¿Es la dieta ‘keto’ realmente segura a largo plazo? La opinión de los expertos

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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La dieta keto, ¿segura a largo plazo? Expertos debaten sus pros, contras y riesgos para la salud. Descubre la verdad detrás de esta popular dieta.

Bajar varios kilos en las primeras semanas puede hacer que cualquier dieta parezca una revelación, por ejemplo, la dieta keto a largo plazo puede ayudar a perder peso y mejorar ciertos marcadores metabólicos al principio, pero esos cambios no prueban que proteja el corazón o los riñones.

Al reducir los carbohidratos al mínimo, el cuerpo usa más grasa como combustible. Harvard, Mayo Clinic, los NIH y la American Heart Association llevan la conversación a una pregunta menos seductora: ¿qué ocurre si se mantiene durante años? La respuesta depende de los alimentos, la salud previa y el seguimiento médico.

¿Es segura la dieta keto a largo plazo?

La respuesta directa es que la evidencia es mixta y todavía incompleta. Harvard T.H. Chan School of Public Health advierte que muchos estudios sobre keto son pequeños, duran pocas semanas y no incluyen comparaciones sólidas con otros patrones alimentarios.

Los ensayos muestran mejoras de peso, glucosa, triglicéridos y colesterol HDL durante los primeros seis meses. Sin embargo, la American Heart Association cita revisiones donde buena parte de esas ventajas deja de ser significativa a los 12 meses, por eso, no hay datos suficientes para llamar segura a la dieta keto a largo plazo para toda la población.

Puede resultar útil durante un periodo limitado en personas seleccionadas. Presentarla como una solución universal, en cambio, simplifica demasiado un asunto que afecta al colesterol, la función renal y la relación diaria con la comida.

Los beneficios que sí tienen respaldo científico

La pérdida inicial de peso es real para muchas personas. Una parte procede de la reducción de glucógeno y agua corporal, por lo que la báscula puede bajar con rapidez al inicio. También pueden mejorar los triglicéridos, la hemoglobina glucosilada y el HDL, sobre todo si hay exceso de peso o diabetes tipo 2.

Aun así, mantener una restricción tan fuerte suele ser difícil. Cuando vuelven el pan, la fruta, las legumbres o los cereales, el peso puede regresar si no existe un plan sostenible.

La dieta cetogénica sí tiene un uso médico reconocido en ciertos casos de epilepsia farmacorresistente, especialmente en niños. Ese beneficio clínico no demuestra que sea la mejor estrategia para adelgazar o prevenir enfermedades en todos los adultos.

El colesterol LDL preocupa a los cardiólogos

El aumento del colesterol LDL es una de las alertas más repetidas, algunas personas tienen subidas moderadas, mientras que otras experimentan elevaciones marcadas. También importa la apoB, una proteína vinculada a las partículas que pueden penetrar en la pared arterial y favorecer la aterosclerosis.

Un estudio observacional presentado por el American College of Cardiology siguió a participantes durante una media de 11,8 años. El grupo con dieta baja en carbohidratos y alta en grasa tuvo LDL y apoB más altos, junto con una mayor tasa de eventos cardiovasculares. El estudio no prueba que la keto cause esos eventos, pero tampoco permite tratar el riesgo como una anécdota.

No todas las versiones de keto producen el mismo perfil, una dieta con aceite de oliva, pescado, nueces, semillas y verduras tiene poco que ver con otra basada en mantequilla, tocino, quesos curados y carnes procesadas. La American Heart Association prioriza verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceites no tropicales porque ese patrón cuenta con mejor respaldo cardiovascular.

Riesgos de la dieta cetogénica para riñones, hígado y nutrientes

Los problemas no aparecen en todas las personas, pero merecen atención. Al perder agua con rapidez, algunas personas se deshidratan y pueden presentar alteraciones de electrolitos. La hipercalciuria, es decir, una mayor eliminación de calcio en la orina, también puede favorecer los cálculos renales.

Harvard Health menciona piedras renales, ácido úrico elevado y posible riesgo de gota con un uso prolongado. Si ya existe enfermedad renal crónica, la acidosis metabólica preocupa más, una versión muy alta en proteína puede añadir presión a unos riñones con función reducida.

También puede haber estreñimiento, déficit de micronutrientes y cambios desfavorables en la salud ósea. Harvard señala posibles carencias de selenio, magnesio, fósforo y vitaminas B y C cuando faltan variedad y planificación. Por su alta carga de grasa, una dieta cetogénica mal diseñada puede empeorar una enfermedad hepática previa.

La fibra no es un detalle menor

Restringir granos integrales, legumbres y muchas frutas reduce la fibra y los compuestos vegetales que alimentan a la microbiota intestinal. Esa ausencia también afecta la saciedad y puede dificultar el control del colesterol.

Una keto mejor planteada incluye verduras bajas en carbohidratos, aguacate, semillas, frutos secos, pescado y grasas insaturadas. Depender de productos ultraprocesados «keto» o de grasa animal convierte el plan en una opción mucho menos saludable. Los suplementos ayudan en casos puntuales, pero no reemplazan la diversidad de una alimentación real.

¿Quién necesita más precaución antes de hacer keto?

Las personas con enfermedad cardiovascular, LDL alto, enfermedad renal crónica, antecedentes de cálculos, trastornos de la conducta alimentaria, embarazo o enfermedad hepática deben evitarla o valorarla con un profesional. En estos casos, la dieta keto a largo plazo puede sumar riesgos que no compensan una bajada rápida de peso.

La diabetes exige un cuidado especial, quienes usan insulina u otros fármacos que reducen la glucosa pueden sufrir hipoglucemias si recortan carbohidratos sin ajustar el tratamiento. No conviene hacer cambios por cuenta propia.

Antes de empezar, un médico o dietista-nutricionista puede revisar presión arterial, peso, glucosa, perfil lipídico, función renal, electrolitos y estado nutricional. Después, los análisis permiten ver si el cuerpo está respondiendo bien, no solo si la ropa queda más holgada.

Un patrón mediterráneo suele dar más margen

La alimentación mediterránea o con mayor base vegetal permite frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, nueces y aceite de oliva. También deja espacio para comer con más flexibilidad, algo que importa cuando el objetivo es sostener hábitos durante años.

No hace falta elegir entre carbohidratos sin límite y una restricción extrema, muchas personas mejoran al reducir azúcares añadidos y ultraprocesados, aumentar la fibra y elegir grasas insaturadas. Si hay colesterol elevado, enfermedad renal, diabetes medicada o antecedentes de cálculos, la consulta profesional debe ocurrir antes de cambiar la alimentación.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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