La dieta keto (o cetogénica) es un patrón muy bajo en carbohidratos y alto en grasas. La idea es que el cuerpo use grasa como combustible y produzca cetonas. A muchas personas les funciona para perder peso o controlar el apetito, pero también despierta una duda lógica: si comes más grasa, ¿qué pasa con el corazón?
La respuesta no es un sí o un no. La evidencia reciente (2024 a 2026) es mixta. En algunos perfiles, la keto mejora marcadores como triglicéridos y glucosa. Sin embargo, en otras personas suben LDL y ApoB, y eso cambia el cálculo del riesgo cardiovascular.
Aquí vas a ver qué dicen los estudios, por qué importa tanto la calidad de la dieta y cuándo conviene evitarla o hacerla con más cuidado.
Qué dicen los estudios recientes sobre la keto y la salud cardiovascular
Cuando se habla de «dañar el corazón», hay dos formas de medirlo. La primera mira marcadores (LDL, triglicéridos, presión, glucosa). La segunda mira eventos duros (infarto, ictus, muerte cardiovascular). El problema es que muchos estudios se quedan en lo primero, y además no todas las «keto» son iguales.
En 2024, un análisis grande con datos del UK Biobank (seguimiento cercano a 12 años) relacionó un patrón tipo keto con aumentos de LDL y ApoB. También observó más eventos cardiovasculares en el tiempo (como infarto o ictus), con un riesgo claramente mayor en comparación con patrones no keto. Es un estudio observacional, así que no prueba causa directa, pero su tamaño y seguimiento lo vuelven difícil de ignorar.
Por otro lado, análisis poblacionales recientes con datos de salud y nutrición en Estados Unidos han encontrado el patrón contrario en marcadores: triglicéridos más bajos, HDL más alto y señales de mejor control de la glucosa, que suele ir de la mano con menos inflamación metabólica. El punto débil es que estos diseños no siempre capturan bien la calidad real de lo que come cada persona, ni permiten concluir menos infartos.
Además, en 2024 la Sociedad Española de Arteriosclerosis reforzó en sus guías un mensaje clásico para prevención cardiovascular: patrón mediterráneo, más alimentos vegetales y aceite de oliva, menos grasas saturadas y azúcares. No coloca a la keto como opción «segura» por defecto, sobre todo a largo plazo.
La foto completa no depende solo de «estar en cetosis», depende de tus cifras, tu contexto y qué grasas eliges cada día.
Lo bueno que a veces se ve, triglicéridos, presión y azúcar más estables
En bastantes personas, recortar carbohidratos reduce picos de glucosa. Si además hay pérdida de peso, suele mejorar la resistencia a la insulina. Como resultado, pueden bajar los triglicéridos y subir el HDL.
También es frecuente ver una presión arterial más estable. A veces ocurre por perder peso; otras, por cambios en el apetito y en el consumo de ultraprocesados. Dicho de otra forma, el efecto no siempre viene de la cetosis «mágica», sino de un conjunto de cambios.
Ahora bien, mejorar estos números no garantiza, por sí solo, menos infartos. Ayuda, claro, pero el riesgo cardiovascular también depende de cuántas partículas aterogénicas circulan (y ahí entran LDL y ApoB).
La gran señal de alerta, cuando suben LDL y ApoB
El foco rojo aparece cuando la keto dispara el LDL y, sobre todo, la ApoB. ApoB es una forma simple de pensar en «cuántas partículas» pueden meterse en la pared de la arteria. Si hay más partículas, hay más oportunidades de formar placa, aunque el HDL se vea bonito en la analítica.
El estudio de UK Biobank de 2024 resaltó justo eso: más LDL, más ApoB y más eventos cardiovasculares en quienes seguían un patrón muy bajo en carbohidratos y alto en grasa. No significa que le pase a todo el mundo, pero sí que el riesgo existe.
Además, hay mucha variabilidad individual. Algunas personas son «hiper respondedores» al LDL con keto: pueden tener triglicéridos bajos y HDL alto, y aun así ver LDL por las nubes. Ese perfil no está totalmente resuelto por la ciencia, por lo que conviene vigilarlo de cerca.
Por qué una keto puede ayudar o perjudicar al corazón según cómo la hagas
Pensar en «keto» como una sola dieta es como decir «coche» sin hablar del motor. Dos personas pueden comer keto y conducir hacia sitios opuestos.
Primero está la calidad de las grasas. Si la base son aceites y pescados, el cuerpo recibe grasas más favorables. Si la base es mantequilla, bacon, embutidos y queso a todas horas, el efecto en lípidos puede cambiar mucho, en especial en LDL.
