente más cansada, acumula diagnósticos a edades cada vez más jóvenes y su cuerpo se comporta como si fuera más viejo de lo que marca el DNI.
Esta grasa se relaciona con más infartos, derrames cerebrales y otros problemas típicos de edades avanzadas, pero que ya se ven en adultos de 40 o incluso menos cuando la grasa visceral es muy alta.
Por qué la grasa marrón se considera una aliada contra el envejecimiento
La grasa marrón ayuda al cuerpo a usar mejor la energía. Cuando se activa, quema calorías para producir calor y mejora el manejo del azúcar en sangre. Esto facilita mantener un peso más estable y un metabolismo más flexible.
Un metabolismo que responde bien se asocia con un envejecimiento más lento, menos riesgo de diabetes tipo 2 y menos grasa acumulada donde no interesa, como el abdomen profundo. No se trata de tener toneladas de grasa marrón, sino de permitir que el cuerpo use lo que ya tiene con hábitos que lo favorezcan.
En resumen, esta grasa funciona más como un tejido protector que como un enemigo. Forma parte de los mecanismos naturales que tiene el cuerpo para defenderse del frío y de los excesos de energía.
Más allá del peso: por qué la cintura y la composición corporal son clave
El estudio refuerza una idea simple: no basta con mirar el peso o el IMC. Dos personas pueden pesar lo mismo y tener una salud muy distinta según dónde esté su grasa.
Una cintura muy grande en relación con la altura suele indicar exceso de grasa visceral y un riesgo mayor de envejecimiento acelerado. Por eso muchas guías de salud recomiendan vigilar más el contorno de cintura que la báscula diaria.
También cuenta cómo te sientes. Energía, fuerza, capacidad para subir escaleras o dormir bien dicen mucho de tu salud real. No todo se resume en un número, sino en tu composición corporal y en tus hábitos.
Cómo reducir la grasa que envejece y cuidar la grasa que protege
La buena noticia es que la grasa visceral responde bastante bien a los cambios de estilo de vida. No hace falta buscar soluciones extremas, sino construir una base sólida de hábitos.
Al mismo tiempo, esos mismos hábitos ayudan a que la grasa marrón funcione mejor. Un cuerpo que se mueve, come mejor y duerme suficiente tiende a gestionar la energía de forma más eficiente y envejece de forma más lenta por dentro.
Lo importante es pensar en el largo plazo. Pequeños cambios constantes valen más que una dieta agresiva que solo dura dos semanas.
Hábitos diarios que ayudan a bajar la grasa visceral
Una alimentación equilibrada es uno de los pilares. Comer menos ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans, y más frutas, verduras, legumbres y proteína de calidad, ayuda al cuerpo a dejar de acumular tanta grasa en el abdomen.
Moverse más a lo largo del día también cuenta. Caminar, subir escaleras, hacer algo de ejercicio que te guste, aunque sea suave, hace que el cuerpo use mejor la glucosa y reduzca la grasa interna con el tiempo.
Dormir mejor y cuidar el estrés también influye. Cuando duermes poco o estás siempre al límite, el cuerpo tiende a acumular más grasa en la tripa y a tener más inflamación. No son cambios rápidos, pero con meses de práctica marcan la diferencia.
Movimientos y estilos de vida que apoyan un metabolismo más protector
La actividad física regular ayuda a que el metabolismo esté más activo todo el día. No hace falta ser atleta; caminar a buen ritmo, bailar o hacer ejercicios con tu propio peso ya produce cambios internos.
El contacto con el frío moderado, como una ducha un poco más fresca al final o salir a la calle en días fríos bien abrigado, puede apoyar la activación de la grasa marrón. No es un truco milagroso, pero acompaña a otros hábitos saludables.
Lo más importante es que cualquier cambio sea cómodo y sostenible para ti. Un estilo de vida que puedes mantener años tiene mucho más poder para proteger tu metabolismo y tu envejecimiento que cualquier moda pasajera.
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