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El truco de cinco pasos de Andrew Huberman para cortar el hipo, y por qué apunta al nervio frénico

Estás en una reunión, alguien está hablando, y de pronto aparece ese “hip” que te traiciona en el peor momento. Intentas disimular, bebes agua, aguantas la respiración un segundo, te ríes nervioso… y vuelve. El hipo casi siempre es inofensivo, pero cuando se engancha, se siente como una gota china.

En los últimos meses volvió a circular con fuerza un método que el neurocientífico de Stanford Andrew Huberman explicó en su podcast Huberman Lab. Su idea es simple y directa: el hipo está ligado a espasmos del nervio frénico, el “cable” que activa el diafragma, y un patrón breve de respiración puede ayudar a frenarlo. Aquí va lo importante: qué está pasando en tu cuerpo y cómo probar la técnica con sentido común y sin forzar.

Qué es el hipo en palabras simples, y qué tiene que ver el nervio frénico

El hipo es, en esencia, una contracción involuntaria del diafragma. El diafragma es un músculo grande, en forma de cúpula, que separa el pecho del abdomen. Cada vez que inhalas, baja para dejar espacio a los pulmones; cuando exhalas, sube y ayuda a expulsar aire. Por eso, cuando el diafragma hace un tirón brusco sin que tú lo decidas, se nota tanto.

El sonido típico no viene del diafragma en sí, sino de una “puerta” que se cierra de golpe. Esa puerta es la glotis, la abertura que regula el paso de aire hacia la laringe. Cuando el diafragma se contrae de forma repentina, entra aire de forma rápida y la glotis se cierra casi al mismo tiempo. Resultado: el “hip”.

¿Y dónde entra el nervio frénico? Piensa en él como el cable de control del diafragma. Es el nervio que lleva la señal para que ese músculo se mueva. Si la señal se desordena o se vuelve demasiado excitable por un rato, el sistema puede empezar a disparar contracciones que no tocan.

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Muchos episodios empiezan por cosas cotidianas: comer muy rápido, tragar aire al hablar o reír, bebidas con gas, alcohol, un cambio brusco de temperatura al pasar de caliente a frío, o un pico de estrés. No es magia, es mecánica: el cuerpo cambia el patrón de respiración y de presión en el pecho y el abdomen, y a veces el reflejo del hipo se activa.

Por qué un espasmo se repite, el reflejo que se engancha

El hipo se comporta como un reflejo que se queda “pegado”, como un interruptor viejo que no vuelve bien a su sitio. En lugar de una contracción aislada, aparece un espasmo que se repite con un ritmo propio, y tu cuerpo entra en un patrón que cuesta cortar con voluntad.

Por eso muchos trucos caseros fallan: atacan el síntoma, pero no cambian de verdad el patrón de respiración ni la señal que llega al diafragma. En cambio, una respiración guiada, si está bien pensada, puede cambiar el circuito lo justo como para “reiniciar” el reflejo. No es hipnosis, es una interrupción breve del hábito automático.

El truco inusual de cinco pasos de Huberman explicado sin tecnicismos

La técnica que Huberman describe se ha difundido tal cual en medios y redes desde 2025, y se basa en algo que suena raro cuando lo lees, pero es fácil cuando lo haces. La idea es encadenar varias entradas de aire sin soltarlo, sostener unos segundos y luego soltar despacio.

Primero haces una inhalación profunda por la nariz, de esas que llenan el pecho y también el abdomen. Sin exhalar, después intentas otra inhalación encima de la primera, como si quisieras meter un poco más de aire en un vaso que ya está casi lleno. Aquí suele sentirse un esfuerzo suave en las costillas y el pecho, porque entran en juego músculos que no siempre notas.

Luego haces una tercera microentrada de aire, una inhalación muy corta y rápida, casi como un sorbo. Sin soltar nada todavía, pasas a la parte clave: una retención de 15 a 20 segundos. No debería doler, pero sí se nota la tensión de “aguantar” mientras el cuerpo pide exhalar.

Por último llega el cierre: una exhalación lenta. Suelta el aire poco a poco, por la nariz o por la boca, sin soplar fuerte. Cuando termines, vuelve a respirar normal. Mucha gente nota que el hipo se corta ahí, como si el cuerpo hubiera perdido el hilo.

Si el hipo reaparece enseguida, la recomendación que más se repite al divulgar el método es hacerlo una vez más y, después, parar y respirar con normalidad. No se trata de convertirlo en un reto, sino de darle al cuerpo un cambio breve de señal y dejarlo volver a su ritmo.

Qué se supone que está pasando, sobrecarga y calma del nervio frénico

La explicación práctica que se da alrededor de este truco es que esas inhalaciones encadenadas obligan a trabajar más al diafragma y a los músculos intercostales (los que están entre las costillas). Ese “extra” de trabajo puede cambiar la señal que viaja por el nervio frénico.

Dicho sin jerga: sube la actividad durante unos segundos, y luego baja. Esa bajada podría ayudar a que el reflejo del hipo deje de dispararse en bucle. Es como si, al obligar al sistema a hacer algo poco habitual, le quitaras la pista al patrón repetitivo.

Conviene mantenerlo en su lugar: esto no es una promesa médica ni una cura para todos los casos. Es una técnica respiratoria corta, razonable y fácil de probar en episodios comunes. Y precisamente por ser simple, también conviene hacerla con calma, sentado y sin competir con el propio cuerpo.

Cuándo probarlo, cuándo repetirlo, y cuándo es mejor consultar

Este método tiene más sentido cuando el hipo está empezando o lleva pocos minutos. En esa fase, el reflejo aún no “se instaló” del todo, y cambiar el patrón puede ser suficiente. Si vuelve al instante, puedes repetir la secuencia una sola vez y después dejarlo estar. Forzarlo muchas veces seguidas suele aumentar la tensión y, a algunas personas, les da mareo.

Mejor hacerlo sentado, con la espalda apoyada si puedes. No fuerces la retención; si te falta el aire antes, exhala y listo. Tampoco lo hagas mientras caminas, conduces o estás en el agua, porque el control de la respiración cambia y no vale la pena arriesgarse.

Hay otra parte importante: cuándo el hipo deja de ser “una molestia” y merece atención. Si se vuelve persistente, por ejemplo si dura más de 48 horas, o si aparece junto con dolor fuerte, dificultad para respirar, vómitos que no ceden, fiebre, o si empezó tras una cirugía, conviene una consulta médica. También si tienes antecedentes neurológicos y el hipo se vuelve frecuente o diferente a lo habitual.

El hipo común pasa solo. El hipo que no se va, o viene con otros síntomas, pide otra mirada.

El hipo es un espasmo del diafragma, muchas veces ligado al nervio frénico, y por eso una respiración bien dirigida puede actuar como un pequeño “reinicio” del reflejo. La secuencia de Huberman concentra ese cambio en segundos: varias inhalaciones sin soltar, una pausa breve y una salida lenta.

La próxima vez que te ataque en medio de una cena o una clase, pruébalo con calma y sin forzar. Y si notas que se repite demasiado o se vuelve persistente, no lo normalices, busca orientación profesional. A veces, el mejor truco es escuchar al cuerpo antes de que suba el volumen.

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.