NutriciónSalud

¿Cómo afecta el queso al cerebro? Un estudio científico y su posible efecto sobre la memoria

¿Puede un alimento tan cotidiano como el queso influir en lo que recuerdas dentro de unos años? La pregunta suena simple, pero toca un tema enorme: cómo se cuida la memoria a lo largo de la vida, y qué papel juegan los hábitos de cada día.

En los últimos meses se ha hablado mucho de un estudio grande que sugiere una relación entre ciertos quesos y un menor riesgo de demencia. Ojo con el matiz: no significa que el queso “cure” nada, ni que sea la causa directa. Lo que abre es una pista interesante, y también muchas preguntas.

Qué dice el estudio científico más comentado y qué significa en la vida real

El trabajo que más titulares ha generado es un estudio sueco publicado en diciembre de 2025 en Neurology, liderado por investigadores de la Universidad de Lund. Siguieron a más de 27.000 personas durante 25 años y analizaron su alimentación para ver quién desarrollaba demencia con el paso del tiempo.

El dato que se repite por su impacto es este: quienes comían más de 50 gramos diarios de queso con más del 20% de grasa (por ejemplo, cheddar, brie o gouda) tuvieron un 13% menos de riesgo de desarrollar demencia frente a quienes comían menos. En algunos análisis, la reducción llegó hasta un 29%. En el seguimiento, 3.208 participantes desarrollaron demencia, así que no se trata de un número pequeño ni de un resultado anecdótico.

También apareció un efecto parecido con la nata (crema) alta en grasa: más de 20 gramos al día se asoció con un 16% menos de probabilidad de demencia. Y un detalle que llama la atención: el queso bajo en grasa no mostró el mismo patrón.

Artículos Relacionados

¿Qué significa esto para tu día a día? Que hay una asociación entre consumir ciertos quesos y un menor riesgo observado, no un permiso para comer queso sin límite, ni una receta para “blindar” el cerebro. La demencia tiene muchas piezas (genética, salud vascular, sueño, actividad física, educación, aislamiento social), y un solo alimento raramente explica el cuadro completo.

Lo importante: asociación no es lo mismo que causa

Este tipo de resultados viene de un estudio observacional. En palabras simples: se observa lo que la gente hace y lo que le pasa con los años, pero no se controla todo como en un experimento. Por eso, el hallazgo no prueba causa.

Un ejemplo claro: imagina dos personas. Una toma un tentempié de queso con frutos secos y sale a caminar cada tarde. La otra pica ultraprocesados, duerme poco y se mueve menos. Aunque ambas “coman”, el resto de hábitos puede marcar más la diferencia que el queso en sí.

Además, hay factores que suelen “confundir” los resultados: actividad física, nivel educativo, calidad global de la dieta, control de la presión arterial, diabetes, colesterol, tabaco, estrés, sueño. El propio estudio sueco tiene limitaciones prácticas, como que la dieta se preguntó una vez al inicio, y en 25 años es normal que la forma de comer cambie mucho.

Por qué el tipo de queso podría cambiar el resultado

No todos los quesos son iguales, y esto importa más de lo que parece. En el estudio sueco, el patrón favorable se vio con queso de mayor grasa, y no con versiones light. Eso no significa que la grasa sea “mágica”, pero sí que la matriz del alimento (cómo se combinan grasas, proteínas, minerales y compuestos del proceso) podría influir.

También entra en juego si el queso es fermentado y curado, o si es un producto muy procesado. Un cheddar curado, un brie o un Camembert no se parecen demasiado a un “queso” de lonchas con aditivos. En algunos trabajos, los quesos fermentados se asocian a perfiles de nutrientes y compuestos bioactivos distintos, y eso podría ayudar a explicar por qué no se ve el mismo efecto en todas las categorías.

Cómo podría influir el queso en el cerebro: nutrientes, fermentación y eje intestino cerebro

Cuando se habla de memoria, mucha gente piensa solo en “entrenar la mente”. Pero el cerebro también es un órgano que vive de lo que le llega por sangre, de cómo están tus neuronas y de si hay inflamación de fondo. En ese contexto, el queso puede aportar piezas útiles, sin prometer milagros.

