¿Por qué no puedo mantener el peso después de una dieta?

Una nueva teoría trata de explicar la ciencia del apetito y los mecanismos que hacen que el cuerpo se resista a dietas drásticas. Porque no sólo a nuestra mente, sino también a nuestro cuerpo no le gustan las restricciones.

¿Quién no ha estado en crisis después de otra dieta porque no puede controlar el hambre y mantener su nuevo peso? Un libro reciente llamado «Por qué comemos (demasiado): La nueva ciencia del apetito». (Penguin Books), del Dr. Andrew Jenkinson, un cirujano gastrointestinal que realiza una cirugía de bypass gástrico contra la obesidad en el University College Hospital, ofrece explicaciones científicas sobre cómo funciona el hambre y por qué en algún momento se recuperan todas las libras perdidas.

Como se deduce de una entrevista concedida por el Dr. Jenkinson en Vogue uk, el tema se trata desde el punto de vista del cuerpo, al que no le gustan las dietas tanto como a nuestra cabeza no le gustan.

«En su estudio el Dr. Jenkinson habla de la dieta en el sentido genérico», especifica la nutricionista y bióloga Marta Gentili, «pero debemos distinguir entre la dieta como sistema de nutrición, la actividad física aeróbica y un ciclo equilibrado de sueño y vigilia, y el plan de alimentación, que se refiere a lo que se come y en qué cantidad». El libro advierte contra las dietas drásticas, generalmente hiperprotectoras, que pueden perder hasta diez kilos en un mes, pero que no garantizan el mantenimiento de este resultado, porque el cuerpo en situaciones de «hambruna» activa su sistema de autodefensa que devuelve el peso al status quo».

LA TEORÍA Según el Dr. Jenkinson, después de una dieta el metabolismo se ralentiza y cuando se empieza a comer de nuevo sin restricciones las hormonas que controlan el hambre, la greline, colecistoquinina, leptina, trabajan más duro para volver al punto de estabilidad de peso, el llamado «peso de punto fijo», que para cada individuo está determinado por la genética, pero también por los hábitos alimenticios y el estrés. Por el contrario, después de un largo período de abstinencia las hormonas del hambre trabajarán aún más para permitir la ingesta de más calorías y asegurarse de que tiene suficiente energía para realizar sus funciones normales en caso de que tenga que enfrentarse a otros períodos de «abstinencia». La única manera, según el Dr. Jenkinson, de mantener las libras perdidas y reprogramar su «peso de punto fijo» a un nivel más bajo.

¿Qué es el peso del punto de ajuste? «Cuando se pierde peso de manera incontrolada y rápida, se activan mecanismos de defensa en el cuerpo para que en cuanto se empiece a dar comida de nuevo al cuerpo las calorías ingeridas no se quemen de inmediato sino que se almacenen, porque el mensaje que se le dio hasta ese momento al cerebro fue la falta de alimento y por esta razón el cuerpo frena el metabolismo, quema menos calorías, para almacenarlas en vista de otros períodos de escasez. Es por eso que después de una dieta restrictiva se empieza a ganar peso», explica la nutricionista Marta Gentili. «Esto se debe a que el cuerpo no ha llegado a comprender gradualmente que tiene una nueva necesidad de realizar sus funciones y con el suministro adecuado de macro y micro nutrientes, por lo que hará todo lo posible para volver al peso de antes, lo que el Dr. Jenkins llama el «peso del punto de ajuste», el punto de equilibrio. Si vas por debajo de esto, sin garantizar los requerimientos calóricos y energéticos necesarios, tu cuerpo se encontrará trabajando con fatiga, cansancio y menos energía».

Además de la genética según el Dr. Jenkinson para afectar el peso, el hambre y por lo tanto los cambios en el «peso de punto fijo» intervienen el estrés y las dietas equivocadas.

«En realidad, sólo el estrés crónico puede aumentar el hambre, porque es el responsable de la producción de cortisol, la hormona del estrés», explica la nutricionista. «Esto conduce indirectamente a un aumento de la insulina y de la glucosa en la sangre, causando que la persona tenga constantemente el deseo de morir de hambre. Especialmente entre las hormonas del hambre, la grelina, que estimula el ansia de carbohidratos, en las personas que están estresadas y duermen poco, se produce continuamente, y no sólo por la noche, sino también durante el día, porque el ciclo de sueño de la vigilia se altera y así el deseo de carbohidratos incontrolados se activa siempre».

Otro motivo de la alteración del «peso fijado» son las dietas ricas en azúcares y carbohidratos refinados que aumentan los niveles de insulina (la hormona que controla los azúcares en nuestro cuerpo), afectando al cortisol y estimulando las hormonas del hambre, por lo tanto el aumento de peso. Así como aquellos con excesos de Omega 3 y Omega 6, ácidos grasos esenciales, necesarios para el cuerpo para diversas funciones, que deben ser tomados dentro de un cierto rango de 1 a 4 para llevar a cabo sus beneficios. Un desequilibrio resultante de una dieta demasiado rica en semillas, nueces, así como en carne de oveja alimentada con piensos enriquecidos con Omega 6, provoca un desequilibrio en la proporción con el Omega 3, por ejemplo, una proporción de 1 a 50 desencadena una situación inflamatoria que puede conducir a un aumento de peso.

Entonces, ¿cómo se mantiene el nuevo «peso fijado», es decir, el menor requerimiento calórico, alcanzado después de la dieta y se controla la sensación de hambre? Según el Dr. Jenkinson, basta con intervenir sobre los niveles de nutrición y de estrés, de forma gradual y a largo plazo, para que el cuerpo «entienda» que necesita menos alimentos para funcionar de forma eficiente. En la galería sus sugerencias.