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OnlyFans: ¿autonomía económica o capitalismo del deseo?

Son las 23:30 y alguien vuelve a mirar su cuenta bancaria. El sueldo no alcanza, la renta subió, y el «ingreso extra» ya no suena a capricho. En TikTok y X aparecen historias de gente que «vive de sus suscriptores». Entonces surge la idea: OnlyFans. ¿Es una vía de autonomía económica o una pieza más del capitalismo del deseo?

El fenómeno no es pequeño. En febrero de 2026, se estima que hay unos 4,63 millones de creadores y más de 377 millones de cuentas de usuarios. Además, el volumen bruto de la plataforma llegó a cerca de 6.600 millones de dólares en 2025. Con cifras así, el debate dejó de ser solo sexual y se volvió laboral, cultural y financiero.

Aquí no hay sermones. La pregunta es práctica: qué incentivos ofrece el modelo, qué riesgos trae y en qué condiciones puede funcionar de verdad.

¿Qué es OnlyFans hoy y por qué se volvió un tema económico, no solo sexual?

OnlyFans es, ante todo, una plataforma de pago directo entre fans y creadores. Su mecánica es simple: alguien paga por acceso, y el creador entrega contenido y cercanía. En la práctica, esa «cercanía» es el producto más rentable. No se vende solo una foto o un video, también se vende la idea de acceso privado, de trato personal, de intimidad a medida.

El modelo combina varias vías de ingresos. La más conocida es la suscripción mensual. A eso se suman los pagos por mensajes (por ejemplo, desbloquear contenido), y las propinas. La plataforma se queda con un 20% y el creador recibe el 80%. Ese reparto suena generoso si se compara con otras industrias, aunque no incluye los costos reales de producir, promocionar y sostener una comunidad.

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Aunque existe contenido de fitness, música o cocina, el imaginario público sigue pegado al contenido sexual. Y no es casualidad. La economía de internet premia lo que captura atención rápido, y el deseo lo hace con una eficacia brutal. Por eso, incluso quienes no hacen contenido explícito suelen sentir presión por «subir el tono» para destacar.

En otras palabras, OnlyFans es una mezcla de trabajo autónomo y trabajo de plataforma. Por un lado, tú pones precios y límites. Por otro, dependes del flujo de tráfico, de tus redes, y de un sistema que premia la presencia constante. Es parecido a tener un bar propio dentro de un centro comercial: el local es tuyo, pero el dueño del centro decide normas, horarios, visibilidad y, en el peor caso, cierre.

Las cifras que explican el tamaño del fenómeno (y la competencia)

Los números ayudan a entender por qué tanta gente lo mira como opción. En febrero de 2026, OnlyFans ronda los 4,63 millones de creadores y supera los 377,5 millones de cuentas de fans. El crecimiento fue enorme: el total de creadores aumentó alrededor de 1.222% entre 2019 y 2025. También entran muchos cada día, con estimaciones cercanas a 7.000 nuevos creadores diarios.

Sin embargo, el tamaño no garantiza oportunidad para todos. En un mercado con millones de perfiles, la visibilidad se concentra. Pocos destacan, y la mayoría gana poco. La plataforma no publica un «salario promedio» que resuma la realidad, y eso no es un detalle. La distribución de ingresos suele ser desigual, como pasa en música, streaming o redes sociales.

También hay barreras de entrada. La verificación es obligatoria y el filtro no es menor. En febrero de 2025 se reportó una tasa de aprobación cercana al 36% (64.411 aprobadas de 179.522 solicitudes). Ese dato muestra control de acceso, pero también confirma que no todo el que quiere puede entrar, ni rápido, ni sin fricción.

La competencia real no es «contra otros creadores», es contra el tiempo de la gente y su presupuesto mensual.

Trabajo digital con reglas propias, horario propio, pero métricas que mandan

Muchos lo describen como «subir fotos», pero el trabajo se parece más a llevar un negocio de atención al cliente. Hace falta constancia, calendario, interacción y respuesta rápida. Además, los mensajes privados pueden convertirse en la parte más rentable, y también en la más absorbente.

La captación rara vez ocurre dentro de OnlyFans. La mayoría depende de Instagram, TikTok, Reddit o X para atraer público. Eso empuja a vivir en modo promoción, con marketing diario, pruebas de formatos, y gestión de reputación. Si cae el alcance en redes, cae el ingreso. Si te suspenden una cuenta social, se rompe el embudo de ventas.

Por eso, aunque el creador no tiene un jefe directo, sí tiene métricas que mandan. Se siente como correr en una cinta. Cuando aflojas, baja la visibilidad, y luego cuesta remontar. A nivel emocional, esa presión cambia la experiencia: ya no es «crear», es sostener una presencia.

Autonomía económica: cuándo OnlyFans puede ser una salida real (y cuándo es un espejismo)

OnlyFans puede dar dinero rápido, pero la palabra clave es «puede». La autonomía no se mide solo por ganar. También importa cómo se gana, con qué límites, y qué tan sostenible es en el tiempo.

