¿Es el café la clave de la longevidad? Un nuevo estudio lo confirma

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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¿Es el café la clave de la longevidad? Un nuevo estudio lo confirma
¿Puede el café alargar tu vida? Un nuevo estudio confirma que sí. Descubre cómo el café puede ser la clave de la longevidad y sus beneficios.

¿Puede una taza matinal ayudarte a vivir más? La relación entre café y longevidad gana fuerza con nuevos estudios, aunque la respuesta no cabe en un titular rotundo.

La evidencia más citada de 2025 asocia una o dos tazas de café negro al día con menor mortalidad. Con dos o tres tazas, la relación parece algo más favorable. Sin embargo, una asociación no demuestra que el café sea la causa de una vida más larga, también importan la cantidad, la hora, la preparación y, sobre todo, el resto de tus hábitos.

Café y longevidad: qué confirman realmente los estudios

Un análisis publicado en The Journal of Nutrition examinó datos de cerca de 46.000 adultos estadounidenses recogidos entre 1999 y 2018. Sus autores observaron que tomar hasta tres tazas diarias de café negro, o café con poca azúcar añadida y pocas grasas saturadas, se vinculaba con un 14 % menos de riesgo de muerte por cualquier causa frente a no beber café.

El dato tiene un matiz importante: el beneficio no aumentó de forma clara al superar esa cantidad. Además, cuando la bebida acumulaba azúcar o grasas saturadas, la asociación favorable desaparecía. El café de la mañana no se parece demasiado a un vaso grande cargado de siropes, nata y calorías.

Otra investigación, presentada en Nutrition 2025 por la American Society for Nutrition, siguió durante tres décadas a casi 50.000 mujeres. Entre quienes consumían café con cafeína, dos o tres tazas diarias se asociaron con más probabilidades de llegar a edades avanzadas con buena salud mental, lucidez y fuerza física.

Mortalidad y envejecimiento saludable no son lo mismo. El primer concepto mide el riesgo de morir durante un periodo. El segundo intenta captar cómo se llega a la vejez: con autonomía, menos enfermedades crónicas y mejor función cognitiva.

Beber café puede encajar en una vida saludable, pero ninguna taza compensa el sedentarismo, el mal descanso o el tabaquismo.

El horario también puede influir

El estudio «Coffee drinking timing and mortality in US adults», publicado en European Heart Journal en febrero de 2025, añadió un detalle llamativo. Quienes bebían café principalmente por la mañana mostraron un 16 % menos de riesgo de muerte prematura y un 31 % menos de muerte cardiovascular que quienes no tomaban café.

En cambio, las personas que lo repartían durante todo el día no mostraron la misma reducción. Una explicación posible es que la cafeína tardía altere el sueño, aunque el trabajo no puede probarlo.

Conviene tomar estas cifras con calma, no existe una hora universalmente perfecta, y el estudio no convierte el café matutino en un tratamiento cardiológico. Aun así, si el café de la tarde te deja dando vueltas en la cama, el dato encaja con algo bastante conocido: dormir peor pasa factura.

¿Por qué «asociado con» no equivale a «causado por»?

Los estudios observacionales detectan patrones, pero no controlan toda la vida de cada participante. Quien toma café puede caminar más, comer de otro modo, fumar menos o acudir con más frecuencia al médico, también influyen el nivel económico, el estrés y la calidad del sueño.

Por eso, hablar de café y longevidad exige prudencia. El café podría aportar algo, pero también podría ser parte de un conjunto de decisiones favorables. Los estudios de aleatorización mendeliana, que intentan reducir ciertos sesgos genéticos, no han confirmado beneficios amplios para todas las enfermedades.

¿Qué podría hacer el café dentro del organismo?

El café contiene cafeína, pero no solo cafeína, también aporta polifenoles y otros compuestos bioactivos que podrían intervenir en la inflamación, el metabolismo de la glucosa y los mecanismos de protección celular.

Estas vías tienen relación con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y deterioro asociado a la edad. Aun así, una explicación biológica creíble no basta para demostrar que el café prolonga la vida humana. Entre una célula en el laboratorio y una persona de 75 años hay muchas variables.

Cafeína, AMPK y energía celular

Un trabajo de la Queen Mary University of London, publicado en Microbial Cell, relacionó la cafeína con la activación de AMPK. Esta vía ayuda a las células a gestionar la energía cuando faltan nutrientes o cambian las condiciones del entorno.

AMPK interesa a la investigación sobre envejecimiento porque participa en procesos de reparación y equilibrio metabólico. El hallazgo ofrece una pista, no una receta, no permite concluir que una taza diaria active ese mecanismo en cada persona con un efecto clínico medible.

También se han difundido resultados sobre telómeros, las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas. Un estudio en BMJ Mental Health, realizado en personas con trastornos mentales graves, asoció hasta cuatro tazas diarias con telómeros más largos.

La cobertura divulgativa tradujo esa diferencia como una edad biológica cercana a cinco años menor. Sin embargo, los telómeros no son un reloj perfecto de la longevidad. Por su parte, un trabajo de Texas A&M publicado en Nutrients estudió compuestos del café y la proteína NR4A1 en modelos animales. Son datos sugerentes, pero los ratones no permiten calcular años extra de vida en humanos.

¿Cuánto café tomar sin convertirlo en un exceso?

Dos o tres tazas diarias es el rango que más se repite en la evidencia reciente sobre café y longevidad. Eso no equivale a una prescripción médica. Una taza pequeña de espresso, una taza filtrada y un vaso grande de cafetería pueden contener cantidades muy distintas de cafeína.

El café filtrado es una opción razonable para el consumo habitual, porque retiene parte de los diterpenos que pueden elevar el colesterol LDL. El café de prensa francesa, hervido o sin filtrar no tiene por qué ser prohibido, pero conviene no convertirlo en la única bebida diaria si el colesterol ya es un problema.

El café negro, o con pocos añadidos, se parece más al que aparece en los estudios favorables. La leche no arruina sus posibles efectos, pero el azúcar, los jarabes y la nata pueden cambiar por completo el perfil nutricional de la bebida.

La respuesta individual manda. Si aparecen insomnio, ansiedad, palpitaciones, acidez o temblor, reducir la dosis suele ser más sensato que perseguir una cifra. Las personas embarazadas, con hipertensión no controlada, arritmias, ansiedad intensa o problemas de sueño deben consultarlo con un profesional sanitario.

El descafeinado también se ha asociado con menor mortalidad en investigaciones anteriores, eso sugiere que la cafeína no es la única pieza del rompecabezas. Si disfrutas del café y lo toleras bien, una o dos tazas por la mañana pueden ser un placer compatible con cuidar tu salud.

Una taza no sustituye los hábitos que más protegen

La evidencia actual apoya un consumo moderado, preferiblemente temprano y con pocos añadidos, como parte de una rutina saludable. Pero el café no es la clave única de la longevidad, ni el nuevo estudio prueba una relación de causa y efecto.

El mayor valor está en el conjunto: comer bien, moverse, dormir suficiente, no fumar y atender la salud a tiempo. El café, si te sienta bien, puede acompañar ese camino.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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