Salud

La proteína HapA de Vibrio cholerae que destruye células cancerosas: qué se sabe y cómo actúa

¿Y si una bacteria conocida por causar cólera escondiera una pista útil contra el cáncer? En octubre de 2025, un equipo con liderazgo desde la Universidad de Salamanca publicó un hallazgo que ha llamado mucho la atención: una proteína bacteriana secretada por Vibrio cholerae, llamada HapA, puede inducir la muerte de células cancerosas en el laboratorio.

La idea suena potente, pero conviene ponerla en su sitio desde el primer minuto. Se trata de resultados en células en cultivo, no de una terapia lista para usar en pacientes. Aun así, entender cómo esta proteína empuja a una célula tumoral hacia la muerte celular programada (apoptosis) abre una línea de investigación interesante, y también ayuda a filtrar titulares exagerados.

Qué descubrieron los científicos sobre HapA, la proteína bacteriana que mata células cancerosas

El estudio, publicado en Cell Death Discovery en octubre de 2025, describe que HapA, una proteína que Vibrio cholerae libera al exterior, puede activar procesos internos que terminan destruyendo células tumorales. El trabajo se asocia a un equipo con liderazgo desde la Universidad de Salamanca, y se ha vinculado al investigador Antonio Hurtado como una de las voces del hallazgo.

Para entender por qué esto sorprende, hay que recordar qué hace esta bacteria en condiciones normales. Vibrio cholerae es el microorganismo que causa el cólera, y parte de su arsenal son proteínas que dañan tejidos y facilitan la infección. HapA se conoce como una proteína secretada que puede degradar componentes y alterar barreras celulares. Lo llamativo es el “cambio de guion”: en vez de favorecer a la bacteria, en el laboratorio HapA mostró capacidad para perjudicar a la célula tumoral.

¿En qué cánceres se probó? En líneas celulares de mama, colon y páncreas. En esos modelos, la presencia de HapA se asoció con menos supervivencia y menos crecimiento celular, y el efecto desaparecía cuando se usaban bacterias modificadas que no producían HapA. Ese tipo de comparación es importante porque sugiere que el protagonista del efecto es la proteína, no “cualquier cosa” del cultivo bacteriano.

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Por qué el hecho de que sea secretada importa (y qué la hace distinta de un antibiótico)

Aquí no se está hablando de un antibiótico. Un antibiótico se diseña para matar bacterias o frenar su crecimiento. HapA, en cambio, es una proteína que interactúa con estructuras de la célula humana, y lo relevante es su acción sobre señales que la célula tumoral usa para sobrevivir.

Que sea secretada también cambia el enfoque. Si una bacteria puede liberar una proteína con un efecto tan concreto, los investigadores pueden pensar en fármacos basados en proteínas, o en fragmentos derivados que conserven la parte “útil” y eliminen lo innecesario. La meta no sería infectar a nadie con bacterias, sino copiar o adaptar un mecanismo biológico para dirigirlo contra el tumor.

Así actúa HapA: el mecanismo paso a paso dentro de la célula tumoral

En el centro de la historia están dos receptores de la superficie celular: PAR-1 y PAR-2 (receptores activados por proteasas). Muchas células cancerosas expresan estos receptores, y se relacionan con procesos como inflamación, señales de crecimiento tumoral y también fenómenos ligados a coagulación, que no son ajenos al comportamiento agresivo de algunos tumores.

HapA actúa como una tijera molecular. En lugar de entrar en la célula y “romperlo todo”, corta estos receptores en puntos concretos. Este matiz importa mucho: el estudio describe que los cortes no coinciden con los que suelen hacer enzimas humanas. Dicho de forma simple, es como si HapA pulsara una combinación de botones distinta a la habitual. El receptor se activa o se desactiva de una manera inesperada, y la célula recibe señales que no sabe gestionar.