Hay perfiles para los que sí encaja. Por ejemplo, personas con una audiencia previa, creadoras que ya vendían contenido en otras plataformas, o gente que domina un nicho claro (fitness, ASMR, cosplay, educación sexual, música, coaching). También puede ser una alternativa para mujeres, personas LGTBIQ+, migrantes o estudiantes que enfrentan barreras en el empleo formal. A veces la plataforma ofrece algo simple: cobrar sin pedir permiso a un intermediario tradicional.

Aun así, independencia no es lo mismo que estabilidad. Independencia es fijar precios y horarios. Estabilidad es tener ingresos previsibles, ahorrar, pagar impuestos y planificar meses malos. En OnlyFans, lo segundo suele costar más.

Lo que sí puede empoderar: control, pago directo y menos intermediarios

El mayor atractivo es el control. Un creador decide qué ofrece, cuánto cobra y hasta dónde llega. Puede poner límites claros (contenido no explícito, sin encuentros, sin ciertas prácticas, sin datos personales). También puede ajustar precios y formatos según su energía y su vida.

El pago directo ayuda porque reduce capas. En vez de depender de una marca o de una agencia, el dinero llega del fan. Si además existe audiencia previa, el arranque puede ser más estable. La diferencia entre empezar «de cero» y empezar con comunidad es enorme.

Ahora bien, el 80/20 no elimina costos. Hay comisiones de pago, herramientas, iluminación, edición, vestuario, internet, y sobre todo horas de trabajo. En muchos casos, el «margen alto» se lo come el tiempo invertido. Y si hay que pagar anuncios o delegar edición, el margen baja más.

Lo que se suele ocultar: ingresos irregulares, dependencia de redes y desgaste mental

La irregularidad es parte del paquete. Puede haber meses excelentes por una promoción o un contenido viral, y meses flojos por cansancio o cambios en redes. Esa montaña rusa complica el ahorro y eleva la ansiedad.

También aparece la sensación de disponibilidad. Si los ingresos crecen cuando respondes rápido, se vuelve tentador no desconectar. Ahí entra el riesgo de burnout: fatiga, irritación, insomnio y una relación tensa con el propio cuerpo y la propia imagen. Las métricas no son neutrales, convierten tu día en un panel de números.

La sostenibilidad exige cabeza fría: separar finanzas personales del negocio, guardar para impuestos, y diversificar ingresos. Quien depende de una sola plataforma vive con una fragilidad constante, incluso si hoy le va bien.

Capitalismo del deseo: quién gana, qué se vende realmente y qué costos aparecen

El «capitalismo del deseo» suena abstracto, pero se entiende rápido: convertir deseo, fantasía y afecto en mercancía. No significa que el deseo sea malo. Significa que el mercado lo ordena, lo empaqueta y lo monetiza. En OnlyFans, el valor no está solo en el contenido, está en la ilusión de acceso personal.

La plataforma gana con el volumen. Cuanto más se compra y se vende, más comisión entra. Por eso el sistema incentiva frecuencia, retención y gasto recurrente. Los métodos de pago y las mecánicas de propinas empujan al consumo impulsivo. Mientras tanto, el creador compite por atención en un entorno saturado.

El punto delicado es el límite entre elección y presión. Una persona puede elegir hacerlo y aun así estar empujada por necesidad económica. También puede disfrutarlo y, al mismo tiempo, sufrir estigma. Ambas cosas caben en la misma historia. El debate se empobrece cuando solo hay dos cajas: «empoderamiento total» o «explotación total».

La plataforma como intermediario: comisiones, reglas, verificación y poder de decisión

Aunque se venda como «sin jefes», existe un intermediario con poder real. OnlyFans define reglas de contenido, procesos de verificación y criterios de moderación. También puede limitar funciones, retener pagos por revisión o cerrar cuentas si detecta riesgos. Ese poder no es anecdótico, es estructural.

La tasa de aprobación reportada en febrero de 2025 (cerca del 36%) funciona como recordatorio: el acceso es controlado. Además, si cambian políticas internas o presiones de bancos y procesadores de pago, los creadores lo sienten primero. En la práctica, la dependencia no desaparece, solo cambia de forma.

El precio invisible: privacidad, estigma y el «para siempre» de la huella digital

El riesgo más difícil de gestionar es la pérdida de control fuera de la plataforma. Existen filtraciones, capturas, reventa de contenido y doxxing. Incluso con cuidado, internet tiene copias. Y una copia puede reaparecer años después, cuando cambias de ciudad, de pareja o de empleo.

El estigma suma otra capa. Hay gente que lo vive sin problemas, pero otras personas enfrentan rechazo laboral, conflictos familiares o acoso. A veces el costo no llega el primer mes, llega después, cuando alguien reconoce tu cara. La huella digital no siempre se puede borrar, y eso debería estar en la conversación desde el inicio.

Dicho esto, no todo riesgo es inevitable. Muchas creadoras aplican prácticas de seguridad (separar identidades, proteger metadatos, revisar privacidad en redes, y buscar apoyo legal cuando hace falta). Aun así, el riesgo cero no existe.

Si la moneda es la intimidad, la pregunta clave es quién controla el cambio, hoy y en cinco años.

 

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Margarita Martinez
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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.