Hemorragias nasales inexplicables: 5 causas comunes y qué hacer
¿Te ha pasado que estás tranquilo, te suenas suave y, de pronto, aparece sangre? Una hemorragia nasal (epistaxis) puede asustar, pero la mayoría empieza en la parte delantera de la nariz, donde hay vasitos muy finos y superficiales. Son como “cables pelados” en una zona que se reseca, se inflama y se roza con facilidad.
Por eso a veces parece “inexplicable”, cuando en realidad la causa es cotidiana: aire seco, una costra que se desprendió, un resfriado, un spray mal usado. En este artículo vas a ver 5 causas comunes y pistas para reconocerlas, además de ideas simples para bajar el riesgo.
Suele ser algo leve y se controla en casa, pero si es frecuente o el sangrado es abundante, conviene consultarlo.
Las 5 causas más comunes de hemorragias nasales inexplicables (y cómo reconocerlas)
Cuando la nariz pierde humedad o se irrita, la mucosa se agrieta o se vuelve frágil. Entonces, un roce mínimo puede abrir un vaso y provocar sangrado. Estas son las cinco causas típicas que más se repiten en niños y adultos.
Causa frecuente: aire seco en invierno, calefacción o clima muy frío
El aire seco es un clásico, sobre todo con calefacción, aire acondicionado o días fríos. La nariz, que debería estar húmeda, se reseca por dentro. Se forman costras y pequeñas grietas, y los vasos se rompen con nada, incluso mientras duermes.
Las señales suelen ser claras: sensación de tirantez, ardor, picor, costras que molestan y sangrado al despertar o al sonarte muy suave. A veces también hay un puntito de sangre al limpiarte con papel.
Qué puedes hacer hoy mismo: sube la humedad del ambiente (un humidificador por la noche ayuda mucho) y usa suero fisiológico para hidratar. Si la entrada de la nariz está muy seca, un toque de gel nasal o un poquito de vaselina en la zona de entrada puede proteger, sin introducir el dedo ni el aplicador profundo.
Causa frecuente: irritación por hurgarse la nariz, costras o rascarse sin querer
La nariz por dentro no está hecha para la fricción. Hurgarse la nariz o rascar una costra repetidas veces termina dañando la mucosa, como si lijaras una herida que intenta cerrar. En niños es muy común, pero en adultos también pasa, a veces sin darse cuenta, por picazón o nervios.
Suele notarse porque el sangrado aparece después de tocarse la nariz y a menudo es de un solo lado. También se repite el patrón de “costra, la saco, sangra, vuelve la costra”. En temporadas de alergia, los estornudos y el picor empujan a rascarse, y el círculo se mantiene.
Consejo práctico: uñas cortas (en niños es clave), tratar la resequedad para que haya menos costras, y cambiar el gesto automático por algo menos agresivo, como presionar suave por fuera o usar suero para despegar la costra sin arrancarla.
Causa frecuente: alergias, resfriado o sinusitis que inflaman y vuelven frágil la mucosa
Con alergia, resfriado o sinusitis, la nariz se congestiona y la mucosa se hincha. Esa inflamación vuelve los tejidos más delicados. Luego vienen los estornudos, el goteo y el “sonarse cada rato”, y ahí la irritación se dispara.
Las pistas: sangrado pequeño junto con mucosidad, picazón, ojos llorosos o estornudos en cadena. En sinusitis o cuadros virales, puede haber presión o dolor facial leve. Muchas veces no es que “salga sangre porque sí”, sino porque la nariz está inflamada y, encima, la estás limpiando con mucha frecuencia.
Qué ayuda: higiene nasal suave con suero, sin fuerza, y evitar sonarse como si quisieras “destapar” una tubería. Si hay alergia de base, tratarla con indicación médica reduce el goteo y el rascado, y con eso bajan los sangrados.
Causa frecuente: uso repetido de aerosoles nasales (sobre todo descongestionantes)
No todos los sprays son iguales. Los de suero solo hidratan y limpian, pero algunos aerosoles con descongestionante pueden resecar e irritar si se usan muchos días seguidos. También puede aparecer el efecto rebote: la nariz se congestiona más al pasar el efecto, y sientes que necesitas el spray otra vez.
