Desde hace algunos años se sabe que el 30% de la población europea está genéticamente predispuesta a acumular kilos de más y, por lo tanto, corre un mayor riesgo de volverse obesa. Sin embargo, la situación de estas personas no es desesperada, ya que es posible contrarrestar la acción de estos genes adoptando buenos hábitos alimenticios y aumentando los niveles de actividad física.

Los factores genéticos desempeñan un papel determinante en la tendencia de algunas personas a engordar fácilmente en un entorno en el que los alimentos son abundantes, como ocurre actualmente en nuestra sociedad.

Dos equipos de investigación británicos han demostrado que las personas que tenían ciertas versiones defectuosas de un gen llamado FTO (Fat Mass and Obesity) tenían casi un 200% más de probabilidades de ser obesos que aquellos con una estructura genética normal. Lamentablemente, estos defectos del gen FTO están muy extendidos y afectan a casi el 30% de la población europea, y es evidente que la presencia de estos genes está contribuyendo al drástico aumento de la obesidad observado en los últimos años.

Sin embargo, las personas con un gen FTO defectuoso no están destinadas inevitablemente a ser obesas. Sólo corren un mayor riesgo de ser obesos si no prestan atención a ciertos aspectos de su estilo de vida. Y entre estos factores, no debe pasarse por alto el extraordinario impacto de la actividad física regular.

Los riesgos de aumentar de peso se anulan completamente con la actividad física

Para determinar si los altos niveles de actividad física pueden reducir el aumento de peso corporal de las personas con versiones defectuosas del gen FTO, un equipo de investigadores estadounidenses examinó en detalle los hábitos de estilo de vida de los miembros de una comunidad Amish en Pennsylvania. Estas personas viven de una manera simple, lejos de la sociedad moderna, sin usar ni coches ni electricidad y haciendo todo su trabajo manualmente, sin la ayuda de maquinaria mecánica.

Como resultado de ello, se estima que su nivel de actividad física es generalmente unas 6 veces mayor que el del adulto medio. Los niveles de actividad física de 704 miembros de esta comunidad se midieron utilizando un dispositivo colocado en la cintura que registró cada uno de sus movimientos y calculó su gasto energético diario.

Al mismo tiempo, la toma de muestras de sangre al principio del estudio identificó a las personas que tenían una versión alterada del gen FTO. Los resultados fueron espectaculares: mientras que las personas portadoras de una versión defectuosa del gen FTO tenían un mayor riesgo de ser obesas si su gasto energético era relativamente bajo, este mayor riesgo se anuló completamente en aquellos que eran físicamente activos.

Estas personas mostraron un gasto energético adicional de unas 900 calorías diarias, lo que corresponde aproximadamente a 3 ó 4 horas de actividad física moderada como caminar, hacer las tareas domésticas o la jardinería.

Cualquier oportunidad de moverse es buena

Para las personas cuyo trabajo requiere poco gasto de energía (por ejemplo, el trabajo de oficina), puede parecer difícil estar físicamente activo durante varias horas al día.

Sin embargo, es posible cambiar la rutina y crear oportunidades para estar activo:

  • evitar los ascensores a cambio de las escaleras,
  • Bajarse de una (o dos) paradas de autobús o metro antes de su destino o estacionarse a una buena distancia de la oficina son acciones diarias concretas que pueden ayudarle a mejorar su nivel de ejercicio físico.

Por supuesto, la realización de actividades más intensas como las caminatas a paso ligero, correr, el tenis o el esquí varias veces por semana sólo puede aumentar el impacto positivo del ejercicio en el peso corporal, sin mencionar el hecho de que ser físicamente activo es un arma extremadamente eficaz en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, así como de varios tipos de cáncer.

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