Dos expertos en la dinámica de las enfermedades infecciosas recuerdan que el SARS-CoV-2 puede ser resistente a futuras vacunas. Por lo tanto, lanzan una serie de recomendaciones para los que desarrollan vacunas contra el Covid-19

En un artículo publicado en la revista científica PLOS Biology, dos científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania dejan una advertencia: a través de su evolución, el coronavirus SARS-CoV-2 podría desarrollar resistencia a las vacunas que se están creando. Para evitar que la evolución del virus comprometa la eficacia de futuras vacunas, David Kennedy y Andrew Read recomiendan que se recojan algunos datos durante los ensayos clínicos.

Hay 47 vacunas candidatas en ensayos clínicos (en personas) y diez están en la fase 3 (en la que se evalúan los resultados del fármaco en miles de voluntarios), según la documentación de la Organización Mundial de la Salud del 3 de noviembre. La vacuna desarrollada por la empresa BioNTech y producida por la compañía farmacéutica Pfizer está en la fase 3 y este lunes las empresas anunciaron que los resultados preliminares revelan que tiene una eficacia del 90%.

¿Puede el SARS-CoV-2 hacerse resistente a las vacunas?

«Se necesita urgentemente una vacuna contra el covid-19 para salvar vidas y ayudar a la sociedad a volver a la normalidad pre-pandémica», dijo David Kennedy en una declaración. Pero el investigador recuerda: «Como hemos visto en otras enfermedades, como la neumonía, la evolución de la resistencia [de un virus] puede comprometer rápidamente la eficacia de las vacunas». Precisamente por la experiencia adquirida en ocasiones anteriores, David Kennedy y su colega Andrew Read quisieron recordar que este conocimiento debe aplicarse ahora a las vacunas Covid-19 en desarrollo, aunque el impacto a largo plazo de estas vacunas puede ser maximizado.

David Kennedy intenta explicar por qué la evolución del virus puede dañar la eficacia de las vacunas en desarrollo. «Las vacunas Covid-19 ‘mostrarán’ el virus o ‘parte’ del virus y el sistema inmunológico de nuestro cuerpo utiliza esta información para aprender a reconocer y destruir el virus. Esta respuesta inmunológica es lo que nos protege». Sin embargo, la evolución del virus puede modificarlo de manera que se vuelva irreconocible para el sistema inmunológico. «En ese caso, podemos decir que el virus ha desarrollado resistencia a la vacuna». Por todas estas razones, ya se deben reunir algunos datos necesarios para determinar el riesgo de desarrollar resistencia a las posibles vacunas.

Las tres recomendaciones

Los dos científicos recomiendan recopilar tres conjuntos de datos durante los ensayos clínicos para que podamos saber si esta resistencia se está desarrollando. En primer lugar, sugieren que las muestras de sangre tomadas en casi todos los ensayos clínicos para cuantificar las respuestas individuales a la vacuna (por ejemplo, mediante pruebas de anticuerpos) también deberían utilizarse para medir la redundancia de las respuestas inmunitarias inducidas por las vacunas candidatas. Según David Kennedy, este análisis es necesario porque la diversidad de respuestas reduce la probabilidad de evolución de la resistencia.

Por lo tanto, proponen utilizar muestras nasales tomadas con hisopos en ensayos clínicos para medir la reducción del potencial de transmisión causado por la vacunación, ya que esta reducción es esencial para frenar la evolución de la resistencia. En los ensayos clínicos de las vacunas, ya se recogen muestras nasales de las personas vacunadas y del grupo de control para cuantificar la protección de la vacuna contra la infección.

Por último, recomiendan secuenciar las muestras de virus tomadas con hisopos para ver si hay diferencias entre el virus de las personas vacunadas y el de las personas del grupo de control. «Esto puede indicar que si hay resistencia», señala.

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