Te sientes fatal, no te apetece comer nada y, aun así, la báscula sube. A Laura le pasó después de una semana con gripe, tenía náuseas, dormía a ratos y comía poquísimo. Cuando se pesó, vio dos kilos más. Pensó que la báscula estaba rota. Le suena, ¿te ha pasado?
El mito dice que la enfermedad siempre adelgaza. La realidad es más compleja. En la mayoría de los casos, la falta de apetito baja el peso, sobre todo en procesos agudos. Pero hay situaciones, descritas en fuentes médicas, en las que ocurre lo contrario. Cambios hormonales, retención de líquidos e incluso efectos secundarios de medicamentos pueden sumar kilos que no son grasa ni se deben a comer de más.
Hoy lo aclaramos con lenguaje simple. Te cuento por qué pasa, qué dicen los estudios clínicos y qué puedes hacer para manejarlo sin drama.
Las causas principales del aumento de peso inesperado durante la enfermedad
La imagen típica es perder peso cuando estás enfermo. Comes menos, te mueves poco y el cuerpo usa reservas. Pero el cuerpo también se defiende con mecanismos que, a veces, suben el número en la báscula.
Una causa habitual es el hipotiroidismo. La tiroides produce hormonas que ajustan el metabolismo, como quien regula el termostato de casa. Si hay pocas, el “motor” funciona lento. Quemas menos calorías en reposo, retienes algo más de agua y te sientes cansado. Aunque comas poco, puedes ganar grasa con más facilidad. Organismos como MedlinePlus explican que los cambios hormonales, incluida una tiroides hipoactiva, pueden causar aumento involuntario de peso.
Otra razón potente es la retención de líquidos. Infecciones, inflamación, problemas del corazón o de los riñones alteran el equilibrio de agua y sal. El resultado es hinchazón en tobillos, manos o abdomen. Ese peso extra es agua, no grasa. Piensa en un esponja que absorbe más de la cuenta. Si además te mueves menos por estar en cama, la circulación es más lenta y el líquido se acumula. Incluso un resfriado fuerte puede llevarte a tomar caldos salados y bebidas isotónicas, lo que añade sodio y favorece la retención temporal.
Los efectos secundarios de ciertos fármacos también cuentan. Esteroides, antidepresivos y algunos tratamientos oncológicos pueden alterar el apetito, el metabolismo y la forma en que el cuerpo almacena grasa. A veces no te das cuenta de que picas un poco más, o puede que no comas más, pero el cuerpo ahorra energía y guarda. El Instituto Nacional del Cáncer menciona el aumento de peso con algunos esquemas de tratamiento, por cambios hormonales y de líquidos.
Hay, además, detalles del día a día que suman. Si estás con gripe y pasas varios días sin moverte, gastas menos. Si tomas sopas, galletas saladas y bebidas azucaradas para “salir del paso”, el sodio y el azúcar pueden favorecer agua extra. Es raro ganar peso real en grasa en pocos días, pero sí es común ver fluctuaciones por líquido.
Importante: esto no es lo más frecuente. La mayoría de las personas pierde algo de peso en procesos agudos por comer menos. Pero si ves que subes, no estás imaginando cosas. Tu cuerpo está respondiendo a la enfermedad.
Cómo los problemas hormonales afectan tu peso sin que comas más
El hipotiroidismo reduce el gasto energético, sobre todo por la falta de hormonas tiroideas. Con menos hormonas activas, el cuerpo quema menos calorías incluso en reposo. Te notas cansado, con frío, con piel seca y, a veces, con estreñimiento. Si ya te sientes mal por otra causa, esa fatiga aumenta y te mueves menos. El resultado puede ser un aumento suave pero persistente de peso.
Fuentes como MedlinePlus señalan estos cambios hormonales como una causa subestimada. Si detectas fatiga intensa, caída del cabello, piel muy seca o hinchazón, consulta a tu médico. Un análisis simple puede confirmarlo y el tratamiento corrige el curso.
La retención de líquidos: por qué tu cuerpo retiene agua cuando estás mal
La retención de líquidos se da cuando el cuerpo guarda más agua y sal de la que elimina. En infecciones, la inflamación altera vasos y tejidos, y el líquido se filtra con facilidad. Si hay problemas renales o cardíacos, el cuerpo regula peor ese equilibrio, y el agua se queda en los tejidos.
¿Resultado? Hinchazón, anillos que aprietan, marcas de los calcetines, un abdomen más tenso. Puedes ganar uno o dos kilos en pocos días sin haber comido más. En gripes fuertes, la menor actividad también influye, igual que una dieta más salada por caldos instantáneos. En condiciones crónicas, y en enfermedades como el cáncer, la literatura médica describe aumentos por líquidos que confunden el control del peso. Esto se corrige al tratar la causa y ajustar sal, líquidos y medicación.
