Mortalidad del nuevo coronavirus: un estudio intenta explicar su letalidad

A pesar de que han pasado varios meses desde el descubrimiento del SARS-Cov2, que ocasiona la enfermedad COVID-19, aún no hay total claridad sobre la mortalidad de este nuevo coronavirus; aunque la cifra crece cada vez más a nivel mundial. Lo único que se tiene son las cifras y a partir de estas muchos países, como Gran Bretaña, han hecho proyecciones.

¿Qué dicen las cifras sobre la mortalidad del nuevo coronavirus?

Las muertes registradas por COVID-19, hacen referencia a las que suceden cuando la víctima es portadora. Pero realmente no es claro si el virus es el causante oficial o si agrava condiciones preexistentes (o viceversa); o simplemente una coincidencia al momento de morir.

Por eso, la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido trabaja en la determinación exacta de la proporción de muertes causadas específicamente por el coronavirus. Pues aunque hay casos donde los pacientes no tenían ninguna condición previa o de edades muy jóvenes, en la mayoría de casos confluyen otros factores. Problemas cardíacos, diabetes o condiciones pulmonares, son cuadros que ya presentaban la mayoría de personas que han muerto por coronavirus; además de muchas personas mayores de 70 años.

¿Qué tantas personas podrían morir?

Estudios en Londres estimaron, que si no se controlaba el virus, podría reportarse unas 500 mil muertes por este hasta agosto en el Reino Unido. Implementando entonces las medidas actuales se espera que se reduzca la cifra a 20.000.

Sin embargo, se estima que de igual forma las personas sigan muriendo, aunque no sea por coronavirus. Pues cada año mueren alrededor de 600.000 personas en esta región por diversas causas. Contraigan o no el virus, alrededor del 10% de las personas mayores de 80 años van a morir el próximo año.

El profesor Sir David Spiegelhalter, de la Universidad de Cambridge, explica que minimizar el riesgo de contagio, y determinar la real mortalidad del coronavirus no significa que no habrá más muertes, pero sí una superposición sustancial; aunque definitivamente es imposible saber ahora exactamente cuánta gente es.

Otro hecho a pensar, es que la crisis por COVID-19 que ha congestionado el sistema de salud, ha hecho que no haya capacidad para tratar otras enfermedades como normalmente se hace; lo que al final también dispara las cifras de muertes.

¿Y es efectivo el aislamiento?

Definitivamente el aislamiento es la forma ideal que se tiene hasta ahora para frenar los contagios, por lo menos hasta que se tenga una vacuna lista o un medicamento aprobado.

El aislamiento podría limitar el número de muertes excesivas En Reino Unido a menos de 1.400, más de 12.000 menos que las que se habrían producido antes de que el gobierno tomara la decisión de pasar al aislamiento. Esto si se demuestra que el coronavirus no es más letal que la gripe. Por el contrario, si resulta ser cinco veces más letal que la gripe, podría limitar el número a 6.900, más de 60.000 menos que la estrategia anterior.

Sin embargo el aislamiento en sí mismo, podría costar vidas.

Algunos de los daños colaterales del aislamiento, según el profesor Robert Dinwall, de la Universidad de Nottingham Trent, son:

  • Problemas de salud mental y suicidios relacionados con el auto-aislamiento
  • Problemas cardíacos debido a la falta de actividad
  • El impacto en la salud del aumento del desempleo y el descenso del nivel de vida
  • Las implicaciones de los retrasos en las operaciones rutinarias y en la detección de enfermedades como el cáncer.

¿Qué será de la humanidad después de la pandemia?

El desafío más grande será aprender a lidiar la enfermedad y vivir con ella. Pues aunque con el tiempo la curva de contagios se aplane, una vacuna podría tardar hasta un año en salir. Se tratará de encontrar un equilibrio entre la mitigación del virus y la vivir lo más normal posible; encontrar la forma de que económicamente, se pueda sobrevivir, sin que se desate un nuevo pico. Y para todo esto, es necesario poder entender completamente la mortalidad del nuevo coronavirus.

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