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    <title><![CDATA[Salud y Alimentación — Infartos]]></title>
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    <description><![CDATA[Artículos sobre Infartos.]]></description>
    <language>es</language>
    <copyright>© 2026 Salud y Alimentación</copyright>
    <lastBuildDate>Wed, 07 Oct 2026 12:06:33 +0000</lastBuildDate>
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      <title><![CDATA[Salud y Alimentación — Infartos]]></title>
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      <title><![CDATA[Las 2 nuevas revelaciones sobre los ataques cardíacos que cambiarán la medicina]]></title>
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      <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 17:30:00 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Rodríguez Fernandez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[ataques cardíacos]]></category>
      <category><![CDATA[cardiología]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <category><![CDATA[investigación médica]]></category>
      <category><![CDATA[medicina moderna]]></category>
      <category><![CDATA[salud cardiovascular]]></category>
      <category><![CDATA[salud femenina]]></category>
      <description><![CDATA[Durante años, un infarto dejaba una herida casi fija en el corazón. Se podía abrir la arteria, salvar músculo y reducir riesgos, pero el tejido muerto seguía ahí. Hoy esa idea empieza a moverse. Por un lado, un equipo de la Universidad de Temple logró reactivar un gen con ARNm para mejorar la…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/calambres-de-corazon-3-causas-posibles-tmj6748ee0-social.jpg" alt="Foto Freepik" /><figcaption>Foto Freepik</figcaption></figure><p>Durante años, un infarto dejaba una herida casi fija en el corazón. Se podía abrir la arteria, salvar músculo y reducir riesgos, pero el tejido muerto seguía ahí. Hoy esa idea empieza a moverse.</p>



<p>Por un lado, un equipo de la <strong>Universidad de Temple</strong> logró reactivar un gen con <strong>ARNm</strong> para mejorar la reparación cardíaca en ratones. Por otro, un gran estudio liderado desde España puso en duda el uso rutinario de <strong>betabloqueantes</strong> en ciertos pacientes tras un ataque cardíaco. Una noticia mira al futuro de la regeneración; la otra cambia lo que podría pasar en la consulta mañana mismo.</p>



<h2>La ciencia detrás del gen PSAT1 y la idea de reparar el corazón</h2>



<p>El primer hallazgo llama la atención por una razón sencilla: no busca solo limitar el daño, busca ayudar al corazón a rehacerse. Los investigadores de Temple se fijaron en <strong>PSAT1</strong>, un gen muy activo cuando el corazón se forma al principio de la vida, pero casi apagado en la edad adulta.</p>



<p>Tras un infarto, el corazón adulto suele responder con cicatriz. Esa <a href="https://www.saludyalimentacion.com/amiloidosis-cardiaca-signos-alerta/">cicatriz evita una ruptura</a>, pero también reduce fuerza y elasticidad. En el estudio preclínico, los científicos reactivaron PSAT1 en ratones justo después del infarto y vieron señales que hace poco parecían fuera de alcance: más células musculares cardíacas, menos tejido cicatricial, más vasos sanguíneos y mejor función de bombeo. También observaron mayor supervivencia en los animales tratados.</p>



<p>Conviene frenar el entusiasmo a tiempo. Esto <strong>no se ha probado en humanos</strong> y todavía no es una terapia disponible, aun así, el dato pesa porque cambia la pregunta. Ya no se trata solo de cómo evitar que el corazón empeore, sino de si puede recuperar parte de lo perdido.</p>



<h3>¿Qué hace el ARNm para reactivar el gen PSAT1?</h3>



<p>La estrategia usa <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/baxdrostat-nueva-pildora-hipertension/">ARNm modificado</a></strong>, una instrucción temporal que entra en las células y les indica qué proteína producir. No cambia el ADN de forma permanente. Más bien da una orden corta, precisa y limitada en el tiempo.</p>



<p>En este caso, esa orden reactiva PSAT1 en el tejido lesionado. El gen participa en procesos metabólicos que ayudan a la célula a crecer, resistir el estrés y sobrevivir cuando el entorno es hostil. Dicho en simple, el corazón dañado encuentra mejores condiciones para reparar, y no solo para cicatrizar.</p>



<p>Los ratones tratados mostraron más proliferación de cardiomiocitos, que son las células musculares del corazón. Eso importa mucho, porque el gran problema tras un infarto es que esas células casi no se reemplazan en un adulto. Si esa puerta se abre, aunque sea un poco, la cardiología entra en otro terreno.</p>



<h3>¿Por qué este hallazgo podría cambiar la medicina del corazón?</h3>



<p>La mayoría de los tratamientos actuales después de un infarto hacen algo esencial, pero limitado. Restablecen el flujo, evitan nuevos eventos y bajan la carga del corazón. Lo que no hacen es reconstruir músculo perdido.</p>



<p>Por eso este trabajo genera tanta expectativa. Si una terapia basada en ARNm logra estimular reparación real, el manejo del daño cardíaco podría dejar de ser puramente defensivo. El objetivo ya no sería solo vivir con menos secuelas, sino conservar más función con el paso del tiempo.</p>



<p>Ahora bien, falta bastante. Los investigadores aún deben confirmar seguridad, duración del efecto, dosis adecuadas y la mejor forma de administrar la terapia. También necesitan datos en animales de mayor tamaño y, después, ensayos clínicos en personas. La promesa es seria, pero sigue en fase temprana. A veces la ciencia avanza como un rayo; otras, como una sutura paciente.</p>



<h2>El estudio que pone en duda el uso rutinario de betabloqueantes tras un infarto</h2>



<p>La segunda revelación no habla del futuro lejano, habla del presente. Durante décadas, los <strong>betabloqueantes</strong> se recetaron casi por rutina tras un infarto. Tiene lógica: reducen la frecuencia cardíaca y la demanda de oxígeno del corazón. En muchos escenarios han sido fármacos útiles.</p>



<p>Sin embargo, un gran análisis coordinado por el <strong>CNIC</strong>, con datos de <strong>17.801 pacientes</strong>, reabrió una pregunta incómoda. En personas que habían sufrido un infarto pero conservaban una <strong>función cardíaca normal</strong>, los betabloqueantes no mostraron un beneficio clínico claro en mortalidad, reinfarto o insuficiencia cardíaca. Resultados recientes, como los del estudio <strong>REBOOT</strong>, empujan en la misma dirección.</p>



<p>Esto no convierte al medicamento en un error, lo que hace es algo más interesante: rompe la costumbre de tratar a todos igual. En medicina, una rutina puede durar años incluso cuando el contexto ya cambió. Hoy muchos pacientes llegan antes al hospital, reciben angioplastia, antiagregantes potentes y estatinas. En ese nuevo escenario, algunas viejas certezas necesitan una revisión honesta.</p>



<h3>¿A qué pacientes afecta realmente este cambio?</h3>



<p>La clave está en el perfil del paciente. El hallazgo se refiere sobre todo a quienes mantienen una <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/la-salud-del-corazon-salud-4-factores/">fracción de eyección preservada</a></strong>, es decir, un corazón que sigue bombeando bien después del infarto. En ese grupo, el beneficio añadido de los betabloqueantes no aparece con claridad.</p>



<p>La historia cambia cuando el corazón queda debilitado. Ahí el efecto favorable sí parece más sólido, sobre todo cuando la fracción de eyección baja del 50 por ciento. Por eso sería un error leer este estudio como una orden de suspender tratamientos de forma general.</p>



<p>También sería un error pensar que todos los casos se parecen. Un mismo paciente puede tener otras razones clínicas para seguir con ese fármaco. Lo importante es que la indicación deje de ser automática y pase a ser más fina, más medida, más pegada a la realidad de cada corazón.</p>



<h3>¿Qué puede cambiar en las guías y en la consulta médica?</h3>



<p>Si estos datos se consolidan, las guías clínicas podrían ajustar sus recomendaciones tras un infarto no complicado. No sería un giro teatral, pero sí un cambio práctico: menos recetas por inercia y más decisiones basadas en función ventricular, riesgo y tolerancia.</p>



<p>En la consulta, eso se traduce en conversaciones mejores. El médico ya no solo pregunta si hubo un infarto; también mira cómo quedó el corazón, qué beneficio se espera y qué carga añade cada pastilla. Esa es la parte menos vistosa de la ciencia, aunque quizá sea la más útil.</p>



<p>Hay algo sano en este movimiento. La medicina gana cuando acepta que un tratamiento puede ser excelente para unos y poco útil para otros. Eso no debilita la confianza; la vuelve más precisa.</p>



<h2>La idea que queda</h2>



<p>Las dos noticias parecen distintas, pero empujan en la misma dirección. Una intenta <strong>reparar</strong> el corazón lesionado; la otra busca <strong>tratar mejor</strong> a quien ya salió del infarto sin daño importante en su función de bombeo.</p>