Medicamentos que podrían estar detrás del aumento de peso
Varios fármacos comunes tienen efectos secundarios relacionados con el peso. Los corticoides elevan la retención de líquidos y pueden cambiar la distribución de grasa. Algunos antidepresivos modifican neurotransmisores que influyen en hambre, saciedad y gasto energético. Otros, como ciertos antipsicóticos o anticonvulsivos, también pueden sumar.
En oncología, el uso de esteroides, antieméticos y terapias hormonales se asocia con cambios en líquidos y metabolismo. Cancer.gov explica que el aumento de peso puede darse durante algunos tratamientos por una mezcla de retención, menor actividad y cambios hormonales. No significa que estés haciendo algo mal. Es un efecto esperado en algunos casos y se puede manejar con seguimiento.
Qué dicen los estudios sobre este fenómeno sorprendente
La literatura médica suele enfocarse en la pérdida de peso durante la enfermedad, sobre todo en infecciones agudas y en caquexia asociada a cáncer. Aun así, los estudios clínicos y las guías de referencia señalan excepciones claras: hormonas, líquidos y medicamentos.
MedlinePlus recoge que el aumento involuntario de peso puede deberse a cambios hormonales como el hipotiroidismo o el síndrome de Cushing, además de retención por causas cardíacas o renales. La American Thyroid Association explica que el aumento en el hipotiroidismo no siempre es grasa, con frecuencia incluye agua y sal retenidas, y suele revertir en parte al corregir la función tiroidea.
En población general, el hipotiroidismo afecta a un grupo pequeño pero relevante. Se estima que alrededor del 5% de los adultos puede presentarlo en algún momento, con mayor frecuencia en mujeres. Esto ayuda a entender por qué algunas personas notan cambios de peso que no cuadran con su ingesta.
En cáncer, el Instituto Nacional del Cáncer describe aumentos asociados a esteroides y terapias hormonales, además de la retención de líquidos por inflamación o por algunos fármacos. No siempre se trata de grasa. Un dato clave es que el peso es un indicador mixto. Mide agua, masa muscular y grasa. Por eso, durante una enfermedad, los cambios rápidos suelen apuntar a líquidos. Los cambios lentos, a semanas o meses, pueden reflejar ajustes hormonales o metabólicos.
La conclusión científica es clara: subir de peso estando enfermo es menos común que bajar, pero es posible y está descrito. Suele implicar hormonas tiroideas alteradas, retención de líquidos o efectos secundarios de tratamientos. Identificar la causa guía la solución. No es un fallo de voluntad ni un “misterio” de tu cuerpo.
Consejos prácticos para manejar el peso si estás enfermo
Cuando el cuerpo se queja, lo mejor es cuidarlo sin obsesionarse con el número de la báscula. Estos hábitos ayudan a distinguir entre agua, grasa y señales que requieren consulta.
- Hidratación: Bebe agua a sorbos durante el día. La buena hidratación ayuda a los riñones a eliminar sodio y reduce la retención. Evita bebidas muy saladas o azucaradas si no te lo ha indicado tu médico.
- Movimiento: Mantén algo de movimiento suave si tu condición lo permite. Caminar en casa, estirarte o hacer respiraciones profundas mejora la circulación y reduce la hinchazón.
- Comidas ligeras y completas: Elige caldos caseros bajos en sal, frutas, yogur natural, huevos, puré de verduras y legumbres blandas. Si no tienes hambre, pequeñas porciones frecuentes funcionan mejor.
- Ojo con la sal escondida: Sopas instantáneas, embutidos y salsas empacan sodio. Lee etiquetas y, si puedes, cocina simple.
- Monitorea sin ansiedad: Pésate a la misma hora, con la misma ropa, 2 o 3 veces por semana. Observa patrones, no números aislados.
- Registra síntomas: Anota hinchazón, falta de aire, cansancio extremo, palpitaciones, estreñimiento o cambios en la piel. Lleva esa lista a tu cita.
- Revisa tu medicación: Si notas aumento de peso desde que empezaste un fármaco, coméntalo. No lo suspendas por tu cuenta. El médico puede ajustar la dosis o cambiarlo.
- Señales de alerta: Consulta si subes de peso de forma rápida, por ejemplo 1 a 2 kilos en pocos días, si hay inflamación en piernas o dificultad para respirar, o si sospechas hipotiroidismo por cansancio, frío y piel seca.
Guías como las del NIDDK recuerdan que escuchar estas señales evita sustos. Cuidarte hoy facilita una recuperación más rápida y una vuelta suave a tu rutina.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.