Tendencia therian en jóvenes: por qué algunos dicen que son animales y cómo entenderlo sin estigma
En TikTok y otras redes se ven videos de adolescentes que caminan en cuatro patas, usan máscaras, colas o collares, y se presentan como therians. Para muchas familias y colegios, la escena desconcierta. ¿Es una moda, una broma, un reto?
Desde el inicio conviene aclararlo: en la mayoría de casos no se trata de «creer que el cuerpo cambia». Es más bien una identidad o una sensación interna de conexión con un animal. Psicólogos citados por SEMANA y otros medios insisten en algo básico: evitar el estigma y escuchar antes de juzgar.
A continuación, una guía clara sobre qué significa, por qué suele aparecer en la adolescencia y cómo acompañar con respeto, sin burlas ni alarmismo.
¿Qué significa ser therian y qué NO significa? La definición que más confunde a familias y colegios
Ser therian suele describirse como sentir que el «yo interior» está ligado, de forma psicológica o espiritual, a un animal no humano. El término se asocia a comunidades online que crecieron desde los años 90 y, con el tiempo, se hizo visible en redes. La palabra viene del griego therion (animal salvaje, bestia). No es un diagnóstico médico, aunque a veces se confunda con uno.
En este contexto aparece otra idea clave: el theriotype. Es el animal concreto con el que la persona se identifica, por ejemplo, lobo, gato, perro o zorro. Para algunos jóvenes, ese vínculo funciona como una metáfora personal. Para otros, se siente más literal por dentro, aunque sigan sabiendo que son humanos en lo físico.
La expresión puede verse de formas muy distintas. Algunos usan máscaras o «patas» con guantes. Otros prueban movimientos llamados quadrobics (desplazarse y saltar en cuatro apoyos). También hay quienes hacen sonidos, llevan accesorios o se reúnen en parques con amigos que comparten la etiqueta. En redes, esa parte performativa se amplifica, porque lo visual engancha y se viraliza rápido.
Lo que no significa, en la mayoría de casos, es esto: no es una transformación física, no implica perder el contacto con la realidad, y no es necesariamente una religión. Tampoco es siempre «solo un juego». A veces sí hay juego, a veces hay identidad, y muchas veces hay un poco de ambas cosas según el momento y el entorno.
La diferencia entre therian, furry y otherkin, por qué no es lo mismo aunque se parezca
La confusión crece cuando se mezclan etiquetas. Un therian suele vincular su identidad a un animal real específico, como un lobo o un gato, y lo vive como algo interno.
En cambio, el mundo furry se entiende más como un fandom creativo. Gira alrededor de personajes antropomórficos (animales con rasgos humanos), arte, historias y, a veces, disfraces. Puede haber emoción y pertenencia, pero no exige decir «soy ese animal».
Por su parte, otherkin funciona como un paraguas más amplio para identidades no humanas. Ahí pueden entrar criaturas míticas o fantásticas, como dragones o elfos, además de casos cercanos a lo therian.
Mezclarlo todo en una sola bolsa aumenta la confusión. Además, alimenta burlas y etiquetas rápidas en el colegio. Poner el nombre correcto no «encierra» a nadie, pero sí ayuda a conversar con menos ruido.
Por qué algunos jóvenes dicen «soy un animal»: lo que sugieren psicólogos sobre identidad, emoción y pertenencia
Entre los 10 y 16 años, la vida se parece a un probador de ropa. Se prueban estilos, grupos, límites y formas de hablar. En esa etapa, la identidad se mueve mucho, porque el cuerpo cambia, la mirada de los demás pesa y la necesidad de pertenecer se vuelve urgente.
Ahí encaja parte de la tendencia therian. Para algunos adolescentes, la idea del animal ofrece un lenguaje simple para emociones complejas. Un lobo puede representar protección o fuerza. Un gato puede simbolizar independencia o calma. Esa «figura guía» no resuelve los problemas, pero puede dar sensación de control cuando el día a día se siente caótico.
