Dos personas pueden acostarse a la misma hora, una se duerme en pocos minutos y despierta descansada, la otra mira el techo, aplaza la alarma tres veces y arrastra cansancio durante el día.
Entonces surge la pregunta: ¿por qué algunos duermen mejor que otros? La respuesta no cabe en un único gen ni en la frase «necesitas ocho horas». El ADN puede influir en el reloj interno, el horario natural de sueño y, en casos raros, en la cantidad de descanso que alguien necesita.
Aun así, los genes no dictan toda la historia. La luz, el estrés, la edad, la salud y la rutina diaria también mueven las agujas de ese reloj.
¿Por qué algunos duermen mejor que otros? El reloj interno tiene parte de la respuesta
Dormir depende de dos fuerzas que trabajan a la vez. La primera es la presión de sueño, que aumenta cuanto más tiempo llevas despierto. La segunda es el ritmo circadiano, un sistema de unas 24 horas que indica cuándo conviene estar alerta y cuándo bajar el ritmo.
Por eso alguien puede estar agotado después de una mala noche y, aun así, sentir un segundo impulso de energía a las diez. Su reloj biológico todavía no ha enviado una señal fuerte de descanso.
La explicación de por qué algunos duermen mejor que otros incluye ese reloj personal. Sin embargo, no convierte la genética en destino. Una habitación calurosa, turnos laborales cambiantes o una preocupación persistente pueden estropear el sueño de cualquier persona.
También conviene separar dos situaciones. Hay quienes duermen poco porque su biología parece requerir menos horas, otras personas duermen poco porque no logran conciliar el sueño, se despiertan repetidamente o no tienen tiempo suficiente. Son experiencias muy distintas.
Ser mañanero o noctámbulo no depende solo de la voluntad
El cronotipo describe la tendencia natural a dormir y despertar antes o después. Algunas personas sienten sueño temprano y se activan al amanecer, otras producen melatonina más tarde, por lo que su mejor momento llega entrada la mañana o por la noche.
La edad modifica parte de este patrón, la adolescencia suele desplazar el sueño hacia horas más tardías, mientras que muchas personas mayores se despiertan antes, por eso exigir el mismo horario a todos puede ser poco realista.
Para un noctámbulo marcado, empezar cada día antes de amanecer puede sentirse como vivir con desfase horario permanente. Cuando el retraso es intenso, afecta la vida diaria y persiste en el tiempo, puede relacionarse con el trastorno de fase retrasada del sueño, no basta con reconocerse en una descripción para asumir un diagnóstico.
CLOCK, BMAL1, PER y CRY ajustan las horas de sueño
Genes como CLOCK, BMAL1, PER y CRY forman parte de un circuito de retroalimentación. Algunas proteínas activan genes y otras frenan esa actividad. El ciclo se repite cerca de cada 24 horas y ayuda a regular la somnolencia, el despertar y la liberación de melatonina.
No son botones de «buen sueño» o «mal sueño», forman una red compleja que responde además a la luz y a los horarios. Los trabajos sobre este mecanismo recibieron el Nobel de Medicina de 2017, otorgado a Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young por sus descubrimientos sobre el control molecular del ritmo circadiano.
El descubrimiento genético que cuestiona las ocho horas
La idea de que todos necesitan exactamente ocho horas es cómoda, pero demasiado rígida. La mayoría de los adultos necesita al menos siete horas de sueño regular, según los rangos generales de salud. Sin embargo, existen personas con sueño corto natural que descansan menos tiempo sin los signos habituales de privación.
No se trata de gente que presume de dormir cuatro horas mientras vive con café. En los casos estudiados, las personas se levantan con energía y no muestran el deterioro típico en atención, memoria o estado de ánimo.
Estas variantes son raras y no ofrecen una licencia para recortar el descanso. El insomnio, por contraste, aparece cuando alguien quiere dormir y no puede hacerlo bien, o duerme sin recuperarse. Confundir ambas situaciones puede hacer que se normalice un problema que merece atención.
La variante CRY1 puede retrasar el reloj interno
En 2017, un equipo de la Universidad Rockefeller publicó en Cell una variante de CRY1, llamada c.1657+3A>C, relacionada con el retraso de fase del sueño. La proteína resultante ejerce una represión mayor sobre genes del reloj y alarga el período circadiano.
En la práctica, sus portadores pueden sentir sueño entre dos y dos horas y media más tarde que otras personas. Levantarse temprano les cuesta porque su reloj aún funciona en horario nocturno.
Tener dificultades para madrugar no prueba que exista una variante genética, tampoco hay una prueba casera que permita explicar cualquier problema de sueño con el ADN.
Una mutación rara puede cambiar cuánto sueño necesita una persona
El sueño corto natural se ha vinculado con variantes en genes como DEC2, ADRB1, NPSR1, GRM1 y SIK3. En 2025, investigadores describieron una mutación observada en una madre y su hija asociada con este rasgo, sumando evidencia sobre cómo el cerebro regula la necesidad de dormir.
Estos hallazgos abren preguntas valiosas, pero no permiten fabricar tratamientos para dormir menos. Tampoco fijan una cantidad ideal universal. Cada familia estudiada aporta una pieza, no una receta.
Dormir pocas horas sin cansancio es un fenotipo raro y estudiado, no una habilidad que pueda entrenarse reduciendo el tiempo en la cama.
¿Qué hacer cuando el sueño no encaja con tu horario?
Entender por qué algunos duermen mejor que otros puede aliviar cierta culpa. Si tu cronotipo tiende a ser tardío, quizá te convenga recibir luz natural temprano y reducir la luz intensa durante la noche. La regularidad también ayuda, incluso los fines de semana.
El uso nocturno de pantallas, la cafeína a última hora, el ruido, la ansiedad y una habitación demasiado cálida pueden empujar el descanso en la dirección equivocada. Por otro lado, una rutina impecable no siempre resuelve una alteración circadiana o una enfermedad del sueño.
Los ronquidos fuertes, las pausas al respirar, la somnolencia diurna intensa, el insomnio persistente o un cambio repentino en el patrón de sueño merecen consulta médica. Dormir mejor no consiste en copiar a quien parece rendir con poco descanso.
Una conclusión menos rígida sobre el descanso
La genética confirma que el sueño es más individual de lo que parecía, aunque no nos encierra en una sentencia. Las variantes raras explican casos concretos; para la mayoría, el descanso nace de la mezcla entre biología, hábitos y circunstancias.
En vez de juzgar al mañanero, al noctámbulo o a quien necesita más horas, conviene escuchar el propio reloj interno.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.
