¿Dónde es más y menos probable que los europeos se vacunen contra la gripe?
En Europa, la vacunación contra la gripe en Europa es muy desigual. Hay países donde la mayoría de las personas mayores se vacuna cada otoño, casi cumpliendo los objetivos de la Unión Europea, y otros donde apenas una pequeña parte lo hace. Esto tiene consecuencias claras: más o menos casos graves, más o menos ingresos y una presión muy distinta sobre los hospitales en invierno.
La gripe no es solo “un catarro fuerte”. En mayores de 65 años y en personas con enfermedades crónicas puede causar neumonía, descompensar otras patologías y llevar a la UCI. Por eso la UE fijó el objetivo de llegar al 75 % de tasas de vacunación antigripal en este grupo.
En las próximas líneas veremos qué países europeos se acercan más a esa meta, cuáles se quedan muy atrás y qué factores explican estas diferencias tan grandes. También verás por qué tu decisión individual de vacunarte sí cambia el panorama colectivo.
Países europeos donde es más probable vacunarse contra la gripe
En general, el norte y parte del oeste de Europa concentran las tasas de vacunación antigripal más altas, sobre todo en mayores de 65 años. Según los últimos datos del ECDC, la media europea en este grupo ronda el 47 %, bastante lejos del objetivo del 75 %. Aun así, algunos países se destacan claramente por encima del resto.
Dinamarca e Irlanda son los únicos que alcanzan o superan el 75 % en mayores de 65 años. Portugal y Suecia se mueven en una franja alta, por encima del 68 %. El Reino Unido, aunque ya no forma parte de la UE, mantiene cifras próximas al 70 %. España e Italia van por detrás, pero siguen bastante mejores que buena parte de Europa del Este.
Lo importante aquí no es solo el número. En estos países, para muchas personas mayores la vacuna de la gripe forma parte del “ritual del otoño”. Igual que se revisa la caldera antes del frío, se pide cita en el centro de salud o en la farmacia para ponerse la dosis anual. Esa normalidad marca la diferencia.
Dinamarca, Irlanda y Portugal, líderes en vacunación antigripal
Si miramos los países con mayor tasa de vacunación contra la gripe en mayores de 65 años, aparecen siempre los mismos nombres. Dinamarca ronda el 76 %, Irlanda se sitúa cerca del 75 % y Portugal se mueve alrededor del 70–72 % en la temporada 2024-2025. Son los países que mejor se aproximan al objetivo del 75 % de la Unión Europea.
¿Qué hacen distinto? Primero, una confianza alta en el sistema sanitario. La mayoría de la población cree que las vacunas son seguras y útiles, y eso se traduce en mayor aceptación. Segundo, campañas claras y repetidas cada año, con mensajes sencillos, sin dramatismos pero sin restar importancia a la gripe. Tercero, un acceso muy fácil a la vacuna. En muchos casos se puede vacunar en el centro de salud, en residencias, en farmacias y a veces incluso sin cita previa.
Otro punto clave es la coherencia de los mensajes. Gobiernos, sociedades científicas y profesionales sanitarios suelen ir en la misma línea. Cuando el médico de cabecera, la enfermera y las autoridades dicen lo mismo durante años, la gente acaba integrando la vacuna como un hábito.
El buen papel de Suecia, Reino Unido y España en mayores de 65 años
Justo detrás de este grupo puntero se sitúan países como Suecia, el Reino Unido y España. Suecia alcanza alrededor del 68 % de cobertura en mayores de 65 años. El Reino Unido se mueve en torno al 70 % en este grupo gracias a campañas muy estructuradas en el NHS. España se sitúa algo más abajo, alrededor del 58–65 % según la temporada reciente, pero aún por encima de la media europea.
En estos países la vacuna suele ser gratuita para los mayores y los grupos de riesgo. Las campañas arrancan en otoño y se combina la comunicación en medios tradicionales con mensajes en centros de salud, residencias y, cada vez más, recordatorios digitales. En España, además, se ha ampliado la recomendación a niños pequeños y otros colectivos, aunque la cobertura en mayores de 65 años sigue siendo la prioridad.
