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Neurólogo explica los riesgos de las bebidas energéticas para el cerebro y su relación con los ACV: “Son muy ricas en azúcar”

Vas con prisa, tienes un examen, una entrega o un turno largo. Abres una lata fría de bebida energética y sientes el golpe: más foco, más “chispa”, menos sueño. Esa sensación se parece a encender una luz muy fuerte en una habitación cansada. El problema es que, para el cerebro, esa luz puede venir con sobrecarga.

Un neurólogo lo resume con una frase simple y potente: “son muy ricas en azúcar”. Y no es lo único. Estas bebidas suelen juntar azúcar, cafeína y otros estimulantes en un mismo trago. En algunas personas, esa mezcla puede subir la presión arterial y estresar al sistema nervioso. Eso preocupa por su consumo frecuente en jóvenes y porque un ACV (accidente cerebrovascular), también llamado ictus, puede aparecer sin avisar y dejar secuelas.

Qué tienen las bebidas energéticas y por qué ese “cóctel” puede afectar al cerebro

Una lata típica no es solo “cafeína para estar despierto”. Suele traer mucho azúcar, cafeína en dosis altas y estimulantes como taurina y guaraná. La clave está en la combinación: cuando se mezclan, el cuerpo recibe señales contradictorias, como si pisaras el acelerador mientras el motor ya va forzado.

La cafeína en estas bebidas puede variar mucho. Hay productos que rondan los 160 mg por lata, y otros que suben bastante más (en algunos casos, superan los 500 mg). Para tener una referencia clara, el límite diario recomendado de cafeína para adultos sanos suele situarse en 400 mg al día.

Además, el guaraná complica las cuentas. Puede aportar cafeína “oculta”, porque no siempre el consumidor suma mentalmente lo que viene del guaraná a lo que pone “cafeína” en la etiqueta. El resultado es fácil: crees que tomas una dosis, pero tu cuerpo recibe otra.

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Azúcar alta, picos de glucosa e impacto en neuronas y energía mental

El azúcar funciona como un fuego rápido: prende al instante y se apaga igual de rápido. Cuando una bebida energética trae mucha azúcar, es común sentir un subidón breve y luego una caída que se nota como niebla mental, irritabilidad o hambre repentina. No es “falta de voluntad”, es fisiología.

Con el uso frecuente, esos picos repetidos pueden favorecer un estado de inflamación y empeorar la forma en que el cuerpo gestiona la glucosa. Y aunque no lo notes en el momento, el cerebro es muy sensible a esos cambios. El mensaje del neurólogo va por ahí: si conviertes ese patrón en rutina, puede haber daño directo o, como mínimo, un desgaste del sistema nervioso a base de estrés metabólico.

Aquí hay una trampa común: sentirse activado no significa que el cerebro esté “mejor”. A veces es solo una alerta artificial, como tapar el cansancio con ruido.

Cafeína y estimulantes, más alerta, pero también más presión y menos sueño

La cafeína activa el sistema nervioso. En dosis moderadas, a mucha gente le ayuda. El problema aparece cuando la dosis es alta, se acumula a lo largo del día o se combina con otros estimulantes. En ese escenario, pueden subir la frecuencia cardiaca y la presión arterial, y el cuerpo entra en modo tensión.

El sueño también paga el precio. Una bebida energética tomada “para rendir” por la tarde puede recortar horas de descanso, o hacer que el sueño sea más ligero. Y dormir peor no solo da cansancio. También afecta memoria, atención, estado de ánimo y control de impulsos, que son funciones muy cerebrales.

El guaraná añade otra capa, porque puede sumar cafeína sin que la persona lo note. Por eso algunas señales tempranas, si aparecen tras consumir estas bebidas, conviene tomarlas en serio: palpitaciones, temblor fino, ansiedad e insomnio. No siempre pasan, pero cuando pasan, no son “cosas de nervios” sin más.

