Bienestar

El respeto detrás de una buena comunicación, aprendiendo a hablar y a escuchar

La manera como te expresas ante un público sea personal, académico o laboral puede generar impresiones significativas sobre aquellos que reciben la información. Y para nadie es secreto que, en nuestro entorno social, la opinión de los demás siempre tiene peso.

Aunque sientas la presión de que te juzgarán a pesar de todo, eso no debe ser impedimento para que puedas expresarte con libertad, siempre que tomes en cuenta dos factores importantes, hablar con respeto y aprender a escuchar a los demás.

Considera estos consejos para que no pierdas el interés de las personas a quienes te vas a dirigir.

Ensaya los gestos al hablar

El poder de todo orador reposa también en sus gestos. Dando protagonismo al lenguaje corporal para poder darle mayor significado a las palabras del mensaje, obtendrás mayor rendimiento para expresarte, por lo que es recomendable ensayar antes de dirigirte a los demás.

Mantener el contexto del mensaje

Al momento de expresar tus ideas al resto del equipo o a tu entorno, piensa muy bien el argumento para que todos puedan entender. Procura no intimidarte ante las posibles dudas, si estás claro de tu idea, los demás también lo estarán.

Mantener un tono de voz fuerte

Esto no significa que vayas a gritar, todo orador debe mantener un tono de voz alto para denotar mayor seguridad en el mensaje a transmitir. No desenfoques la modulación porque puedes transmitir inseguridad en la idea o mensaje a plantear.

Procura escuchar todo y aprende a filtrar información

Al terminar de hablar, muéstrate siempre dispuesto a escuchar las opiniones de tus oyentes y a aclarar cualquier posible duda que haya surgido. Siempre muéstrate dispuesto a contestar, en caso que busquen ofender o perjudicar, aprende a ignorar ese tipo de mensaje, no te des el lujo de perder el control.

Mantente positivo sin revelar tus emociones

Cuando te sometes a un discurso, sea como espectador o como orador debes tener en cuenta factores para no perder el hilo, el control de la emocionalidad al hablar crea la sensación de seguridad en el público oyente, ayudando a digerir de mejor manera el mensaje. En cambio, cuando te dejas llevar por las emociones, puedes perder el contexto del mensaje, y así, poco a poco el respeto.

Si eres un buen oyente aprenderás a identificar y respetar a quienes te rodean, lo que sin duda alguna mejorará tu comunicación y te hará un mejor orador.

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