Una de las recomendaciones que más se escucha a menudo durante esta pandemia es la de fortalecer el sistema inmune. Una de las formas de lograrlo es a través del consumo de la vitamina C, la cual tiene una gran acción en ayuda de este objetivo.

Aspectos claves sobre la vitamina C

Y es que la vitamina C ayuda en muchos procesos del organismo; tiene muchos beneficios para la salud y el bienestar. Por eso es importante tener claro ciertos aspectos:

  • La vitamina C es una sustancia esencial para nuestra vida biológica;
  • nuestro cuerpo no puede sintetizarlo y no puede acumularlo;
  • Hoy en día la dieta es cada vez más pobre en vitamina C debido a la contaminación y a la conservación de los alimentos;
  • Los intestinos absorben poca vitamina C a la vez;
  • La edad de la infancia, la senilidad, el esfuerzo físico (deportes intensos o trabajos pesados), el tabaquismo, el estrés mental, cualquier patología inflamatoria aguda o crónica (especialmente la isquemia coronaria, la patología oncológica y la consiguiente quimioterapia y/o radioterapia), pero en particular el estrés oxidativo y la contaminación ambiental, agotan la vitamina C en nuestro organismo. Todo ello provoca una deficiencia de esta sustancia (fácilmente demostrable por su control hemoquímico); y contribuye también a debilitar los mecanismos de defensa de nuestro sistema inmunológico.

De hecho, la vitamina C tiene una acción inmunoestimulante, lo que la hace preventiva pero también curativa, sobre las infecciones bacterianas; especialmente de las virales. Su acción es principalmente preventiva a dosis leves-moderadas administradas por vía oral; mientras cuando son dosis muy altas, se vuelve curativa, mejor si se infunde por vía intravenosa).

Para llevar a cabo estos efectos, la vitamina C interviene a diferentes niveles
  • Se concentra en los granulocitos, linfocitos y macrófagos (donde alcanza concentraciones entre 10 y 100 veces superiores a las del plasma).
  • Estimula la proliferación de neutrófilos, que protegen el cuerpo especialmente de ataques bacterianos.
  • Mejora la quimiotaxis y la capacidad fagocítica de los neutrófilos.
  • Es necesario para la apoptosis (muerte celular programada) y la eliminación de los neutrófilos agotados, que normalmente se eliminan de los sitios de infección de los macrófagos, reduciendo así la necrosis y el posible daño de los tejidos.
  • Refuerza la proliferación y la función de los linfocitos, aumenta la actividad de las células NK y mejora la diferenciación y la proliferación de los linfocitos B y T.
  • Aumenta la producción de interferones, que protegen a las células de ataques virales.
  • Estimula la síntesis del factor tímico humoral y la síntesis de anticuerpos de clase IgG e IgM.
  • Contribuye a la inactivación de las toxinas bacterianas.
  • Tiene una acción antiinflamatoria, para la reducción de las citoquinas proinflamatorias, que también ha demostrado ser útil para aliviar diversos tipos de dolor.
  • Tiene una co-acción antitumoral y, en cualquier caso, mejora la quimioterapia y la hace más tolerable (en PubMed hay más de 10.000 estudios sobre el uso del ácido ascórbico en oncología).

Otra de las acciones de la vitamina C en el organismo es que, al ser esencial en la constitución del colágeno, ayuda a mantener la piel elástica y joven; ayuda a acelerar la cicatrización de las heridas y a retrasar la senescencia degenerativa.

Todo esto hace que en definitiva, la vitamina C, sea una sustancia natural necesaria, que en las dosis y de la manera correcta, puede tener grandes resultados positivos.

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