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    <title><![CDATA[Salud y Alimentación — contaminación marina]]></title>
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    <description><![CDATA[Artículos sobre contaminación marina.]]></description>
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    <copyright>© 2026 Salud y Alimentación</copyright>
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      <title><![CDATA[Salud y Alimentación — contaminación marina]]></title>
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      <title><![CDATA[La verdad impactante del mar: Los microplásticos que ingerimos]]></title>
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      <pubDate>Fri, 17 Jul 2026 14:48:59 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Rodríguez Fernandez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Salud]]></category>
      <category><![CDATA[contaminación marina]]></category>
      <category><![CDATA[ecosistema]]></category>
      <category><![CDATA[especies marinas]]></category>
      <category><![CDATA[impacto ambiental]]></category>
      <category><![CDATA[microplásticos]]></category>
      <category><![CDATA[océano]]></category>
      <category><![CDATA[salud]]></category>
      <description><![CDATA[Bebes agua al despertar, calientas el almuerzo en un recipiente plástico o cenas pescado. Son gestos normales, pero hoy pueden incluir una presencia invisible: microplásticos. Estas partículas ya circulan en el agua, el aire y los alimentos. No hace falta caer en el pánico, la ciencia aún…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/la-verdad-impactante-del-mar-los-microplasticos-qu-tmjduq1748-social.jpg" alt="La verdad impactante del mar: Los microplásticos que ingerimos" /><figcaption>Foto: Freepik</figcaption></figure><p>Bebes agua al despertar, calientas el almuerzo en un recipiente plástico o cenas pescado. Son gestos normales, pero hoy pueden incluir una presencia invisible: <strong>microplásticos</strong>.</p>



<p>Estas partículas ya circulan en el agua, el aire y los alimentos. No hace falta caer en el pánico, la ciencia aún investiga cuánto riesgo generan en cada persona y a qué dosis. Sin embargo, entender de dónde vienen ayuda a tomar decisiones más sensatas en casa.</p>



<h2>¿Cómo los microplásticos del mar terminan en nuestra comida?</h2>



<p>Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de 5 milímetros. Pueden desprenderse de una botella, una bolsa, una red de pesca, ropa sintética o un envase degradado por el sol y el roce. Los nanoplásticos son todavía más pequeños, tanto que algunos pueden atravesar barreras biológicas con mayor facilidad.</p>



<p>Muchos residuos viajan por alcantarillas, ríos y corrientes urbanas antes de llegar al mar. Allí, las olas y la radiación solar los rompen en piezas cada vez menores. La pesca, los envases abandonados y las aguas residuales también alimentan ese ciclo.</p>



<p>Peces, moluscos y crustáceos confunden esas partículas con comida, después, una parte de ese material puede llegar a nuestro plato. Pero el mar no es la única ruta, también respiramos partículas suspendidas en el polvo doméstico y podemos ingerirlas a través de productos, embalajes y agua.</p>



<h3>Pescado, mariscos, sal y agua bajo la lupa</h3>



<p>Los mariscos suelen concentrar más atención porque se comen enteros, incluido su sistema digestivo. En el <a href="https://www.saludyalimentacion.com/peces-microplasticos-contaminacion-marina/">pescado, la carga puede variar</a> según la especie, la zona de captura y la parte que se consume. Retirar vísceras reduce una vía de exposición, aunque no elimina todas las partículas presentes en el tejido.</p>



<p>La Organización Panamericana de la Salud ha advertido que los microplásticos aparecen en distintos niveles de la cadena alimentaria y en fuentes de agua potable. También se han detectado en sal, miel, té y bebidas embotelladas.</p>



<p>Un estudio publicado en 2024 encontró, en tres marcas populares de agua embotellada de Estados Unidos, entre 110.000 y 370.000 partículas por litro al incluir nanoplásticos. Esa cifra no describe todas las marcas ni todos los países, pero muestra un problema ligado tanto al envase como al proceso de embotellado.</p>



<h3>El arroz y la comida calentada en plástico</h3>



<p>El problema tampoco queda limitado al pescado. Varios estudios basados en investigaciones de la Universidad de Queensland, estimaron entre 3 y 4 miligramos de microplásticos por cada 100 gramos de arroz. El arroz instantáneo alcanzó cerca de 13 miligramos por la misma cantidad.</p>



<p>Frutas, vegetales, miel, sal y té también pueden contener partículas. En estos casos, la contaminación puede proceder del suelo, el riego, el procesamiento, el aire o el empaque.</p>



<p>Calentar comida dentro de plástico añade otra fuente evitable. Una revisión en 2026 indicó que cinco minutos de calentamiento pueden liberar entre 326.000 y 534.000 partículas micro y nanoplásticas. Las cantidades cambian según el tipo de plástico, la temperatura, el alimento y el estado del recipiente. Un envase rayado, deformado o envejecido suele desprender más material.</p>



