Una roca cubierta de manchas, recogida por un robot a millones de kilómetros, ha vuelto a poner una pregunta enorme sobre la mesa: ¿Marte albergó vida? El descubrimiento de la NASA sobre el agua en Marte no confirma organismos extraterrestres, pero reúne pistas que hace pocos años parecían fuera de alcance.
La evidencia apunta a un planeta que tuvo ríos, lagos y química favorable para microbios. También sugiere que parte del agua actual podría permanecer protegida bajo tierra. Separar esos datos de los titulares exagerados es la clave.
El impactante descubrimiento de la NASA sobre el agua en Marte: ¿vida extraterrestre?
El foco está en Cheyava Falls, una roca localizada por el rover Perseverance en julio de 2024. Se encuentra en la formación Bright Angel, cerca de Neretva Vallis, un antiguo valle fluvial del cráter Jezero. Allí, el agua circuló hace miles de millones de años y dejó huellas en las rocas.
Perseverance perforó la roca y guardó una muestra llamada Sapphire Canyon. El estudio sobre sus características se publicó en Nature el 10 de septiembre de 2025, tras un proceso de revisión científica que duró alrededor de un año. La NASA la describió como una posible biofirma, una señal que podría tener origen biológico, aunque aún no demuestra vida.
La muestra contiene compuestos orgánicos, fosfato de hierro y sulfuro de hierro. También presenta diminutos nódulos y zonas de reacción con un aspecto moteado, conocidas popularmente como «manchas de leopardo». Algunas combinaciones de esos minerales pueden surgir cuando microbios aprovechan reacciones químicas para obtener energía.
Sin embargo, la geología también puede producir patrones parecidos, por eso, el hallazgo más prudente no es «la NASA encontró vida», sino que encontró una muestra con una química compatible con procesos asociados a vida antigua.
El agua aparece también en otras pruebas. El rover Curiosity detectó en el cráter Gale marcas de ondas formadas por un lago poco profundo hace unos 3.700 millones de años. Aquellas ondulaciones necesitan agua y aire en contacto, una escena muy distinta al Marte frío y seco que vemos hoy.
¿Qué vio Perseverance en Cheyava Falls?
Las vetas blancas de sulfato de calcio indican que el agua atravesó la roca después de que se formara. Además, el instrumento SHERLOC de Perseverance identificó moléculas orgánicas en el área analizada.
Las texturas y minerales de Sapphire Canyon encajan con reacciones de baja temperatura entre agua, carbono, hierro, azufre y fósforo. En la Tierra, ambientes así pueden alimentar comunidades microbianas. Aun así, la coincidencia no basta para atribuirles un origen biológico.
Una biofirma potencial es una pista que resiste preguntas difíciles, no una respuesta final.
Los instrumentos del rover son extraordinarios, pero tienen límites. Los laboratorios terrestres podrían medir isótopos, moléculas complejas y estructuras microscópicas con una precisión imposible desde la superficie marciana.
Agua antigua no significa vida confirmada
El agua es un ingrediente esencial para la vida tal como la conocemos, pero no funciona como una prueba automática. Una charca puede contener agua, minerales y carbono sin que haya existido un solo microbio.
Marte tuvo zonas habitables durante parte de su pasado. Jezero alojó un lago y recibió sedimentos de un delta fluvial. Gale también conservó lagos durante largos periodos. Eso abre una posibilidad científica seria, aunque no permite afirmar que Marte estuvo habitado.
El descubrimiento de la NASA sobre el agua en Marte importa porque acota dónde buscar y qué rocas conservar. La pregunta ya no gira solo alrededor de si hubo agua, sino de cuánto tiempo persistieron condiciones favorables.
¿Dónde podría esconderse el agua líquida actual de Marte?
No hay ríos corriendo hoy por la superficie marciana. La mayor parte de su agua conocida está congelada en los polos, mezclada con minerales o atrapada como hielo bajo el suelo. Sin embargo, varios estudios han buscado señales de agua líquida en lugares mucho más profundos.
La misión Mars Express detectó con radar una zona brillante bajo el casquete polar sur. Esa señal se interpretó como un posible lago subglacial salado, aunque otros trabajos plantean que ciertos tipos de arcilla o hielo podrían explicarla. La discusión sigue abierta.
Por otro lado, datos sísmicos de la misión InSight han alimentado modelos que sitúan reservorios de agua líquida en rocas fracturadas de la corteza, a unos 10 a 20 kilómetros de profundidad. No se trata de una observación directa de un océano enterrado, es una interpretación de cómo viajan las ondas sísmicas por el subsuelo.
Algunos análisis han propuesto salmueras poco profundas en regiones concretas. Las sales bajan el punto de congelación del agua, aunque el ambiente marciano sigue siendo extremo. Esos resultados necesitan confirmación independiente antes de hablar de depósitos estables.
El subsuelo marciano podría ser más habitable que la superficie
La superficie recibe radiación intensa porque la atmósfera de Marte es muy fina, también soporta frío extremo y cambios bruscos de temperatura. Para un microbio, vivir expuesto allí sería una tarea difícil.
A varios kilómetros de profundidad, las rocas ofrecen una barrera frente a la radiación. Si existe agua líquida, las sales y los minerales podrían aportar un entorno químico más estable. En la Tierra, hay microorganismos que viven en fisuras rocosas profundas sin luz solar.
Eso no prueba que Marte tenga vida subterránea, pero amplía los lugares de interés para futuras perforaciones y misiones capaces de analizar hielo, sales y rocas antiguas.
¿Qué tan sólidas son las pruebas sobre el agua?
Las evidencias más firmes son las que quedaron grabadas en la superficie: minerales que se forman en presencia de agua, deltas, antiguos lechos lacustres y marcas de ondas. Esas señales muestran que Marte fue mucho más húmedo en el pasado.
Los posibles lagos profundos y reservorios actuales dependen de radar, mediciones sísmicas y modelos. Son pistas valiosas, pero contienen más incertidumbre, por eso conviene hablar de posibles depósitos de agua líquida, no de agua confirmada bajo todo el planeta.
¿Estamos más cerca de encontrar vida en Marte?
Sí, pero la distancia entre una pista prometedora y una confirmación sigue siendo enorme. Sapphire Canyon ofrece uno de los casos más atractivos hasta ahora porque combina materia orgánica, minerales reactivos y un contexto ligado al agua antigua.
Para sostener una conclusión sobre vida marciana, varias líneas de evidencia tendrían que coincidir. Harían falta moléculas orgánicas con patrones difíciles de explicar sin biología, estructuras compatibles con microbios y un contexto geológico que descarte reacciones químicas no biológicas.
Además, equipos independientes deberían revisar las muestras y repetir los análisis. La ciencia no se decide con una imagen llamativa ni con una sola medición. Exige descartar explicaciones alternativas hasta que una hipótesis resista todas las pruebas.
Perseverance ya ha almacenado tubos de roca para una futura campaña de retorno de muestras, en colaboración entre NASA y la ESA. Los rovers pueden estudiar Marte sobre el terreno, pero no reemplazan la capacidad de los laboratorios terrestres para examinar señales diminutas.
El descubrimiento de la NASA sobre el agua en Marte ha movido la frontera de la pregunta. Marte ya no parece solo un desierto rojo: conserva el registro de antiguos ambientes acuáticos y quizá esconda agua en profundidad. Las próximas muestras podrán revelar una huella biológica real o una explicación geológica todavía más sorprendente.
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