Salud

Leucemia linfocítica crónica: el cáncer de la sangre más frecuente en adultos mayores

Escuchar la palabra leucemia linfocítica crónica asusta, sobre todo si eres mayor de 60 años o tienes familiares en esa edad. Sin embargo, hoy se sabe mucho más sobre esta enfermedad y los tratamientos han mejorado de forma clara.

La LLC es un tipo de cáncer de la sangre que se ve sobre todo en personas mayores. En muchos casos se descubre por casualidad, en un análisis de sangre de rutina, cuando la persona se siente bien y no nota nada raro.

Conocer esta enfermedad ayuda a perder miedo y ganar control. Si tú, tu madre, tu padre o un ser querido son adultos mayores, saber qué es, qué síntomas puede dar y qué opciones de tratamiento existen puede marcar la diferencia. La buena noticia es que, en 2025, muchas personas viven durante años con la LLC controlada y con buena calidad de vida.

¿Qué es la leucemia linfocítica crónica y por qué aparece sobre todo en adultos mayores?

La leucemia linfocítica crónica es un tipo de cáncer de la sangre. Afecta a un grupo concreto de glóbulos blancos llamados linfocitos B, que forman parte de las defensas del cuerpo. Estos linfocitos ayudan a producir anticuerpos y a protegernos de virus y bacterias.

En condiciones normales, la médula ósea (la parte esponjosa que está dentro de algunos huesos) fabrica cada día nuevas células de la sangre. Nacen, hacen su trabajo y, cuando ya no sirven, el propio cuerpo las elimina. Todo sigue un orden.

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En la LLC, algunos linfocitos B se vuelven anormales. No se mueren cuando deberían y empiezan a acumularse poco a poco en la sangre, en la médula ósea y en los ganglios. Por eso se habla de una leucemia de crecimiento lento. Muchas personas pueden tenerla años sin darse cuenta.

La LLC se ve sobre todo en adultos mayores, en especial a partir de los 60 años. Con la edad, las células del cuerpo se dividen muchas veces y aumenta la posibilidad de que aparezcan errores en el material genético. Algunos de esos errores pueden afectar a los linfocitos y favorecer que se vuelvan cancerosos.

Es importante subrayar que la LLC:

  • No se contagia de una persona a otra.
  • No se produce por tocar a alguien con leucemia ni por compartir platos o besos.
  • No siempre tiene que ver con hábitos de vida, aunque llevar una vida saludable siempre ayuda al organismo.

En España y en muchos países de Latinoamérica, la LLC es la leucemia más frecuente en adultos mayores. No hace falta memorizar cifras. Lo importante es saber que no se trata de una rareza y que los médicos están cada vez más acostumbrados a tratarla.

Cómo funciona la sangre y qué papel tienen los linfocitos B

Para entender mejor la LLC, ayuda imaginar la sangre como una gran autopista por donde viajan distintos tipos de células:

  • Los glóbulos rojos llevan oxígeno a todo el cuerpo.
  • Los glóbulos blancos forman parte de las defensas frente a infecciones.
  • Las plaquetas ayudan a frenar los sangrados y a formar coágulos.

Dentro de los glóbulos blancos hay varios tipos. Uno de ellos son los linfocitos B. Su función es reconocer a los “invasores” (virus, bacterias) y ayudar a producir anticuerpos para defendernos. Si los linfocitos B no funcionan bien, el cuerpo tiene más dificultad para luchar contra infecciones.

La médula ósea es como la fábrica central de la sangre. Allí se producen glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Cuando todo va bien, la fabricación está equilibrada. Cuando aparece la leucemia, esa fábrica se “desajusta” y empieza a producir células que no se comportan como deberían.

Qué ocurre en el cuerpo cuando aparece la leucemia linfocítica crónica

En la LLC, algunos linfocitos B se transforman en células anormales. Esas células:

  • Viven más tiempo del que deberían.
  • Se multiplican más de lo normal.
  • Se van acumulando poco a poco.

Esta acumulación ocupa espacio en la sangre y en la médula ósea y va desplazando a las células sanas. Con el tiempo, puede haber menos glóbulos rojos, menos plaquetas o menos defensas sanas.