<p>Si estos caminos siguen firmes, la cardiología será menos automática y más exacta. Y eso, para un órgano que no perdona errores, puede cambiar mucho más que un protocolo.</p>]]></content:encoded>
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        <media:description type="plain"><![CDATA[Foto Freepik]]></media:description>
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      <title><![CDATA[Infartos y accidentes cerebrovasculares: la amenaza silenciosa del siglo XXI]]></title>
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      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 13:00:55 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Margarita Martinez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <description><![CDATA[Un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV) puede aparecer como un golpe seco, sin aviso, y cambiar una vida en minutos. Lo inquietante es que muchas veces el cuerpo venía “avisando”, pero sin dolor ni señales claras. Por eso se habla de amenaza silenciosa. Las cifras no dejan lugar a dudas.…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/como-se-siente-tener-un-ataque-al-corazon-senales-tmj9ihc5d7-social.jpg" alt="Infartos y accidentes cerebrovasculares: la amenaza silenciosa del siglo XXI" /><figcaption>Foto: Freepik</figcaption></figure><p>Un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV) puede aparecer como un golpe seco, sin aviso, y cambiar una vida en minutos. Lo inquietante es que muchas veces el cuerpo venía “avisando”, pero sin dolor ni señales claras. Por eso se habla de <strong>amenaza silenciosa</strong>.</p>
<p>Las cifras no dejan lugar a dudas. En 2021 murieron cerca de <strong>20,5 millones</strong> de personas por enfermedades cardiovasculares en el mundo, y en 2022 fueron alrededor de <strong>19,8 millones</strong> (aprox. un <strong>32%</strong> de todas las muertes globales). Y, dentro de ese enorme número, se estima que cerca del <strong>85%</strong> se debe a <strong>infartos</strong> y <strong>ACV</strong>.</p>
<p>Entender qué son, reconocer señales y controlar riesgos cotidianos puede marcar la diferencia entre una historia que se corta y una que sigue.</p>
<h2>Infarto y ACV: qué son, en qué se diferencian y por qué son tan frecuentes hoy</h2>
<p>Un infarto de miocardio ocurre cuando se tapa una arteria que alimenta el corazón. Sin oxígeno, una parte del músculo cardíaco empieza a dañarse. A veces la obstrucción se forma por una placa de grasa (aterosclerosis) que se rompe y genera un coágulo.</p>
<p>Un <strong>ACV</strong> sucede en el cerebro y puede ser de dos tipos: isquémico (se tapa un vaso y no llega sangre) o hemorrágico (se rompe un vaso y hay sangrado). En ambos, el problema es el mismo en el fondo: el cerebro deja de recibir el flujo normal que necesita para funcionar.</p>
<p>¿Por qué parecen más frecuentes en el siglo XXI? Hay varias piezas que encajan demasiado bien: más <strong>sedentarismo</strong>, más <strong>obesidad</strong>, más exposición a <strong>estrés</strong> sostenido, más comida ultraprocesada, y más gente viviendo muchos años con <strong>hipertensión</strong> y <strong>diabetes</strong>. A eso se suma un dato incómodo: en muchos lugares, las mejoras en prevención se estancaron, y las muertes prematuras (antes de los 70) siguen siendo una carga enorme.</p>
<h3>Las señales de alarma que no se deben ignorar (y qué hacer en el momento)</h3>
<p>Con el infarto, el síntoma típico es una presión o dolor en el pecho que no se parece a una molestia muscular común. Puede sentirse como un peso, una opresión, o un ardor que no cede. A veces se acompaña de falta de aire, sudor frío, náuseas, o dolor que corre hacia el brazo (sobre todo el izquierdo), la espalda o la mandíbula.</p>
<p>En el <strong>ACV</strong>, lo más llamativo suele ser el cambio brusco: la cara se cae de un lado, un brazo pierde fuerza o sensibilidad, aparece dificultad para hablar o entender, o se pierde visión de golpe. También puede presentarse un dolor de cabeza muy fuerte y repentino, mareo intenso o problemas para caminar.</p>
<p>La regla práctica es simple: si hay síntomas compatibles, hay que llamar a <strong>emergencias</strong> ya. No conviene manejar, no conviene “esperar a ver si se pasa”. En corazón y cerebro, cada minuto cuenta.</p>
<h3>Impacto real: cifras recientes y por qué también afecta a personas “aparentemente sanas”</h3>
<p>A escala global, las enfermedades cardiovasculares siguen liderando la mortalidad. En 2021 se estimaron <strong>20,5 millones</strong> de muertes por esta causa, y en 2022 alrededor de <strong>19,8 millones</strong>. En 2021, se atribuyeron cerca de <strong>9 millones</strong> a enfermedad coronaria y unos <strong>7,25 millones</strong> a <strong>ACV</strong>.</p>
<p>Además, el impacto no se reparte de forma justa: más de <strong>tres cuartas partes</strong> de las muertes cardiovasculares ocurren en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso a controles, medicación y atención rápida suele ser más difícil.</p>
<p>Y está el engaño más común: sentirse “bien”. La <strong>presión alta</strong> y el <strong>colesterol alto</strong> suelen avanzar sin síntomas. Se puede trabajar, entrenar y dormir “más o menos”, y aun así tener arterias bajo estrés todos los días.</p>
<h2>Los factores de riesgo que más se repiten y cómo detectarlos a tiempo</h2>
<p>Si hubiese que elegir un factor que se repite una y otra vez, es la <strong>hipertensión</strong>. Es frecuente, no duele, y con el tiempo daña la pared de las arterias. Ese desgaste favorece placas, coágulos y rupturas, justo el camino que puede terminar en infarto o ACV.</p>
<p>Después aparecen los conocidos de siempre, pero no por eso menos serios: <strong>tabaquismo</strong>, <strong>diabetes</strong>, colesterol LDL elevado, exceso de peso y <strong>sedentarismo</strong>. Ninguno actúa solo. El problema real suele ser el <strong>riesgo acumulado</strong>: un poco de presión alta, un poco de azúcar alta, años de cigarrillo “social”, y estrés que no afloja. De golpe, el cuerpo paga la cuenta.</p>
<p>Detectarlo a tiempo no exige nada raro. Suele empezar con controles simples y sostenibles:</p>
<ul>
<li>Tomarse la presión con regularidad (y anotar valores).</li>
<li>Analítica de sangre para lípidos y glucosa.</li>
<li>Revisar peso y cintura como señales de tendencia, no como castigo.</li>
<li>Hablar antecedentes familiares (infarto o ACV en edades tempranas).</li>
</ul>
<p>Si hay dudas, lo mejor es conversarlo con un profesional y armar un plan realista.</p>
<h3>Hipertensión: el enemigo silencioso, cómo saber si la tienes y qué significa controlarla</h3>
<p><a href="https://www.saludyalimentacion.com/los-efectos-hipertension-no-tratada/">La hipertensión</a> es, en pocas palabras, una presión excesiva dentro de los vasos sanguíneos. Al principio no se siente, pero funciona como una manguera con demasiada presión: con los años, el material se deteriora. Ese daño facilita que el corazón trabaje de más y que las arterias se vuelvan más rígidas.</p>
<p>La única forma confiable de saber si está alta es medirla. Lo ideal es hacerlo con un equipo confiable, con técnica correcta, y con seguimiento. Un valor aislado no cuenta toda la historia, pero una tendencia sí.</p>
<p>“Controlarla” no es solo tomar medicación cuando toca. También es sostener hábitos que bajen la carga diaria del sistema: menos sal, más movimiento, mejor descanso, y constancia.</p>
<p>En Argentina, por ejemplo, se estima que la hipertensión afecta a cerca del <strong>35%</strong> de los adultos (alrededor de <strong>16 millones</strong> de personas). Un punto crítico es que entre <strong>40% y 44%</strong> no sabe que la tiene, y solo alrededor de <strong>17%</strong> la mantiene bien controlada. Esa brecha explica por qué muchos eventos llegan sin aviso.</p>
<h3>Tabaco, azúcar y colesterol: cómo dañan corazón y cerebro aunque no duela nada</h3>
<p>El tabaco inflama y endurece las arterias. También altera la sangre, favorece coágulos y reduce oxígeno disponible. Aunque se fume poco, el riesgo no se vuelve “cero” por ser ocasional, lo que cambia es la magnitud.</p>
<p>El exceso de azúcar sostenido se relaciona con resistencia a la insulina y <strong>diabetes</strong>, y eso acelera el daño vascular. No hace falta “sentirse mal” para estar en riesgo, la glucosa alta puede avanzar en silencio durante años.</p>
<p>El <strong>LDL</strong> alto, el “colesterol malo”, ayuda a formar placas dentro de las arterias. Si una placa se rompe, el cuerpo intenta “reparar” formando un coágulo, y ese coágulo puede tapar el paso en el corazón o el cerebro.</p>
<p>No va de culpas. Va de decisiones posibles, con ayuda médica cuando hace falta, y con objetivos que se puedan sostener.</p>
<h2>Prevención que funciona en la vida real: hábitos, chequeos y pasos para bajar el riesgo desde hoy</h2>
