¿Por qué el pH de la orina es un marcador de pH de nuestros tejidos?

orina

Para funcionar mejor, el pH global de nuestro cuerpo debe ser ligeramente alcalino (7,39). La acidificación máxima tolerable es de 7,36 y la alcalinización máxima puede ir hasta 7,42. Esto significa que la zona saludable se encuentra situada entre estos dos valores. Un pH entre 7,36 y 7 es un marcador de acidosis patológica, y un pH situado entre 7,42 y 7,8 es un marcador alcaloso. Fuera de estos límites, la vida es imposible. Estos valores son muy estrictos.

El valor ideal de 7,39 es el pH sanguíneo de la sangre y en menor medida de otros líquidos que circulan por el organismo (linfa, líquido extracelular e intracelular). Un pH sanguíneo fuera de los límites en medio punto puede suponer la muerte. Sin embargo, el pH de la orina puede ser mucho más variable. Las medidas pueden ir hasta 6 y hasta 5 o 4,5 y todo ello sin que la persona esté demasiado enferma.

Cada tejido de nuestro cuerpo presenta un pH de referencia que le es propio y gracias al que cumple su función de forma óptima. El pH ideal del intestino delgado por ejemplo es de 6, mientras que el del colon sigmoide es de 8. Los jugos pancreáticos por su parte varían de 7,5 a 8,8. La capa superficial de su piel es normalmente de 5,2 mientras que las más profundas serán mucho más básicas con un pH de 7,35. Los procesos de digestión de las proteínas necesitan un medio ácido. Esto es por lo que el pH del medio gástrico es de 2. Cuando la acidez de la capa superficial de la piel, cumple el rol de barrera defensiva destruyendo microbios que tienden a penetrar en el organismo. Estos valores de referencia son ideales y responden a las condiciones precisas que requiere el organismo para funcionar bien.

La pregunta es, ¿Cómo saber el pH de nuestros tejidos ? Pues el pH de la orina es el espejo del pH de los tejidos, y es muy fácil conocer el pH del organismo gracias a los resultados de medición del pH urinario. Este método es sin duda menos fiable que el bioelectrónico de Louis Claude Vincent, pero está más al alcance del público en general.
Este simple test es fácil de realizar pero nos ofrece información muy interesante sobre el estado de acidificación de la zona siempre que lo repitamos durante varios días o más de una vez al día para obtener una media de los pH. Efectivamente te darás cuenta de que según los alimentos que ingieras podría haber variaciones en el pH que vayas midiendo.

¿Por qué el pH de la orina es un marcador del pH de nuestros tejídos?

Tal y como se explica más arriba, para tener buena salud, es importante que el pH del cuerpo esté entre unos límites muy estrictos. Dado que absorbemos los ácidos, para mantenerse en los límites aceptables, el cuerpo se deshace de los excesos ácidos a través de una de las principales vías de eliminación, el sistema urinario. Las tasas normales de excreción de ácidos por los riñones le dan a la orina un pH situado entre 7 y 7,5. Si las tasas de excreción de ácidos de tu orina es superior al normal, el pH medido será también más ácido. Podemos concluir que el organismo busca donde deshacerse del exceso de ácidos. Si hay exceso de ácidos en la orina, esto implica que tus tejidos también están saturados. Esto daría pie a conclusiones interesantes sobre el estado del cuerpo, y sobre la manera en la que metabolizamos los ácidos.

Los ácidos irritan y desmineralizan los tejidos. Este exceso de acidez es el origen de numerosos problemas de salud, problemas que afectan a todos los niveles orgánicos y a todos los tejidos: musculo-oseo-articulares (crisis de gota, reumatismos, ciática, artritis, poliartritis, artrosis, osteoporosis, calambres, desmineralización), piel y mucosa (picazón, granos, eczemas, herpes, aftas, fisuras…), renales (cálculos) y vesiculares (cistitis). Esto también puede ocasionar problemas circulatorios (venas erosionadas y más delgadas (varices), problemas infecciosos crónicos o inmunitarios (reumas, sinusitis, otitis, bronquitis crónica) o incluso migrañas, fatiga o falta de energía, escalofríos y perturbaciones emocionales (depresión, nerviosismo, irritabilidad, insomnio…) o sexuales (libido bajo o nulo) y de cualquier manera un envejecimiento prematuro del organismo.

¿Cómo recuperar de manera natural tu energía?

