Salud

La neurodivergencia de Fátima Bosch: qué es el TDAH que tiene la Miss Universo

Fátima Bosch se ha convertido en un tema de conversación mundial. No solo porque es Miss Universo 2025, mexicana, joven y talentosa, sino porque habla en voz alta de su TDAH y de su dislexia. Eso, en un certamen de belleza, todavía sorprende a mucha gente.

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El TDAH y la dislexia son formas de neurodivergencia. Es decir, maneras distintas en que funciona el cerebro. No tienen que ver con flojera ni con falta de inteligencia. Que una Miss Universo hable de esto ayuda a romper mitos sobre los concursos de belleza y sobre la salud mental, y abre la puerta a conversaciones que casi nunca llegan a la pasarela.

¿Quién es Fátima Bosch y por qué se habla de su TDAH?

Fátima Bosch Fernández nació en Santiago de Teapa, un pueblo de Tabasco, México. Creció lejos de los grandes reflectores y, con el tiempo, estudió Diseño de Moda en la Ciudad de México, con interés en la moda sostenible. Antes de ser Miss Universo 2025, fue Miss Tabasco y luego Miss México, la primera de su estado en lograrlo.

Desde niña recibió el diagnóstico de TDAH y dislexia. Eso hizo que la escuela fuera un reto constante. Le costaba concentrarse, seguir instrucciones largas y leer al mismo ritmo que sus compañeros. Muchos no entendían lo que le pasaba.

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Además de las dificultades escolares, tuvo que lidiar con bullying. Algunos niños se burlaban de cómo leía, de cómo se movía o de que parecía distraída. Todo eso golpeó su autoestima y la hizo sentir “rara” y fuera de lugar.

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Con el tiempo encontró un refugio en la moda. Diseñar, combinar telas, imaginar vestidos y proyectos creativos se volvió una forma de brillar cuando el salón de clases parecía un lugar hostil. Lo que para otros era un pasatiempo, para ella fue una tabla de salvación.

Pasó de ser la niña señalada por ser “diferente” a convertirse en Miss Universo 2025, frente a millones de personas. Que hoy hable abiertamente de su salud mental envía un mensaje directo: no es necesario esconder los diagnósticos para tener éxito.

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De niña con diagnósticos a referente mundial

Imagina a una niña que se pierde en sus pensamientos durante la clase, que olvida las tareas, que se traba al leer en voz alta. Eso vivía Fátima con su TDAH y su dislexia.

Mientras otros la veían solo como “distraída” o “problemática”, ella peleaba con las letras que se le mezclaban y con la frustración de sentirse siempre atrás. El bullying no ayudaba. Cada burla era un recordatorio de que no encajaba.

Aun así, su gusto por la moda y el diseño crecía. En lo creativo encontraba libertad, espacio para proponer ideas distintas y para sentirse capaz. Ese camino, que empezó en un pueblo de Tabasco, la llevó a concursos locales, luego a Miss México y, después, a la corona de Miss Universo 2025.

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Por qué su neurodivergencia importa en la conversación pública

Que una reina de belleza hable de su neurodivergencia rompe la imagen de “perfección” que solemos asociar con estos certámenes. Muestra que detrás del maquillaje y los vestidos hay personas con historias reales, diagnósticos y cicatrices.

Su testimonio da representación a quienes también viven con TDAH, dislexia u otras condiciones, pero no tienen un escenario mundial para contarlo. Permite decir: “Si ella puede hablar de esto sin vergüenza, quizá yo también”.

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Fátima no es un caso aislado. Muchas personas con diagnósticos de salud mental estudian, trabajan, crían hijos, concursan, crean empresas. Solo que la mayoría lo hace sin cámaras ni coronas. Su voz ayuda a normalizar ese tema en la conversación pública y a discutirlo con menos prejuicios.

¿Qué es el TDAH, trastorno que tiene Fátima Bosch?

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es una forma distinta de funcionar del cerebro. Suele afectar tres áreas: la atención, el nivel de energía y la manera en que controlamos los impulsos.

En la vida diaria se puede notar como olvidos constantes, dificultad para organizar tareas, inquietud física, hablar de más o actuar sin pensar mucho. No es sinónimo de mala educación, ni de falta de interés. Tampoco significa que la persona no pueda estudiar o trabajar bien.

