A las nueve de la mañana, un administrativo abre ChatGPT para resumir informes que antes le ocupaban una hora, termina en diez minutos y después aparece la duda incómoda: si la herramienta hace parte de su trabajo, ¿seguirán necesitándolo?
La inteligencia artificial y el empleo en España ya no son una discusión lejana. Hay riesgos concretos, sobre todo para ciertos puestos de entrada, pero también nuevas tareas y profesiones. La diferencia dependerá de quién reciba formación y quién quede fuera.
El impacto de la inteligencia artificial en el empleo en España ya se nota
El cambio ya tiene cifras, en el primer trimestre de 2026, la rama de programación, consultoría y otras actividades informáticas perdió unos 23.400 ocupados respecto al mismo periodo de 2025. La oferta de empleo para programadores también ha caído cerca de un 30% desde la expansión de herramientas como ChatGPT.
Sería imprudente atribuir cada salida laboral a la IA. Las empresas también ajustan costes, externalizan servicios y responden a una demanda más débil. Sin embargo, algunos recuentos periodísticos han relacionado alrededor de 6.700 despidos con una primera oleada de sustitución o reorganización ligada a esta tecnología.
El INE indicó que el 21,1% de las empresas españolas con más de diez trabajadores utilizaba IA en 2025. Mientras tanto, el CIS recogió que el 55,1% de la población espera que provoque más desempleo. Las empresas, por su parte, ven una vía para mejorar productividad y reducir tareas repetitivas.
¿Qué trabajos están más expuestos y por qué los perfiles junior sufren más?
La IA afecta antes a las tareas que a las profesiones enteras. La gestión administrativa interna, la redacción básica, el análisis inicial de datos, la atención al cliente y parte de la programación junior tienen procesos previsibles y mucha información estructurada.
Por eso los perfiles junior inquietan tanto, antes aprendían resolviendo tareas sencillas, revisando código o preparando documentación. Si una herramienta asume esa primera capa, las empresas pueden contratar menos personas sin experiencia. Se estrecha la puerta de entrada al mercado laboral.
Los medios de comunicación, el comercio minorista y ciertas funciones sanitarias también tienen alta exposición, eso no significa que desaparezcan periodistas, dependientes o profesionales de la salud. Cambiarán sus rutinas, sus tiempos y las habilidades que se valoran, tener un título universitario tampoco protege por sí solo.
Exposición no significa despido automático
Estar expuesto a la IA no equivale a tener un despido asegurado. Para España, algunas estimaciones sitúan en el 27,4% la fuerza laboral expuesta a la IA generativa, mientras que solo un 5,9% de los empleos tendría riesgo directo de automatización completa.
Un abogado puede usarla para ordenar jurisprudencia, un profesor puede preparar materiales con más rapidez, una enfermera puede consultar información clínica. Sin embargo, siguen siendo responsables del criterio, la relación personal y las decisiones que afectan a otros.
La tecnología acelera partes del trabajo, pero no asume por sí sola la responsabilidad profesional.
El resultado dependerá de cómo implanten la IA las empresas, de la regulación y de la formación disponible.
¿Se destruirán más empleos de los que se crearán?
Funcas y la Universidad de Granada plantean escenarios para 2025-2035, no una predicción cerrada. Su estimación central calcula una destrucción bruta de entre 1,7 y 2,3 millones de empleos. En el supuesto más adverso, la cifra supera los 3,5 millones.
A la vez, el estudio estima 1,61 millones de nuevas ocupaciones, el saldo central sería de unos 400.000 puestos menos. El problema no se resume en una resta: quien pierde un empleo administrativo no accede de forma automática a un puesto de ciberseguridad o análisis de datos.
España afronta además una población envejecida y una productividad baja. La IA podría aliviar tareas escasas de mano de obra y ayudar a competir mejor, pero si la transición se deja al azar, ampliará la distancia entre quienes se reciclan y quienes pierden oportunidades.
Los nuevos empleos pedirán habilidades técnicas y humanas
Crecerán funciones de supervisión de sistemas de IA, análisis de datos, ciberseguridad, integración de herramientas, formación interna y revisión de resultados. También harán falta personas capaces de detectar errores, sesgos o respuestas inventadas por un modelo.
Las capacidades humanas conservan peso: comunicación, creatividad, empatía, responsabilidad y resolución de problemas. Un estudio citado en el mercado laboral apunta que el 22% de las ofertas para jóvenes sin experiencia ya pide conocimientos relacionados con IA. Se estima que un 40% de los trabajadores deberá actualizar habilidades y que un 20% podría cambiar de función.
Aprender IA no obliga a convertirse en ingeniero, en muchos puestos basta con saber usar una herramienta concreta con criterio.
La transición será desigual entre sectores, edades y territorios
Las grandes compañías pueden invertir antes y reorganizar departamentos con rapidez. Muchas pymes aún prueban herramientas aisladas y no prevén cambios inmediatos en sus plantillas. Esa diferencia importa.
Los jóvenes que buscan su primer empleo, los profesionales administrativos y parte del talento tecnológico en Madrid y Barcelona afrontan una presión mayor. También habrá brechas dentro de cada empresa. Quien recibe formación y tiempo para adaptarse tendrá más opciones que quien descubre el cambio cuando su puesto ya sobra.
La productividad puede aumentar sin que sus beneficios se repartan de forma justa, ahí está una parte incómoda del debate.
¿Qué puede hacer un trabajador español para proteger su futuro?
Conviene mirar el propio puesto con honestidad, identifica qué tareas puede automatizar una herramienta y cuáles dependen de tu experiencia, tu relación con clientes o tu capacidad de decidir. Esa distinción ayuda a priorizar.
Aprende una o dos aplicaciones útiles para tu sector y practica con casos reales. Además, mejora la comunicación escrita, el manejo de datos y la revisión crítica de resultados. Guardar ejemplos concretos de problemas resueltos aporta más valor que decir, sin pruebas, que sabes escribir instrucciones para una IA.
Los cursos del SEPE, la formación de empresa y los centros profesionales pueden ser un punto de partida. Ningún curso garantiza empleo. También hay que revisar las políticas internas, proteger los datos confidenciales y comprobar siempre las respuestas generadas.
La responsabilidad no puede recaer solo en el trabajador
Las empresas deberían formar antes de despedir, explicar los cambios y crear planes de recolocación cuando sea posible. Las instituciones deben medir la calidad de los nuevos empleos, no solo contar cuántos aparecen.
El Estatuto de los Trabajadores no recoge una causa tecnológica específica para el despido, por eso la adopción de IA abre debates sobre negociación colectiva, transparencia y protección laboral. La regulación europea y los derechos digitales españoles pueden poner límites, pero no sustituyen una transición laboral bien gestionada.
Una preocupación razonable, no una condena
La mayoría de las personas no verá desaparecer su profesión de un día para otro, pero sí verá cambiar tareas, requisitos y oportunidades. El mayor riesgo no es únicamente perder un empleo, sino quedarse sin acceso a la formación necesaria para ocupar el siguiente.
La adaptación debe ser compartida, depende de cada trabajador, pero también de empresas que no conviertan la eficiencia en un recorte sin alternativa y de instituciones capaces de sostener una transición justa.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.
