El descubrimiento que desafía todo lo que sabemos sobre la memoria

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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Un estudio de 25 años sobre cerebros que envejecen sin perder capacidad cognitiva pistas reales para una mente joven
Un impactante descubrimiento científico sobre la memoria desafía creencias previas. Conoce cómo este avance abre puertas a nuevas terapias neurológicas.

¿Qué ocurre de verdad cuando recuerdas el patio de tu escuela, una conversación antigua o el miedo de una noche difícil? La escena parece regresar intacta, pero tu cerebro no abre un archivo sellado, vuelve a armar una versión de esa experiencia desde el presente.

El descubrimiento que desafía todo lo que sabemos sobre la memoria apareció en Neuron el 5 de febrero de 2025. El estudio sugiere que, al recuperar un recuerdo remoto, el cerebro puede crear parte de una nueva huella neuronal, esa idea obliga a mirar la memoria con menos rigidez y más curiosidad.

La memoria no guarda el pasado, lo vuelve a construir

El artículo Reconstructing a new hippocampal engram for systems reconsolidation siguió recuerdos en ratones durante su formación, recuperación y actualización. El equipo usó una herramienta de etiquetado de triple evento e imágenes de dos fotones para observar qué células participaban en cada momento.

Los resultados muestran algo llamativo, cuando los animales recordaban una experiencia remota, el hipocampo no se limitaba a reactivar el engrama original, la red de células asociada con esa memoria. También reclutaba un nuevo grupo de neuronas.

Ese nuevo engrama incorporaba el contexto reciente y lo conectaba con la carga emocional del recuerdo antiguo. La corteza prefrontal medial y la amígdala participaban en esa coordinación. Además, la neurogénesis adulta del hipocampo ayudaba a silenciar parte de la huella inicial, dejando espacio para la nueva red.

La reconsolidación puede reescribir un recuerdo antiguo

La reconsolidación ocurre cuando activas un recuerdo y, durante un breve periodo, este queda más flexible antes de almacenarse otra vez. No desaparece sin más, puede conservar su núcleo y, al mismo tiempo, aceptar información nueva.

Piensa en una casa de la infancia que vuelves a visitar décadas después. Sigues recordando el pasillo, cierta ventana y el olor de la cocina. Sin embargo, ahora también añades una puerta nueva, el ruido de una avenida cercana o el aspecto envejecido del jardín.

Reconstruir un recuerdo no significa inventarlo de manera consciente, significa que recordar es una acción, no una reproducción perfecta. La mente completa, ajusta y relaciona detalles cada vez que vuelve al pasado.

¿Por qué el engrama ya no parece una huella fija?

Un trabajo de 2024 en Nature Neuroscience ya había cuestionado la idea de un engrama inmóvil. En ratones, las neuronas del giro dentado podían entrar o salir de la red de memoria durante la consolidación.

La actividad inhibitoria ayudaba a que el recuerdo se volviera más selectivo. Con el tiempo, el cerebro separaba mejor una experiencia relevante de otras parecidas, por eso, un recuerdo parece menos un documento guardado en una sola carpeta y más una red que cambia de composición sin perder toda continuidad.

La memoria se construye con un ecosistema de células

Las neuronas siguen siendo centrales, pero ya no llenan solas la escena. El cerebro funciona mediante conversaciones químicas y eléctricas entre células distintas. Los estudios recientes sobre engramas amplían esa imagen.

Aun así, conviene mantener los pies en el suelo. Gran parte de esta evidencia procede de ratones y de experimentos que permiten etiquetar o manipular células con una precisión imposible en la memoria autobiográfica humana.

Un cambio observado en un circuito de ratón no demuestra que cada recuerdo humano se reconstruya con el mismo mecanismo.

Los astrocitos también ayudan a recuperar recuerdos

En noviembre de 2024, Nature publicó Learning-associated astrocyte ensembles regulate memory recall. El estudio identificó en ratones grupos de astrocitos del hipocampo activados tras el aprendizaje.

Los astrocitos no reemplazan a las neuronas. Durante mucho tiempo se los trató como células de apoyo, aunque también regulan el entorno de las sinapsis y la actividad de los circuitos. En este trabajo, los astrocitos asociados al aprendizaje estaban cerca de neuronas del engrama.

Al reactivar esos conjuntos gliales, los investigadores estimularon la expresión del recuerdo. Cuando alteraron el factor NFI-A en esa población, el recuerdo se debilitó. La memoria, por tanto, parece depender de un ecosistema celular más amplio de lo que sugería el modelo clásico.

El sistema inmunitario abre una nueva frontera

Las investigaciones sobre neuroinmunidad y memoria avanzan con cautela. Las señales inmunitarias, la inflamación y el estado general del cuerpo pueden afectar la plasticidad cerebral. Sin embargo, todavía falta una explicación unificada que conecte esos procesos con recuerdos concretos.

Las revisiones recientes sobre plasticidad mediada por astrocitos plantean que la glía puede vincular señales corporales, eficacia sináptica y estabilidad de las trazas de memoria. Es una hipótesis prometedora, aunque no autoriza a convertir cualquier cambio inmunitario en una explicación de los recuerdos humanos.

La distancia entre observar una molécula en un modelo animal y explicar una memoria personal sigue siendo enorme. Esa diferencia importa, sobre todo cuando se habla de trauma, duelo o identidad.

¿Qué cambia este hallazgo y cuáles son sus límites?

El descubrimiento que desafía todo lo que sabemos sobre la memoria no destruye décadas de neurociencia. Más bien amplía el modelo. Un recuerdo remoto puede conservar conexiones con su huella inicial mientras recluta células nuevas para actualizarse.

Esta flexibilidad ayuda a aprender, también permite adaptar decisiones a un contexto que ya no es el mismo. Un niño que sufrió un accidente puede recordar el hecho de otra manera después de años de experiencias seguras, aunque eso no borra necesariamente lo ocurrido.

No existen todavía terapias directas basadas en este mecanismo para personas con trauma o trastornos de ansiedad. El estudio de Neuron describe circuitos observados en ratones, no una receta clínica. Tampoco demuestra que todos los recuerdos humanos usen un nuevo engrama cada vez que vuelven a la conciencia.

Una memoria flexible puede ayudarnos y engañarnos

La flexibilidad tiene un precio, la emoción del momento, la información recibida después y el lugar donde recuerdas pueden cambiar qué detalles ganan fuerza. Por eso dos personas pueden contar versiones distintas de una misma reunión sin que ninguna esté mintiendo.

El nuevo engrama hallado en ratones ofrece una posible base biológica para entender ese fenómeno. No convierte la memoria en una ficción completa, pero sí explica por qué puede ser incompleta, selectiva y vulnerable a distorsiones.

Una mirada más amplia sobre lo que recordamos

Cada recuerdo mantiene un hilo con lo vivido, aunque ese hilo no permanece inmóvil. Al volver a una experiencia, el cerebro parece trabajar con material antiguo y señales nuevas. La neurogénesis, los engramas dinámicos y los astrocitos abren preguntas que hace pocos años parecían lejanas.

La memoria sigue siendo nuestra conexión con el pasado, pero ahora sabemos que esa conexión también cambia un poco cada vez que la tocamos.

Lina Rodríguez Fernandez

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