<p>La prevención no es una promesa mágica, es un conjunto de pequeñas palancas que, juntas, bajan mucho el riesgo. En prevención primaria, la meta es evitar el primer evento. En prevención secundaria (si ya hubo infarto o ACV), la meta es reducir la repetición, que suele ser más probable sin seguimiento.</p>
<p>En ambos casos, el corazón agradece lo mismo: mejor control de <strong>presión</strong>, <strong>colesterol</strong> y <strong>glucosa</strong>, más movimiento y menos hábitos que inflaman arterias.</p>
<h3>Cambios simples, bien hechos: movimiento, comida, sueño y manejo del estrés</h3>
<p>La <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/ejercicio-cardiologos-evitar-infartos/">actividad física</a></strong> no tiene por qué parecer un plan militar. Empezar por caminar más, usar escaleras, o moverse en bloques cortos durante el día ya cambia el metabolismo y la presión con el tiempo.</p>
<p>En la mesa, la idea no es “comer perfecto”, sino acercarse a una <strong>alimentación saludable</strong> la mayoría de los días: menos ultraprocesados, menos <strong>sal</strong>, más comida real (frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado si se consume). Si la sal es alta, la presión suele acompañar.</p>
<p>El <strong>sueño</strong> es un regulador subestimado. Dormir mal de forma crónica afecta hormonas, hambre, presión y ánimo. Y el estrés, cuando se vuelve permanente, empuja a comer peor, moverse menos y fumar más. Pedir apoyo, hacer terapia, respirar, organizar horarios, todo suma si se sostiene.</p>
<h3>Chequeos y prevención secundaria: qué hablar con tu médico si ya tuviste un susto</h3>
<p>Después de un infarto o un ACV, el riesgo de repetir existe y no conviene minimizarlo. En general, los controles incluyen <strong>presión arterial</strong>, lípidos, glucosa y revisión de adherencia al tratamiento. También se ajustan hábitos de forma gradual, para que no se abandonen a la semana.</p>
<p>Sirve mucho tener un plan familiar simple: reconocer señales, saber a quién llamar, y no discutir con el síntoma. Si vuelve a pasar, la rapidez es parte del tratamiento.</p>]]></content:encoded>
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      <title><![CDATA[El ejercicio que los cardiólogos recomiendan para evitar infartos y mejorar la circulación]]></title>
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      <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 18:00:23 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Margarita Martinez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <description><![CDATA[Si buscas el “ejercicio perfecto” para cuidar el corazón, hay una verdad simple, no existe un único movimiento mágico. Lo que más se repite en consulta es una combinación muy concreta, fácil de hacer en casa o en la calle, y que encaja en casi cualquier vida. La meta suele ser la misma, bajar el…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/cuanto-tiempo-debes-caminar-al-dia-para-mantener-u-tmj9r79076-social.jpg" alt="El ejercicio que los cardiólogos recomiendan para evitar infartos y mejorar la circulación" /><figcaption>Foto: Freepik</figcaption></figure><p>Si buscas el “ejercicio perfecto” para cuidar el corazón, hay una verdad simple, <strong>no existe un único movimiento mágico</strong>. Lo que más se repite en consulta es una combinación muy concreta, fácil de hacer en casa o en la calle, y que encaja en casi cualquier vida.</p>
<p>La meta suele ser la misma, <a href="https://www.saludyalimentacion.com/11prevenir-un-infarto-y-tener-un-corazon-sano/">bajar el riesgo de infarto</a>, mejorar la <strong>circulación</strong>, ayudar con la tensión, el colesterol y el azúcar. Y lo mejor es que no necesitas máquinas ni rutinas eternas para empezar.</p>
<h2>El ejercicio más recomendado por cardiólogos: aeróbico (caminar rápido) más fuerza suave</h2>
<p>Si el corazón fuera un motor, el <a href="https://www.saludyalimentacion.com/proteger-corazon-20-minutos/">ejercicio aeróbico</a> sería el mantenimiento básico que no se negocia. Caminar a paso rápido, ir en bici tranquila o nadar hace que el corazón trabaje de forma sostenida y más eficiente. Con el tiempo, bombea mejor con menos esfuerzo, y eso se nota en la vida real: menos ahogo al subir escaleras, piernas menos pesadas, mejor energía.</p>
<p>Las guías cardiológicas más citadas en los últimos años (como las europeas y las de EE. UU.) coinciden en la base: moverse de forma regular, con prioridad por el <strong>ejercicio aeróbico</strong>. “Caminar rápido” destaca porque es accesible, no castiga las articulaciones y se puede ajustar al nivel de cada persona. No hace falta correr para que cuente.</p>
<p>Ahora viene el segundo pilar que mucha gente ignora: sumar <strong>fuerza</strong> suave. No es solo “ponerse fuerte”. Es mejorar <a href="https://www.saludyalimentacion.com/como-controlar-el-nivel-de-azucar-en-la-sangre-con-ejercicio/">cómo tu cuerpo usa la glucosa</a>, proteger músculo (que también es salud), y ayudar a controlar peso y presión arterial. Además, tener piernas y espalda más fuertes hace que caminar sea más fácil, y eso te ayuda a sostener el hábito.</p>
<p>¿Y qué es fuerza “suave” en la práctica? Cosas sencillas: sentarte y levantarte de una silla varias veces, subir un tramo de escaleras con calma, hacer remo con una banda elástica, empujar la pared como si fuera una flexión, o usar mancuernas ligeras con movimientos controlados. También cuenta el peso corporal, como sentadillas a rango corto o elevar talones para activar gemelos (muy útiles para el retorno venoso y esa sensación de “piernas cargadas”).</p>
<p>La idea no es agotarte. Es dar un estímulo claro, repetido y progresivo. El corazón agradece la constancia, no las heroicidades de un día.</p>
<h3>Cómo saber si la intensidad es la correcta sin aparatos</h3>
<p>La forma más simple es el “test del habla”. En una <strong>intensidad moderada</strong>, puedes hablar en frases cortas sin quedarte sin aire, respiras más fuerte y quizá sudas un poco, pero no vas al límite. Si puedes cantar sin esfuerzo, vas demasiado suave; si no puedes decir más de dos o tres palabras, te has pasado.</p>
<p>La clave es la <strong>progresión</strong>. Empieza fácil y sube poco a poco, ya sea minutos, ritmo o días por semana. Tu cuerpo se adapta mejor así y reduces el riesgo de lesión.</p>
<p>Baja el ritmo si aparecen <strong>señales de alarma</strong> como dolor u opresión en el pecho, falta de aire fuera de lo normal, mareo, palpitaciones muy molestas, o dolor que se va a brazo, cuello o mandíbula. Si eso pasa, toca parar y pedir valoración médica.</p>
<h3>Qué beneficios reales aporta al riesgo de infarto y a la circulación</h3>
<p>Lo más valioso del ejercicio no es una promesa rápida, es el efecto acumulado. Las recomendaciones de sociedades cardiológicas señalan que alcanzar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada se asocia con una <a href="https://www.saludyalimentacion.com/infartos-y-accidentes-cerebrovasculares-la-amenaza-silenciosa-del-siglo-xxi/">reducción relevante de eventos cardiovasculares</a> en personas activas frente a sedentarias (en torno al 25% en estimaciones usadas en guías), y que subir hasta 300 minutos puede aportar beneficios extra.</p>
<p>En el día a día, esa mejora suele verse en marcadores muy concretos: mejor <strong>presión arterial</strong>, mejor perfil de grasas (incluido el <strong>colesterol LDL</strong>), mejor control de <strong>glucosa</strong>, y más <strong>resistencia</strong> para las tareas normales. También <a href="https://www.saludyalimentacion.com/el-habito-clave-para-mejorar-la-circulacion-moverse-a-diario/">mejora la función de los vasos sanguíneos</a>, lo que favorece la circulación, sobre todo cuando se combina con fuerza suave y hábitos básicos como dormir bien y moverse a lo largo del día.</p>
<h2>Rutina semanal sencilla para empezar hoy (segura, realista y sostenible)</h2>
<p>Las guías actuales suelen marcar un objetivo claro: <strong>150 a 300 minutos</strong> de aeróbico moderado a la semana, y <strong>fuerza 2 días</strong>. Suena a mucho si lo lees de golpe, pero en la práctica es bastante manejable.</p>
<p>Piensa en el plan como si fuera “pagar cuotas”, no un pago único. Cinco días de 30 minutos de caminar rápido ya te ponen en 150. Y si tu agenda va apretada, dos bloques de 15 minutos cuentan igual. Un paseo con intención al mediodía y otro corto al atardecer puede ser más fácil que buscar una hora entera.</p>
<p>La fuerza puede ser el remate final, no un entrenamiento aparte. Por ejemplo, al terminar la caminata dos días por semana, añade 10 a 15 minutos de ejercicios simples: sentarte y levantarte de una silla, empujes contra pared, remo con banda, peso ligero para hombros, y un par de movimientos para piernas. Pocas repeticiones, buena técnica, sin contener la respiración.</p>
