¿Se pierde en lugares conocidos? Quizá sufre de dispraxia y no lo sabe. Conoce los síntomas

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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persona perdida

¿Te has preguntado cómo alguien puede desorientarse en su propia calle? La confesión de Audrey Fleurot llamó la atención por eso mismo. No hablaba de un despiste cualquiera, sino de una dificultad real que puede alterar la coordinación y la forma de ubicarse en el espacio.

La dispraxia, llamada dyspraxie en francés, es un trastorno del neurodesarrollo. Puede volver más difíciles gestos simples, pero también complica rutas que parecían automáticas y cuando por fin tiene nombre, muchas piezas encajan.

¿Qué es la dispraxia y por qué puede afectar la orientación espacial?

Para entenderla, conviene salir de la idea del «torpe». La dispraxia afecta la planificación del movimiento, el cerebro sabe lo que quiere hacer, pero le cuesta ordenar la secuencia. Eso puede notarse al escribir, al abotonarse una camisa o al calcular cómo mover el cuerpo en un espacio pequeño. El gesto está en la cabeza, pero llevarlo a la práctica no sale fluido.

También puede tocar la orientación espacial, algunas personas con dispraxia tienen dificultades visoespaciales. Les cuesta medir distancias, ubicar referencias o distinguir bien derecha e izquierda, por eso perderse en un barrio conocido no siempre nace de la distracción; a veces el problema está en cómo el cerebro organiza el mapa del entorno.

La dificultad no está en ver, sino en organizar lo que el cerebro hace con lo que ve

La persona puede ver una calle, un coche o una puerta con total normalidad, el problema aparece al usar esa información. No siempre resulta fácil calcular si el giro correcto era el anterior, si hay espacio suficiente para pasar o si esa esquina ya se había cruzado hace un minuto.

En la vida diaria, eso se nota mucho. Puedes reconocer una ruta y, aun así, dudar de golpe, también puede pasar que entres en la calle equivocada, confundas las salidas de un parking o tardes más en leer el espacio alrededor. Incluso un recorrido corto puede sentirse cambiante si faltan puntos de referencia claros. La vista funciona, pero la organización espacial falla y eso agota.

¿Por qué la dispraxia no es falta de atención ni despiste?

Por eso la dispraxia no debería confundirse con pereza ni con simple despiste, es una condición neurológica que suele acompañar a la persona desde la infancia, aunque a veces el nombre llega tarde. Hay días mejores y peores, claro, pero la base sigue ahí.

Además, no todos los casos se parecen. En una persona pesa más la torpeza fina, en otra, el equilibrio y en otra, la orientación. Esa variedad explica por qué mucha gente pasa años sin entender qué le ocurre y por qué a menudo escucha juicios injustos.

Los síntomas de la dispraxia de Audrey Fleurot que más llaman la atención

En el caso de Audrey Fleurot, lo que más impactó fue lo concreto de su relato. En declaraciones recogidas en Francia en junio de 2026, la actriz contó que puede perderse en su propia calle y que necesita varios huecos libres para aparcar. Esa imagen dice mucho, porque baja la dispraxia a la vida real.

Sus dificultades encajan con síntomas conocidos del trastorno. La dispraxia puede afectar la coordinación motora, el equilibrio, la escritura, el manejo de objetos pequeños y la planificación de movimientos. También puede aparecer en tareas que mezclan cuerpo, espacio y tiempo, como conducir, orientarse o reaccionar rápido dentro de un entorno cambiante.

Cuando lo cotidiano se vuelve más difícil: atarse los zapatos, escribir o conducir

Cuando la coordinación falla, tareas pequeñas dejan de ser tan pequeñas. Atarse los zapatos puede exigir más tiempo, escribir a mano puede cansar antes, manipular objetos pequeños, como un cierre, unas llaves o una aguja, pide más concentración de la normal.

Conducir también puede volverse tenso, la razón no suele ser desconocer las normas, el problema es que calcular distancias, trayectorias y maniobras demanda un esfuerzo extra. Fleurot llegó a decir que es muy mala para aparcar en paralelo y que necesita tres espacios para hacerlo. Ese detalle, casi doméstico, ayuda a ver el problema sin adornos.

Algo parecido ocurre con el cuerpo en movimiento, a veces cuesta copiar un gesto, ajustar la fuerza o encadenar pasos. Entonces aparecen tropiezos, choques con muebles, mala letra o una sensación rara al usar tijeras y cubiertos. Son cosas comunes, sí, pero no se viven de forma común.

Señales menos visibles que también pueden aparecer

Hay señales menos evidentes y también pesan: organizar el día puede costar más, calcular cuánto tiempo llevará una tarea, aprender una secuencia nueva o cambiar de plan sin bloquearse no siempre sale fácil. Por eso algunas personas evitan conducir, improvisar o moverse por sitios muy cargados.

Con los años, mucha gente desarrolla frustración, algunas personas también presentan TDAH, dislexia o ansiedad, porque estos cuadros pueden convivir. No significa que siempre ocurra, pero sí ayuda a entender por qué la dispraxia no se limita a «ser torpe», a veces afecta la autoestima tanto como las manos.

¿Qué dijo Audrey Fleurot y por qué su testimonio importa tanto?

Que una figura conocida lo cuente tiene valor. Audrey Fleurot no habló solo de un rasgo curioso, puso nombre a una experiencia que mucha gente arrastra en silencio, con vergüenza y con la idea de que algo hace mal. Cuando alguien famoso describe lo mismo que tú has sentido, el alivio puede ser enorme.

Muchos adultos descubren el término tarde, después de años de compensar y disimular. Además, su testimonio rompe una idea muy instalada. Si una actriz admirada, con una carrera sólida, puede vivir con dispraxia, entonces este trastorno no define la inteligencia ni el talento. Lo que marca es una manera distinta, y a veces más difícil, de coordinar el cuerpo y leer el espacio.

El diagnóstico puede traer alivio, no solo preguntas

El diagnóstico no borra la infancia ni arregla cada dificultad, pero cambia el relato personal. Muchas personas dejan de verse como raras, desordenadas o incapaces. Empiezan a entender por qué ciertas tareas siempre les costaron el doble.

Y con esa comprensión llegan estrategias útiles. Hay quien necesita más tiempo para aprender movimientos nuevos, otra persona usa referencias visuales más claras, rutinas fijas o apoyo en terapia ocupacional. Saber qué pasa no resuelve todo, pero quita culpa. A veces eso ya mueve una montaña.

Entenderlo cambia la mirada

Perderse en una calle conocida puede parecer un detalle menor. En algunos casos, como el de Audrey Fleurot, abre la puerta a entender la dispraxia con más verdad y menos prejuicio.

Cuando la orientación, la coordinación o las tareas simples cuestan desde hace años, mirar más allá del despiste tiene sentido. Ponerle nombre no encierra a nadie. Muchas veces, por fin, lo libera.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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