La preocupación lleva décadas en consulta: alguien empieza a encontrarse mejor anímicamente, pero la báscula sube y aparece una duda incómoda. ¿El tratamiento está ayudando a costa del peso?
La respuesta corta es que los antidepresivos engordan en algunas personas, pero no con la misma intensidad ni por las mismas razones. El mayor estudio comparativo reciente incluyó a más de 183.000 adultos, no a 300.000, y la cohorte española REGICOR siguió a participantes durante seis años. El detalle decisivo es el fármaco concreto, el tiempo de uso y la situación de cada paciente antes de iniciar el tratamiento.
Los antidepresivos engordan, pero no todos provocan el mismo cambio
Los estudios disponibles muestran asociaciones y promedios poblacionales. No permiten adivinar con exactitud qué ocurrirá en una persona determinada. Dos pacientes con la misma receta pueden tener experiencias muy distintas.
Además, la depresión no es un factor neutro, puede reducir el apetito en algunas personas y aumentarlo en otras. También altera el sueño, la energía y la actividad física. Cuando alguien recupera el apetito perdido al mejorar su estado de ánimo, el aumento de peso no siempre procede solo del medicamento.
Hay mecanismos que pueden mezclarse. Algunos antidepresivos incrementan el hambre o los antojos, otros causan somnolencia y favorecen una vida menos activa. También puede haber retención de líquidos, aunque no es la explicación más habitual de una subida sostenida.
En investigación clínica, ganar al menos un 5% del peso inicial suele considerarse un cambio relevante. Sin embargo, ese umbral no cuenta toda la historia. Dos kilos pueden ser irrelevantes para una persona y preocupantes para otra por su salud metabólica, su imagen corporal o una relación previa difícil con la comida.
¿Qué encontró el seguimiento español durante seis años?
La cohorte REGICOR, vinculada al Registro Gerundense del Corazón, observó la evolución del peso durante seis años. En el conjunto de participantes, la ganancia media fue de apenas 0,53 kg. Aun así, el 24,5% aumentó más de un 5% de su peso corporal inicial.
La diferencia apareció al comparar las trayectorias de consumo. Frente a quienes nunca tomaron antidepresivos, quienes los usaron al inicio y después los dejaron ganaron aproximadamente un 1,78% más de peso. Entre quienes empezaron durante el seguimiento, el incremento adicional fue del 2,08%. En quienes los utilizaron de forma repetida, alcanzó el 1,98%.
Incluso haber interrumpido el tratamiento se asoció con una mayor ganancia de peso, aunque esa asociación no prueba que el fármaco sea la causa única en cada caso.
La investigación recoge lo que ocurre en la vida real, con cambios de hábitos, enfermedades y etapas personales, por eso, el resultado no debe convertirse en una sentencia individual.
El principio activo cambia la respuesta
El análisis publicado en Annals of Internal Medicine comparó ocho antidepresivos de primera línea en 183.118 adultos durante dos años. Las diferencias medias fueron pequeñas, pero se repitieron con suficiente consistencia como para importar en una prescripción prolongada.
A los seis meses, escitalopram se asoció con unos 0,41 kg más que sertralina. Paroxetina añadió unos 0,37 kg y duloxetina, 0,34 kg. Venlafaxina y citalopram mostraron diferencias menores, de 0,17 y 0,12 kg, respectivamente. Fluoxetina tuvo un comportamiento similar al de sertralina.
Bupropión fue la excepción más clara, se relacionó con 0,22 kg menos frente a sertralina y con un 15% menos de riesgo de superar el 5% de ganancia de peso. Eso no significa que sea adecuado para cualquier persona, porque también importan la ansiedad, el insomnio, el riesgo de convulsiones y otros antecedentes clínicos.
Por tanto, cuando alguien afirma que los antidepresivos engordan, conviene preguntar cuál. Agruparlos como si fueran idénticos borra una diferencia que puede ser importante.
El aumento de peso se nota más con el tratamiento prolongado
Las primeras semanas pueden ofrecer una imagen engañosa. Hay personas que pierden peso por náuseas, falta de apetito o ansiedad al comienzo, y lo recuperan después, otras no perciben variaciones hasta varios meses más tarde.
A los 24 meses, la ganancia media fue de unos 1,45 kg con sertralina y 1,63 kg con escitalopram. Paroxetina se situó en 1,32 kg. Duloxetina llegó a 0,77 kg y bupropión, a 0,54 kg. Son promedios, no pronósticos personales, pero ayudan a situar las diferencias en una escala realista.
La subida suele ser gradual, por eso, atribuir varios kilos al fármaco sin revisar el descanso, la alimentación, la actividad física o la menopausia puede llevar a conclusiones apresuradas. La edad, los antecedentes familiares, otros medicamentos y el estrés sostenido también cuentan.
Medicamentos con perfiles de peso distintos
Mirtazapina destaca entre los antidepresivos que más se asocian con aumento de peso. La guía del Ministerio de Sanidad español recoge ganancias medias de entre 1 y 3 kg en seis a ocho semanas. Puede ser una opción útil cuando coexisten insomnio marcado y pérdida de apetito, pero ese posible efecto debe hablarse con claridad.
Paroxetina también tiene una relación más frecuente con el aumento ponderal. Entre los antidepresivos tricíclicos, amitriptilina y nortriptilina pueden favorecerlo, en parte por sus efectos sedantes y antihistamínicos.
En cambio, bupropión y fluoxetina suelen mostrar un perfil más neutro o favorable respecto al peso. Aun así, escoger una medicación no consiste en buscar la cifra más baja de la báscula. Un fármaco puede ayudar más con el sueño, el dolor crónico o la ansiedad, y esas necesidades pesan en la decisión.
¿Qué hacer si el peso empieza a cambiar?
Conviene anotar el peso, el apetito, el sueño y la actividad antes de empezar y durante los primeros meses. Ese registro da al profesional información mucho más útil que una impresión vaga de haber cambiado.
También hay que revisar otras causas: sedentarismo, cambios hormonales, estrés, alteraciones tiroideas o medicación concomitante. Con esos datos, el médico puede valorar ajustes de dosis, un cambio de principio activo o apoyo nutricional y de actividad física.
No conviene suspender un antidepresivo de golpe. Pueden aparecer síntomas de retirada y volver la depresión o la ansiedad. El tratamiento debe modificarse con un plan individual y seguimiento clínico.
La decisión no se toma con la báscula
La evidencia confirma que ciertos antidepresivos se asocian con más ganancia de peso que otros. Sin embargo, el efecto medio suele ser moderado y depende mucho del medicamento y de la duración del tratamiento.
La salud mental no queda en segundo plano por una preocupación razonable sobre el peso. Ambas cosas merecen una conversación honesta con el profesional que conoce el caso y puede ajustar el tratamiento sin poner en riesgo la mejoría lograda.
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