<p>En vez de obsesionarte con números, mide el avance con señales claras: caminas el mismo trayecto con menos esfuerzo, te recuperas antes al parar, o puedes mantener el paso sin “quemarte” al minuto diez. Si una semana va mal, no pasa nada. <strong>Menos siempre es mejor que nada</strong>, y volver al plan al día siguiente vale más que castigarte.</p>
<h3>Si eres sedentario, mayor o tienes hipertensión: cómo adaptarlo sin miedo</h3>
<p>Si vienes de <strong>sedentarismo</strong>, o tienes <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/diez-consejos-de-cardiologos-para-un-corazon-sano-pasos-diarios-sueno-fresco-y-chequeos-desde-los-40/">hipertensión</a></strong>, lo más sensato es empezar con 10 a 15 minutos a ritmo cómodo, más días a la semana, en terreno plano. Puedes hacer pausas cortas y retomar. Eso también entrena. En pocas semanas, subes minutos antes de subir ritmo.</p>
<p>Si hay antecedentes cardiacos, síntomas raros, o medicación que afecta la frecuencia cardiaca, una <strong>consulta médica</strong> te da seguridad y un plan adaptado. No es para asustarse, es para hacerlo bien.</p>
<h3>Errores comunes que frenan resultados y cómo evitarlos</h3>
<p>El primer error es salir demasiado fuerte. Te deja dolorido, te baja la motivación y muchas veces te obliga a parar días. Mejor quedarte con ganas de un poco más y repetir mañana. Eso es <strong>constancia</strong>.</p>
<p>Otro fallo típico es “solo fines de semana”. Dos días intensos y cinco parado no construyen hábito ni ayudan tanto a la circulación. También frena olvidarse de la <strong>fuerza</strong>, dormir poco, o entrenar deshidratado. La <strong>recuperación</strong> y los <strong>hábitos</strong> sostienen el progreso, aunque suenen aburridos.</p>]]></content:encoded>
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        <media:credit><![CDATA[Foto: Freepik]]></media:credit>
        <media:title type="plain"><![CDATA[El ejercicio que los cardiólogos recomiendan para evitar infartos y mejorar la circulación]]></media:title>
      </media:content>
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      <title><![CDATA[Infartos en jóvenes: por qué están aumentando y cómo proteger tu corazón]]></title>
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      <pubDate>Fri, 07 Nov 2025 08:00:17 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Margarita Martinez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <description><![CDATA[Desde 2019 a 2023, los infartos en personas de 18 a 44 años crecieron un 66% en EE. UU. En España, la curva sube desde 2020, con especial impacto entre 40 y 55 años. No es un tema lejano. Cada vez más jóvenes llegan a urgencias con un infarto en jóvenes, y 1 de cada 5 hospitalizados por infarto…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/infartos-en-jovenes-por-que-estan-aumentando-y-com-tmjc8kc112-social.jpg" alt="Infartos en jóvenes: por qué están aumentando y cómo proteger tu corazón" /><figcaption>Foto: Freepik</figcaption></figure><p>Desde 2019 a 2023, los infartos en personas de 18 a 44 años crecieron un 66% en EE. UU. En España, la curva sube desde 2020, con especial impacto entre 40 y 55 años. No es un tema lejano. Cada vez más jóvenes llegan a urgencias con un <strong>infarto en jóvenes</strong>, y 1 de cada 5 hospitalizados por infarto tiene 40 años o menos. Importa porque cambia la forma en que debemos cuidarnos y pedir ayuda. En este artículo aprenderás a reconocer <strong>señales de alerta</strong>, entender los factores de riesgo que pesan más a edades tempranas y qué medidas de <strong>prevención</strong> funcionan de verdad. El objetivo no es alarmar, es darte claridad y herramientas para actuar a tiempo.</p>
<h2>¿Por qué aumentan los infartos en adultos jóvenes? Datos 2025 y contexto</h2>
<p>La <strong>tendencia mundial</strong> muestra más casos en adultos jóvenes, sobre todo desde la pandemia. En los registros recientes aparece un aumento del 66% en el grupo de <strong>18 a 44 años</strong> en EE. UU., y 1 de cada 5 pacientes hospitalizados por infarto tiene 40 años o menos. En España, los cardiólogos reportan un repunte sostenido desde 2020, con mayor peso en el tramo de <strong>España 40 a 55 años</strong>. Aunque la mayoría de infartos siguen ocurriendo en mayores, el cambio en edades jóvenes ya se siente en guardias y consultas.</p>
<p>Este giro se relaciona con hábitos de vida que se han deteriorado: más horas sentados, peor dieta, <a href="https://www.saludyalimentacion.com/principales-causas-del-colesterol-alto/">más ultraprocesados</a>, aumento de peso y picos de estrés. La etapa pospandemia dejó un legado de ansiedad, sueño corto y menos movimiento diario. Todo eso se traduce en inflamación y placas que se forman antes de lo que pensamos.</p>
<p>Hay otro punto clave. El daño arterial no aparece de repente a los 60. Se acumula desde la adolescencia y los 20, silencioso, incluso si aún no hay diagnósticos de hipertensión o diabetes. Por eso vemos infartos en gente que dice sentirse “sana” hasta el día previo. La historia familiar, el colesterol y el tabaco hacen el resto.</p>
<p>La buena noticia es que el riesgo es modificable. Cambiar rutinas, detectar a tiempo y actuar rápido reduce la discapacidad y salva vidas. El primer paso es conocer las señales y dejar de pensar que esto “no me toca”.</p>
<h3>Qué muestran las cifras más recientes en jóvenes</h3>
<p>En pocos años, los ingresos por <strong>infarto agudo de miocardio</strong> en jóvenes han crecido con fuerza. En EE. UU., los reportes recientes informan un aumento del <strong>66%</strong> en el grupo de <strong>18 a 44 años</strong> entre 2019 y 2023. Además, ya es frecuente que <strong>1 de cada 5</strong> hospitalizados tenga <strong>40 años o menos</strong>. En España, el repunte desde 2020 se concentra en quienes tienen entre 40 y 55, con más casos en urgencias y unidades coronarias.</p>
<p>El problema dejó de ser raro. Afecta a familias, trabajos y rutinas. Cuando una persona joven infarta, el impacto económico y emocional es mayor. Hay menos diagnóstico previo y más resistencia a pedir ayuda, lo que retrasa el tratamiento.</p>
<h3>Estilo de vida y estrés: los motores del riesgo temprano</h3>
<p>El <strong>sedentarismo</strong>, los <strong>ultraprocesados</strong>, el sobrepeso y el <strong>sueño insuficiente</strong> empujan a una <a href="https://www.saludyalimentacion.com/cuatro-factores-de-riesgo-que-causan-casi-todos-los-infartos-y-accidentes-cerebrovasculares-segun-expertos/">inflamación crónica que daña las arterias</a>. Tras la pandemia, subió el estrés y el tiempo sentado, y bajó el movimiento incidental. Es la suma de hábitos la que acelera la aterosclerosis. Muchos días “de oficina eterna”, cenas rápidas y noches cortas pasan factura.</p>
<h3>Diferencias por sexo y edad que conviene conocer</h3>
<p>En hombres jóvenes, el <strong>tabaco</strong> y el <strong>colesterol alto</strong> pesan más. En mujeres jóvenes aparecen causas menos típicas, como la <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/crisis-cardiacas-en-mujeres/">disección coronaria</a></strong>, y síntomas más discretos. Además, los jóvenes que infartan suelen tener menos hipertensión o diabetes que los mayores, lo que confunde el diagnóstico y retrasa la atención. Mirar la edad no basta, hay que mirar el cuadro clínico.</p>
<h2>Síntomas, causas y factores de riesgo en jóvenes: cómo reconocerlos a tiempo</h2>
<p>Los síntomas clásicos siguen siendo los mismos, pero en jóvenes pueden ser más sutiles y fluctuantes. El <strong>dolor opresivo en el pecho</strong> que no cede, el malestar que irradia al <strong>brazo izquierdo</strong>, la <strong>espalda</strong>, el <strong>cuello</strong> o la <strong>mandíbula</strong>, y la <strong>falta de aire</strong> ameritan consulta inmediata. El <strong>sudor frío</strong>, las <strong>náuseas</strong> o el <strong>mareo</strong> cuentan, aunque el dolor no sea intenso. En mujeres puede predominar una fatiga abrumadora o una presión en la boca del estómago que se confunde con indigestión.</p>
<p>Los factores de riesgo con mayor peso a edades tempranas incluyen <strong>tabaco</strong>, <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/colesterol-error-comun/">colesterol alto</a></strong>, <strong>historia familiar</strong> de infarto precoz, <strong>obesidad</strong>, <strong>diabetes</strong> y <strong>estrés</strong> sostenido. El combo de vida sedentaria y mala alimentación acelera la placa. También existen causas menos comunes, como la <strong>disección coronaria</strong>, algunas infecciones o la <strong>anemia grave</strong>, que pueden disparar un evento. El mayor enemigo es el mito de “soy joven, no puede ser un infarto”. Ese pensamiento retrasa la consulta y empeora el pronóstico. Actuar temprano cambia el desenlace.</p>
<h3>Síntomas de infarto en jóvenes que suelen pasar desapercibidos</h3>
