Salud

La IA revela 2 nuevos subtipos biológicos de esclerosis múltiple 

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad del sistema nervioso que puede afectar la movilidad, la visión, el equilibrio o la sensibilidad. Mucha gente la asocia con “brotes”, pero la realidad es más compleja: no siempre avanza igual, ni da las mismas señales en todas las personas.

Por eso llamó tanto la atención un hallazgo reciente: un equipo de University College London (UCL) y Queen Square Analytics usó inteligencia artificial para identificar 2 subtipos biológicos nuevos de EM. El trabajo se publicó en Brain el 30 de diciembre de 2025.

En este artículo vas a entender qué significa “subtipo biológico”, cómo lo detectaron (resonancia magnética más un análisis de sangre) y qué podría cambiar en diagnóstico, seguimiento y elección de tratamientos.

Qué descubrió la IA: 2 subtipos biológicos nuevos de esclerosis múltiple (más allá de los síntomas)

Cuando se habla de EM, solemos pensar en etiquetas clínicas como “remitente-recurrente” o “progresiva”. Es útil, pero no siempre cuenta toda la historia. El estudio plantea otra forma de mirar la enfermedad: identificar subtipos biológicos de esclerosis múltiple, es decir, patrones medibles de daño y cambios en el cerebro, aunque los síntomas se parezcan.

La clave está en combinar dos fuentes de información que, juntas, dicen mucho más:

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  • La resonancia magnética (RM), que muestra lesiones y cambios de volumen en distintas zonas del cerebro.
  • Un biomarcador en sangre llamado sNfL (cadena ligera de neurofilamentos en suero), que aumenta cuando hay daño en neuronas.

Con IA en neurología, el equipo buscó patrones repetidos en cientos de personas. Y encontró dos “rutas” principales de evolución biológica, con tiempos distintos y zonas del cerebro afectadas de forma diferente. Esto no sustituye a la clínica, pero añade una capa objetiva que puede mejorar el pronóstico y el seguimiento con biomarcadores.

Subtipo con sNfL temprana: señales de daño desde el inicio y evolución más agresiva

La sNfL puede entenderse como una pista de “desgaste” neuronal. Una comparación útil: cuando hay un incendio, el humo aparece aunque no veas aún las llamas. En la EM, la sNfL sube cuando hay daño; no te dice dónde ocurre, pero sí que está pasando.

En el subtipo de sNfL temprana, los niveles están altos desde el inicio. Según el patrón descrito, se observa un daño rápido en áreas como el cuerpo calloso, una estructura que conecta ambos hemisferios y ayuda a que el cerebro “se coordine” bien. Además, las lesiones en RM tienden a crecer más deprisa.

¿Por qué importa esto en la vida real? Porque sugiere una enfermedad con más actividad biológica desde etapas iniciales. En ese contexto, puede tener sentido una vigilancia más estrecha, con RM y analíticas mejor planificadas, y valorar tratamientos con más potencia antes de que el daño se acumule.

Subtipo con sNfL tardía: avance más silencioso, primero cambios en sustancia gris

El segundo patrón se comporta de otra forma. En el subtipo de sNfL tardía, antes de que ese biomarcador suba de forma clara, la RM puede mostrar pérdida de volumen en zonas como la corteza límbica y la sustancia gris profunda, áreas relacionadas con funciones como la memoria, la atención y el control de redes cerebrales.

Este subtipo puede dar una falsa sensación de calma al principio. “Lento” no significa “leve”. El daño puede acumularse con menos avisos visibles, y cuando la sNfL aumenta más tarde, puede reflejar que ya hubo recorrido.

La idea más potente aquí es simple: si el control se basa solo en síntomas o brotes, existe el riesgo de llegar tarde. Detectar cambios sutiles en RM y seguir biomarcadores puede ayudar a anticiparse.

Cómo se hizo el estudio: resonancias, análisis de sangre e IA para ver patrones ocultos

El estudio analizó datos de cerca de 600 personas con EM, combinando RM cerebral con niveles de sNfL en sangre. En lugar de mirar cada dato por separado, se buscó cómo encajaban en secuencias repetidas: qué cambia primero, qué aparece después y qué patrón se repite en distintos pacientes.