<blockquote>
<p>El plástico no desaparece cuando se tira, se fragmenta y vuelve a nosotros por rutas que rara vez vemos.</p>
</blockquote>



<h2>¿Qué ocurre cuando ingerimos microplásticos?</h2>



<p>El cuerpo expulsa una parte de las partículas más grandes a través de las heces. Sin embargo, las más pequeñas pueden interactuar con la pared intestinal y, en ciertas condiciones, cruzarla. Una vez en el <a href="https://www.saludyalimentacion.com/microplasticos-en-sangre-la-verdad/">torrente sanguíneo</a>, podrían distribuirse hacia otros tejidos.</p>



<p>Ya se han detectado partículas plásticas en sangre, pulmones, hígado, placenta, leche materna y otros órganos. Encontrarlas no prueba, por sí solo, que causen una enfermedad concreta. Esa diferencia importa mucho: presencia no equivale automáticamente a daño clínico demostrado.</p>



<p>Aun así, estudios en células, animales y tejidos humanos investigan mecanismos preocupantes. Entre ellos están la <strong>inflamación</strong>, el estrés oxidativo, la alteración de la respuesta inmunitaria y el daño celular. También se ha señalado su potencial citotóxico y su capacidad para afectar procesos metabólicos.</p>



<h3>Del intestino a la sangre y otros órganos</h3>



<p>En 2022, un equipo de la Vrije Universiteit Amsterdam analizó sangre de 22 donantes sanos. Detectó polímeros plásticos en 17 muestras, cerca del 77 %, con una concentración media reportada de 1,6 microgramos por mililitro.</p>



<p>El hallazgo fue importante porque mostró que polímeros como PET, polietileno y poliestireno pueden llegar a la sangre humana. Sin embargo, la muestra era pequeña y el método detectaba compuestos de polímeros, no cada partícula individual. Por eso, no permite calcular el riesgo para toda la población.</p>



<p>En animales, algunas investigaciones han observado inflamación y cambios de conducta cuando <a href="https://www.saludyalimentacion.com/microplasticos-cerebro-impacto-salud/">partículas muy pequeñas alcanzan el cerebro</a>. Esos resultados abren preguntas serias, pero no pueden trasladarse de forma automática a personas.</p>



<h3>La partícula también transporta sustancias químicas</h3>



<p>El riesgo no depende solo del tamaño o la cantidad de plástico. Ciertos materiales contienen aditivos como ftalatos, bisfenol A, retardantes de llama y PFAS. Además, su superficie puede adherir metales pesados, antibióticos, microorganismos y otros contaminantes.</p>



<p>Diversos institutos de salud han estudiado esa capacidad de transporte en microplásticos presentes en alimentos. Los ftalatos y el bisfenol A se han relacionado con alteraciones hormonales y reproductivas, otros compuestos se investigan por sus posibles efectos inflamatorios, metabólicos o celulares.</p>



<p>Conviene separar ambos asuntos. Una cosa es el posible efecto físico de la partícula dentro del organismo, otra es la toxicidad de los químicos que contiene o arrastra. La investigación debe aclarar cómo actúan juntos, durante cuánto tiempo permanecen en el cuerpo y qué grupos pueden ser más vulnerables.</p>



<h2>¿Cómo reducir los microplásticos que ingerimos en casa?</h2>



<p>Eliminar toda exposición es imposible. El aire, el agua y los alimentos forman parte de una red difícil de controlar por completo. Aun así, hay fuentes evitables que merecen atención, sobre todo las relacionadas con el calor.</p>



<p>Pasar la comida caliente a un recipiente de vidrio, acero inoxidable o cerámica antes de recalentarla es una medida simple. También conviene evitar envases desechables en el microondas, aunque indiquen que son aptos, y sustituir los recipientes plásticos que estén opacos, rayados o deformados.</p>



<p>Los alimentos frescos y menos empaquetados reducen el contacto innecesario con plásticos de un solo uso. No hace falta comprar decenas de accesorios nuevos. Una botella reutilizable resistente, unos pocos recipientes de vidrio y un buen termo pueden durar años.</p>



<p>Lavar frutas y verduras con agua segura no elimina los microplásticos que ya hayan penetrado en el alimento, pero sí puede retirar polvo y partículas superficiales. La calidad del agua del grifo depende de cada lugar y de su sistema de suministro, por lo que no conviene asumir que está libre de estas partículas.</p>



<h2>Una decisión cotidiana que también protege el mar</h2>



<p>Los microplásticos no son un problema remoto que flota lejos de la costa, son la huella de residuos que pasan del océano, los ríos y los envases a la comida y al cuerpo.</p>



