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Hijo de mujer que murió esperando medicamentos en Cúcuta: el dolor detrás de «eso es lo que le duele a uno»

Esperar un turno en un dispensario ya es pesado. Pero en Cúcuta, el 24 de febrero de 2026, esa espera terminó en tragedia. Cecilia Quintero, de 70 años, murió mientras reclamaba medicamentos en el dispensario de Droguerías Cafam del barrio Los Caobos.

En medio del duelo, el hijo de Cecilia habló con medios y dejó un mensaje que, en redes y conversaciones, se resumió en una frase: «Eso es lo que le duele a uno». Más allá de si esas palabras fueron literales, la idea golpea por lo simple y por lo cierto: no solo duele la muerte, también duele la sensación de abandono. Este caso ayuda a entender qué pasó, qué denunció la familia y qué revela sobre la crisis de medicamentos.

¿Qué pasó en el dispensario de Los Caobos y por qué la familia dice que no fue un hecho aislado?

Cecilia llegó al dispensario en la mañana para reclamar medicamentos y también insumos para su familia. Según testimonios y reportes periodísticos, alcanzó a contar lo que venía viviendo: idas y vueltas, filas largas y entregas incompletas.

Después se acercó a la ventanilla. Allí discutió con un funcionario porque le dijeron que los medicamentos no estaban listos. Segundos más tarde, se desplomó. Otros usuarios reaccionaron rápido, la sentaron e intentaron auxiliarla mientras pedían ayuda.

La atención médica no llegó a tiempo. En el lugar no había un médico que pudiera atenderla de inmediato, y cuando arribaron los servicios de emergencia ya era tarde. Algunas personas hablaron de un posible infarto o paro, pero la causa oficial no se había confirmado en los días siguientes, y la investigación seguía en curso.

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La familia insiste en que no fue «un mal día» aislado. Su reclamo apunta a demoras repetidas desde 2025, con faltantes que se volvieron rutina. Cuando una espera se repite por meses, la fila deja de ser solo una molestia, se vuelve un riesgo.

La denuncia que dejó Cecilia antes de morir, meses de vueltas y respuestas que no llegan

En el video que circuló el mismo 24 de febrero, Cecilia se presentó como madre de un hijo con discapacidad. Contó que necesitaba insumos y tratamientos, y que desde septiembre de 2025 no le entregaban lo ordenado. No fue un discurso armado, fue el relato de alguien cansada de explicar lo mismo.

Esa queja mostraba un patrón: demoras que se normalizan, «vuelva en 15 días», y otro turno más. Mientras tanto, las fórmulas vencidas se vuelven una amenaza silenciosa, porque el sistema exige papeles al día, aunque el mismo sistema no entregue a tiempo. En ese ir y venir, el stock y la respuesta de la ventanilla terminan mandando más que el derecho a la salud.

Cuando el tratamiento depende de una fila, el tiempo deja de ser neutro, empieza a cobrar factura.

«Eso es lo que le duele a uno»: lo que revela el testimonio del hijo sobre la espera y la dignidad

El hijo de Cecilia, Edison Rojas, habló con Blu Radio tras la muerte de su madre. No se trata solo de una declaración de dolor, también es una acusación humana: la espera desgasta, humilla, y al final te deja con preguntas que nadie responde.

En medios no siempre aparece una cita extensa o una transcripción completa con la frase exacta «Eso es lo que le duele a uno». Aun así, el sentido del mensaje quedó claro: duele perder a una madre, pero también duele pensar que la tragedia pudo evitarse con una entrega oportuna.

La familia explicó que Edison usa silla de ruedas y tiene una discapacidad alta. Necesitaba pañales y metadona, y según la denuncia, no se los entregaban desde septiembre de 2025. Imaginar esa espera ayuda a entender el nivel de impotencia, porque no es un simple «medicamento pendiente», es el día a día.

También estaba el esposo de Cecilia, operado del corazón y con problemas vasculares. En su caso, se mencionaron medicamentos como rivaroxabán (relacionado con la prevención de coágulos) y propafenona (usada en problemas del ritmo cardiaco). Cuando faltan estos fármacos, la preocupación no se negocia, se instala.

Cuando faltan medicamentos vitales, el riesgo no es abstracto, es inmediato

Interrumpir un tratamiento crónico no es como pausar una vitamina. En muchas enfermedades, la continuidad sostiene el equilibrio. Si esa cadena se rompe, el cuerpo lo siente, y a veces no da avisos amables.

En el caso de Cecilia, la familia habló de una enfermedad renal y de faltantes prolongados de eritropoyetina por varios meses. Eso no permite afirmar que esa ausencia causó su muerte, y sería irresponsable hacerlo. Lo que sí se puede decir, sin exagerar, es que un medicamento vital que no llega a tiempo aumenta el riesgo: más estrés, más descompensaciones, más urgencias, y más probabilidades de un desenlace grave en personas mayores.

Qué dijeron Cafam, las autoridades y qué puede hacer una familia cuando no le entregan los medicamentos

Tras la muerte, Droguerías Cafam emitió un comunicado de condolencias. También señaló que activó protocolos de emergencia y que llamó a los servicios médicos. La empresa sostuvo que no hubo una «situación irregular» con sus funcionarios y pidió respeto por la confidencialidad del caso mientras avanzaban las revisiones.

En paralelo, voces ciudadanas y entidades como la Defensoría del Pueblo relacionaron el hecho con la crisis de acceso a medicamentos y pidieron no normalizar los faltantes. En cuanto a la Superintendencia de Salud, en esos días no se conocían detalles públicos concluyentes del proceso, pero el caso aumentó la presión para que haya vigilancia y respuestas.

Para una familia, el primer impulso suele ser discutir en el mostrador. Es comprensible, pero no siempre ayuda. Lo más útil es convertir la indignación en registro. Sin dar asesoría legal, hay rutas generales que suelen servir: documentar la no entrega, radicar queja formal y buscar orientación sobre medidas como la tutela, según el caso. La historia clínica y los soportes de la orden médica sostienen el reclamo. Al final, se trata de derechos del paciente, no de favores.

Señales de alerta en un dispensario, cuándo insistir y cómo dejar registro sin perder la calma

Conviene guardar el número de turno y anotar la fecha y la hora. Si la fórmula lo permite, una foto legible ayuda, igual que el comprobante de solicitud o el radicado. Cuando te dicen «no hay», pide que lo dejen por escrito o que expliquen el motivo en un documento breve.

Si el paciente tiene síntomas graves, lo primero son urgencias, no la fila. A veces la familia se queda esperando por miedo a perder el turno, y ahí se agrava el problema. Buscar acompañamiento también cuenta: un vecino, un familiar, o un testigo puede ayudar a narrar lo ocurrido si luego se necesita dejar constancia.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.