Ese cambio de señalización inicia una cascada interna que puede terminar en apoptosis. La apoptosis es un tipo de muerte ordenada, como un cierre controlado: la célula se desmantela siguiendo pasos, en vez de explotar de forma caótica. En cáncer, uno de los problemas es que muchas células tumorales aprenden a esquivar ese “programa de autodestrucción”. Por eso, cualquier agente que re-enganche ese mecanismo despierta interés. En estos experimentos, la presencia de HapA se vinculó a la activación de rutas que empujan a la célula tumoral hacia esa muerte celular programada.

La imagen mental ayuda: si una célula cancerosa fuera un coche con el pedal del freno roto, HapA no sería un choque frontal, sería un técnico que logra reconectar el cable del freno, y el coche por fin se detiene por sus propios sistemas.

Selectividad: por qué podría dañar menos a células sanas (y por qué esto aún es una hipótesis)

Una de las preguntas más obvias es incómoda: si HapA corta receptores humanos, ¿por qué no dañaría también a células sanas? La respuesta corta es que aún no se puede afirmar. La respuesta larga, y prudente, es que podría existir cierta selectividad por cómo se expresan PAR-1 y PAR-2 en distintos tejidos, y por cómo las células tumorales dependen de esas señales para sostener su crecimiento.

Las células cancerosas suelen vivir al límite, con vías de señalización hiperactivas y equilibrios internos frágiles. Un cambio pequeño en un receptor puede tener consecuencias grandes. En una célula sana, el mismo cambio quizá no desencadena una cadena tan destructiva, o se compensa mejor. Pero esto sigue siendo una hipótesis basada en biología básica y en resultados iniciales. Antes de hablar de seguridad real, hacen falta más modelos, más tipos celulares, y después estudios en animales con seguimiento de toxicidad.

Qué significa para nuevos tratamientos contra el cáncer y cuáles son los próximos pasos

Este hallazgo no convierte a HapA en un medicamento, al menos no todavía. Lo que ofrece es una pista: hay proteínas bacterianas capaces de empujar a células tumorales hacia la apoptosis al tocar puntos clave de su superficie. A partir de aquí, el camino lógico es intentar transformar esa pista en algo que se pueda dosificar, dirigir y controlar.

Para llegar a pacientes, el salto es grande. Harían falta estudios en animales para ver si el efecto se mantiene en tumores reales, con vasos sanguíneos, sistema inmune y barreras físicas. También hay cuestiones prácticas: cuál sería la dosis, con qué frecuencia, y cómo se administra una proteína así (inyección, formulación dirigida al tumor, o sistemas que la protejan en sangre). La estabilidad importa, muchas proteínas se degradan rápido. La respuesta inmune también, el cuerpo puede reconocer una proteína bacteriana y neutralizarla, o provocar reacciones no deseadas.

Otro punto clave es comparar contra tratamientos actuales. Incluso si HapA funciona, tendría que demostrar ventajas claras o un buen papel en combinación. En cáncer, las terapias se miden por eficacia, pero también por efectos secundarios y por quién se beneficia (no todos los tumores son iguales).

Y conviene repetirlo sin rodeos: “mata células en laboratorio” no significa “cura el cáncer”. El laboratorio es el primer filtro, no la meta final. La ciencia avanza bien cuando no se salta escalones.

Preguntas clave que se harán los investigadores antes de un ensayo clínico

Antes de pensar en un ensayo en humanos, los equipos van a querer saber qué tumores expresan más PAR-1 y PAR-2, y si esa expresión predice respuesta. También tendrán que aclarar si HapA puede sumar cuando se combina con quimioterapia o con inmunoterapia, o si se estorban entre sí. Otra cuestión práctica es cómo evitar que el sistema inmune la bloquee demasiado pronto, ya que una proteína bacteriana puede ser un blanco fácil. Y está el reto de dirigirla al tumor con precisión, para aumentar efecto y reducir riesgos. Hay motivos para el interés, pero la esperanza útil siempre va pegada a datos nuevos, no a promesas.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.