Beber agua al comer: ¿Engorda o adelgaza? El estudio que desmiente el mito

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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beber agua al comer
¿Beber agua al comer engorda o adelgaza? Un estudio impactante desmiente mitos, revelando que podría aumentar su ingesta. ¡Descubra la verdad!

Durante años se repitió que beber mientras comes diluye los jugos gástricos, frena la digestión o hace que los alimentos «se conviertan» en grasa, pero nada de eso ocurre, el agua no aporta calorías y, por tanto, no puede engordar por sí misma.

Aun así, un estudio reciente ha dado pie a otra duda: ¿puede hacer que acabes comiendo más? La respuesta sobre beber agua al comer tiene más matices de los que prometen los titulares. El agua encaja en una alimentación saludable, aunque su efecto sobre la saciedad no es idéntico para todo el mundo.

Beber agua al comer: ¿engorda o adelgaza?

El peso corporal no depende de un vaso de agua, sino del conjunto de calorías que consumes, tu actividad, el descanso y muchos otros factores. Si cambias un refresco azucarado por agua, reduces calorías de forma directa. Si añades agua a una comida ya abundante, no existe garantía de que vayas a comer menos.

La idea de que el agua engorda tropieza con un hecho sencillo: tiene cero calorías. Miguel Herrero, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL), lo ha explicado al desmontar este mito: el agua no puede aportar la energía necesaria para aumentar grasa corporal.

Tampoco hay evidencia sólida de que beber con la comida arruine la digestión. La Mayo Clinic señala que el agua no interfiere con el proceso digestivo y puede ayudar a sentirse lleno sin sumar calorías.

¿Por qué el agua antes de comer puede aumentar la saciedad?

Tomar agua antes de sentarte a la mesa puede ayudar a algunas personas a notar antes que ya han comido suficiente. El motivo es físico: el líquido ocupa volumen en el estómago durante un rato. No bloquea el hambre ni cambia el metabolismo, pero puede hacer más fácil reducir una ración excesiva.

Una investigación de 12 semanas observó que adultos con sobrepeso que tomaban unos 500 mililitros de agua antes de las comidas principales perdían más peso que quienes no seguían esa pauta. El resultado llamó la atención, aunque conviene leerlo con calma, el estudio fue limitado en duración y no demuestra que el agua derrita grasa.

Además, si alguien bebe medio litro y luego se obliga a terminar un plato enorme, el posible efecto de saciedad desaparece. El agua puede acompañar una decisión útil, como servirte menos o elegir comida poco procesada, pero no sustituye esa decisión.

El estudio que relacionó el agua con comer más

El panorama se complicó con un trabajo de laboratorio difundido en 2026 y publicado en la revista Appetite. Durante algunos almuerzos, las personas que bebían más agua también tendían a consumir más comida. La asociación calculada fue de unos 39 gramos adicionales de alimento por cada 100 mililitros extra de agua, una diferencia equivalente a unas 49 calorías en el análisis citado.

El dato parece chocar con la recomendación de beber para saciarse. Sin embargo, no prueba que el agua cause una mayor ingesta ni que haga subir de peso, una asociación no permite saber qué ocurrió primero. Quizá quienes tenían más hambre tomaron más comida y más agua, también puede influir la velocidad al comer, el tipo de menú, el ambiente del laboratorio o la costumbre de alternar cada bocado con un sorbo.

Por eso, el hallazgo no convierte el agua durante la comida en un enemigo. Más bien desmonta una regla demasiado rígida: beber no reduce el apetito de manera automática, la respuesta cambia según la persona y el contexto de esa comida.

Agua durante las comidas y pérdida de peso: qué esperar de verdad

Un vaso de agua junto a una pizza no neutraliza las calorías de la pizza. En cambio, cambiar una lata de refresco por agua sí modifica el total energético del día, ahí está el efecto más fiable para quien busca perder peso.

Francisco Tinahones, jefe de Endocrinología del Hospital Virgen de la Victoria, ha señalado que la evidencia más sólida no presenta el agua como adelgazante por sí sola, sino como sustituta de bebidas calóricas. El agua no es un producto milagro, aunque puede evitar el azúcar añadido de refrescos, zumos azucarados, bebidas energéticas o cafés muy cargados de siropes.

Beber agua al comer también puede ayudar a masticar con más calma, sobre todo con alimentos secos, a otras personas les llena demasiado y les resulta incómodo. No hay premio por aguantar una sensación de hinchazón.

¿Es mejor beber antes, durante o después de comer?

No existe una hora obligatoria, si notas que llegas a la mesa con hambre intensa, tomar un vaso antes puede ayudarte a empezar más tranquilo. Durante la comida, el agua facilita tragar y acompaña bien platos con pan, arroz o carne, después, contribuye a cubrir la hidratación habitual del día.

La sed, la tolerancia digestiva y las preferencias personales importan más que una norma universal. Si beber mucha cantidad con la comida te deja pesado, reduce el volumen y toma sorbos. Si te ayuda a sustituir bebidas azucaradas, mantenlo como hábito.

Las personas con restricciones de líquidos por enfermedad renal, insuficiencia cardíaca u otras indicaciones médicas deben seguir el consejo de su profesional sanitario. También quienes tienen dificultades para tragar necesitan pautas individualizadas.

Una forma sensata de usar el agua para cuidar el peso

Tener agua visible y accesible suele funcionar mejor que imponer metas rígidas de litros. Puedes llevar una botella reutilizable, pedir agua al comer fuera y dejar de reservar el agua para cuando ya tengas mucha sed. Son gestos pequeños, pero reducen ocasiones en las que eliges una bebida con azúcar por inercia.

Conviene observar tu propia respuesta durante una semana, prueba a beber un vaso antes de una comida y fíjate en tu hambre real, sin convertirlo en una prueba de voluntad. Si comes con más ansiedad o terminas compensando después, esa estrategia no te aporta gran cosa.

Forzarte a beber cantidades enormes en poco tiempo tampoco es saludable, el exceso puede alterar los niveles de sodio en sangre. Para perder peso, la base sigue siendo una alimentación suficiente, actividad física regular, descanso y un déficit calórico que puedas mantener sin castigos.

La respuesta corta: el agua no engorda, pero tampoco hace milagros

El estudio sobre una mayor ingesta merece atención, pero no cambia el hecho central: beber agua al comer es compatible con cuidar el peso. Su mejor papel aparece cuando desplaza bebidas con calorías, no cuando se espera que borre el efecto de una comida abundante.

Puedes dejar atrás el miedo a que el agua se transforme en grasa, bebe según tu sed, ajusta la cantidad a cómo te sientes y recuerda que el vaso de agua acompaña los hábitos que sostienen el peso, pero no los reemplaza.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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