Para eso usaron un método de aprendizaje automático llamado SuStaIn. En términos sencillos, es una forma de ordenar eventos biológicos “como si fueran capítulos”, para ver si hay más de una historia típica dentro del mismo diagnóstico de EM.

Este enfoque tiene una diferencia importante: clasifica por biología, no solo por cómo se presenta la enfermedad por fuera. Y eso es justo lo que mucha gente nota en consulta: dos personas con la misma etiqueta clínica pueden vivir una EM muy distinta.

Las etiquetas clásicas (remitente-recurrente, progresiva) no siempre explican lo que pasa en el cerebro

Las categorías clínicas ayudan a comunicar, pero tienen límites. Dos pacientes pueden estar en el grupo “remitente-recurrente” y aun así mostrar ritmos de daño diferentes, zonas afectadas distintas y una respuesta desigual al mismo tratamiento.

Es como ponerle el mismo título a dos libros que por dentro cuentan historias distintas. Esta es la complejidad biológica de la EM: lo que ves (síntomas) no siempre coincide con lo que pasa (cambios medibles en el cerebro y en biomarcadores).

Por eso, cuando una IA detecta patrones consistentes, no está “adivinando”. Está agrupando señales que ya existen, pero que a simple vista se mezclan.

Qué miden la RM y la sangre: por qué los biomarcadores pueden cambiar el seguimiento

La RM permite ver lesiones y también cambios de volumen (atrofia) en regiones concretas. Es una foto con mucha información, pero no siempre se hace con la frecuencia ideal, y algunos cambios son sutiles.

La sNfL aporta otra pieza: una señal en sangre que puede indicar actividad de daño neuronal. No sustituye a la RM, pero puede acompañarla, igual que un testigo extra que confirma si “hay movimiento” aunque el paciente se sienta estable.

Medir ambas cosas puede ayudar a no depender solo de brotes o de síntomas llamativos. Y eso abre la puerta a un seguimiento más objetivo, con metas claras y menos incertidumbre.

Qué cambia para pacientes y médicos: diagnóstico más preciso y tratamientos más personalizados

Hoy ya existen muchas opciones de tratamiento para la EM, y la lista crece. El problema es otro: no todas funcionan igual en todas las personas. Aquí es donde estos subtipos pueden aportar valor, sin prometer milagros.

Si se confirma en más estudios y se traslada a la práctica, podría mejorar la medicina personalizada en esclerosis múltiple. En lugar de decidir solo por “tipo clínico” y número de brotes, se podría sumar el patrón biológico para afinar el pronóstico y ajustar el plan desde antes.

También ayudaría a entender por qué alguien empeora aunque “parezca” estable, o por qué otro responde muy bien con una estrategia concreta.

Decisiones de tratamiento: cuándo pensar en terapias más potentes y cuándo priorizar protección neuronal

En el subtipo con sNfL temprana y cambios rápidos, puede ser razonable plantear antes tratamientos de alta eficacia, siempre valorando riesgos y beneficios con el neurólogo. La idea es simple: si el daño arranca fuerte, conviene no esperar a perder terreno.

En el subtipo con sNfL tardía, el reto es distinto. El objetivo sería no confiarse por la falta de señales obvias. Puede requerir un control fino para detectar actividad silenciosa y actuar antes de que la acumulación de daño se note.

Qué puede hacer una persona con EM hoy: preguntas útiles para su próxima consulta

En la próxima visita, puede ser útil preguntar si tiene sentido medir sNfL en tu caso y cómo se interpreta junto con la RM. También conviene hablar de cada cuánto se recomienda una resonancia y qué señales buscan, no solo lesiones nuevas, también cambios de volumen o zonas afectadas.

Otra conversación valiosa es sobre objetivos concretos: qué significa “controlar la enfermedad” para ti, qué indicadores usarán y qué haría cambiar el plan. Y un recordatorio importante: estos subtipos son un avance de investigación; la validación y su llegada a todos los hospitales puede llevar tiempo.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.