<p>La evidencia médica todavía no permite dictar certezas absolutas sobre sus efectos a largo plazo, pero reducir el plástico de un solo uso, evitar calentar alimentos en recipientes plásticos y elegir materiales más seguros son decisiones prudentes. <strong>Cuidar lo que entra en la cocina también reduce lo que acaba en el mar.</strong></p>]]></content:encoded>
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        <media:credit><![CDATA[Foto: Freepik]]></media:credit>
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      <title><![CDATA[La verdad impactante del mar: ¿Qué contienen los peces que usted come?]]></title>
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      <pubDate>Wed, 15 Jul 2026 10:30:00 +0000</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Rodríguez Fernandez]]></dc:creator>
      <category><![CDATA[Nutrición]]></category>
      <category><![CDATA[contaminación marina]]></category>
      <category><![CDATA[medio ambiente]]></category>
      <category><![CDATA[microplásticos]]></category>
      <category><![CDATA[peces]]></category>
      <category><![CDATA[salud]]></category>
      <category><![CDATA[seguridad alimentaria]]></category>
      <description><![CDATA[Un filete de merluza parece sencillo: carne clara, olor suave, una cena rápida y saludable. Sin embargo, ese pescado contiene mucho más que proteínas y omega 3, también puede llevar rastros de sustancias presentes en el mar, el agua de cultivo o su propia alimentación. Eso no convierte al pescado…]]></description>
      <content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.saludyalimentacion.com/uploads/contaminacion-del-oceano-los-microplasticos-en-los-tmj7yq1893-social.jpg" alt="Foto Freepik" /><figcaption>Foto Freepik</figcaption></figure><p>Un filete de merluza parece sencillo: carne clara, olor suave, una cena rápida y saludable. Sin embargo, ese pescado contiene mucho más que proteínas y omega 3, también puede llevar rastros de sustancias presentes en el mar, el agua de cultivo o su propia alimentación.</p>



<p>Eso no convierte al pescado en un alimento peligroso, al contrario, puede aportar nutrientes muy valiosos. La diferencia está en la especie, su tamaño, el lugar de origen, la frecuencia con que se consume y la forma de prepararlo.</p>



<h2>¿Qué contienen los peces que llegan a su mesa?</h2>



<p>El pescado está formado sobre todo por agua, proteínas y grasa en proporciones muy variables. Una sardina grasa y una merluza magra comparten poco más que su origen acuático, por eso, hablar del pescado como si fuera un solo alimento lleva a confusiones.</p>



<p>Los pescados azules, como la sardina, el salmón, la caballa y la anchoa, contienen más grasa. En esa grasa se concentran los <a href="https://www.saludyalimentacion.com/frutos-secos-y-pescado-que-comer-para-reducir-la-ansiedad-y-dormir-mejor/">ácidos grasos omega 3</a>, pero también pueden acumularse ciertos contaminantes ambientales liposolubles. En cambio, especies magras como merluza, bacalao, lenguado o rape suelen aportar menos grasa y menos omega 3.</p>



<p>La edad y el tamaño también cuentan. Un pez grande ha vivido más tiempo y ha comido más presas. Si el entorno contiene mercurio, el animal puede acumularlo durante años, por esa razón, el origen del pescado importa tanto como su aspecto en la pescadería.</p>



<h3>Proteínas, omega 3 y minerales que benefician al organismo</h3>



<p>El pescado aporta <strong>proteínas completas</strong>, con aminoácidos necesarios para mantener la masa muscular y reparar tejidos. Suele digerirse bien y puede ser una alternativa útil a carnes más grasas.</p>



<p>En especies como sardina, salmón, arenque o caballa, abundan los omega 3 EPA y DHA. Estos ácidos grasos participan en funciones del cerebro, la visión y el sistema cardiovascular. El cuerpo no obtiene los mismos nutrientes de todos los alimentos, por lo que comer pescado no equivale sin más a tomar una cápsula de aceite de pescado.</p>



<p>También puede aportar vitamina B12, yodo, selenio y, en algunos casos, vitamina D. El yodo interviene en la función tiroidea, mientras el selenio forma parte de sistemas antioxidantes del organismo. Aun así, el contenido cambia según la especie, la temporada y su alimentación.</p>



<h3>Mercurio, contaminantes y microplásticos: lo que se sabe</h3>



<p>El contaminante que más preocupa en peces grandes es el <strong><a href="https://www.saludyalimentacion.com/un-suplemento-conocido-para-expulsar-pfas-del-cuerpo-que-hay-de-cierto-y-que-hacer-de-verdad/">metilmercurio</a></strong>, se acumula a lo largo de la cadena alimentaria, por lo que aparece con mayor frecuencia en depredadores longevos. Tiburón, pez espada, marlín, atún patudo y caballa real suelen figurar entre las especies que conviene limitar.</p>



<p>También se vigilan contaminantes orgánicos persistentes, como dioxinas y PCB, sobre todo en pescados grasos procedentes de zonas afectadas. Las autoridades sanitarias establecen límites y emiten alertas cuando detectan problemas concretos.</p>



