El inquietante mensaje del espacio que los científicos no pueden descifrar

Escrito por Lina Rodríguez Fernandez

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tierra desde el espacio
¿Qué oculta el espacio? Una enigmática señal de radio repite su mensaje desde una galaxia lejana, ¡desafiando a los científicos a descifrarla!

El 15 de agosto de 1977, un radiotelescopio de Ohio captó durante 72 segundos una señal que parecía surgir de algún punto del cielo. En la hoja impresa, el astrónomo Jerry Ehman rodeó la secuencia de datos y escribió una sola palabra: «Wow!».

Desde entonces, el mensaje del espacio que los científicos no pueden descifrar alimenta una pregunta incómoda: ¿y si alguien hubiera intentado hablar? No existe una prueba de que fuera una transmisión extraterrestre. Aun así, su forma, intensidad y frecuencia fueron tan inusuales que el caso sigue abierto.

La señal Wow! no contenía palabras ni símbolos reconocibles. Era un pulso de radio breve, potente y solitario, justo el tipo de hallazgo que obliga a separar la fascinación de la evidencia.

El enigmático mensaje del espacio que los científicos no pueden descifrar

La descripción suele apuntar a la señal Wow!, detectada por el radiotelescopio Big Ear, de la Universidad Estatal de Ohio. El registro apareció el 15 de agosto de 1977 y duró exactamente el tiempo que una fuente celeste tardaba en cruzar el campo de observación del instrumento: 72 segundos.

Ehman revisaba las impresiones generadas por el telescopio cuando encontró la secuencia «6EQUJ5». Cada carácter expresaba la intensidad del pulso en un momento concreto. La subida y bajada de esa secuencia llamó su atención porque no se parecía al ruido habitual.

Además, la señal estaba cerca de la línea de hidrógeno neutro, alrededor de 1420 MHz. SETI ha considerado esa zona interesante durante décadas porque el hidrógeno es el elemento más abundante del universo y su frecuencia podría ser una referencia común para una civilización tecnológica.

Sin embargo, llamar a este caso un mensaje puede inducir a error, nadie ha descifrado un código porque nunca hubo un texto, una imagen o una modulación confirmada. Lo que existe es una emisión de radio que no volvió a aparecer con las mismas características.

¿Qué hizo tan especial a la señal Wow!?

Big Ear detectó un aumento de intensidad compatible con una fuente fija en el cielo. La emisión pareció crecer mientras cruzaba el campo del telescopio y luego desaparecer, ese detalle redujo la posibilidad de un fallo simple del equipo.

También importaba su estrecha relación con una frecuencia buscada en radioastronomía, pero un rasgo llamativo no prueba inteligencia. Una señal aislada puede proceder de una interferencia terrestre, un objeto astronómico poco conocido o una combinación rara de fenómenos.

Sin una segunda detección, los científicos no pueden comprobar si la señal tenía un emisor estable, un patrón repetible o un origen fuera de la Tierra.

Ese es el muro que mantiene vivo el misterio, la señal Wow! fue extraordinaria, pero la ciencia necesita algo más que una anomalía memorable.

El análisis reciente que refuerza una explicación natural

Un reanálisis difundido en 2025 refinó la posición de la señal cerca de los 1420,4556 MHz y calculó una intensidad aproximada de 250 janskys. La cifra muestra que no fue un susurro perdido entre estática, sino una emisión intensa.

Algunos investigadores han propuesto una explicación natural: una nube densa de hidrógeno pudo recibir energía de una fuente extrema, como una estrella de neutrones o un magnetar, y producir un máser astronómico temporal. Un máser funciona de modo parecido a un láser, pero emite microondas.

La hipótesis no está cerrada. Aun así, desplaza el debate hacia procesos físicos que pueden imitar parte de lo que se espera de una transmisión artificial. Cada corrección de los datos cambia el retrato del mensaje del espacio que los científicos no pueden descifrar, aunque no lo convierte en contacto extraterrestre.

¿Por qué una señal no se puede descifrar sin repetirse?

Detectar una emisión es relativamente sencillo, pero demostrar que contiene información exige mucho más. Los astrónomos revisan su frecuencia, duración, dirección aparente, ancho de banda y posible vínculo con estrellas, planetas o galaxias conocidas.

También buscan repeticiones. Si la señal reaparece, otros observatorios pueden apuntar a la misma región, comparar registros y descartar fallos locales. Si nunca vuelve, las opciones se multiplican y las conclusiones se vuelven frágiles.

La radioastronomía convive con un problema mundano: el ruido creado en la Tierra. Satélites, radares, aviones, teléfonos y equipos electrónicos pueden dejar rastros extraños en los datos. Incluso una emisión humana lejana puede entrar por un lóbulo lateral de una antena y parecer celeste.

Por eso SETI no persigue la respuesta más espectacular, busca una explicación que otros equipos puedan comprobar con instrumentos independientes.

La prueba decisiva sería una nueva detección

Una transmisión artificial podría mostrar una banda muy estrecha, una modulación ordenada o variaciones que no encajen con procesos naturales conocidos. Aun así, ningún rasgo aislado bastaría por sí solo.

La señal debería reaparecer desde la misma dirección y permitir observaciones simultáneas en distintos telescopios. Los protocolos de verificación existen para evitar anuncios precipitados. Antes de hablar de inteligencia extraterrestre, habría que descartar interferencias y explicaciones astronómicas con datos repetidos.

Cuando el ruido terrestre imita una voz cósmica

Los equipos comparan las observaciones con catálogos de satélites, emisiones locales y registros de otras antenas. También comprueban si la señal se mueve con el cielo o permanece ligada a la posición del observatorio.

El filtrado ocupa una parte enorme del trabajo. SETI@home llegó a reducir cerca de 12.000 millones de señales a unos 100 candidatos para análisis más detallados. Ser candidato no significa haber encontrado alienígenas. Solo indica que la señal merece más comprobaciones.

Otras señales extrañas que no son mensajes confirmados

El cosmos produce fenómenos que parecen escritos para una novela, aunque suelen obedecer a física extrema. ASKAP J1832-0911, situado a unos 15.000 años luz, emite ondas de radio y rayos X durante cerca de dos minutos. Después guarda silencio unos 44 minutos y repite el ciclo.

Su regularidad desconcertó a los astrónomos porque no encaja bien con las clases conocidas de púlsares. Sin embargo, no muestra una estructura de comunicación. Puede revelar una estrella de neutrones, una enana blanca o un remanente estelar todavía mal entendido.

GRB 250702B también rompió expectativas. Este estallido de rayos gamma duró unas siete horas y presentó tres pulsos, un comportamiento que se ha relacionado con una rara fusión de helio. El caso es extraño, pero la rareza no es una firma tecnológica.

Algo parecido ocurre con la señal repetitiva vinculada a YZ Ceti y su planeta YZ Ceti b. La explicación más sólida apunta a la interacción entre el campo magnético del planeta y su estrella. Además, las búsquedas de tecnoseñales alrededor del objeto interestelar 3I/ATLAS revisaron millones de emisiones sin hallar una candidata convincente.

Lo que aún enseña la señal Wow!

La señal Wow! sigue fascinando porque no se repitió, no porque haya demostrado un origen extraterrestre. Su ambigüedad obliga a afinar instrumentos, revisar archivos antiguos y exigir pruebas más duras antes de anunciar un descubrimiento.

Quizá el avance más importante no llegue al recibir un mensaje mañana. Puede empezar al aprender a distinguir una voz inteligente del inmenso y extraordinario ruido del cosmos.

Lina Rodríguez Fernandez

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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