Por un lado están los nutrientes: proteínas, minerales y vitaminas como la vitamina B12. Por otro, ciertos compuestos ligados a la maduración y a la fermentación. Y en medio, una idea que cada vez se menciona más: el eje intestino cerebro, la comunicación constante entre lo que pasa en el intestino y cómo responde el sistema nervioso (incluida la inflamación).

Lo más sensato es verlo como una posible ayuda indirecta, dentro de una dieta completa. Si tu patrón general es pobre (poca verdura, mucha azúcar, poco sueño), el queso no “rescata” el resultado. Si tu base ya es buena, puede sumar, o al menos no estorbar, según el tipo y la cantidad.

Nutrientes del queso que el cerebro usa para funcionar bien

El queso destaca por su vitamina B12, clave para el sistema nervioso y para procesos ligados a la energía celular. En adultos mayores, este punto es relevante porque la absorción de B12 puede empeorar con la edad, y un déficit sostenido se asocia con problemas neurológicos.

También aporta calcio y fósforo, minerales que participan en funciones celulares básicas. El cerebro no “piensa” con calcio, pero sí depende de un equilibrio de señales y procesos donde los minerales son parte de la maquinaria diaria.

Y luego están las proteínas, que aportan aminoácidos. Algunos, como el triptófano y la tirosina, se relacionan con neurotransmisores que influyen en el estado de ánimo, la motivación y la atención. No es que un trozo de queso te convierta en una persona más lista, pero sí puede encajar como un alimento denso en nutrientes, útil si lo usas bien.

Fermentación y bacterias buenas: una posible ayuda indirecta

La fermentación cambia un alimento. En quesos curados, el proceso genera compuestos que se estudian por su relación con la salud metabólica e inflamatoria. La hipótesis más repetida es que, al mejorar ciertos marcadores del cuerpo, se protege también el cerebro, que es muy sensible a la inflamación crónica.

Aquí entra el eje intestino cerebro: cuando el intestino está irritado o hay una dieta que favorece inflamación, pueden empeorar señales que afectan al sistema nervioso. Algunos alimentos fermentados se investigan por su posible papel en modular esa respuesta. La evidencia directa en humanos sobre queso, microbiota y demencia aún no es concluyente, pero la línea es coherente con lo que se sabe de inflamación y salud cerebral.

A veces se habla de plasticidad sináptica, que suena técnico pero es simple: son las “conexiones” entre neuronas que se fortalecen o debilitan con el tiempo. Si el cuerpo está menos inflamado y hay un entorno metabólico más estable, esas conexiones tienen más opciones de mantenerse en mejor forma.

Cómo comer queso sin dañar tu salud, y cuándo conviene tener cuidado

La palabra clave aquí es moderación. Si quieres incluir queso pensando en la memoria, lo más útil es que no desplace alimentos que sí tienen un consenso fuerte en salud cerebral, como verduras, legumbres, fruta, frutos secos y pescado.

Piensa en la porción como un complemento, no como el centro del plato. Un trozo pequeño con una ensalada, o rallado sobre legumbres, suele ser más inteligente que un bocadillo enorme lleno de queso. Y vigila el sodio, porque muchos quesos curados y procesados llevan bastante sal, lo que puede complicar la presión arterial. La salud vascular es una de las vías más importantes para proteger el cerebro.

Si tienes hipertensión, colesterol alto, enfermedad cardiovascular o diabetes, el “cuánto” y el “cuál” importan el doble. En esos casos, escoger opciones menos saladas y no convertir el queso en diario por costumbre puede ser una diferencia real.

Señales de que el queso no te sienta bien o no es tu mejor opción

Hay pistas sencillas. Molestias digestivas (gases, diarrea o hinchazón) pueden sugerir mala tolerancia, a veces por lactosa, a veces por la grasa o por la cantidad. Algunas personas sensibles notan migrañas o dolor de cabeza con ciertos quesos curados. Y si sueles retener líquidos, la sal puede ser un factor.

Si te cuesta controlar el colesterol o la presión, vale la pena consultar con un profesional y revisar el conjunto de la dieta, no solo el queso. La prevención del deterioro cognitivo pasa mucho por la salud cardiovascular, y ahí las decisiones pequeñas, repetidas, suman.

 

¿Le resultó útil este artículo?
Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

Publicidad

Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.