Hay que tener en cuenta que España presenta diferencias entre comunidades autónomas. Algunas alcanzan cifras cercanas al objetivo europeo y otras se quedan bastante por detrás. Lo mismo ocurre con la intención de vacunarse, que varía según la región, el nivel de información y la relación con el sistema sanitario.
Qué tienen en común los países con mejores tasas de vacunación
Cuando se comparan los países líderes aparecen varios rasgos compartidos. La confianza en las autoridades sanitarias es alta y estable en el tiempo. La gente suele pensar que su sistema público de salud actúa en su beneficio y no duda tanto de las recomendaciones.
La información sobre la gripe y la vacuna es clara y repetida. La población entiende que la gripe puede ser grave en personas mayores y que la vacuna reduce el riesgo de complicaciones, aunque no sea perfecta. Esa percepción del riesgo de la gripe es más alta que en otros países.
El acceso a los centros de salud es razonablemente cómodo. Pedir cita no es una carrera de obstáculos y, en ocasiones, es posible vacunarse en la farmacia, en el trabajo o en dispositivos móviles. Además, médicos y enfermeras recomiendan de forma activa la vacuna, sobre todo a los pacientes de riesgo. En ese contexto, vacunarse cada año se vive como algo tan normal como pasar la ITV del coche o revisar la nevera cuando empieza a hacer calor.
Países de Europa donde es menos probable vacunarse contra la gripe
En el lado opuesto se sitúan, sobre todo, varios países de Europa del Este y algunos con menos tradición de vacunación. En estos lugares, las coberturas en mayores de 65 años pueden bajar por debajo del 15 %. La diferencia con el objetivo europeo del 75 % es enorme.
Cuando tan poca gente se vacuna, el riesgo de que la gripe cause más problemas es real. Hay más casos graves, más hospitalizaciones y más presión sobre el sistema sanitario en pleno invierno, justo cuando también circulan otros virus respiratorios. El ECDC ha alertado en varias ocasiones de que, si no suben las coberturas, algunas temporadas de gripe pueden ser especialmente duras para estos países.
Rumanía, Bulgaria, Letonia y Polonia: coberturas muy por debajo del objetivo
Varios países con menor tasa de vacunación contra la gripe se concentran en esta zona de Europa. En Rumanía se estima que la vacunación en mayores ronda apenas el 30–35 %, con una tendencia a la baja en los últimos años. En Bulgaria la cobertura se mueve entre el 15 y el 20 %. En Letonia y Polonia la situación es aún más preocupante, con cifras que se sitúan por debajo del 15 %, y en el caso de Polonia cerca del 9–10 %.
Son claros ejemplos de baja cobertura antigripal en Europa del Este. Entre las causas hay varios factores combinados. La atención primaria cuenta con menos recursos y menor capacidad para llegar a toda la población mayor. La disponibilidad de vacunas a veces es limitada y las campañas no siempre son visibles ni fáciles de entender. La confianza en las vacunas y en las instituciones sanitarias es más baja que en el oeste de Europa.
También influye que la gripe se percibe como algo poco serio. En muchos casos la población prioriza otras preocupaciones de salud y no ve la vacuna como una herramienta importante. El resultado es un círculo vicioso: baja demanda, pocas campañas potentes y una cobertura que se mantiene muy por debajo del objetivo.
Diferencias dentro de Europa occidental y del sur, como Italia y España
Ni siquiera en Europa occidental o mediterránea la situación es uniforme. Italia ronda el 40–45 % de vacunación en mayores de 65 años, por debajo de España, que se sitúa cerca del 60 %, aunque con descensos en algunas temporadas. Sobre el papel no parecen cifras dramáticas, pero siguen lejos del 75 % marcado por la UE.
