Salud

¿Qué pasa si a un hombre le quitan la próstata? Función y cambios reales

Cuando a un hombre le dicen que hay que “quitar la próstata”, la cabeza se llena de dudas. La razón más común es el cáncer de próstata, sobre todo si está localizado y la cirugía puede ser curativa. También puede indicarse en casos seleccionados de enfermedad localmente avanzada, siempre valorando riesgos y beneficios.

La pregunta que más pesa es simple: ¿qué cambia en el cuerpo y qué no? Tras una prostatectomía pueden cambiar la forma de orinar, la vida sexual y la fertilidad, pero no se “apaga” la masculinidad, ni desaparece el deseo por arte de magia. La testosterona suele seguir produciéndose en los testículos, y el placer puede seguir existiendo, aunque con matices.

Cada caso es distinto, por edad, salud, tipo de tumor y técnica quirúrgica. Por eso el urólogo debe guiar las decisiones y el plan de recuperación.

¿Para qué sirve la próstata y por qué a veces se la quitan?

La próstata es una glándula del tamaño de una nuez. Está debajo de la vejiga y rodea la uretra, que es el conducto por donde sale la orina (y también el semen durante la eyaculación). Por su ubicación, cualquier cambio en la próstata puede influir en el chorro, la continencia y la sensación al orinar.

Aunque muchas personas la asocian solo con “problemas de pipí”, su papel principal está en el sistema reproductor. La próstata fabrica una parte del líquido que acompaña a los espermatozoides. También participa en el mecanismo de la eyaculación, empujando ese líquido hacia la uretra en el momento del orgasmo.

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Entonces, ¿por qué extirparla? La causa típica es el cáncer localizado, cuando el tumor está dentro de la próstata y la intención es curar. En tumores de bajo riesgo, a veces se elige vigilancia activa; en cambio, si el riesgo es intermedio o alto, o si la expectativa de vida hace razonable un tratamiento curativo, la cirugía es una opción frecuente. También existe la radioterapia como alternativa curativa en muchos casos, y la elección depende del perfil de cada paciente.

La función principal de la próstata, qué aporta al semen

La próstata produce el llamado líquido prostático, que aporta aproximadamente 20 a 30 % del volumen del semen. Para entenderlo sin tecnicismos, piensa en el semen como una mezcla que protege y transporta.

En esa mezcla, los espermatozoides no viajan “solos”. El líquido prostático ayuda a que sobrevivan mejor y se muevan con más facilidad. Es como si les diera un medio de transporte más favorable y, a la vez, cierta protección en el camino.

También hay un papel mecánico: durante la eyaculación, la próstata se contrae y ayuda a empujar el semen hacia la uretra. Por eso, cuando se extirpa, el orgasmo puede seguir existiendo, pero la salida de semen cambia de forma clara.

Todo esto explica por qué la próstata está tan ligada a la fertilidad, aunque no sea la fábrica de espermatozoides.

¿Qué significa “quitar la próstata” (prostatectomía radical) y cuándo se indica?

“Quitar la próstata” suele referirse a la prostatectomía radical, que es la extirpación completa de la próstata. En la mayoría de casos también se retiran las vesículas seminales, y en algunos pacientes se extraen ganglios linfáticos de la pelvis para estudiar o tratar una posible extensión.

Tras retirar la próstata, el cirujano vuelve a unir la vejiga con la uretra para que la orina pueda salir con normalidad. Es un cambio anatómico importante, y por eso las primeras semanas requieren paciencia.

La cirugía puede hacerse por vía abierta, laparoscópica o asistida por robot. El abordaje influye en la recuperación y en detalles como sangrado o dolor, pero lo que más marca la diferencia suele ser la experiencia del equipo, el estado previo del paciente y si se pueden preservar nervios cercanos (cuando el cáncer lo permite).

Qué pasa después de quitar la próstata, cambios en orina, sexo y fertilidad

Los cambios más comentados tras la cirugía son incontinencia, disfunción eréctil, eyaculación seca y, en la práctica, infertilidad. Dicho así suena duro, pero hay contexto: muchos efectos son más intensos al principio y mejoran con los meses, y existen tratamientos de apoyo.

En las primeras semanas el cuerpo está adaptándose. Luego, entre los primeros 3 a 12 meses, se ve gran parte de la mejoría en continencia. En la función sexual, la recuperación puede ir más lenta, y a veces tarda hasta 18 a 24 meses, sobre todo si se intenta preservar nervios.

Orina e incontinencia, lo más común al inicio y cómo suele mejorar

Lo habitual es llevar una sonda vesical alrededor de 1 a 2 semanas (según la técnica y la cicatrización). Al retirarla, muchos hombres notan escapes de orina, sobre todo al toser, reír o levantar peso. Es la incontinencia de esfuerzo, y es muy común al inicio.

