A las cuatro de la tarde, las persianas bajadas apenas frenan el aire caliente, en la calle no se mueve nadie, pero dentro de muchas casas el termómetro sigue subiendo hasta bien entrada la noche. Ese es el escenario del peligro oculto de la canícula, una amenaza que causa miles de muertes sin que la mayoría se atribuya a un golpe de calor visible.
La pregunta desconcierta: ¿cómo puede el calor matar a tanta gente si los casos mortales de golpe de calor son muchos menos? La respuesta suele estar en pequeñas descompensaciones que agravan enfermedades ya existentes. Conviene distinguir entre una urgencia clínica concreta y el impacto colectivo que dejan las temperaturas extremas.
El peligro oculto de la canícula: ¿por qué provoca tantos fallecimientos?
El cuerpo necesita mantener una temperatura interna estable y para lograrlo, suda y dilata los vasos sanguíneos, de modo que parte del calor salga a través de la piel. Sin embargo, ese esfuerzo tiene un coste, sobre todo cuando el aire es muy caliente o la humedad impide evaporar el sudor.
La sudoración intensa favorece la deshidratación. A la vez, la dilatación de los vasos puede bajar la tensión arterial. El corazón debe trabajar más para mantener el riego sanguíneo de órganos y tejidos, una carga que puede ser peligrosa para alguien con insuficiencia cardiaca, arritmias o enfermedad coronaria.
Con menos líquido en el organismo, la sangre se concentra y los riñones reciben menos flujo, también pueden empeorar problemas respiratorios, especialmente si coinciden contaminación y noches tropicales. Una noche sin descanso térmico no da al cuerpo tiempo para recuperarse.
El golpe de calor es la forma más aguda y reconocible, aparece cuando falla la regulación de la temperatura corporal y exige atención inmediata. Sin embargo, gran parte de las muertes vinculadas al peligro oculto de la canícula llega por otra vía: un infarto, una insuficiencia renal o una descompensación respiratoria precipitada por días de calor persistente.
La mayoría de las víctimas no muere por un golpe de calor
El balance del Ministerio de Sanidad de 2023 registró 24 fallecimientos notificados por golpe de calor o exposición al calor natural excesivo. Durante ese mismo verano, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, MoMo, estimó 3.009 muertes atribuibles al exceso de temperatura.
No son cifras contradictorias, miden cosas diferentes. La primera recoge casos en los que el calor figura como causa directa y clara. MoMo calcula cuántas defunciones adicionales se produjeron respecto a las esperadas cuando las temperaturas fueron elevadas.
En muchos certificados aparecerán causas como infarto, ictus, insuficiencia cardiaca, sepsis, deshidratación o fallo renal. El calor no siempre aparece escrito, aunque haya inclinado la situación de una persona frágil hacia un desenlace fatal.
El calor puede ser el desencadenante que no se ve en el certificado, pero que altera el equilibrio de un organismo vulnerable.
El calor altera los medicamentos y retrasa las señales de alarma
La deshidratación puede aumentar la concentración de algunos fármacos y potenciar sus efectos. Ocurre, por ejemplo, con diuréticos, antihipertensivos, sedantes y ciertos tratamientos habituales en enfermedades crónicas. Aun así, nadie debe suspender ni modificar su medicación por cuenta propia.
El problema es que los primeros síntomas se confunden con cansancio: dolor de cabeza, mareo, apatía o falta de apetito. Si aparecen confusión, desmayo, piel muy caliente, debilidad extrema, respiración anormal o ausencia de orina, hay que llamar al 112, esperar a que «se pase» puede ser un error grave.
¿Cómo se cuentan las muertes por calor extremo en España?
Las cifras sobre mortalidad por calor varían porque cada fuente responde a una pregunta distinta. MoMo, gestionado por el Instituto de Salud Carlos III, estima el exceso de mortalidad asociado a temperaturas elevadas, no necesita que el certificado diga literalmente «golpe de calor».
En 2023, MoMo calculó 3.009 muertes atribuibles al calor durante la temporada estival. Por su parte, un estudio de ISGlobal publicado en Nature Medicine estimó 8.352 muertes relacionadas con el calor en España ese año. Ambas referencias ayudan a medir el problema, pero usan metodologías, periodos y definiciones diferentes.
Por eso no conviene presentar una estimación científica como si fuera un registro definitivo de casos individuales, tampoco debe minimizarse el dato por no coincidir con otra fuente. El peligro oculto de la canícula se entiende mejor cuando se sabe qué está midiendo cada cifra.
¿Por qué una ola de calor deja miles de muertes invisibles?
El exceso de mortalidad compara las defunciones observadas con las que se habrían esperado en ese momento del año. Detecta un efecto colectivo, aunque no pueda atribuir cada muerte a una única causa.
Además, el daño no siempre llega el mismo día, una persona puede soportar varias jornadas de calor, dormir mal, beber menos de lo necesario y descompensarse después. ISGlobal estimó 47.690 muertes por calor en Europa en 2023, de las que 8.352 corresponderían a España, es una estimación epidemiológica, no una lista nominal de fallecidos.
¿Quién corre más riesgo durante la canícula?
La edad pesa mucho, en los datos oficiales de 2025, el 96 % de las muertes atribuibles al calor correspondió a mayores de 65 años y más de la mitad afectó a personas de más de 85. Las mujeres mayores suelen aparecer con mayor frecuencia en estos balances, en parte por su mayor longevidad y porque muchas viven solas.
También corren más riesgo los bebés, las embarazadas, quienes trabajan al aire libre y las personas con patologías cardiacas, pulmonares, renales o neurológicas. La vulnerabilidad no depende solo de la salud, una vivienda mal ventilada, la pobreza energética, el aislamiento y la falta de apoyo cercano pueden decidir mucho.
La vivienda y la zona de España cambian el impacto
Andalucía concentró la mayor cifra absoluta del estudio de ISGlobal para 2023, con 1.833 muertes estimadas. Eso no limita el riesgo al sur. Madrid, Cataluña, el litoral mediterráneo y zonas del norte también sufren episodios peligrosos, sobre todo cuando el calor llega de forma inusual o se prolonga varios días.
Una casa que no refresca por la noche puede convertirse en un riesgo sanitario. ISGlobal calculó que el aire acondicionado redujo un 28,6 % las muertes por calor y un 31,5 % las asociadas al calor extremo entre finales de los años ochenta y comienzos de la década de 2010. La contaminación atmosférica puede agravar aún más ese efecto.
Prevenir antes de que llegue el agotamiento
Beber con frecuencia, aunque no haya sed, reduce el riesgo de deshidratación, también ayuda mantener la vivienda fresca, bajar persianas en las horas de sol, evitar actividad física intensa al mediodía y usar ropa ligera. Refrescar la piel con agua puede aliviar cuando el ambiente se vuelve insoportable.
Hay que comprobar cada día cómo están las personas mayores que viven solas o tienen movilidad reducida. Seguir los avisos de AEMET y las alertas sanitarias de cada comunidad autónoma permite anticiparse. Ante confusión o pérdida de conciencia, la respuesta debe ser urgente: el calor no da muchas segundas oportunidades.
Una vigilancia cotidiana que puede salvar vidas
El mayor daño del calor rara vez se anuncia con una imagen evidente, suele acumularse en forma de sed, falta de sueño, tensión baja y enfermedades que se descontrolan cuando el termómetro no cede.
Las estimaciones de MoMo muestran esa carga colectiva. Hidratación, una vivienda lo más fresca posible y contacto diario con quienes están en riesgo pueden evitar que una tarde de canícula termine en una emergencia.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.
