El increíble descubrimiento de cómo las plantas hablan entre sí

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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El increíble descubrimiento de cómo las plantas hablan entre sí
Descubre el asombroso secreto de cómo las plantas se comunican entre sí. Este hallazgo revolucionario cambiará tu visión del mundo natural.

Una oruga muerde una hoja y, poco después, la planta libera sustancias al aire. Las plantas cercanas no oyen ningún grito, pero detectan ese cambio químico y pueden ajustar sus defensas antes de sufrir daño.

Ese fenómeno ha cambiado la forma de entender un jardín o un bosque. Cómo las plantas hablan entre sí no describe un idioma humano, sino respuestas a señales que viajan por el aire, las raíces y, en ciertos casos, las redes de hongos del suelo.

¿Cómo las plantas hablan entre sí mediante señales químicas?

Cuando una planta sufre herbivoría, sequía o una infección, puede emitir compuestos orgánicos volátiles, conocidos como VOCs. Estas moléculas flotan por el aire y forman una mezcla cuya composición cambia según la especie y el tipo de amenaza.

Las hojas de una planta vecina pueden percibir parte de esa mezcla, entonces activan genes defensivos, producen sustancias desagradables para insectos o quedan preparadas para reaccionar con más velocidad. Sin embargo, la distancia, el viento, la humedad y la concentración química cambian el resultado.

Conviene usar las palabras con cuidado, una señal que provoca una respuesta no prueba que la planta quiera «avisar» a otra. A veces, la emisión puede ser un subproducto del daño, y la planta cercana aprovecha esa información.

Artemisa y tabaco, dos casos que abrieron camino

Un estudio publicado en 2006 por Richard Karban y sus colegas observó este proceso entre la artemisa de tres puntas (Artemisia tridentata) y el tabaco silvestre (Nicotiana attenuata). Los tabacos plantados cerca de artemisas dañadas mostraron menos herbivoría que aquellos situados junto a artemisas intactas.

La exposición previa no convirtió al tabaco en una fortaleza inexpugnable, lo dejó en estado de preparación defensiva, o priming. Es parecido a dejar lista una mochila antes de una tormenta: cuando llega el problema, la respuesta tarda menos.

En el experimento, las plantas expuestas aceleraron la producción de inhibidores de proteasas tras el ataque de larvas de Manduca sexta. La investigación puede consultarse en PubMed, y sigue siendo una referencia para estudiar las señales aéreas entre especies.

Las raíces también intercambian señales bajo tierra

Bajo la superficie hay una zona activa alrededor de las raíces llamada rizosfera. Allí conviven bacterias, hongos, pequeños animales y sustancias liberadas por las plantas, no es tierra inerte, aunque a simple vista lo parezca.

Las raíces expulsan azúcares, aminoácidos y otros exudados, esos compuestos alimentan microorganismos, modifican el suelo e influyen en el crecimiento de plantas vecinas. Algunas señales volátiles también se desplazan bajo tierra, donde las condiciones son muy distintas a las del aire.

Además, muchas especies forman asociaciones con hongos micorrízicos. Las hifas de estos hongos pueden conectar raíces de varias plantas y formar redes micorrízicas comunes. Tales conexiones existen, pero no equivalen automáticamente a una red universal que beneficie por igual a todos sus integrantes.

¿Qué ocurre dentro de una red micorrízica común?

Los hongos micorrízicos ayudan a las plantas a absorber nutrientes y agua, a cambio, reciben carbono producido en la fotosíntesis. La relación también puede afectar hormonas, enzimas y compuestos defensivos.

En 2010, Song y colaboradores conectaron plantas de tomate mediante el hongo Glomus mosseae. Después infectaron una planta donante con Alternaria solani, causante del tizón temprano. Los tomates receptores conectados mostraron más resistencia y mayor actividad de enzimas relacionadas con la defensa, como peroxidasa, quitinasa y lipoxigenasa.

Otro trabajo, liderado por Z. Babikova en 2013, estudió habas (Vicia faba) atacadas por áfidos. Las plantas vecinas conectadas por una red micorrízica emitieron compuestos que repelían pulgones y atraían a sus parasitoides. Son resultados sugerentes, aunque cada sistema exige pruebas propias.

Lo que sabemos y lo que aún se debate

Las pruebas más firmes muestran que las plantas perciben sustancias químicas de otras plantas y cambian su fisiología. Esto ocurre tanto sobre el suelo como bajo él, las señales pueden activar defensas, alterar el crecimiento o modificar la relación con insectos y microbios.

La parte difícil llega al interpretar el propósito evolutivo, una molécula liberada por una planta estresada puede ayudar a otra, pero quizá no evolucionó para ayudarla. La vecina puede estar detectando una pista ambiental y aprovechándola para su propio beneficio.

También se estudia si los jasmonatos, compuestos vinculados a la defensa, viajan a través de redes micorrízicas, pero ese mecanismo aún no está resuelto. El contacto entre raíces, la difusión por el suelo y la actividad de microbios pueden explicar parte de las respuestas observadas.

Del «wood wide web» a una mirada más prudente

La expresión «wood wide web» popularizó la idea de que los árboles están conectados por hongos, en parte gracias al trabajo divulgativo de Suzanne Simard. La imagen es potente y ayudó a despertar interés por la ecología subterránea.

Sin embargo, investigadoras como Justine Karst han pedido más cautela. Dan Bebber también ha cuestionado afirmaciones amplias sobre árboles adultos que alimentan a sus descendientes o envían advertencias claras a través del bosque. Las redes fúngicas no son una fantasía, pero su alcance, dirección y efecto cambian según la especie, el hongo y el ambiente.

Una señal no siempre es una conversación

Llamar comunicación a estos procesos puede resultar útil si se mantiene el sentido científico. Las plantas detectan cambios químicos, integran esa información con luz, agua y nutrientes, y ajustan su respuesta, eso ya es asombroso sin atribuirles intenciones humanas.

Las investigaciones sobre cómo las plantas hablan entre sí ganan fuerza cuando comparan plantas conectadas y no conectadas, controlan microbios y miden respuestas concretas. El suelo guarda muchas rutas posibles, y separar una de otra requiere paciencia experimental.

Una mirada distinta al jardín

La planta atacada del principio no pronuncia una alarma. Aun así, sus moléculas pueden dejar una huella en el aire o bajo el suelo, y otra planta puede reaccionar ante ella.

Mirar un bosque con esta idea en mente cambia la escena. Entre raíces, hongos, hojas e insectos hay intercambios químicos constantes, una conversación sin palabras que la ciencia todavía está aprendiendo a interpretar.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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