La enfermedad que está presente en Colombia y pocos entienden cómo afecta al cuerpo (el dengue)
En muchas ciudades y pueblos de Colombia el calor, la lluvia y los mosquitos hacen parte del día a día. Todos han oído la palabra dengue, pero una gran parte de la gente solo la conoce de nombre y no sabe qué pasa realmente dentro del cuerpo cuando entra este virus.
En 2025, los boletines del Instituto Nacional de Salud han mostrado picos históricos de casos, con miles de personas enfermas desde las primeras semanas del año, sobre todo en la Costa Caribe y el Valle del Cauca. El dengue ya es un problema de salud pública, y entenderlo en palabras simples puede marcar la diferencia entre cuidarse a tiempo o llegar tarde al hospital.
¿Qué es el dengue y por qué está tan presente en Colombia?
El dengue es una enfermedad causada por un virus que entra al cuerpo a través de la picadura de un mosquito, en especial el Aedes aegypti. No se pega al dar la mano, al abrazar o al compartir un vaso. La llave de entrada casi siempre es ese pequeño insecto que muchas veces pasa desapercibido.
Colombia es un lugar perfecto para este mosquito por su clima cálido y húmedo, por las lluvias frecuentes y por la agua estancada en patios, terrazas, azoteas y calles. Baldes sin tapa, canecas en los barrios, llantas viejas llenas de agua o un florero olvidado se convierten en su “guardería”.
En los últimos años, los reportes oficiales muestran cientos de miles de casos, con aumentos fuertes en ciudades como Barranquilla, Cartagena y en departamentos de la Costa y el interior cálido. Eso significa que el dengue no es raro, es algo que puede tocar a cualquier familia, en casi cualquier cuadra del país.
El mosquito que transmite el dengue y dónde vive
El mosquito Aedes aegypti es pequeño, de color oscuro, con rayitas blancas en las patas. A diferencia de otros moscos que molestan más en la noche, este suele picar sobre todo en la mañana y en la tarde. En muchas casas está volando mientras la gente ve televisión, cocina o barre el patio sin darle importancia.
Le gusta poner sus huevos en agua limpia y quieta, no solo en charcos sucios. Puede vivir en barrios populares y también en zonas residenciales, en el campo y en la ciudad. Un tanque sin tapa, una caneca detrás de la casa o el plato de una matera son lugares perfectos para él.
No todos los mosquitos transmiten dengue, solo los que están infectados. Pero basta una sola picadura de un mosquito infectado para que el virus entre al cuerpo de una persona sana.
Mitos comunes sobre el dengue que confunden a muchas personas
Uno de los mitos más repetidos es que el dengue solo le da a los niños. Esto es falso. Puede enfermar a bebés, jóvenes, adultos y adultos mayores. Lo que sí cambia es el riesgo de complicaciones, que suele ser mayor en personas con otras enfermedades o en quienes no consultan a tiempo.
Otro mito peligroso es creer que “es solo una gripita fuerte” y que con cualquier pastilla y agua se pasa. El dengue no es una simple gripa. Hay varios tipos de virus del dengue y una persona puede enfermarse más de una vez. Eso hace que confiarse sea riesgoso y haga que muchos lleguen tarde al médico.
Cómo el dengue entra al cuerpo y lo va dañando paso a paso
Cuando un mosquito infectado pica, deja un poquito de virus del dengue mezclado con su saliva en la piel. Ese virus entra a la sangre casi sin que el cuerpo se dé cuenta. Es como un “invitado colado” que entra a una fiesta sin que nadie lo vea.
Al comienzo el virus se multiplica en células que están en la sangre y en algunos órganos. El sistema inmunológico, que es el equipo de defensa del cuerpo, tarda un poco en reconocer que algo extraño está pasando. Mientras tanto, el virus aprovecha ese tiempo para reproducirse.
Cuando el sistema de defensa por fin lo detecta, lanza una respuesta fuerte. Libera sustancias que producen fiebre, dolor de cabeza, malestar y cansancio. Es como si el cuerpo se preparara para una gran batalla interna. Esa respuesta es necesaria, pero si se descontrola puede causar inflamación y problemas en muchas partes del cuerpo.
