El efecto anticanceroso del brócoli y sus primos cercanos (col, coliflor, coles de Bruselas, etc.) proviene principalmente de su capacidad para bloquear el potencial cancerígeno de un gran número de productos peligrosos asociados con una dieta deficiente.

Para causar cáncer, los carcinógenos deben adherirse al material genético de la célula (ADN) e inducir un daño que eventualmente llevará al desarrollo del cáncer. Ciertas moléculas que se encuentran en las verduras de la familia de las coles evitan esto estimulando la actividad de nuestros sistemas de defensa contra estos agresores tóxicos, aumentando así su eliminación del cuerpo y reduciendo su potencial cancerígeno. Este efecto es sumamente importante porque muchos cánceres son causados directamente por deficiencias en la actividad de estos sistemas de desintoxicación: por lo tanto, una ingesta regular de vegetales crucíferos permite aumentar el rendimiento de estos sistemas.

Protección contra las enfermedades cardíacas

Este efecto protector está bien ilustrado por los resultados de estudios que muestran reducciones dramáticas (más de la mitad) en el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, particularmente los de la vejiga y la próstata. Por lo tanto, las hortalizas crucíferas deben considerarse armas defensivas de primera línea que impiden que las sustancias cancerígenas causen daños celulares que lleven al desarrollo del cáncer. Además de sus bien documentados efectos anticancerígenos, los estudios también han demostrado el papel del brócoli en la prevención de las enfermedades cardíacas.

Un gran estudio epidemiológico de 35.000 mujeres estadounidenses demostró que el consumo de brócoli se asociaba a una notable reducción del riesgo de enfermedades cardíacas. Estos resultados coinciden con los de un estudio piloto que demostró que el consumo de brotes de brócoli jóvenes (100 g diarios durante una semana) causaba una reducción del colesterol LDL (malo) y un aumento del colesterol HDL (bueno), ambos indicadores de un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Otro estudio reciente sugiere que la función protectora del brócoli está relacionada con su capacidad para mejorar la función muscular del corazón y protegerlo de los daños causados por los radicales libres.

El estudio

Por ejemplo, los investigadores descubrieron que los corazones de los animales que comían brócoli regularmente eran mucho más resistentes a una falta momentánea de oxígeno (como ocurre durante un infarto de miocardio). Los análisis moleculares posteriores revelaron que este efecto protector estaba vinculado a la capacidad de las moléculas del brócoli para aumentar los niveles de tioredoxinas, una familia de proteínas que desempeñan un papel importante en la neutralización de los radicales libres dentro de las células. Dado que otros miembros de la familia de las coles también tienen moléculas similares a las que se encuentran en el brócoli, estos resultados sugieren que el consumo de vegetales crucíferos en general es extremadamente positivo para la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Comerlos con la mayor frecuencia posible y cómo prepararlos

Como ocurre con todos los alimentos protectores, es esencial comer regularmente vegetales crucíferos para maximizar la protección contra las enfermedades crónicas. Afortunadamente para nosotros, la amplia variedad de vegetales crucíferos que se encuentran actualmente en el mercado nos permite aprovechar al máximo las propiedades beneficiosas de estos alimentos sin caer en la monotonía.

Comer al menos tres porciones de estas verduras a la semana es uno de los cambios de hábito que puede tener mayor impacto en el riesgo de desarrollar cáncer y enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, es importante recordar que las moléculas de las crucíferas son sensibles a la cocción y que debe evitarse en la medida de lo posible la cocción de estas verduras en grandes cantidades de agua o durante un período de tiempo demasiado largo. Cocinar al vapor el brócoli, las coles de Bruselas o la coliflor con una simple margarita preservará la mayoría de las moléculas de estas verduras que combaten el cáncer.

Del mismo modo, la cocción al wok de varias verduras crucíferas como el repollo y la col china es una forma sencilla (¡y deliciosa!) de maximizar los efectos preventivos de estas verduras.

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