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HD 137010 b: el exoplaneta asombrosamente parecido a la Tierra, pero con un gran «pero»

¿Y si existiera un segundo hogar ahí fuera, esperando a que lo encontremos? La idea engancha porque toca algo muy humano, el deseo de tener un plan B y la curiosidad por no estar solos.

En febrero de 2026, un nombre empezó a repetirse en titulares y conversaciones: HD 137010 b. A primera vista, suena casi demasiado perfecto, se parece mucho a la Tierra en tamaño y hasta en la duración de su «año». Sin embargo, parecido no significa habitable. De hecho, los primeros datos invitan a la prudencia.

Qué sabemos de HD 137010 b y por qué está llamando tanto la atención

Para empezar, conviene aclarar una palabra clave. Un exoplaneta es un planeta que orbita una estrella fuera de nuestro Sistema Solar. No lo «vemos» como una esfera con continentes. Normalmente lo detectamos por señales indirectas, como pequeñas caídas de luz en su estrella cuando el planeta pasa por delante.

HD 137010 b destaca por una mezcla rara: tamaño muy terrestre, un año casi igual y una distancia que, en astronomía, se considera relativamente cercana. Está a unos 146 años luz, que suena enorme, pero es una buena noticia para observarlo mejor que a objetivos a miles de años luz.

Antes de seguir, una comparación rápida ayuda a ponerlo en contexto:

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RasgoTierraHD 137010 b (estimado)
Tipo de planetaRocosoRocoso (candidato)
Tamaño1,00 radios terrestres~1,06 radios terrestres
Duración del año365 días~355 días
Distancia a nosotros0~146 años luz
Temperatura estimadaVariable~-68 °C a -70 °C
EstrellaSol (G)Enana K (más fría y menos luminosa)

La idea clave es simple: se parece en lo «geométrico», pero la energía que recibe y su clima podrían ser otra historia.

Las similitudes que sorprenden, tamaño, gravedad y un año casi igual

Lo más llamativo es que parece un planeta rocoso y apenas un 6% más grande que la Tierra. Esa cercanía sugiere algo importante, su gravedad podría ser parecida a la nuestra. Aun así, aquí hay un matiz: la masa no se conoce con exactitud, y sin masa la gravedad solo puede estimarse.

También sorprende su órbita. HD 137010 b tarda cerca de 355 días en completar una vuelta a su estrella. Es casi un calco del calendario terrestre. Por eso tanta gente se emociona, porque un periodo orbital similar suena a estaciones «familiares».

Sin embargo, el periodo orbital no decide el clima por sí solo. Importa porque influye en la cantidad de energía que el planeta recibe a lo largo del tiempo, pero no dice nada, por ejemplo, sobre si hay nubes, océanos, hielos permanentes o una atmósfera densa.

Que un planeta tenga «un año como el nuestro» es una pista interesante, no una promesa de playas, bosques o aire respirable.

Dónde está y qué tipo de estrella lo ilumina

HD 137010 b orbita la estrella HD 137010, descrita como una enana K. En palabras sencillas, es una estrella parecida al Sol, pero más fría y menos brillante. Según los análisis divulgados, entregaría del orden de un tercio menos de luz y calor que nuestro Sol.

Esa diferencia cambia el guion. Si la lámpara es más tenue, el planeta puede necesitar estar más cerca para recibir una energía parecida a la de la Tierra. Aquí entra el concepto de zona habitable, que suele definirse como una franja de distancias donde el agua podría mantenerse líquida en la superficie, si la atmósfera acompaña.

La zona habitable no es una «línea de vida». Es más bien una zona de posibilidades. En el caso de HD 137010 b, se le ubica hacia el borde externo de esa franja, lo que encaja con otro dato que baja el entusiasmo, su temperatura estimada es muy baja.

¿Podría ser habitable de verdad? Lo que la palabra «parecido» no te cuenta

Es tentador leer «parecido a la Tierra» y completar el resto con imaginación. Aun así, la ciencia va por pasos, primero se mide lo que se puede, luego se modela y, por último, se confirma con observaciones nuevas.

