El video viral que muestra a un pulpo escapando de un acuario: ¿Inteligencia alienígena?

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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Un pulpo escapa de un acuario en un video que se hizo viral, disparando la pregunta: ¿es inteligencia alienígena? ¡Descubre este sorprendente acto!

Un pulpo sale de su tanque, cruza el suelo en plena noche y se mete por un desagüe hasta volver al mar. Suena a guion exagerado, pero Inky hizo algo muy parecido y por eso su historia no deja de circular en redes, reels y videos cortos que la cuentan como una fuga imposible.

La pregunta engancha rápido: ¿estamos viendo una clase de inteligencia casi alienígena o, más bien, una versión extrema de la inteligencia animal? El caso ocurrió de verdad en el Acuario Nacional de Nueva Zelanda, en Napier, y sigue llamando la atención porque junta tres cosas que internet adora, sorpresa, ciencia y un animal que parece pensar de lado, no como nosotros.

¿Quién era Inky y cómo logró salir del acuario?

Inky era un pulpo común (Octopus vulgaris). Había llegado al acuario en 2014, después de que lo rescataran de una trampa para langostas cerca de Pania Reef, a unos 500 metros del puerto de Napier. Según contó el entonces director, Rob Yarrall, el animal había aparecido en mal estado y se convirtió después en una de las atracciones del lugar.

La fuga ocurrió a principios de 2016 y no fue un rumor inventado para ganar visitas. Aquella noche hubo tareas rutinarias de mantenimiento y una tapa quedó entreabierta y ese pequeño descuido fue suficiente, Inky encontró una rendija en la cubierta de su tanque, empujó y pasó.

Luego vino la parte que parece imposible, el pulpo recorrió unos 2 metros por el suelo del acuario hasta llegar a un drenaje. Desde allí se deslizó por una tubería de unos 15 centímetros de diámetro y cerca de 50 metros de longitud. La salida desembocaba en la Bahía de Hawke, en el Pacífico.

Por la mañana, el tanque estaba cerrado, pero Inky ya no estaba. No hubo señales de robo ni de ataque, pero lo que sí encontraron los cuidadores fue un rastro de tinta, casi como si el propio fugitivo hubiera firmado su salida. También supieron que el otro pulpo del acuario, Blotchy, se había quedado en su sitio.

Eso explica por qué la historia pegó tan fuerte. No era un montaje, no era una leyenda urbana, era un animal de unos 30 centímetros, del tamaño aproximado de una pelota de rugby, que aprovechó una oportunidad mínima y tomó el camino correcto hacia el océano.

¿Por qué la inteligencia de los pulpos parece casi extraterrestre?

Cuando alguien ve la historia de Inky por primera vez, la palabra «alienígena» aparece sola, no porque el pulpo venga de otro planeta, claro, sino porque su manera de percibir y actuar no se parece mucho a la nuestra. Entre los invertebrados, los pulpos están en otra liga, tienen un sistema nervioso enorme para su grupo, con unos 500 millones de neuronas, y una buena parte de ellas no está en el cerebro central, sino repartida por los brazos.

Ese detalle cambia todo, un pulpo no mueve el cuerpo como lo haría un mamífero. Cada brazo puede procesar información y reaccionar con bastante autonomía mientras el animal decide una dirección general, por eso parecen improvisar y calcular al mismo tiempo. Mientras uno explora una superficie, otro tira, otro sostiene y otro prueba una salida.

Además, aprenden. En acuarios y laboratorios se les ha visto abrir frascos, levantar tapas, reconocer rutinas y escapar de recintos que parecían bien cerrados. También trepan, caminan fuera del agua durante breves períodos y usan estrategias simples que se parecen mucho a resolver problemas. Visto así, Inky no fue un mago, fue un pulpo haciendo lo que un pulpo listo puede hacer cuando detecta una opción real.

¿Qué explicó Roger Hanlon sobre la mente del pulpo?

