Cerca de 30 millones de personas probaron el veganismo durante Veganuary 2026. La campaña, presente en 228 países y territorios, convirtió enero en una prueba masiva de hábitos que antes parecían minoritarios.
No todos buscan lo mismo, el veganismo excluye productos de origen animal, mientras el vegetarianismo puede incluir huevos o lácteos. El flexitarianismo, por su parte, reduce la carne sin eliminarla por completo. Detrás del cambio hay salud, ética animal, preocupación ambiental y una oferta que ya está en supermercados y restaurantes.
Las razones que explican por qué miles se hacen veganos
Para muchas personas de entre 18 y 35 años, comer dejó de ser un acto automático. Revisan etiquetas, preguntan de dónde viene un producto y relacionan sus compras con valores personales. A veces el cambio nace tras ver un documental, otras veces empieza con una digestión más ligera, una receta de lentejas o una opción vegetal bien hecha en un restaurante.
Las motivaciones tampoco pesan igual para todos. La preocupación por los animales alcanza al 67% de veganos y vegetarianos. La sostenibilidad mueve al 29%, mientras la salud domina entre los flexitarianos, con un 62%.
Esa diferencia importa porque rompe una idea frecuente: no existe un único perfil vegano. Hay quien rechaza la explotación animal, quien quiere comer más fibra y quien intenta reducir el impacto de su dieta sin abandonar por completo la carne.
Muchas transiciones no comienzan con una prohibición, sino con una sustitución cotidiana.
Una persona puede pasar de pedir hamburguesa vegetal una vez por semana a eliminar la carne en casa. El proceso suele ser gradual, práctico y lleno de ajustes.
Salud, bienestar animal y sostenibilidad: tres motores distintos
Quienes se acercan al veganismo por salud suelen buscar más legumbres, cereales integrales, frutas y verduras, también quieren aumentar la fibra y cuidar su salud intestinal. Eso no convierte a una dieta vegetal en una garantía médica, pero sí puede mejorar la calidad general del plato cuando reemplaza alimentos ultraprocesados.
Para otros, el punto central es ético, evitan carnes, lácteos, huevos, cuero y otros productos ligados al uso de animales. La decisión suele tener una carga emocional fuerte, porque nace de una pregunta sencilla: ¿quiero participar en ese sistema?
La sostenibilidad añade otra capa, la ganadería requiere tierra, agua y alimento para los animales, además de generar emisiones. Reducir productos animales es una forma de bajar esa presión, aunque el impacto final depende de qué alimentos vegetales se elijan y cómo se producen.
Una dieta vegana necesita planificación. La vitamina B12 requiere especial atención mediante suplementos o alimentos fortificados, también conviene vigilar hierro, calcio, yodo, proteínas y vitamina D.
De la decisión privada a un movimiento visible
Las redes sociales redujeron la sensación de empezar solo, TikTok, Instagram y comunidades de recetas ofrecen menús, comparaciones de productos y respuestas rápidas para quien no sabe qué cocinar el primer lunes sin carne.
Veganuary también facilita el primer paso. En 2026, el 79% de sus participantes afirmó que planeaba mantener cambios dietéticos importantes. Durante la campaña aparecieron al menos 1.187 productos y menús nuevos en distintos mercados.
¿Cómo el auge vegano está desafiando a la industria alimentaria?
La industria alimentaria ya no mira a los consumidores vegetales como un nicho pequeño. Research Nester estima que el mercado global de alimentos veganos alcanzará 33.300 millones de dólares en 2026 y crecerá a un ritmo anual cercano al 11,8% hasta 2035. Las proyecciones cambian según la consultora, pero todas describen un mercado relevante.
Danone, PepsiCo, General Mills, Conagra Brands, The Coca-Cola Company y Beyond Meat compiten en categorías que antes tenían poca variedad. Ya no se trata solo de hamburguesas vegetales, hay bebidas de avena, yogures sin lácteos, mayonesas vegetales, postres, snacks y sustitutos del huevo.
PepsiCo y Beyond Meat crearon The PLANeT Partnership en 2021 para desarrollar snacks y bebidas con proteína vegetal. Este tipo de alianzas muestra que el cambio afecta la distribución, la publicidad y las fórmulas de producto.
Las grandes marcas buscan captar a quienes no se consideran veganos, pero quieren variar su menú. Ese público compra con menos fidelidad ideológica y compara precio, sabor y practicidad.
Más que hamburguesas: la carrera por sabor y nutrición
El consumidor actual no acepta una alternativa vegetal solo por llevar una hoja verde en el empaque. Espera buena textura, ingredientes reconocibles y un perfil nutricional convincente, si una bebida vegetal sabe aguada o un queso no se derrite, la promesa pierde fuerza.
La proteína sigue siendo importante, aunque la fibra, los fermentados y las referencias a prebióticos o probióticos ganan espacio. La salud intestinal se volvió un argumento de compra muy visible.
Sin embargo, los productos vegetales industriales también enfrentan críticas. Casi la mitad de los consumidores veggie ha reducido su compra de estos productos por percibirlos como artificiales o poco saludables. Las marcas tienen un problema concreto: simplificar fórmulas sin sacrificar sabor.
América Latina también cambia el menú
El cambio se ve en las cifras, durante el primer semestre de 2023, las ventas de platos vegetarianos y veganos en menús digitales de 1.722 restaurantes superaron los 7.318 millones de pesos. La comida vegetariana creció un 158% en 18 meses, mientras la vegana aumentó un 433%. Además, el 45% de los restaurantes analizados ofrecía al menos una opción vegetariana o vegana.
Kantar registró que uno de cada diez hogares colombianos consumía productos vegetarianos o veganos en 2023. Restaurantes tradicionales, emprendimientos locales y cadenas de alimentos han ampliado el menú porque la demanda ya no viene solo de personas veganas.
El veganismo crece, pero enfrenta precio, dudas y resistencia
El entusiasmo no avanza en línea recta. En España, la población veggie pasó del 13% de los adultos en 2021 al 11,1% en 2025, según Lantern. El grupo se estabilizó en 4,6 millones de personas, sostenido sobre todo por flexitarianos.
El precio frena a muchos consumidores. También pesan la disponibilidad irregular, las dudas nutricionales y la polarización cultural. Algunas personas asocian lo vegetal con sacrificio; otras desconfían de hamburguesas con listas de ingredientes demasiado largas.
La diferencia entre comer legumbres, arroz, verduras y frutas, y depender de sustitutos industriales es enorme. Una alimentación vegetal accesible necesita alimentos básicos bien distribuidos, información clara y productos preparados que no oculten su composición.
El flexitarianismo abre una puerta más amplia
La mayoría no elimina todos los alimentos animales de un día para otro. El flexitariano reduce la carne, pero todavía puede consumirla en ocasiones. Esa flexibilidad explica buena parte del crecimiento reciente.
Cambiar leche de vaca algunos días, cocinar garbanzos dos veces por semana o pedir una opción vegetal fuera de casa son decisiones pequeñas. Sin embargo, repetidas cada semana, modifican la demanda de forma visible.
Lo que la industria tendrá que demostrar
Las marcas deberán ofrecer precios competitivos y productos disponibles fuera de las grandes ciudades. También tendrán que explicar sus ingredientes con transparencia y respaldar sus afirmaciones nutricionales y ambientales.
Las cadenas de suministro importan. Depender de materias primas escasas o de proveedores lejanos puede elevar costos y limitar la oferta. El desafío no consiste en convencer a toda la población de hacerse vegana, sino en crear alimentos vegetales que la gente quiera elegir por su sabor, precio y calidad.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.