<p>El síntoma más típico es el <strong>dolor opresivo en el pecho</strong>, a veces como peso o quemazón. Puede irradiarse al <strong>brazo izquierdo</strong>, <strong>espalda</strong>, <strong>cuello</strong> o <strong>mandíbula</strong>. Se asocian <strong>falta de aire</strong>, <strong>sudor frío</strong>, <strong>náuseas</strong> o <strong>mareo</strong>. En mujeres puede predominar una fatiga intensa o molestia en la boca del estómago, sin dolor torácico claro. El dolor puede ir y venir, pero requiere atención inmediata.</p>
<h3>Los factores de riesgo que más pesan antes de los 55</h3>
<p>El <strong>tabaquismo</strong> y el <strong>colesterol alto</strong> son protagonistas en hombres jóvenes. En ambos sexos suman riesgo los <strong>antecedentes familiares</strong>, la <strong>obesidad</strong>, la <strong>diabetes</strong> y el <strong>estrés</strong>. Combinar varios factores multiplica el peligro, incluso si los valores parecen “un poco altos” pero no extremos.</p>
<h3>Causas menos comunes que no hay que ignorar</h3>
<p>La <strong>disección espontánea de la arteria coronaria</strong> puede aparecer en mujeres jóvenes, a veces tras estrés intenso o posparto. También algunas infecciones o <strong>anemia grave</strong> actúan como disparadores. Requieren diagnóstico médico, porque los síntomas pueden imitar un ataque de ansiedad.</p>
<h3>Mitos que retrasan el diagnóstico en gente joven</h3>
<p>El <strong>mito</strong> de que ser joven o deportista te blinda confunde. El dolor de pecho no siempre es por nervios. Creerlo hace perder minutos valiosos. En un infarto, <strong>tiempo es músculo</strong>. Ante dudas, <strong>consulta urgente</strong>.</p>
<h2>Cómo prevenir un infarto joven y qué hacer si aparecen síntomas</h2>
<p>La <strong>prevención</strong> arranca en la mesa y en el día a día. <a href="https://www.saludyalimentacion.com/11prevenir-un-infarto-y-tener-un-corazon-sano/">Una dieta con frutas, verduras, legumbres</a> y cereales integrales reduce colesterol y presión. Limitar sal, azúcares y ultraprocesados ayuda a bajar la inflamación. <a href="https://www.saludyalimentacion.com/ejercicio-cardiologos-evitar-infartos/">Moverse con regularidad</a> protege el endotelio y mejora el control del peso. Dejar de fumar recorta el riesgo desde las primeras semanas. Dormir bien y manejar el estrés estabiliza la tensión y evita picos de adrenalina. Revisar <strong>colesterol</strong>, <strong>presión arterial</strong> y <strong>glucosa</strong> permite actuar antes del daño. Si aparecen síntomas, lo primero es <strong>llamar a emergencias</strong>, no conducir, descansar y anotar la hora de inicio. Considerar una dosis de <strong>aspirina</strong> solo si no hay alergia ni sangrado y siguiendo la indicación del personal sanitario.</p>
<h3>Hábitos que protegen tu corazón desde hoy</h3>
<p>Prioriza alimentos frescos. Cocina más en casa y reduce los ultraprocesados y los azúcares de bebida. <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/ejercicio-cardiologos-evitar-infartos/">Muévete cada día</a></strong>, aunque sea con caminatas de 30 minutos o bicicleta al trabajo. <strong>No fumes</strong> y busca apoyo si lo necesitas. Duerme entre 7 y 9 horas y practica <strong>gestión del estrés</strong>, como respiración 4-6, pausas breves o journaling. Un ejemplo simple: plato con medio de verdura, cuarto de proteína y cuarto de integral, agua y paseo de 15 minutos tras comer.</p>
<h3>Chequeos y números clave a vigilar</h3>
<p>Controla <strong>colesterol</strong>, <strong>presión arterial</strong>, <strong>glucosa</strong> y el peso. Si tienes <strong>historia familiar</strong> o factores de riesgo, inicia controles en los 20 a 30. En adultos jóvenes, repite al menos cada 1 a 2 años. Interpreta siempre los valores con tu médico y acuerda metas realistas.</p>
<h3>Plan de acción ante síntomas: actúa sin retrasos</h3>
<p>Ante dolor de pecho u otros signos, <strong>llama ya</strong> a emergencias. Mantente en reposo, mejor semisentado. <strong>No conduzcas</strong> ni esperes a ver “si se pasa”. Anota la hora de inicio. Considera <strong>aspirina</strong> solo si no eres alérgico, no hay sangrado y te lo indica el personal de emergencias. Evita la automedicación.</p>
<h3>Reduce el riesgo en el trabajo, la universidad y en casa</h3>
<p>Haz <strong>pausas activas</strong> de 2 a 3 minutos cada hora, sube escaleras, lleva snacks saludables y agua a mano. Limita pantallas antes de dormir. Practica respiraciones lentas para bajar el <strong>estrés</strong>. <strong>Organiza tu día</strong> con bloques de concentración y descansos cortos para moverte.</p>]]></content:encoded>
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        <media:credit><![CDATA[Foto: Freepik]]></media:credit>
        <media:title type="plain"><![CDATA[Infartos en jóvenes: por qué están aumentando y cómo proteger tu corazón]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Día Mundial del Corazón 2025: cómo prevenir infartos con hábitos y medicación adecuada]]></title>
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      <pubDate>Sun, 26 Oct 2025 14:00:11 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Margarita Martinez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <description><![CDATA[El Día Mundial del Corazón 2025 se celebra el 29 de septiembre, con el lema «No te pierdas ni un latido», y cumple su 25 aniversario. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo, con más de 20,5 millones de fallecimientos al año. La buena noticia es…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/salud-cardiovascular-freepik-tmj9hc0692-social.jpg" alt="Foto Freepik" /><figcaption>Foto Freepik</figcaption></figure><p>El <strong>Día Mundial del Corazón 2025</strong> se celebra el <strong>29 de septiembre</strong>, con el lema <strong>«No te pierdas ni un latido»</strong>, y cumple su <strong>25 aniversario</strong>. Las <strong>enfermedades cardiovasculares</strong> siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo, con más de <strong>20,5 millones</strong> de fallecimientos al año. La buena noticia es clara, hasta el <strong>80% de los infartos</strong> se puede evitar con hábitos y tratamiento adecuados. Aquí encontrarás un plan simple con <strong>hábitos diarios</strong> y <strong>medicación</strong> cuando corresponde, pensado para personas de España y Latinoamérica. Lenguaje directo, pasos concretos y foco en lo que sí puedes cambiar.</p>
<h2>Día Mundial del Corazón 2025: por qué importa y qué riesgos sí puedes cambiar</h2>
<p>El <strong>29 de septiembre</strong> recordamos que el corazón no puede esperar. Bajo el lema <strong>«No te pierdas ni un latido»</strong>, y en el <strong>25 aniversario</strong> de la campaña, la invitación es a actuar hoy. Un <strong>infarto</strong> ocurre cuando una arteria del corazón se bloquea, el músculo no recibe oxígeno y se daña. Puede ser súbito, pero no es un rayo caído del cielo. Suele gestarse con el tiempo por acumulación de grasa en las arterias y por hábitos que dañan el endotelio, la capa interna que las protege.</p>
<p>Las <strong>ECV</strong> son la primera causa de muerte en el mundo y también en muchos países de <strong>Latinoamérica</strong> y <strong>España</strong>. Afectan por igual a personas con trabajos de oficina o de esfuerzo físico, a hombres y mujeres, a jóvenes y mayores. La diferencia está en los <strong>factores de riesgo</strong>. Los que sí podemos modificar incluyen el <strong>tabaquismo</strong>, la <strong>presión arterial alta</strong>, el <strong>colesterol LDL</strong> elevado, la <strong>diabetes</strong>, el <strong>sedentarismo</strong>, las <strong>dietas altas en sal y ultraprocesados</strong>, el <strong>estrés</strong> crónico y la <strong>falta de sueño</strong>. Los que no podemos cambiar son la <strong>edad</strong> y los <strong>antecedentes familiares</strong>, aunque conocerlos ayuda a ajustar el plan.</p>
<p>Con <strong>hábitos</strong> sostenidos y acceso a <strong>tratamiento</strong> muchas crisis se evitan. Dejar el tabaco, comer mejor, moverse a diario y controlar la presión y el colesterol marcan la diferencia. El siguiente paso es conocer las <strong>señales de alarma</strong> y trazar un plan realista que puedas sostener. La prevención empieza en casa y sigue en la consulta.</p>
<h3>Datos clave 2025: lema, cifras y factores de riesgo</h3>
<p>En 2025 la campaña pide actuar para reducir muertes por ECV. Más de <strong>20,5 millones</strong> de personas mueren cada año por causas cardiovasculares, pero <strong>hasta 8 de cada 10</strong> infartos se pueden prevenir con decisiones correctas y seguimiento médico. El lema <strong>«No te pierdas ni un latido»</strong> resume la urgencia y la oportunidad.</p>