El problema se acentúa si miramos otros grupos. En muchos países, la vacunación del personal sanitario, embarazadas y niños de riesgo es baja. La fatiga vacunal tras la pandemia de COVID-19 ha pasado factura. Personas que se vacunaron durante los años más duros de la pandemia han dejado de hacerlo y las coberturas han bajado.
Además, persisten dudas sobre la eficacia de la vacuna de la gripe y la falsa idea de que “es solo una gripe, no pasa nada”. Estas percepciones frenan la decisión de vacunarse incluso cuando la vacuna es gratuita o está muy subvencionada.
Consecuencias de las bajas tasas de vacunación contra la gripe
Cuando las tasas son bajas, la ecuación es sencilla. Hay más contagios, más cuadros graves y más riesgo de hospitalización en personas mayores y con enfermedades crónicas. Si coincide una temporada de gripe intensa con otros virus respiratorios, las urgencias y las plantas de hospital pueden llenarse rápido.
El ECDC ha insistido en el peligro de que las bajas coberturas en varios países se traduzcan en temporadas de gripe más duras. Esto agrava la saturación del sistema sanitario, sobre todo en invierno, cuando también se atienden otras patologías habituales.
No se trata solo de números. Afecta a la protección de personas mayores y vulnerables, a la capacidad de los hospitales de atender otros problemas y a la calidad de vida de muchas familias que acaban viviendo una enfermedad que se podría haber evitado o hecho más leve con una vacuna anual.
Por qué en algunos países europeos la gente se vacuna más que en otros
Las diferencias no se explican solo por el dinero o por el tamaño del país. Hay una mezcla de políticas públicas, cultura sanitaria, acceso y confianza en la ciencia que hace que la vacunación contra la gripe en Europa sea más común en unos sitios que en otros.
Cuando la prevención forma parte de la vida diaria, la vacuna se ve como algo lógico. Si, además, el sistema sanitario ofrece la vacuna gratis o a bajo coste, cerca de casa y con horarios razonables, es más fácil que la gente dé el paso. En cambio, si pedir cita es complicado, hay que pagar y abundan los mensajes contradictorios, la vacunación se resiente.
El papel de las recomendaciones médicas, la cultura sanitaria y el acceso
Entre los factores que influyen en la vacunación contra la gripe en Europa, uno de los más claros es la relación con el profesional sanitario. La recomendación directa de un médico o una enfermera es, para muchas personas, el empujón definitivo para vacunarse. Sin esa recomendación activa, la mayoría lo deja para más adelante y al final no se vacuna.
En países con una cultura fuerte de prevención, las personas dan valor a las revisiones, al control de la tensión y al calendario vacunal. Piden la vacuna cada año sin que nadie tenga que insistir demasiado. Además, la posibilidad de recibir recordatorios por SMS, de vacunarse en la farmacia o de aprovechar una visita por otro motivo favorece que la vacuna no se pierda por el camino.
Cuando estas piezas no encajan, la vacunación cae. Si el médico no lo menciona, si la cita es difícil o si la vacuna solo se ofrece en unos pocos centros, la proporción de personas protegidas baja de forma clara.
Percepción del riesgo de la gripe y efecto de la pandemia de COVID-19
Otro elemento clave es cómo ve la gente la gripe. Muchas personas siguen pensando que la gripe es algo parecido a un resfriado y, por tanto, no sienten la necesidad de vacunarse. Esta percepción choca con lo que muestran los datos sobre ingresos y muertes entre mayores cada invierno.
Durante la pandemia de COVID-19 aumentó la vacunación antigripal, sobre todo por miedo a una doble infección y por la intensa comunicación sanitaria. Después, en varios países europeos, esas cifras cayeron otra vez. Es lo que muchos expertos llaman fatiga frente a las vacunas. La población se siente cansada del tema, desconecta de los mensajes y deja de vacunarse incluso cuando la recomendación sigue siendo clara.
Esta fatiga pesa más en los países que ya partían de coberturas bajas, porque allí no había un hábito consolidado. Donde la vacuna estaba integrada en la rutina, el descenso ha sido menor y es más fácil recuperar terreno.
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