Síntomas cervicales: ¿Cuáles son los más comunes?

El llamado cervical, también conocido como cervicalgia, es un trastorno musculoesquelético que afecta a la región cervical de la columna vertebral, también conocida como columna vertebral cervical. Esta sección de la columna vertebral consta de siete vértebras y representa el eje de apoyo del cuello y la cabeza. El dolor cervical afecta a todas las estructuras del cuello: articulaciones, músculos y nervios.

Los síntomas del dolor cervical son dolor de cuello acompañado de rigidez y dificultad para girar y mover la cabeza. El dolor puede irradiarse a los hombros, a las extremidades superiores y a veces incluso a la mano y puede aparecer hormigueo y entumecimiento en las extremidades afectadas (síndrome cérvico-braquial).

A veces la cervicalgia va acompañada de un intenso dolor de cabeza caracterizado por un dolor opresivo y constante que comienza en la nuca y se extiende a los lados del cráneo y la frente.

En algunos casos, el dolor puede estar asociado con náuseas, mareos, trastornos visuales, zumbidos en los oídos, fiebre y molestias generalizadas.

Causas de las vértebras cervicales

La postura incorrecta, por ejemplo, debido a la tecnología, es la causa más frecuente de dolor cervical, pero ciertamente no la única. Otros factores que contribuyen a la aparición de esta molesta enfermedad son: resfriados, artrosis articular, hernia cervical, artritis reumatoide, maloclusión dental, trauma (latigazo cervical, tensión excesiva) y sedentarismo.

Entre las causas de la cervicalgia también se encuentra el estrés, que lleva a contraer los músculos a nivel de los hombros y del cuello repetidamente, desencadenando mecanismos

inflamatorios y dolor. Otros factores predisponentes son las anomalías en la curvatura de la columna vertebral, como la escoliosis, la cifosis dorsal y la lordosis lumbar.

Cervical: remedios naturales

El tratamiento del cuello uterino varía dependiendo de la causa. Si la causa es postural, la primera solución es corregir la postura manteniendo la espalda en posición neutra, con los omóplatos retraídos, evitando pasar horas al día con la cabeza doblada.

También es posible restaurar la elasticidad de las vértebras cervicales y aflojar los músculos del cuello haciendo rotaciones lentas de la cabeza hacia la derecha e izquierda, manteniendo la espalda recta contra el respaldo de la silla.

Si hay artrosis cervical aguas arriba, la fisioterapia y los ejercicios posturales se encuentran entre las soluciones. Si el dolor se debe a un traumatismo, se deben aplicar compresas frías en la región cervical. Para aliviar los síntomas de la cervicalgia también es posible intervenir con suaves masajes en el cuello. Por ejemplo, la manipulación cráneo-sacral es muy efectiva, un masaje holístico que se practica manipulando suavemente los huesos del cráneo y la columna vertebral.

El cuello uterino también se combate con medicina natural. De hecho, hay plantas que pueden inhibir la síntesis de prostaglandinas sin dañar la mucosa gástrica. Estos remedios pueden ser usados tópicamente, en forma de aceite, gel o ungüento, o sistémicamente, en forma de tinturas madre, extractos secos o gránulos homeopáticos.

El árnica, por ejemplo, es rica en terpenos que le confieren fuertes propiedades antiinflamatorias y analgésicas.

La garra del diablo es también un eficaz analgésico natural y la espirea, antepasada de la aspirina, es una fuente suprema de ácido salicílico, por lo que tiene una potente acción antiinflamatoria. Por último, los aceites esenciales de lavanda y lila, masajeados en los puntos doloridos, son una panacea para el cuello del útero porque alivian la inflamación y relajan los músculos, facilitando la adopción de una postura correcta y mejorando la movilidad de las articulaciones.