En HD 137010 b, el freno principal es la temperatura superficial estimada, alrededor de -68 °C a -70 °C. Con ese frío, el escenario más probable se parece a un mundo helado, tipo «bola de nieve», con capas gruesas de hielo. En ese contexto, hablar de habitabilidad en la superficie se vuelve difícil.

Aun así, no todo se reduce a un número. La temperatura estimada suele partir de suposiciones simples, como si el planeta fuera una esfera que absorbe y re-emite energía. En la vida real, una atmósfera puede calentar, y mucho, mediante el efecto invernadero. El problema es que todavía no sabemos si HD 137010 b tiene atmósfera, ni de qué está hecha.

El gran problema, el frío extremo y la atmósfera que aún no vemos

Un planeta puede estar cerca de la zona habitable y seguir siendo un congelador. Pasa si recibe poca energía, si refleja mucha luz, o si su atmósfera es muy fina. También puede ocurrir lo contrario, un planeta más frío «sobre el papel» podría ser más templado si retiene calor con gases adecuados.

En este caso, la incógnita se llama atmósfera. Sin medirla, no podemos estimar bien el efecto invernadero, ni el papel de las nubes, ni la presión en la superficie. Y sin presión suficiente, el agua no se comporta como esperamos.

Por eso, cuando se menciona agua líquida, hay que hacerlo con cuidado. Puede existir solo bajo ciertas condiciones, y quizá no en la superficie. Algunas ideas sugieren que un mundo helado podría esconder agua bajo el hielo, si hay calor interno. Pero eso es una posibilidad general, no un hecho confirmado aquí.

Señales que buscaríamos si algún día quisiéramos confirmarlo

Si en el futuro se prioriza este exoplaneta, el objetivo sería claro: buscar «pistas» en su luz y en su sombra. Eso significa intentar detectar componentes de la atmósfera cuando el planeta transita su estrella.

En lenguaje llano, interesaría medir:

  • Vapor de agua: no confirma océanos, pero ayuda a entender el ciclo del agua.
  • Dióxido de carbono (CO₂): clave para estimar calentamiento por invernadero.
  • Otros gases y proporciones: sirven para construir modelos de clima más realistas.

Todo esto es difícil. Se necesitan instrumentos muy precisos y muchas observaciones repetidas. Además, señales tan finas se mezclan con la actividad de la estrella y con el ruido del propio instrumento. Por eso estos estudios suelen tardar años.

Cómo se descubre un mundo así y qué significa para el futuro de la búsqueda

A veces parece magia, «descubrieron un planeta parecido a la Tierra». En realidad, es paciencia y estadística. Para HD 137010 b se usaron datos de Kepler, en su fase K2, aunque la misión ya terminó. Lo interesante es que el archivo sigue vivo, porque nuevos análisis pueden encontrar señales que antes pasaron desapercibidas.

Este tipo de hallazgos también ayuda a ordenar el mapa. No podemos estudiar todos los candidatos con el mismo nivel de detalle, así que cada planeta «tipo Tierra» relativamente cercano se vuelve una ficha valiosa para decidir dónde mirar después.

Kepler, datos antiguos que siguen dando sorpresas

Kepler observaba estrellas y medía su brillo con mucha precisión. Cuando un planeta pasa por delante, la luz baja un poquito. Esa caída, repetida a intervalos regulares, se convierte en una pista.

Lo potente está en los datos acumulados. Con nuevas técnicas, los equipos pueden separar mejor el ruido de las señales. A veces, eso revela planetas pequeños que antes quedaban escondidos. Por eso, aunque Kepler ya no observe, su legado sigue generando descubrimientos.

Por qué estos hallazgos importan aunque no podamos viajar allí

A 146 años luz, HD 137010 b no es un destino práctico hoy. Ni para una misión tripulada ni para una sonda convencional. Aun así, su valor es enorme para la ciencia.

Estos mundos sirven para responder preguntas grandes: ¿cuántos planetas rocosos parecidos a la Tierra existen? ¿Qué tan comunes son los años «terrestres»? ¿Con qué frecuencia un planeta rocoso termina congelado aunque esté cerca de la zona habitable?

Cada respuesta mejora nuestros modelos y afina la búsqueda. Y, con el tiempo, puede señalar objetivos donde sí tenga sentido invertir muchas horas de observación.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.