En los casos graves, esa inflamación afecta la sangre, las plaquetas y los vasos sanguíneos. El cuerpo pierde líquido, se daña el funcionamiento de órganos como el hígado y la persona puede entrar en una situación de riesgo de muerte si no recibe atención adecuada y rápida.
De la picadura al primer síntoma: lo que no se ve
Desde la picadura hasta que aparecen los primeros síntomas suelen pasar entre 4 y 10 días. Ese tiempo se llama periodo de incubación. En esos días la persona se ve bien, sigue trabajando, estudiando o viajando, sin saber que el virus se está multiplicando.
Cuando el sistema de defensa detecta al virus, empieza la “batalla”. El resultado se siente como una fiebre alta, dolor de cabeza muy fuerte, dolor detrás de los ojos, dolor en músculos y articulaciones, escalofríos y cansancio. Muchos describen la sensación como si los hubieran “apalizado” o como si el cuerpo no tuviera fuerzas ni para levantarse de la cama.
Lo que el dengue le hace a la sangre, a las plaquetas y a los órganos
El dengue puede hacer que bajen las plaquetas, unas células que ayudan a detener los sangrados cuando nos cortamos o nos pegamos. Si las plaquetas bajan mucho, la persona puede tener moretones fáciles, sangrado en las encías al cepillarse o sangrado por la nariz.
Los vasos sanguíneos también se vuelven más frágiles. Puede salir líquido de ellos hacia los tejidos, lo que causa deshidratación, dolor abdominal intenso y, en algunos casos, dificultad para respirar. Si el problema avanza, órganos como el hígado empiezan a fallar y el cuadro se convierte en dengue grave, que puede ser mortal si no se trata a tiempo en un hospital.
Síntomas, señales de alarma y cómo proteger el cuerpo del dengue
Reconocer el dengue a tiempo ayuda a evitar complicaciones. Al inicio, los síntomas se parecen a una gripa fuerte, pero con fiebre muy alta y un dolor de cuerpo que “tumba”. En zonas donde hay muchos casos, cualquier fiebre fuerte que aparece de repente debe hacer pensar en dengue y no solo en una virosis pasajera.
Los signos de gravedad suelen aparecer cuando la fiebre empieza a bajar. Por eso es tan importante no confiarse cuando el termómetro mejora. En esos días se deben vigilar de cerca los dolores abdominales, los vómitos y cualquier señal de sangrado.
El cuidado también incluye buena hidratación con agua, sueros orales y líquidos claros, reposo y control médico. No se deben tomar medicamentos como aspirina o ibuprofeno sin orden médica, porque aumentan el riesgo de sangrado.
Síntomas del dengue que no se deben ignorar
Los síntomas más frecuentes del dengue son fiebre alta que aparece de forma repentina, dolor de cabeza intenso, dolor detrás de los ojos, dolor en músculos y articulaciones, cansancio extremo y, en algunos casos, un sarpullido rojizo en la piel.
Las señales de alarma incluyen dolor abdominal muy fuerte o continuo, vómitos repetidos, sangrado por la nariz o las encías, manchas moradas en la piel, dificultad para respirar, mucha debilidad o sensación de desmayo. Si aparecen estos signos, la persona debe ir de inmediato a un servicio de salud, incluso si ya no tiene tanta fiebre.
Cómo cuidar el cuerpo y prevenir el dengue en casa y en el barrio
La mejor prevención es evitar la picadura del mosquito y quitarle sus criaderos. En casa se puede usar ropa que cubra brazos y piernas en horas de muchos mosquitos, aplicar repelente según la etiqueta, poner mosquiteros en ventanas o camas y revisar cada semana patios, terrazas y balcones para eliminar agua estancada.
Es clave cambiar el agua de floreros, tapar tanques y canecas, botar o voltear recipientes que acumulen agua de lluvia, como baldes, llantas o botellas. En el barrio sirven mucho las jornadas de limpieza y el trabajo en grupo, porque el mosquito no respeta rejas ni paredes. La comunidad puede organizarse para limpiar, pedir fumigaciones cuando se necesitan y exigir a las autoridades un buen manejo de basuras.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.