Relación con los ACV, cómo una bebida “para rendir” puede aumentar el riesgo

Un ACV ocurre cuando parte del cerebro se queda sin riego sanguíneo (por un bloqueo o por un sangrado). Sin oxígeno, las neuronas sufren rápido. El puente con las bebidas energéticas se entiende con una cadena sencilla: estimulantes que elevan presión arterial, más azúcar que estresa el cuerpo, más falta de sueño, más tensión general. En personas vulnerables, o con consumo extremo, ese cóctel puede empujar al límite.

No se trata de decir que una lata causa un ictus de forma automática. Se trata de entender el terreno. La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo de ACV, y estas bebidas pueden contribuir a subidas importantes, sobre todo si se toman varias al día, si se mezclan con alcohol, o si ya hay predisposición.

Presión arterial disparada, el mecanismo más peligroso y a veces silencioso

La hipertensión es traicionera porque muchas veces no da síntomas. Puedes tener la presión alta y sentirte “normal”. Pero por dentro, los vasos sanguíneos trabajan con más tensión y se van dañando con el tiempo.

Si las subidas son fuertes y repetidas, el riesgo no es solo un mal rato. Es un desgaste real del sistema vascular, incluido el que alimenta al cerebro. Y cuando un vaso se obstruye o se rompe, aparece el ACV. Por eso preocupa que lo que parece una ayuda para estudiar o entrenar termine empujando un factor de riesgo clave.

Caso clínico reciente, cuando el consumo extremo termina en un ictus

Un ejemplo muy claro se publicó en BMJ Case Reports (2025): un hombre de 50 años, sano y en buena forma, consumía ocho latas al día. Cada una aportaba unos 160 mg de cafeína, así que sumaba alrededor de 1.200 a 1.300 mg diarios, muy por encima del límite orientativo de 400 mg para adultos sanos.

Llegó a urgencias con síntomas neurológicos importantes. Los médicos encontraron una presión de 254/150 mm Hg, una cifra de emergencia, y confirmaron un ictus isquémico en el tálamo, una zona profunda del cerebro relacionada con funciones sensoriales y del movimiento.

El aprendizaje principal es doble: al dejar las bebidas energéticas, su presión volvió a la normalidad y dejó de necesitar medicación, pero algunas secuelas persistieron con el tiempo. Es un caso extremo, sí, pero sirve para ver hasta dónde puede escalar el riesgo cuando el consumo se vuelve rutina.

Cómo reducir el riesgo, señales de alarma y alternativas seguras para tener energía

La prevención empieza por lo básico: leer etiquetas, contar cafeína real (incluida la que aporta el guaraná) y evitar convertir la bebida energética en “muleta diaria”. También importa quién las toma. Menores, embarazadas, personas con hipertensión, ansiedad, arritmias o migraña frecuente deberían evitarlas o hablarlo con un profesional de salud.

Un dato útil para España: la AESAN considera “bebida con alto contenido de cafeína” la que supera 15 mg por 100 ml. Eso ayuda a identificar productos que no son un refresco cualquiera, aunque se vendan como si lo fueran.

Señales de alarma, cuándo parar y cuándo ir a urgencias

Si tras una bebida energética aparece dolor de cabeza intenso, visión borrosa, debilidad o adormecimiento en un lado, dificultad para hablar, pérdida de equilibrio, opresión en el pecho o desmayo, hay que parar y pedir ayuda médica.

Si los síntomas parecen un ACV, la regla es simple: urgencias de inmediato. En ictus, cada minuto cuenta. No conviene “esperar a ver si se pasa”, ni dormirlo. Y si hay palpitaciones fuertes o sensación de falta de aire, tampoco es momento de aguantar.

Alternativas para rendir mejor sin castigar el cerebro

La energía estable se parece más a una fogata que a un petardo. Dura, calienta y no te deja tirado. Dormir un poco más, hidratarse, comer con proteína y fibra, y hacer pausas cortas durante el estudio o el trabajo suele dar más rendimiento del que parece.

Si buscas un empujón, café o té con moderación suelen ser opciones más fáciles de medir que una lata con varios estimulantes. Y si el problema es el estrés, revisar horarios, luz nocturna y carga mental puede mejorar el foco sin picos de azúcar.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.