Salud

Estas personas no deberían hacer ayuno intermitente, según la ciencia

El ayuno intermitente ganó fama por ayudar a bajar de peso y mejorar marcadores de salud. Mucha gente lo usa para simplificar sus comidas o controlar el apetito. Aun así, no es una estrategia para todo el mundo, y la evidencia disponible hasta 2025 lo deja claro.

Hay grupos que pueden salir perjudicados, con efectos como fatiga, desequilibrios hormonales y déficits de vitaminas y minerales. ¿Sabías que el ayuno podría dañar tu salud si perteneces a ciertos grupos? Aquí verás quiénes deberían evitarlo y por qué, según lo que muestran estudios recientes y la práctica clínica.

Mujeres embarazadas, niños y adultos mayores: necesidades nutricionales constantes

El cuerpo no funciona igual en todas las etapas de la vida. El embarazo, la infancia y la vejez exigen una provisión continua de nutrientes esenciales. Limitar las horas de comida en estos grupos cambia hormonas clave, reduce la energía disponible y puede provocar déficits. La investigación hasta 2025 advierte de posibles alteraciones del ciclo hormonal, pérdida de masa magra y peor calidad de la dieta cuando se restringen horarios de comida en personas vulnerables.

En embarazadas y lactantes, cualquier caída en la ingesta de calorías, proteínas, hierro o folato impacta en el bebé. En niños, el cerebro y el cuerpo están en pleno desarrollo infantil y requieren aportes regulares para crecer. Y en mayores de 70 años, reducir comidas suele traducirse en menos proteínas, menos calcio y mayor riesgo de debilidad muscular.

Por qué el ayuno afecta el embarazo y la lactancia

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Durante el embarazo, el cuerpo prioriza al feto y aumenta la demanda de micronutrientes. Un patrón de ayuno reduce la ventana para cubrir hierro, folato, yodo y ácidos grasos omega-3. Esto se asocia con mayor fatiga materna, mareos y peor tolerancia al esfuerzo. También eleva el riesgo de anemia y puede afectar el aumento de peso gestacional.

Algunas investigaciones observan que los ayunos estrictos interfieren en la absorción de nutrientes cuando los periodos de ingesta son muy cortos. Esto complica el balance energético y puede relacionarse con bajo peso al nacer o con una lactancia de menor calidad. En la lactancia, el gasto energético es alto. Comer poco o muy espaciado puede reducir la producción de leche y empobrecer su perfil nutricional. El mensaje es simple: en estas etapas, el cuerpo necesita constancia, no ventanas estrechas.

El impacto en el crecimiento de los niños menores de 12 años

El cerebro infantil consume mucha glucosa y necesita comidas frecuentes. Ayunar en menores de 12 años aumenta el riesgo de hipoglucemia, irritabilidad, mareos y menor concentración. A largo plazo, la restricción puede traducirse en menor talla esperada, bajo peso y retrasos en el rendimiento escolar.

La literatura pediátrica reciente advierte que los patrones de alimentación con ventanas limitadas favorecen ingestas insuficientes de calcio, vitamina D, hierro y proteínas. Estos nutrientes sostienen huesos, masa muscular y desarrollo cognitivo. Además, los niños aprenden conductas alimentarias por imitación. Introducir reglas rígidas de ayuno puede impulsar una relación tensa con la comida y abrir la puerta a conductas desordenadas más adelante.

Riesgos para adultos mayores y su salud ósea

En mayores de 70 años, mantener masa muscular y densidad ósea es prioridad. Las comidas frecuentes ayudan a cubrir proteínas, vitamina D y calcio, que son fundamentales para prevenir sarcopenia y osteoporosis. El ayuno puede reducir calorías y proteína total sin querer, sobre todo si hay menor apetito o problemas dentales.

También sube el riesgo de hipoglucemia, caídas, debilidad y deshidratación. En este grupo, la ventana de alimentación corta dificulta llegar a los requerimientos diarios y empeora la calidad de vida. La recomendación general es comer en horarios regulares, con proteínas repartidas, hidratación adecuada y supervisión médica si se busca perder peso.