También puede aparecer urgencia, esa sensación de “tengo que ir ya”. No siempre significa infección; muchas veces es parte del reajuste tras la cirugía.

Con el paso del tiempo, una gran parte mejora de forma clara. Ayuda mucho trabajar el suelo pélvico con ejercicios bien hechos, y si puede ser, con fisioterapia especializada. Cuando la continencia no mejora tras varios meses, el urólogo puede plantear opciones como rehabilitación más intensiva, medicación en casos seleccionados, o soluciones quirúrgicas para incontinencia persistente.

La edad, el estado del esfínter y la técnica quirúrgica influyen. Por eso conviene medir avances en semanas y meses, no en días.

Vida sexual, erección, orgasmo y “eyaculación seca”

Después de la cirugía, la disfunción eréctil puede ser marcada, incluso en hombres que antes no tenían problemas. Los nervios que ayudan a la erección pasan pegados a la próstata, y aunque se intenten preservar, pueden quedar “aturdidos” un tiempo.

En los primeros meses es frecuente tener erecciones débiles o no tenerlas. La mejoría, cuando llega, suele ser gradual y puede tardar hasta 18 a 24 meses. No es raro necesitar ayuda durante ese periodo.

La eyaculación seca es otro cambio típico: como se quita la próstata (y casi siempre las vesículas seminales), ya no sale semen. Aun así, el orgasmo puede mantenerse. Muchas personas lo describen como diferente, a veces menos intenso, o con una sensación nueva. Al inicio puede haber alguna molestia, que suele ir cediendo.

Hay opciones para apoyar la función sexual: pastillas como sildenafil o tadalafil, bomba de vacío, inyecciones intracavernosas, y en casos seleccionados, prótesis de pene. Lo importante es hablar de rehabilitación sexual pronto con el equipo médico, porque esperar “a ver si vuelve solo” no siempre es la mejor estrategia.

Fertilidad y deseo de tener hijos, lo que conviene saber antes de operar

Tras una prostatectomía radical, la infertilidad suele ser permanente a nivel natural, porque no hay semen que transporte los espermatozoides al exterior. Esto puede sorprender, ya que los testículos suelen seguir produciendo espermatozoides y testosterona.

Si existe deseo de tener hijos, conviene hablarlo antes de la cirugía. Una opción práctica es congelar semen previamente. En situaciones concretas, también puede obtenerse espermatozoides directamente del testículo para reproducción asistida, pero eso se planifica caso por caso.

Este tema no es “secundario”. Para muchas parejas, entenderlo a tiempo evita duelos innecesarios después.

Recuperación, calidad de vida y señales para consultar al urólogo

La recuperación no es una línea recta. A ratos parece que todo va mejor y, de pronto, aparece un día con más escapes o más cansancio. En muchos casos, el ingreso hospitalario ronda 1 a 3 días. Luego se vuelve a tareas suaves relativamente pronto, el trabajo de oficina suele retomarse en semanas, y el esfuerzo físico intenso se limita unas 6 a 8 semanas (según indicación médica).

La continencia puede seguir mejorando entre 3 y 12 meses. La función sexual, si mejora, suele hacerlo más despacio. Y algo clave en calidad de vida es el seguimiento del PSA tras la cirugía, porque ayuda a detectar a tiempo si el cáncer reaparece.

Hay señales con las que no conviene esperar: fiebre, dolor intenso que no cede, imposibilidad de orinar, sangrado importante, o un bajón emocional que se alarga y afecta la vida diaria.

Tiempos típicos, qué es “normal” en los primeros meses

En las primeras semanas, el cansancio es común. Caminar a diario, a ritmo suave, suele ayudar más de lo que parece. También es frecuente el estreñimiento, y suele mejorar con agua, fibra y movimiento (si el médico lo permite y ajustando medicación si hace falta).

Durante los primeros meses, los escapes al esfuerzo suelen ir bajando poco a poco. A veces hay “mesetas”, y eso desespera, pero no siempre significa que la recuperación se haya frenado.

Si el equipo recomienda ejercicios de suelo pélvico, la técnica importa. Hacerlos mal cansa y no ayuda. Con guía, suelen ser un apoyo real.

Seguimiento del PSA, apoyo emocional y cuándo pedir ayuda

El PSA es una proteína ligada a la próstata. Tras extirparla, lo esperable es que quede muy bajo o indetectable. Por eso se controla de por vida. Si sube, el urólogo valora el contexto y posibles tratamientos, como radioterapia de rescate u otras opciones según el caso.

También hay un seguimiento menos visible, pero igual de importante: el emocional. Cambios en la erección, en la imagen corporal o en la relación de pareja pueden afectar la autoestima. Hablarlo pronto evita silencios largos. En algunos casos ayuda la terapia psicológica o la consulta con sexología, igual que ayuda la fisioterapia para el suelo pélvico.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.