En el caso de un niño o de un jóven adulto nadie se cuestiona el tener energía. Pero a medida que avanza nuestra edad, nos resentimos muy rápidamente de una falta de « vitalidad » o de que ya no estamos « en forma ». En determinados momentos no tenemos ni siquiera la energía necesaria para desplazarnos, hacer deporte o para tener una vida profesional plena o simplemente para hacer las tareas cotidianas.

En determinadas personas, esta baja energía puede venir acompañada de problemas psicológicos ligeros, conscientes o inconscientes. Es todavía más importante tener energía en momentos particulares como el crecimiento, el embarazo, la menopausia o la edad avanzada.

Para un funcionamiento óptimo, las células deben autoabastecerse de energía. Si este es el caso nos devolverán toda la energía necesaria para tener una vida fructuosa. Así que el nivel de energía celular debería constituir una prioridad para todo el mundo.

En el núcleo de la célula existe un organismo llamado mitocondria. Son más o menos numerosas según el tipo de célula, estas «centrales energéticas» celulares son responsables de la producción, almacenaje y distribución de la energía. Este organismo es indispensable en el metabolismo. Son más numerosas en las células musculares o en las células cardiacas dado que trabajan permanentemente, pero también las hay en las células hepáticas para desintoxicarnos, en las del cerebro para memorizar…

La producción de la energía necesita un aporte de oxígeno gracias a una buena respiración. Nuestras mitocondrias proporcionan permanentemente la energía a nuestro cuerpo a partir del oxígeno y en forma de moléculas de adenosina trifosfato (ATP). Por desgracia, los rendimientos no son perfectos ya que entre un 2 y un 10% de esta energía se escapa en forma de radicales libres. Estas moléculas hiper reactivas son capaces de destruir todo a su alrededor : membranas, proteínas, vitaminas, transportes, receptores y sobre todo genes.

Utilizar antioxidantes para mantener la energía vital

Para mantener una buena energía es esencial neutralizar estos radicales libres gracias a antioxidantes que eviten los desgastes. Con el tiempo, los radicales libres alteran más y más el funcionamiento de la mitocondria que produce cada vez menos y menos energía y más y más deshechos. Asistimos así a un círculo vicioso que explica el envejecimiento y la pérdida de energía que le acompaña.

Las investigaciones desmuestran que la producción de energía de las mitocondrias baja a partir de los 35 años.

La fatiga es uno de los principales signos de debilidad mitocondrial. Esta fatiga no tiene generalmente nada que ver con la falta de sueño o de higiene vital. Esta fatiga profunda es habitualmente inexplicable y se observa tanto en en plano físico como en el mental. Este tipo de fatiga se caracteríza en los problemas de salud como la fibromialgia por ejemplo. También podríamos denominarlo la enfermedad de las mitocondrias, ya que se caracteríza principalmente por los dolores musculares y una gran fatiga.

Oto Heinrich Warburg, premio Nobel de medicina en 1931 (uno de los estudiantes de Hans Adolf Krebs) ha formulado hipótesis relativas a que el desarrollo del cáncer podría estar también ligado a una disfunción de las mitocondrias de las células cancerosas.

La toma de ciertos tratamientos médicos (sobre todo el colesterol a base de estatinas) disminuye la producción de la coenzima Q10 que es uno de los combustibles de la mitocondria. La disminución de la coenzima Q10 que comienza generalmente alrededor de los 50 años se acentúa del 25% al 40% por estos tratamientos químicos. La coenzima Q10 constituye igualmente un magnífico antioxidante que protege nuestras células contra los efectos destructores de radicales libres. Es también el antioxidante principal del colesterol que circula por la sangre.

Para mantener tu energía o si sufres una profunda fatiga inexplicable, piensa en reforzar tus reservas de la coenzima Q10 utilizando productos como el Energyplex que contiene no solamente la Co Q10, también la adenosina trifosfato (ATP), el ácido alfalipoico que aumenta la síntesis del ATP), el glutatión que reduce y protege las mitocondrias y ayuda a la célula a evitar el estrés oxidativo, el superóxido dismutasa (SOD), otro antioxidante mayor de la mitocondria, el acetil-L-Carnitina, un ácido amínico muy útil en los intercambios mitocondriales y vitaminas B2 (riboflavina) y B3 (nicotinamida), cofactores enzimáticos indispensables para el buen funcionamiento de la respiración mitocondrial.