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El TDAH forma parte de la neurodivergencia, junto con condiciones como la dislexia o el autismo. Hay síntomas de TDAH tanto en la infancia como en la vida adulta, y muchas personas reciben el diagnóstico hasta años después.

TDAH explicado fácil: atención, hiperactividad e impulsividad

La primera área es la atención. Una persona con TDAH puede distraerse con cualquier ruido, perder cosas seguido, saltar de una actividad a otra o tardar mucho en terminar algo. Por ejemplo, empezar una tarea de la escuela y, a los pocos minutos, estar revisando el celular o mirando por la ventana.

La segunda es la hiperactividad. No siempre significa “niños que corren por todos lados”. A veces se ve como una mente muy activa, necesidad constante de estar haciendo algo o dificultad para quedarse sentado. En adultos puede parecer una agenda llena, hablar rápido o sentir que el cuerpo nunca se relaja.

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La tercera es la impulsividad. Es actuar antes de pensar. Interrumpir conversaciones, decir cosas sin medir el impacto, hacer compras sin planear o tomar decisiones apresuradas. Todo esto afecta la organización, la distracción y las relaciones con otras personas.

Cómo puede verse el TDAH en mujeres y en reinas de belleza

El TDAH en mujeres suele ser más silencioso. Muchas no son “hiperactivas” de forma evidente. En cambio, pueden verse como distraídas, muy habladoras, perfeccionistas, sensibles al rechazo o con cambios de ánimo frecuentes.

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En una reina de belleza, el TDAH no desaparece. Una Miss Universo con TDAH, como Fátima, puede necesitar trabajar el orden de su agenda, preparar sus discursos con más tiempo, usar recordatorios para las entrevistas, practicar técnicas para manejar el estrés y el ruido de los certámenes.

Todo esto también aplica al TDAH en adultos que no pisan una pasarela. Personas que llegan tarde, se saturan de pendientes, cambian de intereses rápido o se sienten “desorganizadas” todo el tiempo, aun cuando se esfuerzan.

El punto clave es que el TDAH no define el valor de una persona. Es un rasgo más, que trae retos y también cualidades, como creatividad, intuición y capacidad para pensar fuera de lo típico.

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Neurodivergencia, dislexia y autoestima: lo que podemos aprender de Fátima Bosch

La dislexia que tiene Fátima afecta la forma en que su cerebro procesa la lectura y la escritura. Las letras pueden “bailar”, los textos cansan más y los errores ortográficos aparecen aunque haya esfuerzo. Si a eso se suma el TDAH, la escuela puede sentirse como una carrera con obstáculos.

Ahí entra la neurodivergencia como idea útil. En vez de ver estos rasgos como defectos, podemos entenderlos como otra manera de funcionar. Sí, traen problemas prácticos, pero también talentos: creatividad, empatía, pensamiento diferente para resolver situaciones.

Qué significa ser neurodivergente y por qué no es un defecto

Ser neurodivergente es tener un cerebro diferente al que se considera “típico”. No es una enfermedad que haya que “curar”, sino una forma distinta de procesar la información, sentir y pensar.

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En este grupo entran el TDAH, la dislexia, el autismo y otros perfiles. Todos muy variados entre sí. Lo importante es recordar que no es flojera, no es falta de inteligencia, ni falta de ganas.

Aceptar la neurodivergencia implica dejar de buscar un único molde de persona “correcta”. No hay un solo tipo de cerebro válido. Hay muchos, y todos merecen respeto, apoyo y oportunidades reales.

Lecciones de la historia de Fátima: pedir ayuda, aceptar tu diferencia y usar tu voz

De la historia de Fátima se pueden sacar varias ideas prácticas:

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  1. Pedir ayuda. Buscar apoyo profesional cuando hay sospecha de TDAH o dislexia es un acto de valentía. También sirve hablar con maestros, jefes o familia para adaptar tareas y reducir el desgaste diario.
  2. Aceptar tu forma de ser. No se trata de rendirse, sino de entender cómo funciona tu mente y usarlo a tu favor. Quizá necesitas más recordatorios, pausas o métodos visuales, y eso está bien.
  3. Usar tu voz. No todos tendrán una corona, pero cualquier persona puede usar su historia para acompañar a otros. Si te identificas con los síntomas de TDAH o con la dislexia, hablarlo con un especialista es un buen primer paso. Compartir tu experiencia, incluso en pequeño, ayuda a que otros se sientan menos solos.

 

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.