Sarampión: síntomas y tratamiento

El sarampión es una enfermedad infecciosa contagiosa, caracterizada por un brote de pequeñas manchas rojas en la piel. Por lo general, suele atacar a los niños, aunque también puede presentarse en adultos. Conoce un poco más sobre ella, sus síntomas y tratamiento.

¿Qué es el sarampión?

Es una afección que ataca, en especial, el tracto respiratorio, ocasionada por un paramixovirus proveniente de la familia morbillivirus.

Su forma de contagio es muy sencillo, y es que puede diseminarse de una persona a otra cuando el virus es liberado en el aire, sea por medio del estornudo o la tos. Ya que el virus permanece en las superficies por un máximo de 2 horas, durante ese tiempo puede propagarse de manera rápida provocando un brote generalizado.

El proceso de cura podría durar días e incluso semanas. Esto dependerá de la rapidez con la que se diagnostique.

Cómo reconocer sus síntomas

Por lo general, los síntomas del sarampión no suelen aparecer de inmediato, sino en un lapso entre 10 a 14 días tras la exposición al virus.

Al inicio de su contagio podría ser difícil identificar la enfermedad, ya que sus síntomas son muy similares a los de la gripe común. Es decir, fiebre, secreción nasal, tos seca, dolencias musculares, ojos hinchados y/o enrojecidos y manchas blancas dentro de la boca. Transcurrido unos 2 a 4 días, se desarrolla una erupción roja en todo el cuerpo.

El tiempo de incubación del virus oscila entre 7 a 21 días, desde la exposición hasta el inicio de la fiebre. Las manchas rojas suelen aparecer después de los 14 días.

Para determinar con mayor exactitud que se trata de sarampión, el médico podría solicitar análisis de laboratorio o estudios de diagnóstico por imágenes.

Tratamiento

Aunque no se ha establecido un tratamiento específico para combatir la infección provocada por el sarampión, los antifebriles y la vitamina A pueden ayudar a aliviar los síntomas. De igual modo, los efectos del virus suelen mejorar entre los 7 a los 10 días, posterior a su exposición.

Durante ese trayecto, mantener una buena alimentación y una ingesta idónea de líquidos es esencial para incrementar la inmunidad y combatir el virus. También se pueden poner en práctica soluciones naturales, como la cebada (en infusión), la raíz de regaliz (beber moderadamente el polvo) y la cúrcuma (tomar el polvo con leche). Son alternativas ricas en propiedades antivirales, antisépticas y antioxidantes.

Formas de prevención

El sarampión puede afectar a todos los grupos de edades, pero en algunas personas el riesgo es mayor. Por ejemplo, en bebés menores de 1 año, niños de 1 a 5 años, mujeres embarazadas, personas con el sistema inmune deteriorado (por SIDA o leucemia), con desnutrición o con deficiencia de vitamina A.

Si bien el sarampión puede prevenirse con la vacuna MMR, cuyo efecto protege contra todas las cepas del virus a largo plazo, su inmunidad es temporal.

De acuerdo a estudios médicos, la vacuna ha salvado a más de un millón de niños a nivel mundial, pero aun quienes están vacunados corren el riesgo de contraer y transmitir el virus al estar expuesto a él.

Una forma de protegerse contra esta enfermedad es fortalecer el sistema inmunológico, y evitar los lugares públicos en caso de un brote de sarampión.

Posibles complicaciones

Según la OMS, el sarampión es el causante de más de 100.000 muertes (niños, sobre todo) cada año en países subdesarrollados y con una tasa de desnutrición elevada. Algunas complicaciones de esta enfermedad podrían ser:

  • Infección de oído y pérdida auditiva permanente.
  • Neumonía.
  • Encefalitis, inflamación del cerebro, capaz de causar daño cerebral.

Prestar atención a los síntomas del sarampión permite combatirlos a tiempo, aligerando su impacto y acelerando el tiempo de mejoría.