La señal típica es resequedad creciente, ardor y sangrado leve justo después de aplicar, o al rato. Otra pista es la “dependencia” práctica: cada vez lo usas más seguido porque la congestión vuelve rápido.
Qué hacer: revisa la etiqueta, respeta los días recomendados (muchos descongestionantes no se aconsejan más de 3 a 5 días seguidos) y, si notas rebote, habla con un profesional. A veces el problema real era alergia o irritación, y se trata mejor de otra forma.
Causa frecuente: sonarse fuerte, estornudar con fuerza o golpes leves (deporte, juegos, dormir boca abajo)
La nariz es sensible a los cambios bruscos de presión. Un microtrauma puede ser tan simple como sonarse fuerte, estornudar con mucha fuerza o recibir un golpe pequeño jugando, haciendo deporte o incluso al dormir con la cara apoyada.
Suele ocurrir así: te suenas, notas un “tirón” y aparece sangre. O sangra después del ejercicio, cuando la presión y el esfuerzo aumentan. Si hubo golpe leve, puede haber sensibilidad o una pequeña hinchazón, aunque no siempre.
Consejo inmediato: suénate suave, una fosa a la vez, y si estornudas, intenta hacerlo con la boca abierta para bajar la presión dentro de la nariz. Si practicas deportes de contacto o hay riesgo de golpes, la protección adecuada marca la diferencia.
Qué hacer en el momento y cómo prevenir que se repita
Cuando empieza el sangrado, lo más importante es la postura y la presión. Inclínate hacia delante, así evitas tragar sangre, que irrita el estómago y da náuseas. Respira por la boca e intenta mantener la calma, el susto acelera el corazón y puede empeorar la sensación.
Luego aplica presión en la parte blanda de la nariz (por debajo del hueso). Aprieta de forma firme y constante durante 10 a 15 minutos sin soltar. Si la sangre cae hacia la garganta, escúpela. Después, cuando pare, evita sonarte y evita esfuerzos por unas horas, porque el coágulo aún es frágil.
Para prevenir, piensa en “nariz húmeda y manos lejos”. Humidifica el dormitorio si el ambiente está seco, usa suero fisiológico si te notas tirante, aplica gel nasal si se forman costras, evita humo y trata de no excederte con alcohol, porque reseca. También ayuda beber agua de forma regular.
Errores comunes que hacen que sangre más (y cómo evitarlos)
El error más típico es no inclinar hacia atrás la cabeza. Parece lógico, pero hace que la sangre baje a la garganta y te confunda sobre si realmente paró. Otro fallo es soltar la presión cada poco para “mirar cómo va”.
Evita también no revisar antes de tiempo. Si sueltas a los 2 minutos, casi siempre vuelve a sangrar. Y no metas algodón profundo ni objetos dentro; puedes romper más la mucosa. Cuando pare, no te suenes de inmediato.
Cuidados diarios simples si te pasa seguido
Si te ocurre con cierta regularidad, una rutina corta suele ayudar más que “aguantar”. Mantén la humedad del ambiente, sobre todo al dormir. Usa suero fisiológico 1 a 3 veces al día si notas sequedad, y aplica gel nasal en la entrada si se forman costras.
Si hay costras duras, abláralas con suero antes de retirarlas. Arrancarlas en seco es como despegar una tirita de golpe: casi garantiza otro sangrado. Si además hay alergia, tratarla bien reduce el picor, el rascado y los estornudos.
Señales de alarma: cuándo una hemorragia nasal ya no es “normal”
Consulta de urgencia si el sangrado no se detiene tras 20 minutos de presión bien hecha, si es muy abundante, si te cuesta respirar, o si aparece mareo, palidez o desmayo. También si la sangre sale con fuerza por ambas fosas, o si ocurrió tras un golpe fuerte en la cabeza o la cara.
Pide cita médica si la frecuencia aumenta (por ejemplo, varias veces por semana), si tienes moretones con facilidad, sangrado de encías, o si estás tomando anticoagulantes o aspirina. La presión alta mal controlada también puede influir. Y si hay antecedentes familiares de problemas de coagulación, mejor no dejarlo pasar.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.