<p>La <strong>presión alta</strong> lastima las paredes de las arterias, como cuando se abre una manguera con demasiada fuerza. El <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/asi-puede-bajar-eficazmente-el-colesterol-malo-ldl/">colesterol LDL</a></strong> entra en esas pequeñas grietas y forma placa, un tapón que estrecha el paso. La <strong>glucosa elevada</strong> vuelve esa placa más inestable, como si la volviera frágil y fácil de romper. El <strong>humo del tabaco</strong> inflama el tejido, espesa la sangre y favorece el coágulo que termina por cerrar la arteria. Son cambios invisibles día a día, hasta que un síntoma lo hace evidente.</p>
<h3>Señales de alarma de un infarto y cuándo llamar al 112 o 911</h3>
<p>El síntoma más típico es <strong>dolor u opresión en el pecho</strong>, a veces en el centro, como un peso que no se va. Puede irradiarse a <strong>brazo</strong>, <strong>espalda</strong>, <strong>cuello</strong> o <strong>mandíbula</strong>. También pueden aparecer <strong>falta de aire</strong>, <strong>sudor frío</strong>, <strong>náuseas</strong> o <strong>mareo</strong>. En <strong>mujeres</strong>, <strong>mayores</strong> y personas con <strong>diabetes</strong> los signos pueden ser más sutiles, como fatiga intensa o malestar en la parte alta del estómago.</p>
<p>Si sospechas un infarto, <strong>llama a emergencias de inmediato</strong> al <strong>112</strong> o <strong>911</strong>, siéntate, respira y mantén la calma. No conduzcas por tu cuenta. Sigue las indicaciones del operador hasta que llegue la ayuda. Minutos bien usados salvan músculo cardíaco.</p>
<h2>Hábitos que salvan vidas: alimentación, movimiento y manejo del estrés</h2>
<p>La base es una alimentación tipo <strong>mediterránea</strong> con más <strong>frutas</strong>, <strong>verduras</strong>, <strong>legumbres</strong>, <strong>granos integrales</strong>, <strong>aceite de oliva</strong> y <strong>pescado</strong>, y menos <strong>sal</strong>, <strong>grasas trans</strong> y <strong>ultraprocesados</strong>. Este patrón reduce el <strong>colesterol LDL</strong>, baja la <strong>presión</strong> y mejora la <strong>glucosa</strong>. No hace falta cocinar platos complejos, basta con volver a lo simple y fresco.</p>
<p>La <strong>actividad física</strong> regular protege las arterias. La meta es sumar minutos de intensidad <strong>moderada</strong> a la semana y añadir ejercicios de <strong>fuerza</strong> básicos. Caminar a buen ritmo, subir escaleras y moverse en bloques cortos cuenta. Ajusta el plan a tu nivel y consulta si tienes síntomas o enfermedades previas.</p>
<p>El <strong>tabaco</strong> es un enemigo directo, dejarlo es una de las medidas más potentes. El <strong>alcohol</strong> conviene <strong>evitarlo</strong> o limitarlo al mínimo. Dormir entre <strong>7 y 9 horas</strong> y gestionar el <strong>estrés</strong> con respiración, pausas activas y una rutina de descanso ayuda a normalizar la presión y el pulso. Los <strong>chequeos</strong> periódicos cierran el círculo, con metas claras para <strong>presión</strong>, <strong>colesterol</strong> y <strong>glucosa</strong> acordadas con tu médico. La constancia hace el trabajo.</p>
<h3>Alimentación cardioprotectora que sí se puede mantener</h3>
<p>El patrón <strong>mediterráneo</strong> se entiende mejor al mirar el plato. La mitad son <strong>verduras y frutas</strong> de colores variados. Un cuarto es <strong>proteína magra</strong> como pescado, pollo sin piel, huevos o legumbres. El último cuarto es <strong>grano integral</strong> como arroz integral, quinoa o pan integral. Completa con <strong>aceite de oliva</strong> y un puñado de <strong>frutos secos</strong>.</p>
<p>Un ejemplo simple sería un guiso de <strong>legumbres</strong> con <strong>verduras</strong> y un chorrito de <strong>aceite de oliva</strong>, o <strong>pescado</strong> a la plancha con ensalada y <strong>grano integral</strong>. La idea es reducir <strong>sal</strong>, <strong>azúcares</strong> y <strong>grasas trans</strong>, que se esconden en bollería y ultraprocesados. Sabor sí, exceso no.</p>
<h3>Actividad física segura para tu corazón</h3>
<p>Las caminatas a paso alegre la mayoría de los días mantienen el corazón activo. Sumar <strong>fuerza</strong> dos veces por semana con ejercicios simples, como sentadillas asistidas o mancuernas ligeras, refuerza músculos y mejora la <strong>presión</strong>. Moverse en bloques cortos también vale, tres tandas de diez minutos cuentan igual que treinta seguidos.</p>
<p>Si tienes síntomas o enfermedades crónicas, consulta antes. <strong>Algo es mejor que nada</strong>, empieza suave y sube de forma gradual. La constancia, más que la perfección, es la que protege las arterias.</p>
<h3>Tabaco, alcohol y sueño: pequeños cambios, gran impacto</h3>
<p><strong>Dejar de fumar</strong> reduce el riesgo de infarto desde el primer día y a los 12 meses cae a la mitad. Pide apoyo, usa terapia sustitutiva o consulta por fármacos si lo necesitas. Con el <strong>alcohol</strong>, cuanto menos mejor. Si decides beber, hazlo con mucha moderación y nunca para manejar el estrés.</p>
<p>Dormir <strong>7 a 9 horas</strong> ordena hormonas del apetito, baja la <strong>presión</strong> y mejora el ánimo. El <strong>estrés</strong> sostenido sube el pulso y la tensión, por eso sirven rutinas simples como respiración lenta, pausas breves cada hora y apoyo social. Un corazón tranquilo late más seguro.</p>
<h3>Chequeos y metas de salud: presión, colesterol, glucosa y cintura</h3>
<p>Medir <strong>presión arterial</strong>, <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/asi-puede-bajar-eficazmente-el-colesterol-malo-ldl/">colesterol LDL</a></strong>, <strong>glucosa</strong> y <strong>perímetro de cintura</strong> permite detectar riesgos a tiempo. Lleva un registro sencillo con fechas y valores, te servirá en la consulta. Pregunta qué rango de <strong>presión</strong> se busca, qué valor objetivo de <strong>LDL</strong> te corresponde y cómo cuidar la <strong>glucosa</strong> si tienes prediabetes o diabetes. Acordar metas personalizadas y revisar avances cada pocos meses ayuda a mantenerse en ruta.</p>
<h2>Medicación para prevenir infartos: quién la necesita y cómo usarla bien</h2>
<p>La <strong>prevención primaria</strong> se aplica antes del primer evento. La <strong>prevención secundaria</strong> es después de un infarto, un ictus o cuando ya hay enfermedad de las arterias. En ambos casos pueden usarse <strong>estatinas</strong>, <strong>antihipertensivos</strong>, fármacos para <strong>diabetes</strong> que protegen el corazón y <strong>antiagregantes</strong>, según el riesgo total. Todo con <strong>receta</strong> y <strong>seguimiento médico</strong>. La <strong>adherencia</strong> es clave, tomar bien lo indicado reduce eventos de forma real.</p>
<p>Nunca te <strong>automediques</strong>. Habla de tus dudas, pregunta por beneficios esperados y posibles efectos adversos. La seguridad importa, por eso se ajustan dosis y se controlan análisis. También hay estrategias para no olvidar dosis y mantener el plan sin fricciones.</p>
<h3>Prevención primaria y secundaria, qué significa para ti</h3>
<p>En <strong>primaria</strong> el objetivo es evitar el primer evento. Por ejemplo, una persona de 55 años con <strong>LDL</strong> alto y <strong>hipertensión</strong> podría necesitar <strong>estatinas</strong> y <strong>antihipertensivos</strong> además de hábitos. En <strong>secundaria</strong>, tras un <strong>infarto</strong> o <strong>ictus</strong>, casi siempre se indican <strong>estatinas</strong> potentes y un <strong>antiagregante</strong>, salvo contraindicaciones. La decisión en primaria depende del <strong>riesgo total</strong>, que integra edad, <strong>presión</strong>, <strong>colesterol</strong> y <strong>diabetes</strong>. Tu médico lo calcula y propone el plan.</p>
<h3>Fármacos clave: estatinas, antihipertensivos, antidiabéticos y antiagregantes</h3>
<p>Las <strong>estatinas</strong> bajan el <strong>LDL</strong> y reducen infartos en forma clara. Los <strong>antihipertensivos</strong> mantienen la <strong>presión</strong> en rango y previenen daño en corazón, cerebro y riñón. En <strong>diabetes</strong>, familias como <strong>SGLT2</strong> y <strong>GLP-1</strong> pueden proteger corazón y riñón, además de mejorar la glucosa. Los <strong>antiagregantes</strong>, como la aspirina, se reservan sobre todo para <strong>prevención secundaria</strong> o riesgos muy altos. La <strong>necesidad</strong>, <strong>dosis</strong> y <strong>duración</strong> las define el médico según tu historia clínica.</p>
<h3>Seguridad, adherencia y ahorro: cómo tomar bien tu tratamiento</h3>
<p>Toma la medicación a la <strong>misma hora</strong> todos los días, usa <strong>recordatorios</strong> o un pastillero. No suspendas por cuenta propia, aunque te sientas bien. Si notas <strong>efectos adversos</strong>, avisa para ajustar o cambiar. Ojo con <strong>interacciones</strong> con antiinflamatorios, algunos antibióticos y suplementos de hierbas. Pregunta si puedes usar <strong>genéricos</strong> o una <strong>polipíldora</strong> para simplificar. Mantén <strong>controles</strong> y análisis periódicos, son la red de seguridad del tratamiento.</p>