También se acumulan en los ganglios linfáticos (los “bultitos” de las defensas que tenemos en el cuello, axilas, ingles), y a veces en el hígado y el bazo. Por eso algunas personas notan bultos o molestias en la parte alta del abdomen.

Todo este proceso suele ser lento, y eso tiene una parte buena: hay tiempo para estudiar bien la enfermedad y tomar decisiones de tratamiento con calma.

Factores de edad y otros aspectos que aumentan el riesgo

La edad avanzada es el principal factor de riesgo para la LLC. La mayoría de los casos aparecen después de los 60 años. No es una enfermedad de niños ni de adultos jóvenes.

Las causas exactas no se conocen. No hay una sola explicación. En general:

  • No se contagia.
  • No es culpa de la persona.
  • No siempre se relaciona con el tabaco, la dieta o el ejercicio.

En algunos casos se ha visto que tener familiares cercanos con LLC o con otros cánceres de la sangre puede subir un poco el riesgo. Esto apunta a ciertos factores genéticos, aunque no significa que, si un familiar la tiene, el resto deba desarrollarla sí o sí. Se trata más de una tendencia que de una ley fija.

Síntomas de la leucemia linfocítica crónica en adultos mayores y cómo se detecta

Una característica muy típica de la LLC es que, al principio, no da síntomas. Muchas personas se sienten bien y descubren la enfermedad por un análisis de sangre de rutina, por ejemplo al hacerse un control de colesterol, de azúcar o un chequeo preoperatorio.

Cuando el médico ve un número de linfocitos más alto de lo normal, pide más estudios y, a partir de ahí, se confirma o se descarta la LLC.

Con el tiempo, si la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas que afectan mucho a la vida diaria de una persona mayor.

Síntomas frecuentes que no se deben ignorar

Uno de los síntomas más frecuentes es el cansancio intenso. No se trata solo de sentirse un poco fatigado, sino de notar que actividades simples, como subir unas escaleras o hacer la compra, cuestan mucho más que antes.

También son frecuentes las infecciones repetidas, como resfriados, bronquitis o infecciones urinarias que vuelven una y otra vez. Esto ocurre porque las defensas no funcionan bien y el cuerpo tiene más dificultad para defenderse.

La fiebre sin causa clara, sobre todo si dura varios días, puede ser una señal de alarma. Lo mismo la sudoración nocturna intensa, que empapa el pijama o las sábanas y obliga a cambiarlos.

Otra señal importante es la pérdida de peso sin hacer dieta ni ejercicio especial. Muchas personas lo notan en la ropa, que empieza a quedar más suelta.

Los morados que aparecen con facilidad o los sangrados de encías o nariz que tardan en parar pueden indicar que hay menos plaquetas en la sangre.

También son típicos los ganglios inflamados. La persona puede notar bultos en el cuello, las axilas o las ingles, que no duelen pero están ahí de forma constante.

A veces aparece una sensación de llenura o dolor en la parte alta del abdomen, sobre todo en el lado izquierdo. Puede deberse a que el bazo o el hígado estén aumentados de tamaño por la acumulación de linfocitos.

Por qué muchas veces no hay síntomas al principio

La LLC suele ser una enfermedad lenta. El cuerpo se va adaptando a los cambios y la persona no siempre nota nada raro al principio. Puede seguir con su vida normal durante años.

Por eso los análisis de sangre regulares en adultos mayores son tan importantes. Aunque uno se sienta bien, es conveniente hacerse controles periódicos. Detectar la LLC en una fase temprana permite vigilarla de cerca y decidir el mejor momento para tratarla, si hace falta.

La detección temprana no siempre significa curar, pero sí ayuda a planificar y a reducir sorpresas desagradables.

Pruebas y estudios que confirman el diagnóstico

Cuando el médico sospecha una LLC, suele pedir:

  • Un hemograma completo, que muestra cuántos glóbulos rojos, blancos y plaquetas hay.
  • Un recuento detallado de linfocitos y pruebas para ver si son linfocitos B anormales.
  • Una exploración física para revisar ganglios linfáticos, hígado y bazo.

