La imagen misteriosa que ha conmocionado a científicos: ¿existe vida en este planeta?

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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¿Hay vida en otros planetas? Una imagen misteriosa de un exoplaneta ha conmocionado a científicos. Descubre qué investiga la NASA.

Una lectura del telescopio espacial James Webb provocó titulares que parecían sacados de una película: ¿existe vida en este planeta? La emoción tiene un motivo real, aunque la imagen difundida no muestra criaturas, ciudades ni la superficie de un mundo distante.

Lo que se observó fue un espectro, una huella de luz filtrada por la atmósfera de K2-18 b, un exoplaneta situado a unos 124 años luz. Allí aparecieron señales compatibles con dimetilsulfuro (DMS) y dimetil disulfuro (DMDS), dos compuestos asociados en la Tierra a actividad biológica. La evidencia, sin embargo, sigue siendo provisional.

La imagen misteriosa que ha conmocionado a científicos: ¿existe vida en este planeta?

En abril de 2025, un equipo de la Universidad de Cambridge dirigido por el astrónomo Nikku Madhusudhan presentó nuevas observaciones de K2-18 b obtenidas con el instrumento MIRI del James Webb. El análisis sugirió la presencia de DMS, DMDS o ambos gases en su atmósfera, con una significación cercana a 3 sigma.

La llamada imagen misteriosa no es una fotografía convencional, es una representación de un espectro: el Webb mide pequeñas variaciones en la luz de la estrella cuando el planeta pasa por delante. Cada molécula absorbe longitudes de onda concretas, como si dejara marcas en un cristal iluminado.

K2-18 b gira alrededor de una estrella enana roja y está dentro de su zona habitable, ese dato explica parte del revuelo, pero no resuelve nada por sí solo. La zona habitable solo indica que, bajo ciertas condiciones, podría haber agua líquida, pero no confirma océanos, clima estable ni organismos.

Observaciones anteriores del Webb ya habían detectado metano y dióxido de carbono en su atmósfera. También abrieron la puerta a una composición compatible con agua, aunque sin demostrarla de forma directa. La posible incorporación de compuestos de azufre convirtió a este planeta en un caso especialmente llamativo.

DMS y DMDS: moléculas que invitan a mirar dos veces

En la Tierra, el dimetilsulfuro se relaciona sobre todo con seres vivos marinos, en especial con microorganismos del océano. El dimetil disulfuro también puede surgir de procesos biológicos, por eso ambos compuestos se consideran posibles biosignaturas.

Pero una biosignatura no equivale a vida confirmada, es una pista química que requiere contexto. Encontrar una huella de DMS en un espectro lejano se parece más a oler humo a kilómetros de distancia que a ver el fuego.

La combinación propuesta por Cambridge, DMS o DMDS junto a metano, dióxido de carbono y temperaturas potencialmente compatibles con agua líquida, hizo que K2-18 b pareciera un candidato inusual. Aun así, la señal es débil y depende de modelos que interpretan una atmósfera que nadie puede visitar ni muestrear.

Un planeta que quizá no se parece a la Tierra

K2-18 b es una supertierra, más grande y más masiva que nuestro planeta, su naturaleza exacta sigue en discusión. Madhusudhan y otros investigadores han planteado la posibilidad de que sea un mundo hyceano, cubierto por un océano global bajo una atmósfera rica en hidrógeno.

Esa idea resulta sugerente, pero compite con otras explicaciones. K2-18 b podría tener una atmósfera muy densa, capas profundas de gas caliente o condiciones que impidan la vida tal como la conocemos. Su ubicación favorable alrededor de la estrella no convierte automáticamente su superficie, si es que tiene una accesible, en un lugar habitable.

¿Por qué la posible señal de vida en K2-18 b sigue en debate?

El entusiasmo de abril recibió un freno importante pocos meses después. En julio de 2025, una revisión liderada por Renyu Hu, investigador vinculado a NASA, reanalizó los datos y situó la evidencia de DMS cerca de 2,7 sigma. El resultado fue inconcluso.

En ciencia, una detección sólida suele exigir 5 sigma, esa cifra no elimina toda posibilidad de error, pero reduce mucho la probabilidad de que una señal aparezca por azar o por el modo de analizar los datos. La distancia entre 2,7 y 5 sigma parece pequeña en números, aunque cambia bastante la confianza científica.

En agosto, un análisis independiente que combinó datos de NIRISS, NIRSpec y MIRI concluyó que no había evidencia estadísticamente suficiente para DMS o DMDS. El desacuerdo no implica que el Webb haya fallado. Muestra que interpretar espectros exoplanetarios exige comparar muchas hipótesis que pueden producir rasgos parecidos.

El consenso actual mantiene confirmados el metano y el dióxido de carbono, mientras los compuestos de azufre siguen sin una detección aceptada.

La química sin vida también deja señales parecidas

Una molécula asociada a la vida terrestre puede formarse sin organismos en otro planeta. La fotoquímica, es decir, las reacciones impulsadas por la luz de la estrella, podría generar compuestos de azufre en una atmósfera rica en hidrógeno.

Por eso los científicos no buscan solo una sustancia llamativa. Intentan descartar todas las rutas no biológicas posibles. Un gas puede ser humo de un incendio, pero también de una fábrica o de una erupción, la química atmosférica de K2-18 b todavía admite varias lecturas.

Además, la estrella anfitriona importa, las enanas rojas emiten radiación distinta de la del Sol y pueden alterar los gases de sus planetas de maneras difíciles de reconstruir. Sin conocer con precisión la presión, la temperatura y la composición de las capas atmosféricas, cualquier veredicto sería prematuro.

¿Qué tendría que pasar para hablar de vida?

Una sola molécula nunca bastaría, los investigadores necesitarían repetir las observaciones en más tránsitos, conseguir mediciones más precisas y obtener resultados parecidos con instrumentos y equipos independientes.

También haría falta encontrar varias biosignaturas coherentes entre sí. Después, los modelos de atmósferas sin vida tendrían que fallar al explicar esa combinación. El estudio independiente de agosto estimó que podrían requerirse cerca de 25 tránsitos adicionales con MIRI para rechazar con 3 sigma un espectro plano frente a las características atribuidas al DMS o al DMDS.

Lo que K2-18 b enseña sobre la búsqueda de vida

La pregunta «¿existe vida en este planeta?» sigue abierta porque el James Webb no puede fotografiar directamente K2-18 b. A esa distancia, el telescopio estudia la luz de la estrella y la modificación que introduce la atmósfera al atravesarla, es una técnica poderosa, pero indirecta.

El caso también ayuda a poner orden entre términos que suelen mezclarse. Una visualización colorida de datos no es una imagen real del planeta. Una señal tentativa no es una detección y una detección química, incluso si se confirma, no demuestra por sí sola actividad biológica.

Los titulares sobre alienígenas simplificaron una historia mucho más interesante: la ciencia ha llegado a medir gases de un planeta situado a 124 años luz y, al mismo tiempo, reconoce con honestidad lo que todavía ignora. Esa cautela no apaga el hallazgo. Evita que una pista fascinante se convierta en una certeza inventada.

Lo que aún falta por saber

K2-18 b ofrece una pista química extraordinaria, no una prueba de vida. El metano y el dióxido de carbono ya hacen de su atmósfera un laboratorio distante; el DMS y el DMDS aún deben superar análisis más exigentes.

Las próximas observaciones del James Webb, y las misiones que lleguen después, podrían tardar años en aclarar el misterio. Mientras tanto, la respuesta más rigurosa conserva toda su fuerza: aún no sabemos si existe vida en este planeta.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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