Personas con trastornos alimenticios o enfermedades crónicas: contraindicaciones claras

El ayuno intermitente se apoya en la restricción temporal. Esta característica choca con condiciones como los trastornos alimenticios y con algunas enfermedades renales u otras patologías crónicas. La evidencia disponible hasta 2025 asocia el ayuno en estas personas con más mareos, irritabilidad, recaídas y peor control de síntomas. También se complica la adherencia a tratamientos y a pautas nutricionales médicas.

Si te identificas con alguno de estos casos, habla con tu médico o nutricionista antes de cualquier cambio.

El peligro para quienes tienen historial de anorexia o bulimia

La restricción de horarios es un disparador frecuente en pacientes con anorexia o bulimia, incluso en recuperación. Los estudios psicológicos muestran que reglas rígidas sobre la comida aumentan la obsesión, el control extremo y la culpa. Esto facilita recaídas, atracones, purgas o ejercicio compulsivo.

Además, el ayuno tiende a subir el cortisol y a bajar la energía disponible. Ese cóctel favorece irritabilidad, ansiedad y aislamiento social. La recuperación de un trastorno alimentario pide regularidad: comer a horas fijas, con suficiente energía y sin reglas estrictas. El ayuno va en dirección contraria.

Cómo el ayuno complica enfermedades renales y medicamentos

El riñón sufre cuando hay deshidratación o desequilibrios de electrolitos. El ayuno puede reducir la hidratación, alterar sodio y potasio y, en casos sensibles, añadir estrés renal. En enfermedad renal crónica, los planes nutricionales suelen ser precisos, con horarios y cantidades bien definidos. Romper ese esquema con ayunos puede descompensar.

También hay interferencias con fármacos. Medicinas para la presión, la tiroides, el ánimo o la glucosa suelen indicarse con alimento o en horarios constantes. Si tomas pastillas en ayunas o retrasas comidas, la absorción cambia y aparecen efectos secundarios, como náuseas, palpitaciones o mareos. Esto es clave en personas que usan insulina o antidiabéticos orales, ya que puede haber hipoglucemias.

Efectos negativos en ansiedad, depresión y bajo peso corporal

Pasar muchas horas sin comer eleva el cortisol y puede alterar el sueño. En personas con ansiedad o depresión, esto se traduce en más inquietud, mal humor y peor descanso. La irritabilidad y la fatiga se vuelven más frecuentes, algo que la investigación hasta 2025 ha reportado en quienes inician ayunos sin supervisión.

Si tienes bajo peso o un porcentaje de grasa corporal muy bajo, el ayuno acelera la pérdida de masa muscular. También limita la energía para entrenar y recuperarte. En estos casos, hay riesgo de amenorrea, caída del rendimiento y lesiones. La prioridad debe ser recuperar peso de forma segura, con comidas suficientes y regulares.

Trabajadores por turnos y otros factores de estilo de vida

El ayuno parte de un reloj biológico estable. Con horarios cambiantes, como los de quienes trabajan de noche o en turnos rotativos, el cuerpo ya está forzado. Añadir ventanas de comida estrictas empeora el sueño y baja la energía diaria. La evidencia disponible señala más somnolencia diurna, más antojos en la madrugada y peor control del apetito cuando se intentan ayunos sin adaptar al cronotipo ni al turno.

Antes de iniciar, conviene consultar con un profesional. Muchas veces funcionan mejor alternativas personalizadas, como repartir comidas más pequeñas, ajustar proteínas en cada turno y usar luz y cafeína con estrategia para proteger el ritmo circadiano.

Desafíos para quienes trabajan en turnos variables

Imagina una enfermera que rota de mañanas a noches cada semana. Si intenta un 16:8 fijo, terminará comiendo a horas que chocan con su sueño. El resultado es fatiga acumulada, más cortisol y apetito desordenado. Algo similar le pasa a conductores nocturnos o personal de seguridad: los ayunos mal adaptados aumentan los despertares nocturnos y el cansancio.

Una opción práctica es un patrón flexible. Por ejemplo, comer antes de iniciar el turno, planear una comida principal en la mitad y un snack proteico hacia el final. En días libres, volver a horarios regulares. No es un ayuno, es una estructura simple que cuida energía, sueño y rendimiento.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.