Luego entra la fibra. Muchas keto se quedan cortas porque eliminan frutas, legumbres y cereales integrales. Sin fibra, el intestino pierde alimento para su microbiota. Y cuando el intestino va mal, suele ir peor el control metabólico. No hace falta que sea extremo para notar estreñimiento o malestar.
También pesa la sal. Al principio, al bajar carbohidratos, se pierde agua y sodio. Algunas personas suben mucho la sal para «evitar la gripe keto». En quien ya es hipertenso, ese detalle importa.
Por último está el tiempo. Una keto estricta mantenida meses sin revisión no se parece a una fase corta y bien planteada con controles. En animales, las dietas cetogénicas muy extremas y muy grasas han mostrado con el tiempo señales de hígado graso y alteraciones metabólicas, aunque en otros trabajos se han visto efectos beneficiosos en envejecimiento cerebral. No es una traducción directa a humanos, pero sí una advertencia contra el piloto automático.
No es lo mismo keto con aceite de oliva y pescado que con ultraprocesados
Una keto basada en aceite de oliva, frutos secos, aguacate, aceitunas y pescado azul suele aportar más grasas insaturadas. Ese enfoque encaja mejor con lo que se asocia a menor riesgo cardiovascular en patrones como el mediterráneo (aunque no sea keto).
En cambio, una keto alta en grasas saturadas (mantequilla, nata, embutidos, quesos en exceso) tiene más papeletas de subir LDL. En algunas personas, el aumento es fuerte y rápido. Si además faltan verduras, la dieta se vuelve pobre en fibra, y se pierde un «freno» natural para el colesterol y la salud intestinal.
Un truco mental útil: imagina tus arterias como tuberías. El HDL puede parecer «equipo de limpieza». Pero si aumentas mucho el número de camiones que transportan carga (ApoB), la probabilidad de atasco sube.
Efectos a largo plazo, inflamación, hígado graso y señales vistas en animales
En estudios con ratones alimentados durante muchos meses con dietas cetogénicas muy altas en grasa, se observaron con el tiempo acumulación de grasa en el hígado y colesterol muy elevado. También se describieron alteraciones del metabolismo de la glucosa y señales de estrés en tejidos implicados en el control de la insulina. Todo eso puede empujar, de forma indirecta, el riesgo cardiovascular.
Al mismo tiempo, otros estudios en ratones mayores han encontrado mejoras en memoria y supervivencia con dietas cetogénicas. Por eso no se puede resumir como «keto igual a inflamación». La lectura correcta es más práctica: cuanto más extrema y más larga, más importante es vigilar y ajustar.
Cómo decidir si la keto es una mala idea para tu corazón (y cómo hacerla más segura)
Esto no es consejo médico, pero sí una guía para tomar decisiones con menos ruido. Si tu objetivo es salud cardiovascular, la pregunta clave no es «¿keto sí o no?», sino «¿qué le hace a mis marcadores, y con qué alimentos la estoy construyendo?».
Si tienes exceso de peso o prediabetes, una keto bien hecha puede mejorar glucosa y triglicéridos. Aun así, si tu LDL o ApoB suben mucho, el plan deja de ser neutral para el corazón. En ese caso, a veces basta con cambiar el tipo de grasas, subir fibra y hacer la restricción menos estricta.
Si una dieta te da mejores triglicéridos, pero te dispara ApoB, no es un detalle pequeño.
Personas que deberían tener especial cuidado o evitarla
Conviene ir con mucha prudencia si ya tuviste enfermedad cardiovascular, si partes de LDL alto, si tienes ApoB alto (cuando se mide) o sospecha de hipercolesterolemia familiar. También requiere supervisión si hay enfermedad renal, embarazo o antecedentes de trastornos de la alimentación.
Otro grupo sensible es quien toma fármacos para diabetes o presión arterial. Al bajar carbohidratos, la glucosa puede caer rápido, y puede requerir ajuste de medicación. Hacer cambios sin control aumenta el riesgo de hipoglucemia o mareos por presión baja.
Si la haces, qué vigilar y qué cambios suelen proteger más
Antes y después (por ejemplo a las 8 a 12 semanas), tiene sentido revisar analítica: LDL, si puedes ApoB, triglicéridos y glucosa. La presión arterial también cuenta, igual que cómo te sientes y cómo duermes. Si el LDL se dispara, no lo tapes con «pero mi HDL subió».
En la práctica, suelen proteger más tres ajustes: priorizar grasas insaturadas (aceite de oliva, pescado, frutos secos), meter más verduras bajas en carbohidratos y fibra (semillas, verduras, algunas bayas según tolerancia) y limitar ultraprocesados «keto». En muchas personas, pasar de keto estricta a una baja en carbohidratos moderada (o hacer periodos más cortos) mejora el equilibrio sin perder todos los beneficios.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.