<p>Los <a href="https://www.saludyalimentacion.com/microplasticos-en-sangre-la-verdad/">microplásticos</a> han aparecido en organismos marinos, especialmente en sus sistemas digestivos. Sin embargo, su efecto exacto al consumir pescado sigue sin estar completamente definido, encontrar microplásticos en el mar no significa que cada ración sea peligrosa.</p>



<blockquote>
<p>Las recomendaciones de organismos como la OMS, la FAO, la FDA y la EPA deben pesar más que los mensajes alarmistas que circulan en redes sociales.</p>
</blockquote>



<h2>El riesgo cambia según la especie, el origen y la producción</h2>



<p>Decir que el pescado silvestre es siempre mejor que el de granja, o al revés, simplifica demasiado. La calidad final depende del agua, la alimentación, los controles sanitarios, el transporte y la conservación posterior.</p>



<p>Un pescado puede estar libre de niveles preocupantes de mercurio y, aun así, deteriorarse por una mala cadena de frío, son riesgos distintos. La contaminación ambiental se acumula antes de la captura. Las bacterias y otros microorganismos crecen después si el producto se manipula mal.</p>



<p>La trazabilidad ayuda a reducir dudas, una etiqueta clara puede indicar la especie, la zona de captura o crianza, el método de producción y, a veces, la fecha de envasado. Cuanta más información ofrezca el vendedor, más fácil será elegir con criterio.</p>



<h3>Pescado silvestre y de granja: diferencias que conviene conocer</h3>



<p>La acuicultura regulada permite controlar la alimentación, el agua y la presencia de enfermedades, también facilita el seguimiento de lotes. Sin embargo, las normas y la vigilancia no son iguales en todos los países.</p>



<p>El pescado silvestre varía según la zona donde se captura y lo que ha comido. En algunas especies, la alimentación natural puede modificar su perfil de grasa y omega 3. En otras, la diferencia con el pescado de cultivo es menor de lo que suele creerse.</p>



<p>Los antibióticos, residuos químicos y parásitos están sujetos a controles, aunque ningún sistema elimina por completo la necesidad de inspección. Conviene revisar el origen, la etiqueta y la fecha de captura o producción cuando estén disponibles.</p>



<h3>¿Cómo reducir riesgos al comprar, conservar y cocinar pescado?</h3>



<p>Compre pescado en establecimientos con buena rotación y refrigeración adecuada. Debe oler fresco, sin notas intensas a amoníaco, la carne ha de verse firme y húmeda, no viscosa ni apagada.</p>



<p>Al llegar a casa, refrigérelo cuanto antes y manténgalo separado de alimentos listos para comer. Si no va a consumirlo pronto, congélelo según las indicaciones del envase o de su pescadero.</p>



<p>La <a href="https://www.saludyalimentacion.com/lata-de-atun-abierto-bacterias-riesgos/">cocción completa</a> reduce muchos microorganismos y parásitos, pero no elimina el mercurio ni los contaminantes químicos acumulados. Las embarazadas, los niños pequeños y quienes comen pescado con mucha frecuencia deben consultar las guías sanitarias locales sobre especies y cantidades.</p>



<h2>¿Cómo elegir pescado saludable sin descuidar el océano?</h2>



<p>Variar especies es una decisión sencilla y sensata. Sardina, anchoa, trucha, salmón, merluza y camarón suelen ser opciones con menor mercurio que los grandes depredadores, aunque las guías de consumo pueden cambiar según el país y la procedencia.</p>



<p>La etiqueta también puede aportar pistas ambientales. Sellos como MSC para pesca silvestre o ASC para acuicultura indican que el producto ha pasado por criterios de certificación, aunque no sustituyen los controles sanitarios oficiales. El método de captura y la temporada pueden influir en la presión sobre determinadas poblaciones.</p>



<p>El <a href="https://www.saludyalimentacion.com/lavar-frutas-verdad-oculta/">pescado congelado</a> puede conservar bien sus nutrientes si se ha mantenido la cadena de frío. Las conservas también son prácticas y nutritivas, pero algunas contienen bastante sodio. Leer el etiquetado evita que una opción saludable termine acompañada de sal innecesaria.</p>



<h2>Comer pescado con más criterio</h2>



<p>Un pescado puede aportar nutrientes valiosos y contener pequeñas cantidades de sustancias acumuladas en su entorno. Elegir especies variadas, conocer su procedencia y respetar la conservación doméstica reduce riesgos sin renunciar a sus beneficios.</p>



<p>Saber qué contiene el pescado no obliga a dejar de comerlo, permite llevar a la mesa los sabores y nutrientes del mar con <strong>más criterio y menos miedo</strong>.</p>]]></content:encoded>
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