Roger Hanlon, uno de los biólogos marinos más conocidos por su trabajo con cefalópodos, lleva años insistiendo en una idea incómoda para el orgullo humano. El pulpo no se mueve al azar, observa, prueba, recuerda y corrige muy rápido. En otras palabras, construye una representación útil de su entorno y actúa sobre ella.

Esa idea del «mapa mental» no tiene nada de místico, significa que el animal identifica aberturas, distancias, texturas y obstáculos, y después toma decisiones en segundos. Si una salida no funciona, prueba otra, si una tapa cede, insiste, si encuentra agua circulando hacia el exterior, sigue esa pista.

La conducta de Inky encaja bastante bien con ese patrón. Esperó a la noche, detectó una falla, avanzó hacia un drenaje y eligió la única ruta que podía devolverlo al mar. No hace falta imaginar un cerebro extraterrestre para verlo como un acto de inteligencia.

¿Qué hace tan especial al cuerpo del pulpo para escapar?

La otra mitad del misterio está en el cuerpo, un pulpo no tiene huesos, su única parte dura es el pico. Si el pico pasa, casi todo el resto puede pasar también. Esa flexibilidad convierte ranuras ridículas en puertas de salida.

Sus ventosas ayudan mucho más de lo que parece, no solo se pegan; también exploran. Tienen una sensibilidad química y táctil finísima, así que el pulpo «lee» las superficies mientras avanza. Sabe dónde agarrarse, dónde empujar y dónde resbalar con menos riesgo.

A eso se suma el control semiindependiente de los brazos, no hace falta una orden central para cada gesto pequeño. El cuerpo entero colabora, por eso un pulpo puede adherirse a una pared, torcerse, comprimirse y cambiar de forma en un espacio mínimo. La fuga de Inky parece una escena de ciencia ficción, pero su anatomía la vuelve bastante menos fantástica.

¿Por qué el video se volvió viral y qué nos enseña sobre cómo pensamos a los animales?

La historia explotó porque activa emociones mezcladas, hay admiración porque el escape parece brillante, hay un toque de miedo, porque a muchos les inquieta un animal capaz de abrir, empujar y elegir rutas y también hay humor, porque internet disfruta las fugas imposibles casi como si fueran un robo elegante.

Medios como BBC Mundo, EL PAÍS, La Vanguardia y LA Times ayudaron a convertir a Inky en un personaje global. El relato tenía todo para viajar rápido: un nombre fácil de recordar, una secuencia visual clarísima y una salida perfecta, del tanque al mar. Aunque mucha gente llegó a la historia por un «video del escape», conviene separar una cosa de otra. El caso real está documentado; lo que circula hoy muchas veces mezcla imágenes de archivo, recreaciones, clips de otros pulpos y, más recientemente, piezas alteradas o generadas con IA.

Esa confusión no es menor. Cuando un video parece demasiado pulido o muestra ángulos imposibles, el problema no es solo técnico, también cambia lo que creemos sobre el animal. Un montaje puede volverlo monstruo, superhéroe o meme. La historia real, en cambio, ya es suficiente, no necesita trucos.

Quizá por eso Inky sigue apareciendo una y otra vez en redes, un solo caso obligó a mucha gente a mirar a un pulpo con otros ojos. Ya no como una criatura blanda, rara y lejana, sino como un ser que observa, decide y actúa con una eficacia que todavía nos descoloca.

Un misterio muy terrestre

Inky no era un visitante de otro planeta, era un animal con un cerebro extraño para nuestros estándares, un cuerpo casi imposible y una oportunidad abierta durante la noche. Esa combinación bastó para convertir una fuga real en una de las historias más memorables sobre inteligencia animal de los últimos años.

Por eso sigue fascinando, no porque necesitemos inventarle poderes, sino porque cuesta aceptar que algo tan distinto a nosotros pueda pensar tan bien. A veces lo más raro del océano no es lo desconocido, sino lo conocido que aún no entendemos del todo.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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