<h3>Consulta médica inteligente: qué preguntar y cómo prepararte</h3>
<p>Llega con un registro reciente de <strong>tensiones</strong>, <strong>glucosas</strong> y una lista de medicamentos. Pregunta por tu objetivo de <strong>LDL</strong>, el rango de <strong>presión</strong> que se busca y metas de <strong>peso</strong> realistas. Pide que te expliquen señales que deben alertar y qué hacer si aparecen. Acordar por escrito un plan de hábitos y medicación hace más fácil seguirlo y revisarlo después.</p>]]></content:encoded>
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        <media:description type="plain"><![CDATA[Foto Freepik]]></media:description>
        <media:title type="plain"><![CDATA[Día Mundial del Corazón 2025: cómo prevenir infartos con hábitos y medicación adecuada]]></media:title>
      </media:content>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro factores de riesgo que causan casi todos los infartos y accidentes cerebrovasculares, según expertos]]></title>
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      <pubDate>Sun, 05 Oct 2025 08:00:20 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Margarita Martinez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <description><![CDATA[¿Sabías que los infartos y los accidentes cerebrovasculares siguen siendo las principales causas de muerte y discapacidad? Expertos y organizaciones internacionales señalan que hay cuatro factores que se repiten en la mayoría de los casos: hipertensión, colesterol alto, glucosa elevada y…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/reduce-el-riesgo-de-infarto-de-miocardio-actuando-tmjbbd13f6-social.jpg" alt="Cuatro factores de riesgo que causan casi todos los infartos y accidentes cerebrovasculares, según expertos" /><figcaption>Foto: Freepik</figcaption></figure><p>¿Sabías que los infartos y los accidentes cerebrovasculares siguen siendo las principales causas de muerte y discapacidad? Expertos y organizaciones internacionales señalan que hay cuatro factores que se repiten en la mayoría de los casos: <strong>hipertensión</strong>, <strong>colesterol alto</strong>, <strong>glucosa elevada</strong> y <strong>tabaquismo</strong>. No son raros ni misteriosos, están a la vista y se pueden controlar.</p>
<p>La buena noticia es que estos riesgos son modificables. Con cambios en el estilo de vida y controles médicos regulares, el peligro baja de forma marcada. Informarse hoy puede evitar una urgencia mañana.</p>
<h2>Los cuatro factores de riesgo principales para infartos y ACV</h2>
<p>Diversas fuentes de referencia coinciden en lo esencial: la <strong>hipertensión</strong>, el <strong>colesterol alto</strong>, la <strong>glucosa elevada</strong> y el <strong>tabaquismo</strong> están presentes en la mayoría de los infartos y accidentes cerebrovasculares. La OMS destaca que los <a href="https://www.saludyalimentacion.com/11prevenir-un-infarto-y-tener-un-corazon-sano/">factores conductuales, como la alimentación poco saludable</a>, la inactividad y el consumo de tabaco, impulsan estas enfermedades. El CDC remarca que la <strong>presión alta</strong> es una de las causas principales de ACV. Investigaciones recientes también confirman que estos cuatro factores se repiten una y otra vez en los pacientes.</p>
<p>Lo mejor de todo es que son controlables. Reducir la sal, moverse a diario, dejar de fumar y vigilar los niveles en sangre cambia el pronóstico. Cuando se mantienen en rangos seguros, el riesgo de sufrir un evento grave cae de forma drástica.</p>
<h3>Hipertensión arterial: el factor más común y peligroso</h3>
<p>La <strong>hipertensión</strong> es una presión de la sangre más alta de lo que las arterias soportan sin daño. Ese exceso golpea el revestimiento interno, lo inflama y lo vuelve frágil. Con el tiempo, facilita la formación de placas y coágulos. Por eso se asocia a la mayoría de los infartos y ACV.</p>
<p>Suele no dar síntomas claros. Muchas personas se sienten bien y, aun así, su presión está alta. Por eso la llaman “el asesino silencioso”. Medirse en casa o en la farmacia ayuda a detectarla. Los chequeos regulares con un tensiómetro validado, siempre en reposo y con el brazo a la altura del corazón, son una rutina que salva vidas.</p>
<h3>Colesterol alto: cómo obstruye las arterias y aumenta el riesgo</h3>
<p>El <strong>colesterol LDL</strong> se conoce como “malo” porque se pega a las paredes de las arterias. Imagina una tubería con grasa que se acumula por dentro. El paso se estrecha, la circulación empeora y cualquier coágulo puede tapar el flujo de golpe. El resultado suele ser un infarto o un ACV isquémico.</p>
<p>No hace falta tener cifras extremas para elevar el riesgo. Niveles moderadamente altos sostenidos en el tiempo también dañan. La dieta rica en grasas saturadas y trans, la falta de ejercicio y la genética empujan al LDL hacia arriba. De ahí la importancia de conocer el perfil lipídico y tratarlo a tiempo.</p>
<h3>Glucosa elevada: el peligro de la diabetes no controlada</h3>
<p>La <strong>glucosa alta</strong> daña los vasos sanguíneos desde adentro. Los vuelve rígidos, causa microlesiones y favorece la inflamación. Además, afecta los nervios que regulan el corazón y la presión. <a href="https://www.saludyalimentacion.com/cuando-se-considera-que-eres-prediabetico-valores-pruebas-y-pasos-para-actuar/">La diabetes duplica el riesgo de eventos cardiovasculares</a>, y la <a href="https://www.saludyalimentacion.com/cuando-se-considera-que-eres-prediabetico-valores-pruebas-y-pasos-para-actuar/">prediabetes ya muestra señales de alerta</a>.</p>
<p>El problema es que la hiperglucemia puede pasar desapercibida por años. Un simple análisis en ayunas o una prueba de hemoglobina A1c ayudan a detectarla. La mayoría de los casos se puede prevenir o retrasar con hábitos saludables y seguimiento médico.</p>
<h3>Tabaquismo: por qué fumar es un asesino silencioso del corazón</h3>
<p>El <strong>tabaquismo</strong> daña el revestimiento de las arterias, espesa la sangre, facilita los coágulos y reduce el oxígeno disponible. Es un combo peligroso para el corazón y el cerebro. Fumar aparece una y otra vez en las historias clínicas de quienes sufrieron un infarto o un ACV.</p>
<p>Quienes dejan de fumar bajan el riesgo con rapidez. A las 24 horas mejora la circulación, y en meses el cuerpo empieza a reparar daño. Los exfumadores mantienen algo de riesgo residual, pero disminuye cuanto más tiempo pasa sin tabaco. Dar el paso siempre vale la pena.</p>
<h2>Cómo controlar estos factores y prevenir infartos y ACV</h2>
<p>No se trata de cambios perfectos, se trata de cambios sostenidos. Pequeñas mejoras diarias suman. Comer mejor, moverse más, dejar el cigarrillo y hacerse controles básicos reducen el riesgo desde la primera semana.</p>
<ul>
<li>Hazte chequeos: presión arterial, colesterol total y fracciones, glucosa y A1c. Pide a tu médico un plan claro.</li>
<li><a href="https://www.saludyalimentacion.com/ejercicio-cardiologos-evitar-infartos/">Muévete 150 minutos a la semana</a>: caminar a paso ligero 30 minutos al día, 5 días, es un buen inicio.</li>
<li>Reduce sal y ultraprocesados: la sal oculta en panes, embutidos y snacks dispara la presión.</li>
<li>Llena el plato de plantas: verduras, frutas, legumbres y frutos secos bajan colesterol y glucosa.</li>
<li>Deja el tabaco: combina apoyo profesional, reemplazo de nicotina y seguimiento. Duplica tus probabilidades de éxito.</li>
</ul>
<h3>Cambios en el estilo de vida para bajar la presión y el colesterol</h3>
<p>El cuerpo responde cuando le quitas peso y sal, y le das movimiento.</p>
<ul>
<li>Alimentación baja en sal: cocina sin sal añadida y usa hierbas, limón o especias. Cambia snacks salados por fruta o yogur natural.</li>
<li>Menos grasas saturadas y trans: limita frituras, embutidos y bollería. Elige aceite de oliva, palta y pescado azul.</li>
<li>Más fibra: avena, legumbres, manzana y verduras ayudan a arrastrar colesterol LDL hacia afuera.</li>
<li>Actividad física: caminar, pedalear o nadar hace más elásticas las arterias y baja la presión. Prueba subir escaleras en lugar de ascensor.</li>
<li>Control de peso: perder entre 5 y 10 por ciento del peso corporal puede bajar presión y triglicéridos de forma medible.</li>
</ul>
<p>Ejemplo sencillo: cambia una cena de pizza con embutidos por un bol grande de ensalada con legumbres, una porción de pescado al horno y fruta. Tu presión y tu LDL te lo van a agradecer.</p>
<h3>Estrategias para manejar la glucosa y eliminar el tabaco</h3>
<p>Controlar la glucosa no es solo “dejar el azúcar”. Es equilibrar el plato y moverse todos los días.</p>
<ul>
<li>Comidas balanceadas: mitad del plato verduras, un cuarto proteína magra, un cuarto carbohidratos integrales. Evita bebidas azucaradas.</li>