También aparece la regulación del estrés. Hacer movimientos en cuatro apoyos, practicar saltos o concentrarse en una rutina corporal puede funcionar como descarga. Es similar a cómo otros jóvenes bailan, corren o hacen deporte, con la diferencia de que aquí se suma un relato identitario. Si, además, la persona carga ansiedad o se siente «rara» en su entorno, encontrar una etiqueta y una comunidad puede aliviar.
Las redes empujan el fenómeno. Un video corto crea la impresión de que «todos lo están haciendo», aunque no sea cierto. Luego llega el efecto espejo: alguien se reconoce, comenta, hace amigos y se suma a una comunidad. A veces hay quedadas en parques y grupos de chat, donde se comparten experiencias y se normaliza el tema.
No existe una causa única. Para algunas personas es una fase. Para otras, es estable. Lo importante es mirar el bienestar real, no solo el nombre.
Señales de bienestar y señales de alerta: cuándo es exploración sana y cuándo puede haber sufrimiento
Cuando la expresión es flexible y no invade todo, suele ser parte de explorar. Si el joven mantiene amistades, duerme bien y cumple con el colegio, el tema no tiene por qué ser un «drama familiar». En muchos casos, el mayor problema no es la etiqueta, sino cómo reaccionan los demás.
El riesgo más frecuente suele venir del acoso y la vergüenza, no de «ser therian» en sí.
Aun así, conviene observar señales que indican malestar. Si aparece aislamiento fuerte, si el joven deja de comer o dormir por ansiedad, o si hay tristeza constante, toca prestar atención. También preocupan el acoso escolar sostenido, las autolesiones o el uso de la identidad como única salida para evitar toda responsabilidad y todo vínculo.
Esto no significa «diagnosticar» desde casa. Significa ver la película completa: cómo está su ánimo, qué tan seguro se siente y si la vida diaria se está rompiendo.
Cómo hablar del tema sin romper el vínculo: guía práctica para madres, padres y docentes
La conversación funciona mejor cuando empieza por la escucha. Antes de corregir, ayuda preguntar qué significa para esa persona. No es lo mismo «me gusta el contenido» que «esto me describe por dentro». Tampoco es igual practicar quadrobics por diversión que hacerlo porque es la única forma de sentirse bien.
Después viene el respeto, que no es decir a todo que sí. Es reconocer que el joven siente algo, aunque el adulto no lo comparta. Ese reconocimiento baja la tensión y evita que todo se vuelva secreto.
Luego se pueden acordar límites y seguridad. Por ejemplo, elegir lugares adecuados para moverse en cuatro patas (evitar calles con tráfico o superficies peligrosas), revisar accesorios para que no lastimen, y cuidar la privacidad al publicar videos. En el colegio, conviene poner el foco en convivencia y prevención del acoso, no en castigar la «rareza».
Si hay sufrimiento, pedir ayuda profesional no debería sonar a castigo. La terapia puede servir para manejar ansiedad, bullying o autoestima, incluso si la identidad therian no cambia. Y sobre redes, un punto clave es diferenciar contenido performativo de vivencia real, sin ridiculizar. Enseñar pensamiento crítico protege más que prohibir.
Qué decir y qué evitar: frases que abren conversación y frases que cierran la puerta
Una frase como «cuéntame qué sientes» suele abrir más que un interrogatorio. También ayuda «¿qué te aporta?», porque invita a hablar de necesidades, no de etiquetas. Si hay preocupación por el trato en el colegio, «¿cómo te gustaría que te trate la gente?» pone el foco en dignidad y límites.
En cambio, comentarios como «eso es ridículo» o «se te va a pasar» suelen cortar el diálogo. «Estás loco» solo aumenta el miedo y empuja al secreto. El objetivo no es ganar una discusión, sino cuidar la salud mental y la relación. Cuando el joven se siente seguro, es más fácil hablar de límites, redes y riesgos reales.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.