Nutrición

El exceso de fosfatos reduce la longevidad

Foto Freepik
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Degustar un buen pedazo de carne o embutido puede ser lo más esperado para muchos después de una ardua jornada de trabajo. No obstante, comer este alimento es una costumbre no exenta de peligros, ya que su contenido provoca el envejecimiento prematuro.

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Papel de los fosfatos en la carne

Considerados imprescindibles dentro de la industria cárnica, los aditivos derivados del fósforo cumplen varias labores fundamentales. Ante todo, aportan color y sabor para que el producto sea más apetitoso. Además, conservan la humedad y volumen, evitando que la carne pierda esa jugosidad que tanto nos gusta.

Otro aspecto importante de los fosfatos consiste en que logran mantener la integridad proteica, evitando que el producto se deshaga una vez empaquetado. Estas propiedades son importantes para el consumidor y el fabricante, quien busca la preferencia del público mediante métodos tradicionales o modernos.

¿Cuáles son los problemas?

Lo primero que debes entender, es que el fósforo es uno de los minerales más abundantes. Está contenido en proteínas de origen animal, como la leche y la carne. El cuerpo solamente necesita un aporte pequeño (700 mg) porque se trata de un elemento que el intestino no asimila con facilidad.

La dieta promedio de un adulto moderno incluye al menos 3 g de fosfatos a través de la alimentación. Cuando se trata de un exceso artificial (conservantes, saborizantes, etc.), se absorbe más fácilmente. Esta acumulación provoca daño renal, riesgo cardiovascular, hipertensión, envejecimiento prematuro y también la muerte temprana.

Esto no quiere decir que el fósforo y sus derivados sean dañinos, sino más bien el consumo en exceso de alimentos que lo contienen. De hecho, la carne contiene una cantidad moderada de fosfatos (311 mg/100g), por lo que se aconseja consumir menos. A medida que envejecemos, la demanda de este mineral va decreciendo, siendo importante su control.

Menos fosfatos significan más vida

Muchos investigadores han alertado que, para controlar los niveles de fósforo en el organismo, hay que limitar los enlatados y la comida procesada. Existe una relación inversa con respecto a este mineral y la longevidad, ya que los adultos presentan niveles mucho más bajos que los adolescentes.

Un ejemplo es el síndrome de Hutchinson-Gilford (progeria), una enfermedad muy rara que acelera el envejecimiento en los niños. Es causada por unos niveles muy altos de fósforo. También es importante entender que mujeres y hombres funcionan de forma distinta, por lo que los valores normales en cada caso pueden variar.

Fuente :

A potential link between phosphate and aging – lessons from Klotho-deficient mice

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