<li>Ritmo regular: no pases muchas horas sin comer, evita picos de hambre que llevan a excesos.</li>
<li>Monitoreo: si tienes prediabetes o diabetes, mide tu glucosa según lo indicado. Lleva registro para ajustar a tiempo.</li>
<li>Sueño y estrés: dormir mejor y manejar el estrés mejora la sensibilidad a la insulina.</li>
</ul>
<p>Para dejar el tabaco, combina herramientas. Ningún método funciona igual para todos, pero hay caminos probados.</p>
<ul>
<li>Reemplazo de nicotina: parches, chicles o pastillas reducen la ansiedad.</li>
<li>Medicación recetada: consulta sobre fármacos que bajan el deseo de fumar.</li>
<li>Apoyo social: grupos, líneas de ayuda y seguimiento profesional aumentan la adherencia.</li>
<li>Plan de recaídas: ten a mano estrategias para momentos críticos, como masticar chicle o salir a caminar 10 minutos.</li>
</ul>]]></content:encoded>
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        <media:credit><![CDATA[Foto: Freepik]]></media:credit>
        <media:title type="plain"><![CDATA[Cuatro factores de riesgo que causan casi todos los infartos y accidentes cerebrovasculares, según expertos]]></media:title>
      </media:content>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo prevenir un infarto y tener un corazón sano]]></title>
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      <pubDate>Thu, 11 Jan 2024 17:30:00 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Ramos]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[Enfermedades del corazón]]></category>
      <category><![CDATA[Infartos]]></category>
      <description><![CDATA[Las enfermedades del corazón son una de las principales causas de muerte prematura. Por desgracia, algunos factores de riesgo de infarto no pueden modificarse. Por ejemplo, el riesgo de sufrir un infarto aumenta con la edad. La mayoría de las personas que mueren de infarto tienen 65 años o más.…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/como-prevenir-un-infarto-y-tener-un-corazon-sano-tmj8gt7f63-social.jpg" alt="Foto Freepik" /><figcaption>Foto Freepik</figcaption></figure><p>Las enfermedades del corazón son una de las principales causas de muerte prematura. Por desgracia, algunos factores de riesgo de infarto no pueden modificarse. Por ejemplo, el riesgo de sufrir un infarto aumenta con la edad. La mayoría de las personas que mueren de infarto tienen 65 años o más. Además, las personas que tienen antecedentes familiares de enfermedades cardíacas son más propensas a padecerlas ellas mismas. El género también es un factor de riesgo. Los hombres tienen un mayor riesgo de sufrir un infarto que las mujeres y, además, tienden a padecerlos a una edad más temprana. Sin embargo, las mujeres tienen más probabilidades de morir de un ataque al corazón.</p>
<p>También hay factores de riesgo modificables, como el tabaquismo, la <a href="https://www.saludyalimentacion.com/cuatro-factores-de-riesgo-que-causan-casi-todos-los-infartos-y-accidentes-cerebrovasculares-segun-expertos/">hipertensión arterial, el colesterol alto</a> y el sobrepeso o la obesidad. Controlarlas puede suponer una gran diferencia en el riesgo de padecer enfermedades cardíacas. La buena noticia es que la reducción de estos importantes riesgos de enfermedad cardíaca puede ayudar a prevenir futuros infartos.</p>
<h2>Cambios en el estilo de vida para prevenir los infartos</h2>
<p>Los cambios en el estilo de vida son la primera línea de defensa contra los infartos. La mayoría de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardíacas están relacionados de alguna manera con su estilo de vida. Entre ellos, la obesidad, la presión arterial y los niveles de colesterol.</p>
<p>Puede tomar las siguientes medidas para reducir el riesgo de infarto:</p>
<h3>Dejar de fumar</h3>
<p>El tabaquismo introduce sustancias químicas nocivas en el torrente sanguíneo y es uno de los principales factores de riesgo de las <a href="https://www.saludyalimentacion.com/infartos-y-accidentes-cerebrovasculares-la-amenaza-silenciosa-del-siglo-xxi/">enfermedades coronarias</a>, que consisten en la acumulación de depósitos de grasa en las arterias. Incluso si ya padece una enfermedad cardíaca, tiene más probabilidades de sufrir un ataque al corazón, y de morir por ello, si fuma que si no lo hace. Si padece una cardiopatía coronaria y fuma, puede reducir el riesgo de repetir el infarto y de muerte cardiovascular en un 50% si deja de fumar. Si no está seguro de cómo dejar de fumar con éxito, pida a su médico que le ayude a hacerlo.</p>
<h3>Aumente su actividad física</h3>
<p>El ejercicio es la piedra angular de un estilo de vida saludable para el corazón, que incluye tanto actividades aeróbicas como de entrenamiento de fuerza. El objetivo es realizar dos horas y 30 minutos de <a href="https://www.saludyalimentacion.com/ejercicio-cardiologos-evitar-infartos/">ejercicio aeróbico de intensidad moderada</a> cada semana, con actividades como caminar a paso ligero. Otra opción es hacer 1 hora y 15 minutos de ejercicio aeróbico intenso, como correr. Además, deberá realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana. Estos ejercicios deben trabajar todos los grupos musculares principales: piernas, brazos, pecho, hombros, abdomen, caderas y espalda.</p>
<h2>9 consejos sobre la dieta y la prevención del infarto</h2>
<p>Lo que se come y la cantidad que se come pueden desempeñar un papel importante en el riesgo de infarto. Siga estos pasos para conseguir una dieta saludable para el corazón:</p>
<ol>
<li>
<h3>Vigile sus calorías</h3>
</li>
</ol>
<p>Hay que comer la cantidad adecuada de alimentos para mantener un peso corporal saludable. Esto depende de su edad, sexo y nivel de actividad, entre otros factores. Elegir porciones más pequeñas y comer despacio puede ayudarle a reducir las calorías y a mantener un peso saludable.</p>
<ol>
<li>
<h3>Comer mucha fruta y verdura</h3>
</li>
</ol>
<p>Intente comer al menos cinco raciones de fruta y verdura al día. Es bueno incluir una amplia variedad de tipos y colores de frutas y verduras.</p>
<ol>
<li>
<h3>Beba con moderación, si lo hace</h3>
</li>
</ol>
<p>Los hombres no deben beber más de dos vasos al día, mientras que las mujeres sólo deben beber un vaso. Se trata de una copa de vino, no de vodka o ron.</p>
<ol>
<li>
<h3>Comer cereales y legumbres ricos en fibra</h3>
</li>
</ol>
<p>Entre las buenas opciones a base de cereales están la avena, el arroz integral y los panes integrales. Las legumbres incluyen las alubias secas, los garbanzos y las lentejas.</p>
<ol>
<li>
<h3>Limitar los azúcares añadidos</h3>
</li>
</ol>
<p>Los azúcares añadidos se presentan en muchas formas, como el azúcar moreno, el jarabe de maíz normal y de alta fructosa, la sacarosa, la fructosa, la glucosa, la miel y el jarabe de arce. Las bebidas azucaradas y los aperitivos envasados, la pastelería y los dulces son las principales fuentes de azúcares añadidos.</p>
<ol>
<li>
<h3>Elija carnes magras y pescados grasos</h3>
</li>
</ol>
<p>Las carnes y aves más saludables son la carne picada sin grasa al 95%, el lomo de cerdo y el pollo o pavo fresco sin piel. El pescado azul, rico en ácidos grasos omega-3, es el salmón, el atún y la trucha.</p>
<ol>
<li>
<h3>Reducir las grasas no saludables</h3>
</li>
</ol>
<p>Las <a href="https://www.saludyalimentacion.com/la-salud-del-corazon-salud-4-factores/">grasas saturadas y trans</a> deben limitarse en su dieta. Las fuentes de grasas saturadas son las carnes grasas y las aves de corral, los productos lácteos con alto contenido en grasa y los aceites de coco y de palma. Los alimentos que contienen grasas trans están hechos de aceites parcialmente hidrogenados, que deben evitarse en la medida de lo posible. Este ingrediente se encuentra a menudo en los postres, la pizza congelada y la margarina.</p>
<ol>
<li>
<h3>Consuma grasas saludables procedentes de frutos secos, semillas y aceites</h3>
</li>
</ol>
<p>El consumo de grasas saludables, tanto monoinsaturadas como poliinsaturadas, puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas. Las buenas fuentes de estas grasas son los frutos secos (la mayoría de las variedades de nueces), los cacahuetes, las semillas (como las de sésamo, calabaza y girasol) y los aguacates, así como los aceites de colza, oliva, cártamo y girasol.</p>
<ol>
<li>
<h3>Limitar la sal y el sodio</h3>
</li>
</ol>
<p>Lo mejor es no consumir más de 1.500 miligramos de sodio al día para tener una salud cardíaca óptima. Los alimentos procesados son la principal fuente de sodio en la dieta de la mayoría de las personas. Las sopas enlatadas, las salsas, los embutidos, las comidas congeladas, los aperitivos envasados y el pan suelen tener un alto contenido en sal.</p>
<p>También puede leer: Las principales causas del colesterol alto</p>]]></content:encoded>
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