Hábitos de vida y cáncer: las principales razones de su desarrollo

La probabilidad de que se le diagnostique cáncer a los 70 años es unas 100 veces mayor que a los 20 años. Varias observaciones sugieren que este aumento de la probabilidad se debería a una disminución de la eficacia de nuestras defensas contra el cáncer a medida que envejecemos; En parte, los hábitos de vida que se llevan, también influyen en la aparición del cáncer al evenjecer.

La aparición del cáncer no es un fenómeno instantáneo, que ocurre de la noche a la mañana. Por el contrario, a lo largo de años y décadas las células del cuerpo han acumulado múltiples mutaciones genéticas que han transformado sus funciones y les han permitido crecer e invadir el cuerpo.

El fuerte aumento de los cánceres en edades avanzadas es, por tanto, en parte un reflejo del tiempo que necesitan las células para acumular este «arsenal» de mutaciones.

Sin embargo, varias observaciones sugieren que estas mutaciones no son la única razón por la que las personas mayores tienen un mayor riesgo de cáncer. Por ejemplo, un gran número de mutaciones aparecen durante el desarrollo del cuerpo, de modo que cuando llegamos al final de nuestro crecimiento, en la adolescencia tardía, ya hemos acumulado la mayoría de estas mutaciones precancerosas.

En este sentido, los estudios indican que el 33% de las mujeres de cuarenta años ya tienen pequeños tumores en sus pechos y casi el 40% de los hombres de la misma edad los tienen en la próstata. Sin embargo, un porcentaje mucho menor de la población (entre el 10% y el 15%) desarrollará uno u otro de estos cánceres, incluso a edades avanzadas.

En otras palabras, el aumento del cáncer con la edad no puede explicarse únicamente como una acumulación de mutaciones de las células a medida que envejecen.

Nuestros hábitos de vida promueven o previenen el desarrollo del cáncer.

El entorno en el que se encuentran las células anormales que buscan convertirse en cancerosas es normalmente muy resistente al crecimiento de estos tumores. Se trata de una adaptación absolutamente esencial para la evolución de organismos complejos como los humanos.

De hecho, el proceso de división celular necesario para mantener el funcionamiento de nuestro cuerpo genera miles de millones de células al día; incluyendo un millón de células anormales. Por lo que es esencial evitar que estas células lleguen a una etapa cancerosa.

Sin embargo, nuestro estilo de vida puede alterar significativamente este ambiente y hacerlo más permisivo al crecimiento de células anormales. Fumar, una dieta deficiente, el sobrepeso o la inactividad física comparten la característica común de promover la inflamación en este ambiente; una condición que favorece que las células anormales adquieran propiedades cancerígenas.

A medida que envejecemos, el impacto de estos malos hábitos se hace cada vez más importante; el debilitamiento de nuestros mecanismos de defensa normales aumenta la probabilidad de que una célula anormal escape de estas defensas y se convierta en un cáncer maduro.

Ayude a su sistema inmunológico

Aunque es más común en edades avanzadas, el cáncer no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. Sin embargo, para prevenir esta enfermedad, es esencial preservar nuestras defensas naturales en la medida de lo posible; en particular limitando al mínimo el desarrollo de la inflamación crónica.

Una dieta más rica en plantas y libre de alimentos malos sobrecargados con azúcares y grasas dañinas; sumada a la actividad física regular y el mantenimiento de un peso normal siguen siendo la mejor estrategia para vivir una larga vida sin cáncer.

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Fuente:

Degregori J. Challenging the axiom: does the occurrence of oncogenic mutations truly limit cancer development with age? Oncogene