En algunos casos, el hematólogo puede pedir estudios de médula ósea para ver directamente cómo se están produciendo las células de la sangre. También puede solicitar pruebas de imagen, como ecografías o tomografías, para valorar ganglios y órganos internos.

El objetivo de todas estas pruebas es conocer bien la enfermedad, ver qué tan avanzada está y decidir el mejor plan de control y de tratamiento.

Tratamiento actual de la leucemia linfocítica crónica y esperanza de vida

No todas las personas con LLC necesitan tratamiento inmediato. En muchos casos, el médico opta por una estrategia de “mirar y esperar”, que se conoce como observación o vigilancia activa. Esto suena raro, pero es una forma responsable de cuidar al paciente sin darle medicación que todavía no necesita.

Cuando hace falta tratar, hoy existen opciones muy diferentes a las de hace unos años. Ya no todo se basa en quimioterapia fuerte. Hay terapias dirigidas en pastillas, inmunoterapia y combinaciones más suaves, que en general se toleran mejor en personas mayores.

Gracias a estos avances, la calidad de vida y la supervivencia han mejorado de forma clara. Muchas personas viven largos periodos con la enfermedad controlada, con pocos síntomas y una vida bastante activa.

Cuándo se trata la leucemia y cuándo se decide solo observar

La observación activa se usa cuando la persona no tiene síntomas importantes, los análisis están relativamente estables y la LLC avanza despacio. En ese caso, se hacen controles periódicos, con visitas al hematólogo y análisis de sangre cada cierto tiempo.

Se decide empezar tratamiento cuando aparecen síntomas intensos, como mucho cansancio, pérdida de peso o fiebre prolongada, o cuando los análisis muestran anemia, plaquetas muy bajas o un aumento rápido de los ganglios o del bazo.

La decisión de tratar o de observar se toma siempre entre el paciente, su familia y el hematólogo. Observar no significa “no hacer nada”. Significa cuidar, controlar, y elegir el mejor momento para actuar, sin adelantar efectos secundarios si todavía no hace falta.

Opciones de tratamiento actuales: de la quimioterapia a los fármacos dirigidos

Hoy se usan varias familias de tratamiento:

  • Quimioterapia clásica, en dosis más suaves y en casos seleccionados.
  • Terapias dirigidas, en forma de pastillas, que actúan sobre mecanismos concretos de las células enfermas y respetan en mayor medida a las sanas.
  • Inmunoterapia, con anticuerpos que ayudan al sistema inmune a reconocer y atacar a las células de LLC.
  • Trasplante de médula ósea, reservado para casos muy concretos y en personas que lo pueden tolerar.

Los médicos combinan estos tratamientos según la edad, el estado general y las características de la enfermedad. Los nuevos esquemas han mejorado la supervivencia y la calidad de vida, con menos efectos secundarios que hace unos años y con periodos sin tratamiento que pueden ser largos.

Vivir con leucemia linfocítica crónica: cuidados diarios y apoyo emocional

Vivir con LLC implica cuidar algunos aspectos del día a día:

  • Acudir a todos los controles con el hematólogo.
  • Tomar el tratamiento tal como se indica, sin saltar dosis.
  • Mantener una alimentación variada y suficiente, adaptada a la edad.
  • Reducir el riesgo de infecciones con buena higiene de manos y vacunas recomendadas por el médico.
  • Avisar de inmediato si aparecen fiebre, infecciones, sangrados o cambios llamativos.

El apoyo emocional es tan importante como las pastillas. Hablar con la familia, compartir miedos y dudas y, cuando sea posible, contactar con grupos de pacientes ayuda a sentirse menos solo.

Muchas personas mayores viven durante años con la LLC como si fuera una enfermedad crónica más, similar a la diabetes o la hipertensión, con su control regular y sus cuidados, pero con espacio para disfrutar de la vida cotidiana.

 

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Margarita Martinez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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Margarita Martinez

Margarita Martínez es enfermera y redactora apasionada por el bienestar. Escribe sobre temas de estilo de vida, adolescencia y salud, combinando su experiencia clínica con una mirada cercana y humana.